Tres asesinos de tu vida: Miedo (2ª parte)
7 junio, 2026Lili de Cartea reflexiona sobre Proverbios 31 y el poder transformador de las palabras. A través de ejemplos bíblicos y de la vida cotidiana, enseña que hablar con sabiduría, bondad y clemencia es una marca del carácter de la mujer de Dios, y que las palabras pueden sanar o destruir.
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EA 1279 – Entre Amigas – La palabra bien dicha
Entrevista a Lili de Cartea
Victoria: Es un placer, oyentes de Entre Amigas, reencontrarnos en un nuevo programa. Hoy vamos a recibir nuevamente a Lili de Cartea, retomando su espacio de reflexión: Una Perla para tu Corazón.
Antes de darle paso a su participación, las quiero dejar con un versículo para que vayan pensando. Proverbios 25:11, de la versión Reina Valera 1960, que dice: «Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene«. Este versículo destaca que las palabras sabias, oportunas y bien dichas son valiosas, bellas y edificantes, comparando la comunicación adecuada con joyas preciosas que alegran y benefician a quien las escucha.
Con este versículo, damos paso al espacio Una Perla para tu Corazón, aquí en Entre Amigas. Es un placer recibir a Lili de Cartea. Conversamos en programas anteriores sobre su historia: se jubiló como profesora de inglés en el año 2022 y se ha desempeñado en distintos ministerios, como la enseñanza para niños, la educación y el trabajo con mujeres. Lili, un placer tenerte nuevamente con nosotras. ¿Cómo estás? ¡Bienvenida!
Lili: Siempre un placer compartir con ustedes. Aquí estamos, una vez más, gracias a Dios, pudiendo hacerlo.
Victoria: Es una alegría tenerte nuevamente. La idea es tener estos espacios de forma frecuente y tomarnos este tiempo de reflexión. Hoy queremos hablar junto a vos sobre un tema que tiene que ver justamente con lo que estamos haciendo en este momento: la expresión, el comunicarnos. Y la Biblia habla sobre eso, Lili.
Lili: Así es. Quiero poner como marco de referencia el libro de Proverbios, capítulo 31, que son las palabras de Lemuel, las cuales le enseñó su madre. No tenemos manera de saber con certeza quién era el rey Lemuel, pero su nombre significa «dedicado a Dios» o «perteneciente a Dios». Lo importante es que él guardó y preservó los sabios consejos que recibió de su madre.
En Proverbios 31:2 podemos parafrasear el pensamiento así: «¿Qué te diré y qué joyas de sabiduría te transmitiré, hijo mío, a quien he dedicado al Señor?» Era una madre que había dedicado a su hijo al Señor y que le daba sabios consejos.
Proverbios 31:10 al 31, que estamos considerando con la guía del Señor, es la última sección del libro. Describe a la esposa virtuosa y está escrito en forma de acróstico, es decir, que cada versículo comienza con una de las letras del alfabeto hebreo en el orden correcto. Hoy consideraremos algunas joyas de sabiduría que la madre del rey Lemuel le dio como legado a su hijo para encontrar esposa.
Proverbios 8:22 dice: «Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras«. Y el versículo 32-36: «Ahora pues, hijos, oídme, y bienaventurados los que guardan mis caminos. Atended el consejo y sed sabios, y no lo menospreciéis. Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas cada día, aguardando los postes de mis puertas. Porque el que me halle hallará la vida y alcanzará el favor de Jehová; mas el que peca contra mí, defrauda su alma. Todos los que me aborrecen aman la muerte«. Qué tremendo.
Tenemos ejemplos en la Biblia de quienes no escucharon las palabras sabias de Dios: el diluvio, con 120 años de Dios llamando al arrepentimiento, el fuego sobre Sodoma y Gomorra, la muerte de los primogénitos en Egipto por la dureza del faraón. Y en el Nuevo Testamento, en la parábola del rico necio: «Esta noche vienen a buscar tu alma».
Pero vayamos al principio de Proverbios, donde el versículo 1:7 nos enseña que el principio de la sabiduría es el temor de Jehová. Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza. Amadas amigas, el principio de la sabiduría es el temor de Jehová. Literalmente, es un conocimiento, pero no solo intelectual: es experimental, íntimo, profundo, personal.
En 2 Timoteo, Pablo le dice a Timoteo que lo que había aprendido de su madre y su abuela era lo que estaba en las Sagradas Escrituras. ¿Escucharon la frase «sabiduría es conocimiento aplicado»? La vida espiritual, queridas amigas, es conocer y practicar los principios de Dios.
Podemos dar varios conceptos del temor de Jehová: obediencia; conciencia sensible de la presencia de Dios en la vida; temor a ofender a Dios. Un teólogo dijo: «La sabiduría es lo que hace al hombre atravesar este mundo, tal vez con pena, pero siempre con gloria.»
