Lo Que Deleita al Señor (3ª parte)

Lo Que Deleita al Señor
(3ª parte)

Autor: Marcel Malgo

El mensaje del profeta Oseas es el del increíblemente paciente amor de Dios. Usted quedará asombrado con los aspectos personales, que tienen que ver con nuestra vida, que serán mencionados en este estudio. Se tratarán temas específicos que nos conducirán, cada vez, a un nuevo desafío.


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Lo Que Deleita al Señor (3ª parte)



Como ya se dijo, vamos a continuar viendo de qué manera se manifiesta el amor a Dios. Y, entonces, vemos que:

En tercer lugar: El amor a Dios se manifiesta a través de los hechos.

Una respuesta a la interrogante, ¿qué significa darle amor a nuestro Salvador?, es muy simple: ¡declárele su amor pero actúe como corresponda!

¡No se trata únicamente de declararle con palabras al Señor que lo amamos, sino que además son necesarios los hechos!

En 1 Reyes 3:3 dice:“Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David’’. ¿Qué hizo Salomón para amar a Dios? Él atestigua su amor al Señor andando en sus caminos, tal como su padre David lo había hecho. Salomón hizo algo que le daba derecho a decir:“¡Señor, te amo!’’

Podemos apreciar también el ejemplo del apóstol Juan, del cual leemos en Juan 13:23:“Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús’’. Imaginemos este cuadro en forma plástica: todos estaban recostados alrededor de la mesa, como era de costumbre en Oriente. Cada uno de ellos se recostó en su lugar, habiendo con seguridad restos de comida de la fiesta de pascua. Tal vez algunos no habían terminado de comer. Lo único que sabemos con respecto a esto es que aún se podía comer. Y unos versículos más adelante, en el 26, leemos: “Y (Jesús) mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón’’. Pero había uno entre los doce que no estaba tan interesado en la comida, sino que sólo tenía un pensamiento: “¡Jesús mi Salvador!’’¿Y qué sucedió? – Juan hace algo para demostrar su profundo amor al Señor. Él se levanta, deja su lugar y se recuesta en el pecho de Jesús. Es de suponer que Juan se encontraba recostado al lado de Jesús en la última fiesta de Pascua y la primera Santa Cena. Igualmente, tuvo que esforzarse para poder recostarse en el pecho del maestro. Con esta acción, Juan mostró claramente: ¡yo amo a mi Salvador de todo corazón! Sólo uno de ellos fue capaz de demostrarlo de una manera tan concreta – ¡Juan!

¡Cuánto ansía el Señor las declaraciones de amor de parte de sus hijos! ¡Cuánto anhela recibir señales visibles de nuestro amor! Éste es su deleite. Juan se situó, al recostarse en el pecho de Jesús, muy cerca del corazón del Señor. ¿Cuál es una de las cosas que regocija el corazón de Jesús? Su congregación, Su novia, la que Él compró con su sangre, la cual será llevada en las nubes del cielo. Acerca de la congregación, Jesús dijo a su Padre:“Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. La gloria que me diste, yo les he dado…Yo en ellos, y tú en mí…Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo’’(así leemos en Juan 17:19,22 y 24).

En nuestros días, es imposible recostarnos físicamente en el pecho de Jesús, pero aún podemos lograr hacerlo en un sentido espiritual. Esto significa que: debemos ocuparnos de aquellos que a Él le importan. ¿De quienes hablamos? De su congregación, de los hijos de Dios. En Hebreos 6:10, leemos:“Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiéndoles servido a los santos y sirviéndoles aún’’.¡Aquí no dice que Dios se acordará de los servicios que fueron realizados por amor al prójimo – aunque esto, por supuesto, es muy importante! ¡No! ¡Aquí dice que Dios se acordará del favor a los santos, motivado por el afán de trabajar y por el amor hacia Él!

¡El servir a los demás, no tiene que estar motivado, en primer lugar, por amor al prójimo, sino por amor al Señor! Este tipo de servicio se convierte en una visible declaración de amor al Padre.

¿No sería bueno dedicarnos aun más a servir a Dios, a través del amor hacia Él?

En cuarto lugar: El amor a Dios se manifiesta a través del olvido

¿Qué es lo que debemos olvidar? Todo lo que hemos sido en este mundo, y todo lo que podríamos llegar a ser. Todo aquello que tal vez nos resulta importante, pero que no tiene ningún valor espiritual. ¡Todo aquello que aunque sea grande en la tierra, no nos acerca a Él!

