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Conocemos el testimonio de María Cabral, misionera en Haití hace ya 8 años. María cuenta cómo su vida entera, desde la niñez, la preparó para el servicio que llevaría adelante en Haití, y cómo Dios estuvo presente en todos los detalles. Te invitamos a acompañarnos en esta primera parte de la entrevista.


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EA 1212 – Entre Amigas – Trabajo en Haití (1ª parte)



Entrevista a María Cabral

Victoria: Bienvenidas, queridas amigas, a un nuevo programa de Entre Amigas. Hoy vamos a conversar con una querida amiga que está a unos cuántos kilómetros de aquí, de Montevideo, Uruguay. Ella es María Cabral, quien se encuentra en Haití. ¿Cómo estás, María?

 

María: ¡Hola! ¡Hola a toda la audiencia de Entre Amigas! Estoy muy bien, gracias a Dios, aquí en Haití, sirviendo al Señor.

 

Victoria: Justamente vamos a hablar un poco acerca de vos. Vos sos uruguaya, ¿no?

 

María: Sí, soy de Uruguay soy del departamento de Rivera. Hace 8 años años que vine a Haití, actualmente tengo 32 años.

 

Victoria: ¿Cómo es que una uruguaya de Rivera llega a Haití?

 

María: El tema de compartir el evangelio en otras naciones es algo que Dios a trabajado en mí desde pequeña. Yo antes de ser cristiana fui mormona, entonces ese anhelo de poder salir, evangelizar y compartir el evangelio, sin saberlo, era algo que Dios venía trabajando en mí. Alrededor de los 18 años tuve un encuentro con el Señor y empecé a tener el deseo de querer saber cuál es el propósito o qué quería Dios con mi vida, empecé a orar mucho al respecto. Yo estaba estudiando enfermería y todo se dio de una forma en laque entendí que el tema de las misiones venía desde muy pequeña, y que el Señor lo había plantado en mi corazón.  

 

Victoria: Todavía sin vislumbrar que fuera a aparecer Haití en tu camino, ¿no?

 

María: Claro que no. A veces el anhelo de uno es ir a un lugar más cómodo, más tranquilo, lugares que te ofrecen más comodidad o una mejor calidad de vida. nunca en mi vida me imaginé que iba a ir a Haití. Yo quiero aclarar algo: todos nosotros tenemos la obligación, como cristianos, de predicar el evangelio. El tema es que algunos se quedan en su país, en su pueblo, tienen allí un propósito o un ministerio, pero hay otros a los que el Señor llama a salir de su país. Pero el trabajo misionero es de todos.

Cuando el Señor me mostró Haití yo en seguida me sentí dispuesta a ir. Obviamente Haití no era lo que yo imaginaba, pero claramente sí estaba en el propósito de Dios.

 

Victoria: Claro, y estaba la disposición de tu parte, ¿verdad? Creo que eso es importantísimo. Estar dispuestos a lo que Dios nos llame a hacer a cada uno. Sin duda que todos estamos llamados a predicar el evangelio, a compartirlo y el Señor nos da las experiencias de vida que nos preparan para su propósito.

 

María: Claro. Varios años después de que el Señor me trajo a aquí, a Haití, logré aprender algo. Yo vengo de una familia extremadamente pobre, una familia extremadamente difícil, papás separados, una familia muy problemática, desde muy niña trabajé, soy de las niñas que recolectaban la basura, aluminios, botellas, y claro, después vengo a Haití y logro entender. Yo siempre digo: si yo hubiese nacido en una familia que no hubiese pasado por todo eso, no estaría aquí en Haití. Pero todo el proceso de mi niñez, adolescencia, mi nacimiento y todo lo que viví en esa etapa de mi vida me preparó para hoy estar aquí, porque hoy puedo ver la realidad de un haitiano como mi propia realidad, que viví desde niña. Yo trabajo con niños y me veo reflejada en ellos. Entonces eso para mí ha sido muy fuerte. Realmente, al Señor no se le escapa absolutamente nada.

 

Victoria: ¿Cómo llega Haití a tu vida?

 

María: Bueno, a los 18 años recibí una palabra de parte de Dios que hablaba acerca de las misiones, pero yo no la entendía mucho. No entendía mucho de ese tema. A veces uno lee cierta palabra, o recibe una palabra de Dios que no la entiende, pero uno la atesora porque es algo que te resuena en el corazón y en la mente. Entonces yo atesoré esa palabra, y después de una semana vino alguien y sin conocerme, sin saber nada de mí, me dijo “mira, yo tengo esta palabra de parte de Dios para darte porque el Señor me habló” y justo era la palabra que me estaba resonando. Y claro, yo hace como un mes que oraba todas las madrugadas porque anhelaba saber el propósito de Dios para mi vida. entonces hablé con mi pastor, y él me dijo que había un orfanato en Haití, y que era el único lugar que tenían en este momento para poder ir a hacer la tarea misionera y servir. Entonces yo dije sí. Obviamente había que prepararse, informarse acerca de la nación y prepararse en todas las áreas, porque uno va a morir en todos los aspectos. Entonces después de que hablé con él empecé un tiempo de preparación para poder venir a Haití que me llevó unos 4 años. No es que fue inmediatamente.