Dios quiere que las mujeres seamos salvas, seamos sabias, seamos santas, y que también tengamos una vida y un corazón satisfecho. ¿Cómo se hace eso? La Biblia nos enseña. Para ser salvas, tenemos que creer y confiar en la obra de Cristo a nuestro favor. Para ser sabias, tenemos que leer la Palabra de Dios. Para ser santas, tenemos que obedecerla. ¿Cómo podemos estar satisfechas? El gran secreto es confiar en lo que la Palabra de Dios nos dice.
En este estudio de Proverbios 31 dice: «Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas«. El significado de «mujer virtuosa» tiene dos lados, como una moneda: fortaleza mental y fortaleza física.
En el retrato de esa mujer hermosa para Dios, su fortaleza mental es un compuesto de cualidades interiores que le ayudan, y a nosotras nos ayudarán, a no perder las esperanzas, a no ceder fácilmente, a no abandonar la lucha, a llegar a la meta para hacer lo que Dios desea, confiando en su Palabra. En cuanto a la fortaleza física, la palabra hebrea «virtuosa» se utiliza más de 200 veces en la Biblia para describir un ejército: fuerte, capaz, poderoso, valiente, vigoroso. Es decir, que tiene resistencia mental y energía física. Son los rasgos de un ejército. Si nosotras logramos eso, somos guerreras verdaderamente.
¿Cómo se llega a eso? Proverbios 31:25 dice: «Fuerza y honor son su vestidura, y se ríe de lo por venir«. Esta mujer tiene su ropaje: su fuerza y su dignidad. Son la vestimenta de un carácter piadoso, de lo que conoce de la Palabra de Dios. Eso hace que su mente sea poderosa, y su confianza en Dios la fortalece.
A pesar de las penas, amigas, y de los cuidados de esta vida, de que somos consideradas el vaso más frágil y de cuántos momentos difíciles nos depara la vida, el original da a entender que Dios va entrelazando un abrigo, un saco, una manta alrededor de ella. Porque la fuerza para vivir viene de Dios, de ese ropaje de honor y dignidad que la cubre. En hebreo es el esplendor de su espíritu noble: su grandeza de alma hace que tenga una conducta generosa, y su bondad expresada a quienes la rodean hace que digan que es una bendición conocerla.
No la dominan la ansiedad, las preocupaciones ni los temores. Su belleza espiritual no está estropeada por la preocupación o la incertidumbre propias de este mundo, pero si usamos las herramientas que Dios nos da, esas cargas pueden aminorarse y podemos crecer. Su pasado está en la cruz, su presente en la provisión y providencia de Dios, que es como Dios provee para nuestras necesidades en su infinita misericordia, y su futuro está en las manos del Señor. Filipenses 4:19 dice: «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falte conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús«.
Y ahora viene una perla. Proverbios 31:26 dice: «Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua«. Abre su boca con sabiduría: es inteligencia, es prudencia. Es una mujer apacible en sus emociones y en su temperamento. Da consejos sabios a su familia.
Tenemos un ejemplo en la Biblia: Abigail. Con sus dichos sabios y prudentes en sus diálogos con David, evitó un desastre cubriendo la necedad de su esposo. Iba a haber una mortandad terrible, y ella, con la prudencia de su hablar, fue a solucionar el problema. Con los años, David la buscó como esposa.
Queridas amigas, ¿cuánto fuego, como lo dice Santiago, puede encenderse por algo que decimos? Yo compartía esto con alumnas del Instituto Müller y una misionera decía: «Si yo hablo a los gritos en mi hogar, todos van a estar a los gritos.» Y después agregaba: «Si yo pongo paz, va a ser un hogar de paz.»
«Y la ley de clemencia está en su lengua». Leí en un devocional que esta virtud separa a las niñas de las mujeres del ejército de Dios: unas van a ser niñas y otras van a ser maduras, según la calidad de las palabras que emanan de su boca.
Santiago 3:2 dice: «Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo«. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta. Por supuesto que sabemos que eso no existe. Hacer muchas cosas son acciones externas, muy fáciles en comparación con abrir la boca y hablar con sabiduría y bondad, porque hablar es una cuestión del corazón.
En el Evangelio de Lucas 6:45, el Señor afirma: «Porque de la abundancia del corazón habla la boca«. Proverbios 10:11 dice que «fuente de vida es la boca del justo«. En la antigüedad, la tierra de Israel era muy seca y comparaban a esta mujer con el agua, porque decían que las palabras son poderosas, fuente de vida. Afirmaban que estar en la presencia de una mujer que habla con sabiduría y bondad es como encontrar la vida.