Con respecto a esta verdad, tenemos una magnífica profecía en el Salmo 45. ¡Éste relata la relación de amor entre Cristo y Su novia!

El versículo 2, del Salmo 45, es una descripción del novio. Allí dice:“Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre’’. También la novia es mencionada en forma profética, en el versículo 9: “Hijas de reyes están entre tus ilustres; estará la reina a tu diestra con oro de Ofir’’.Este salmo es una espléndida canción de amor que, en forma profética, describe la armoniosa relación de amor entre Cristo, el novio, y la novia, o sea la congregación. Lo más destacable en este salmo es la clara y categórica exhortación dada a la novia, en los versículos 10 y 11:“Oye, hija mía, e inclina tu oído; olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él es tu señor’’.

¡Olvida a tu pueblo y a la casa de tu padre! ¡Deseará el rey tu hermosura!

Estas palabras deberían tocar nuestro corazón; ¿no es justamente eso lo que el Señor espera de nosotros? ¡Absolutamente! ¡Esto es precisamente lo que debe contener una auténtica y verdadera declaración de amor!

Si Jesucristo se deleita cuando tú lo amas “con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente’’, ¿acaso esto no nos dice que ya es hora de olvidar? Olvidemos ya los antiguos pecados que han sido perdonados. Saldemos definitivamente los años que hemos vivido. Olvidemos el brillo superficial que el mundo nos brinda, dejando todas estas cosas atrás.

Jesucristo dice: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios’’. ¡Obedecer estas palabras en la práctica, equivale a una profunda declaración de amor a nuestro Señor!

Pablo comprendió esta profunda verdad en su corazón; expresando en Filipenses 3:13:“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante’’.Vivir dirigido por estos pensamientos, no significa otra cosa que entregarle nuestro amor al Señor; un amor entrañablemente deseado por Él. ¡Un amor en el que Él se deleita!

Para resumir, algunos pensamientos finales: Digamos brevemente que: en Oseas 6:6, el Señor nos dice claramente: “Lo que quiero de ustedes es que me amen, y no que me hagan sacrificios…’’ (así dice la versión Dios Habla Hoy [Edición de Estudio]).

Esto significa que en primer lugar debemos reconocer que este amor es insustituible. Amar a Jesús significa: 1º decírselo, 2º amar Su palabra, 3º demostrarlo con hechos, y 4º olvidar todo lo pasado.

Tengamos muy en cuenta lo dicho en el Salmo 18:1: “Te amo, oh Jehová, fortaleza mía’’, y en el Salmo 45, vers. 10 y 11 : “olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el rey tu hermosura’’. Esto fue lo hecho por Salomón, al seguir los caminos de su padre, y por Juan, el cual se recostó, literalmente, sobre el corazón de Jesús.

¡Es mi profundo anhelo que todos seamos llenos de un nuevo y ardiente amor hacia nuestro Salvador!

Lo Que Deleita al Señor (2ª parte)

Lo Que Deleita al Señor
(2ª parte)

Autor: Marcel Malgo

El mensaje del profeta Oseas es el del increíblemente paciente amor de Dios. Usted quedará asombrado con los aspectos personales, que tienen que ver con nuestra vida, que serán mencionados en este estudio. Se tratarán temas específicos que nos conducirán, cada vez, a un nuevo desafío.


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Lo Que Deleita al Señor (2ª parte)



En el programa pasado, hablamos de la redención de Israel y de lo que deleita al Señor. ¡Y vimos que es realmente maravilloso que el Señor se deleite haciendo el bien a Su pueblo y a cada uno de nosotros!

El mensaje continúa haciéndonos recordar que el mayor de los dones es el amor

El Nuevo Testamento, hablando de los dones, expresa claramente en 1 Corintios 13:13:“… el mayor de ellos es el amor’’. Por esta razón, volveremos a analizar por un momento de qué se trata este amor en el cual se deleita el Señor. El amor sobrepasa todas las cosas; este hecho es testificado por Jesús cuando responde a la pregunta del escriba en Mateo 22:36:“Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?’’Y Jesús respondió: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primer y gran mandamiento’’.

Nada puede sustituir al amor

No es posible compensar en forma alguna el amor que le hemos negado a Dios. Esto está confirmado claramente en el versículo de Oseas, cap. 6, que ya hemos visto en el programa anterior:“Lo que quiero de ustedes es que me amen, y no que me hagan sacrificios…’’(versión Dios Habla Hoy [Edición de Estudio]).