Recuerdo que cuando se acercaba la fecha de ir a Haití me daba mucho dolor de panza y nerviosismo porque había llegado el momento. Porque sí, yo sabía que iba a ir, pero cuando llega el momento de realmente mostrar esa renuncia completa, es otra cosa. El tiempo de prepararse no es fácil tampoco, porque uno tiene que pensar en morir completamente a todo, absolutamente todo. Realmente ese tiempo de preparación para mí fue muy valioso. Y claro, cuando uno llega aquí a Haití, aunque te hayas preparado, igual es difícil.  

 

Victoria: Claro, pensaba en la importancia de la persistencia, con la ayuda del Señor, en esa preparación. Porque después, cuando estés en el campo misionero o a donde el Señor te envíe, es algo que va a tener que estar presente. La persistencia, la perseverancia, la renuncia, y tenerlo como un hábito generado. ¿Cómo fue la salida, la llegada y tus primeros tiempos allí en Haití?

 

María: Bueno, la salida de Uruguay fue muy emotiva, porque mis papás no son cristianos, nadie de mi familia es cristiana, entonces se generó un conflicto con mi mamá y con mis hermanos que eran mucho más pequeños que yo. Mi mamá por mucho tiempo no me habló cuando me fui a Haití. Entonces para mi fue difícil porque tuve que renunciar a esa relación, pero uno tiene que estar dispuesto de todas formas. Es ahí donde se demuestra el amor puro por Cristo. Entonces en ese aspecto para mí fue difícil.

Cuando llegué a Haití los chicos me recibieron súper bien, pero claro, yo salí del aeropuerto y ese calor abrazador de Haití me abrazó, y dije ¡qué calor que hace aquí! Aquí no se te pasa el calor ni con un ventilador. Era demasiado. Y claro, yo no estaba acostumbrada. Yo creo que adaptarse al calor fue de las cosas más difíciles.

Los haitianos, además, no hablan de una forma muy natural. Ellos gritan. Entonces al principio me asustaba, porque yo decía “se van a pelear”. Pero no, ellos hablan así. Entonces bueno, me di cuenta de que tenía que acostumbrarme. Después, el tema del idioma, uno lo va aprendiendo. Te futra al principio, porque quieres hacer muchas cosas, quieres hablar, quieres comprar, quieres ir a los lugares, pero no puedes porque no sabes expresarte. Yo nunca estudié el creole, pero yo salía a la calle, hablaba con las vendedoras, preguntaba, no me importaba si se reían, y de esa forma fui aprendiendo el idioma. Eso me ayudó mucho.

Otra cosa que fue muy linda fue el tema de los niños.

 

Victoria: ¿Inmediatamente de llegar tuviste contacto con los niños?

 

María: Claro, porque llegué a un orfanato, a vivir a tiempo completo con 50 niños. Entonces fue todo el tiempo, también fue un choque, porque no tenías privacidad, tenías que compartir el baño, tenías tus tareas, hacer la comida, vestir a los niños, y yo en ese tiempo me había dispuesto a ayudar con los bebés. Y tienes que estar 100% ahí, tienes que hacer todo.

 

Victoria: Súper demandante, además, cuidar a bebés en esa etapa de la vida. ¿Cómo se les explica a los niños que uno viene de otro lugar, que está ahí porque quería estar con ellos? ¿Cómo es el primer contacto con los niños?

 

María: Por lo general la reacción es “vino una blanca” entonces ellos son felices.

 

Victoria: Es una novedad.

 

María: Claro. Pero en el caso del orfanato fue diferente porque ya vivían extranjeros allí. Entonces fue totalmente diferente. La gran mayoría ya sabía español, entonces no fue tan difícil. Igual es una novedad para ellos. Pero a mí me facilitó mucho que en el orfanato los niños ya hablaban el español. Ahora ya no estoy más en el orfanato, pero tenemos una buena relación y siempre los visito. Ahora los veo y no puedo creer lo grande que están. Es muy lindo. Los bebés que cuidaba, que les cambiaba los pañales, ahora tienen 6, 7 años. Ha sido una experiencia increíble.

El orfanato fue una experiencia que forjó mucho mi carácter. Nosotros teníamos falta de muchas cosas. Vivívamos en una montaña, entonces no había agua, teníamos que esperar que la lluvia cayera para poder juntar agua. A veces pasábamos una semana sin lavarnos la cabeza, a veces había que racionar el agua potable, porque eran 50 niños y 20 voluntarios. Pero fue una experiencia muy linda. Había que compartir todo, había que esperar tu día para que te toque lavar tu ropa, si es que había agua, y si no, que se aguante la ropa sucia, entonces son experiencias que quizás no es lo que yo creía que eran las misiones, pero son parte. Porque el trabajo misionero, muchas veces, es un trabajo muy difícil, como los misioneros que están en países perseguidos.