Hoy leímos al comienzo Proverbios 8:35: «Porque el que me halle hallará la vida y alcanzará el favor de Jehová«. La ley de clemencia está en su lengua. Lo que dice, lo dice en el espíritu y de manera generosa. Nunca hiere ni destruye con su palabra. En el griego, «pone en orden su lengua». No hay habladurías, calumnias ni maldades en sus dichos contra los demás.
¿No han escuchado a alguien decir: «Yo se lo dije así porque yo soy así»? La Biblia tiene dos principios que siempre van unidos: verdad y amor.
En un libro sobre mujeres, leyendo acerca de la calidad del hablar, encontré un ejemplo que me impactó mucho. Una mujer joven había dejado sobre su escritorio una nota que decía «ellos dijeron», y se suicidó. Estamos escuchando el poder que tienen las palabras para llegar a dirigir el futuro y la decisión de vida de otra persona. Proverbios nos habla de eso. Podemos llegar a definir el futuro de una persona.
Me viene otro ejemplo. Un padre de familia asistía con su familia a una iglesia, todos cantaban felices, él nunca cantaba. Al pastor le llamó la atención y un día le preguntó qué pasaba. «Cuando yo iba a la escuela dominical», dijo él, «la directora, mientras preparábamos una fiesta, me dijo: ‘No cantes, cantás muy mal'». Y lo marcó para toda la vida. Ese pastor tuvo que ayudarlo a retroceder en el camino hasta el momento en que se produjo el daño. Y con el valor de la Palabra de Dios y la sangre de Cristo, recordarle que esas palabras no nacieron del corazón del Señor Jesús, que fueron una equivocación, y que él podía abrir sus labios para alabar y adorar a Dios. ¿Estamos comprendiendo el valor que tienen las palabras?
Tampoco hay quejas en los labios de esta mujer. Ella confía en el control soberano y la providencia de Dios para su vida. Sabe y cree que Dios tiene control perfecto sobre las circunstancias de su vida. Por eso no tiene nada de qué quejarse, ni palabras mordaces o burlonas a costa de los demás. La envidia tiene que desaparecer. ¿Cuántas veces, porque no confiamos en el plan de Dios para nuestras vidas, aparece todo eso que es tan doloroso?
Vale la pena recordar el chisme y la calumnia. El chisme es decir algo de alguien con mala intención, la Biblia dice que se dice en voz baja. A veces podemos decir «te lo cuento para que ores», y hay veces que es completamente verdadero, pero hay veces que no se hace con esa intención. Y la calumnia directamente es mentira.
¿Cuánto valor tienen nuestras palabras a la luz de las Sagradas Escrituras? Que podamos abrir nuestra boca con sabiduría, con prudencia, con bondad. Porque de la abundancia del corazón habla la boca, y esa abundancia de corazón solamente va a existir cuando hay una base de estudio de la Palabra.
Memoricemos versículos. Recuerdo que una vez, en el mes de septiembre en la Escuela Cristiana, hacíamos concursos para recitar versículos. Un día participé con un curso y, por la gracia de Dios, pude decir 90 versículos. Pero esos 90 versículos no se aprenden en un día para un taller: son los versículos que Dios fue trayendo a mi vida, sosteniéndome y formándome. Ese era el ropaje, esa manta de que hablamos al principio acerca de las mujeres de Dios.
Para poder disfrutar todo esto, tenés que comenzar desde el principio: creer lo que Dios nos enseña, lo que nos dice la Biblia, que todas somos pecadoras, que no hay ni siquiera una que haga lo bueno, que no hay quien busque a Dios. Pero ahí viene un texto glorioso que nos habla del amor eterno de Dios: «De tal manera amó Dios al mundo…» Ponele tu nombre: envió a su único Hijo, dejó las glorias celestiales para venir, nació como un bebé, creció. Y hombres malos lo llevaron a la cruz, pero él fue a la cruz porque vino a cumplir el plan de redención. En esa cruz murió: llevó una corona de espinas sobre su cabeza, fueron clavadas sus manos y sus pies, derramó su sangre, porque la Biblia dice que sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecados. Pero no quedó allí: al tercer día resucitó y ahora está sentado en los cielos, en un lugar de honor junto al trono de su Padre.
Y nos dice a nosotros los que creemos que somos embajadores: querida amiga, si crees estas verdades eternas, confesale a Dios, pídele perdón y acéptalo como tu Salvador.
Esa es la perla que hoy quería compartirles: que podamos abrir nuestros labios con sabiduría y con clemencia, y que podamos ser conocidas como mujeres bondadosas que honran a Dios.
Victoria: Estamos llegando al final del programa. Un agradecimiento especial a Lili de Cartea por habernos acompañado. Vamos a continuar junto a ella en próximos programas. Les compartimos nuestras vías de comunicación: pueden buscarnos en Instagram, escribirnos al correo electrónico o buscarnos en la página web www.llamadaweb.org. Hasta un próximo programa, queridas amigas. ¡Que pasen muy bien!