Esto no significa que Dios condenó los sacrificios, sino que sencillamente hace saber a Israel que los “¡Sacrificios no sustituyen el amor en el cual me deleito y me gozo; ese amor que yo anhelo y ustedes no me quieren dar!’’

Existen además otras cosas que no pueden ser sustituidas por los sacrificios – sin importar cuán grandes éstos sean; a veces Dios dice explícitamente que el sacrificio no es de su agrado.

De igual manera sucede con la obediencia. Podemos leer en la Escritura cuando Samuel habla con el renegado rey Saúl:“¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros’’(así leemos en 1 Samuel 15:22). Aquí se expresa claramente: ¡Dios no se deleita en los sacrificios, ya que la obediencia es para Él más importante y sublime!

¡Existe un elemento más el cual no puede ser reemplazado siquiera por el sacrificio más grande; me refiero a un corazón arrepentido y quebrantado! En uno de sus Salmos de arrepentimiento, el Salmo 51, vers. 16 y 17, David testifica:“Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios’’.

¡En síntesis, existen diferentes cosas que no pueden ser sustituidas por sacrificios ni por buenas obras; entre ellas están el amor, la obediencia y el corazón arrepentido! La expresión máxima de esta verdad se encuentra en el amor, ya que “el amor es’’ como hemos visto “el mayor’’ (según 1 Corintios 13:13); y según Jesucristo “el primer y gran mandamiento’’ (como leemos en Mateo 22:38). No hay absolutamente nada que pueda sustituir al amor.

Pero, ¿Cómo se manifiesta el amor al Señor?En primer lugar: El amor se manifiesta a través de las palabras

¿Cómo demostramos nuestro amor al Señor? ¿En qué forma podemos expresarlo? ¿Qué cambios tienen que haber en mí, para poder hacerlo? Comenzaremos con algo muy sencillo, y tal vez superficial: ¡Amar al Señor significa decírselo, hacerle de tanto en tanto una declaración de amor! David hizo esto en el Salmo 18:1: “Te amo, oh Jehová, fortaleza mía’’. ¡Él confesó su amor al Señor a través de palabras claras!

¿Cómo sería un matrimonio, en el cual no se declararan el amor el uno al otro de vez en cuando; donde en forma mutua no se dijeran que se quieren, o que se aman? ¿No se desgastaría un matrimonio en el cual no suceden estas cosas? ¿No le faltaría lo más importante?

Lo mismo sucede en nuestra relación con el Señor. ¡También Él quiere escuchar de nosotros que lo amamos; y es por este motivo que debemos decírselo! Cuando por ejemplo el Señor dice en Juan 14:27:“… mi paz os doy… No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo’’, ¿no significa esto una maravillosa declaración de amor hacia nosotros? O cuando declara la conocida invitación de Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar’’, ¿no nos está mostrando una poderosa invitación de amor, una confesión amorosa hacia nosotros? ¡De la misma manera él desea escuchar nuestras declaraciones de amor hacia Su persona!

¿Por qué es tan importante declarar nuestro amor al Señor de vez en cuando? ¡Además del hecho de que el Señor simplemente lo espera de nosotros, una declaración de amor proveniente del corazón, siempre es un camino para renovar nuestra comunión con Él cuando la misma se ha enturbiado!

¿No le sucedió esto a Pedro cuando, a causa de su culpa – negó tres veces a Jesús? Su relación con el Señor se enturbió, siendo que antes de este hecho había sido muy íntima. ¿Qué hizo para renovar su comunión con Él? La solución no estuvo en que Pedro hiciera algún acto especial de arrepentimiento, tampoco en tratar de arreglar el asunto; ni siquiera tuvo que hacer una confesión especial; sino simplemente tuvo que decir tres veces:“Señor, yo te amo’’(así lo leemos en Juan 21:15 al 17).

En síntesis, ¡declararle el amor al Señor, no sólo es motivo de alegría y deleite para Él, sino también de enorme importancia para nuestra vida espiritual!

Volvamos otra vez al salmo de David. ¡Su declaración de amor a su Dios no se limitó únicamente a las palabras “Te amo, oh Jehová, fortaleza mía’’, aunque fueron colosales! Sino que también declaró su amor a Dios de otra forma. De la misma manera que el Señor confiesa en Oseas 6:6: “Lo que quiero de ustedes es que me amen’’.