 

Victoria: Y sé que hay un tema de seguridad en Haití. Lo bueno es que estabas acompañada de otros hermanos y compañeros de trabajo que podían alentarse y apoyarse en lo que fuera, ¿no?

 

María: Sí, eso fue muy necesario. Nosotros teníamos devocionales todos los días en los que compartíamos la Palabra. Porque claro, llega un momento en el que realmente te sientes muy cansado, entonces necesitas tener más personas alrededor tuyo, compartir, tomar un mate, reírte, hacer chistes. Con las mujeres me acuerdo de que nos tomábamos tiempos para pintarnos las uñas, para arreglarnos el pelo, porque era todo el tiempo, todo el día dedicados a cuidar a los niños, día y noche, si estaban enfermos, si necesitaban algo, todo el tiempo. Entonces claro, si no te tomabas ese tiempo te agotabas en todas las áreas. Cansa muchísimo.

 

Victoria: ¿Y cómo era el tema de compartir el evangelio con ellos? ¿Era como si crecieran en una familia cristiana?

 

María: Haití es muy receptivo, es muy religioso. Aquí hay una iglesia cada dos cuadras. Creo que hay más pastores que médicos. El tema es que algunos lo usan para beneficio económico o lo que sea. Pero sí hay muchas iglesias, la gente es muy receptiva con respecto al evangelio. Ahora, es difícil porque pasar de una religión a una relación no es fácil, porque tienes que cambiar muchas cosas en tu vida. y ahí se complica. En esa área es difícil. Porque aquí, por ejemplo, un hombre puede andar con varias mujeres, pero es cristiano y va a la iglesia. O la mujer puede ir a la iglesia, pero ir a bailar en la noche, tomarse unas cuantas cervezas, acostarse con hombres. Entonces claro, la gente dice “yo voy a la iglesia, creo en Dios, Dios es todopoderoso” todo lo que tu quieras, pero no tienen una relación real con Dios.

 

Victoria: Claro, puede ser un tema de creencia alejada, algo que está fuera de uno. Que es más o menos lo que pasa en Uruguay también, solo que acá la creencia es la “no creencia”.

 

María: Claro, acá todo el mundo sabe que existe Dios. Todos se dicen cristianos. El 90% por así decirlo. No me he encontrado a nadie que diga “yo no creo en Dios, Dios no existe” pero claro, el tema de la religión está muy incrementada. Incluso los bandidos, los jefes de los bandidos van a la iglesia. Pero también practican el vudú. Haití vive de lo que las antiguas generaciones les han enseñado, y lo hacen como lo han hecho por generaciones. Entonces en ese enfoque es difícil, porque ellos realmente tienen que morir a muchas cosas que hacen, que para ellos están bien, pero en realidad no lo están.

 

Victoria: Estaba pensando también en el hecho de que es una realidad para cualquier persona que se acerca al evangelio, poder diferenciar entre ir a la iglesia, creer un Dios, lo que sea y pasar a tener una relación con Dios y que el Señor pase a vivir en el corazón, que es algo totalmente diferente. Entonces quería pedirte, justamente que le hablaras tanto a los que quizás no conocen al Señor, como a los que sí lo conocen, y que les puedas hablar de el cambio o la diferencia que has visto no solo en tu vida, sino también en la vida de los que te rodean, en este caso, de los haitianos.

 

María: Mira, a los seres humanos se nos hace difícil creer en un Dios que a simple vista no lo vemos, o que decimos que no lo vemos, porque se manifiesta de muchísimas formas. El tema es que nosotros, como cristianos, lo sabemos, pero otros no. Él está esperando para que nosotros podamos tener una relación con Él. Pero ¿por qué cuando tenemos un momento de quebrantamiento, o un momento cuando se complica la vida, cuando se nos diagnostica algo, o lo que sea, decidimos creer que hay un Dios? ¿Por qué tenemos que llegar hasta ese punto para poder clamar? ¿Cuando en realidad nosotros podemos vivir en una libertad que Cristo nos ha dado durante toda nuestra vida? Dios sí existe. Entonces mi consejo es: no pierdan más tiempo. Porque hay una vida de alegría a pesar de los momentos difíciles, hay gozo, hay alegría, hay paz que sobrepasa cualquier entendimiento que está disponible para tu vida y para mi vida. Dios existe. Entonces, donde quiera que estés en este momento aprovecha la oportunidad para poder hablar con Dios. así como yo estoy hablando en este momento tu puedes hablar con Dios y puedes acercarte a Él. No esperes, acércate ahora a Dios porque tu puedes disfrutar ahora de la libertad que Cristo quiere darte.

 

Victoria: Gracias, María. Vamos a continuar hablando en el próximo programa.

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