En el Salmo 119 (NVI) David confiesa nueve veces su mayor deleite; ¡lo que se menciona allí, son exclusivamente declaraciones de amor dadas a Dios!“En tus decretos hallo mi deleite, y jamás olvidaré tu palabra’’(v. 16).“Tusestatutos son mi deleite, son también mis consejeros’’(v. 24).“Dirígeme por la senda de tus mandamientos, porque en ella encuentro mi solaz’’(v. 35). “pues amo tus mandamientos, y en ellos me regocijo’’ (v. 47). “El corazón de ellos es torpe e insensible, pero yo me regocijo en tu ley’’ (v. 70). “Que venga tu compasión a darme vida, porque en tu ley me regocijo’’ (v. 77). “Defiéndeme, y estaré a salvo; siempre optaré por tus decretos’’ (v. 117). “He caído en la angustia y la aflicción, pero tus mandamientos son mi regocijo’’ (v. 143). “Yo, Señor, ansío tu salvación. Tu ley es mi regocijo’’ (v. 174).

¡Éstas sí son declaraciones de amor! ¿No podríamos dejarnos inspirar por David, volviéndonos así hacia el Señor y Su Palabra?

En segundo lugar: El amor a Dios se manifiesta en el amor a su Palabra

No debemos olvidar que ante los ojos de nuestro Salvador, la verdadera manera de manifestarle nuestro amor es deleitándonos en Su Palabra. Jesús dice en Juan 14:21: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama’’. O como leemos en el Salmo 1:1 y 2: “Dichoso el hombre que… en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella’’ (NVI).

Por esta razón, debemos alentarnos a amar la Palabra de Dios y a obedecerle; ya que para Dios esta acción significa una verdadera confesión de amor.

Lo Que Deleita al Señor (1ª parte)

Lo Que Deleita al Señor
(1ª parte)

Autor: Marcel Malgo

El mensaje del profeta Oseas es el del increíblemente paciente amor de Dios. Usted quedará asombrado con los aspectos personales, que tienen que ver con nuestra vida, que serán mencionados en este estudio. Se tratarán temas específicos que nos conducirán, cada vez, a un nuevo desafío.


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Lo Que Deleita al Señor (1ª parte)



Vamos a comenzar leyendo los once versículos del capítulo 6 de Oseas: 

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conocemos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.¿Qué haré a ti, Efraín? ¿Qué haré a ti, oh Judá? La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que desvanece. Por esta causa los corté por medio de los profetas, con las palabras de mi boca la maté;y tus juicios serán como luz que sale. Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos. Mas ellos, cual Adán, traspasaron el pacto; allí prevaricaron contra mí. Galaad, ciudad de hacedores de iniquidad, manchada de sangre. Y como ladrones que esperan a algún hombre, así una compañía de sacerdotes mata en el camino hacia Siquem; así cometieron abominación. En la casa de Israel he visto inmundicia; allí fornicó Efraín, y se contaminó Israel. Para ti también, oh Judá, está preparada una siega, cuando yo haga volver el cautiverio de mi pueblo.”El tema que trata el capítulo 6 de Oseas es prácticamente el mismo que el de los anteriores capítulos del libro: es decir, se insiste aún en mencionar el pecado de Israel y el consecuente castigo del Señor.

Sin embargo, en estos pasajes encontramos la gracia de Dios. ¡El Señor no sólo castiga y entristece, sino que también da a Su pueblo Su inconmensurable amor!

La redención de IsraelEl capítulo 6 nos relata la restauración de Israel, aunque de un modo muy particular. El Señor dice en Oseas 5:15 al 6:3:“Andaré y volveré a mi lugar, hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro. En su angustia me buscarán. Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conocemos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra’’.

Lo más interesante en este pasaje es que haya sido el Señor quien pronunció estas palabras. Él expresa que Israel, en su angustia, deberá buscar algún día a su Dios; ¡pero no sólo eso! ¡Él sabe de antemano qué palabras, llegado el momento, dirán para arrepentirse! Esto nos hace entender que Dios ya había planeado el arrepentimiento y el regreso de Israel. El pueblo no estaba dispuesto a regresar a su Dios. Pero el Señor ya había decidido que algún día debería volver; y por esta razón el Señor, ya en aquel tiempo, hablaba sobre este hecho como si no tardara en suceder.

Pero, al examinar la situación en profundidad, nos preguntamos: ¿por qué motivo Israel volvería a su Dios? ¿Por qué deberían pensar en un arrepentimiento y llevarlo luego a cabo? Bueno, lógicamente Israel debía volver a su Señor. ¡Pero no sería su propia decisión o voluntad la que los haría volver a Dios, sino la bondad del Señor! El Señor, además de planificar el arrepentimiento del pueblo, lo efectúa.

Zacarías 12:10, dice al respecto:“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito’’.

¡De esta forma, el Señor traerá a su pueblo de regreso! Qué gracia tan especial y extraordinaria: ¡Dios allana para Su pueblo hasta el camino al arrepentimiento, brindándoles todo su apoyo para lograrlo!

Lo mismo sucede en nuestras vidas. Es la benignidad de Dios la que nos conduce al arrepentimiento. Podemos leer esto en Romanos 2:4:“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?’’¡El Señor mismo, nos lleva al arrepentimiento a través de su Espíritu!

Para Dios, el arrepentimiento está tan ligado a la salvación, que hace que no se pueda regresar a Él a menos que exista un genuino cambio de parecer.

Pedro escribe en el cap. 3, vers. 9, de su segunda carta:“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento’’.

Por este motivo, no deberíamos sorprendernos que el Señor haya predicho el arrepentimiento de Su pueblo en los tiempos de Oseas. Es como si un juez otorgara a un condenado un trámite de gracia, el cual el acusado hubiera firmado de antemano; ¿no sería éste un hecho único?

Con respecto a la redención de Israel, el apóstol Pablo exclamó las siguientes palabras que encontramos en Romanos 11:33 al 36:“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén’’.

¡Gracias a la fuerza del Espíritu redentor del Todopoderoso, sólo nos resta admirarlo, agradecerle y adorarle!

Es bueno que ahora nos preguntemos, entonces: ¿Qué es lo que deleita al Señor?

En Oseas 6:6 somos confrontados con otra afirmación especial. Allí el Señor dice:“Lo que quiero de ustedes es que me amen, y no que me hagan sacrificios…’’(Dios Habla Hoy (Edición de Estudio). Otras versiones traducen la palabra amor como devoción, misericordia o benevolencia.

Para un análisis más completo, deseo señalar que Dios no se deleita únicamente en el amor, sino en varias cosas más. Es así, que en la segunda parte de este versículo leemos: “…quiero… conocimiento de Dios más que holocaustos’’. Además, el Señor ama la verdad. Así lo dice el Salmo 51:6: “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo…’’

¡Es evidente que el Señor se deleita de manera especial con Su pueblo escogido, Israel! Les guste o no a los antisemitas religiosos: ¡la mayor cantidad de afirmaciones sobre aquello que deleita al Señor están referidas al pueblo de Israel! He aquí algunos ejemplos:

“Porque Jehová ha elegido a Sion; la quiso por habitación para sí’’ (Salmo 132:13).

“¿Por qué observáis, oh montes altos, al monte (monte Sion) que deseó Dios para su morada?’’ (Salmo 68:16).

Y a través del profeta Isaías, el Señor dice: “Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya’’ (Isaías 5:7).

E Isaías, también tuvo el privilegio de anunciar este maravilloso mensaje en el nombre de Dios: “”Ya no te llamarán ‘’Abandonada’, ni a tu tierra la llamarán ‘’Desolada’, sino que serás llamada ‘’Mi deleite’; tu tierra se llamará ‘’Mi esposa’; porque el Señor se deleitará en ti, y tu tierra tendrá esposo’’ (Isaías 62:4, NVI).

Quisiera ahora resaltar una de las cosas únicas que deleitan a Dios, la cual es válida tanto para Su pueblo como para los que están en Cristo. La encontramos en Jeremías 32:41: “”Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma’’. Esta promesa está vigente tanto para Israel como para los que estamos en Cristo. ¡Y es realmente maravilloso que el Señor se deleite haciendo el bien a Su pueblo y a cada uno de nosotros!

Continuamos con el tema en nuestro próximo encuentro. ¡Hasta entonces!

Nro. 362

55 Respuestas a Preguntas sobre la Vida Más allá de la Muerte
Mark Hitchcock (6ª parte)


Contestamos a la luz de la Biblia las siguientes preguntas: 

  • ¿Tenemos un momento fijado ya para morir?

  • ¿Está la reencarnación de acuerdo con la Biblia?


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PR362 – Preguntas & Respuestas
55 Respuestas a Preguntas sobre la Vida Más allá de la Muerte (6ª parte)