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Autor: Esteban Beitze

La pregunta a la que nos invita este programa es: ¿Estamos viviendo, o, siquiera teniendo en cuenta el propósito del Señor para nosotros?


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PE3123 – Josué (21ª parte)



Estamos estudiando como se puede ocupar un lugar de servicio con excelencia basándonos en la historia de Josué. Leemos uno de los pasajes más conocidos: En Josué 1:6-9 Dios le ordenó a Josué tres veces a Josué “esfuérzate y sé valiente”. Esto demuestra una gran trascendencia. Ahora vamos a ver que era…

  1. UNA ORDEN INELUDIBLE

Dios le había dicho a Josué: “Esfuérzate y sé valiente”. Por la definición de los términos, esto sólo se podría lograr por “fijarse en”, por “atrapar”, por “agarrar”. Pero, ¿qué era lo que tenía que “atrapar”? ¿Qué era lo que tenía que “agarrar”? ¿En qué se tenía que “fijar”? Nuestro texto da una respuesta bien específica y amplia al respecto. Se tenía que aferrar y fijar en Su Palabra. Así también su valentía que estaba relacionada con la alerta que tenía que tener, otra vez, sólo la conseguiría al estar compenetrado en la Palabra de Dios.

La triple orden de Dios está asociada con la Palabra de Dios.

 

La demanda la encontramos en los versículos 7 y 8: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito…”.

No es casualidad que de las tres veces que Dios repite la orden de ser esforzado y valiente, sólo en esta añade una pequeña palabra. En las otras dos la orden era: “Esfuérzate y sé valiente” (vs.6,9). Pero en el versículo 7 dice: “esfuérzate y sé muy valiente”. Existe un énfasis especial en este estar alerta con una mente marcada por el valor. Como ya vimos, esta demanda estaba asociada íntimamente con la Palabra de Dios. Josué no podría ser esforzado ni muy valiente en su propia fuerza.

Esta demanda tiene dos aristas:

En primer lugar, para ser esforzado y valiente se requiere apoyarse en la Palabra de Dios. Y, en segundo lugar, se requiere esfuerzo y valentía para seguir la Palabra de Dios.

 

  1. Para ser esforzado y valiente se requiere apoyarse en la Palabra de Dios

En Deuteronomio 11:8 Moisés exhorta al pueblo: “Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seáis fortalecidos, y entréis y poseáis la tierra a la cual pasáis para tomarla”. El fortalecimiento necesario provendría de guardar la Palabra de Dios. Para que pudiera cumplir con el plan que Dios tenía con su vida, tenía que obedecer la Palabra.

La única forma que podemos cumplir con las obras que Dios preparó que hiciéramos, solo se reconoce y se logra, buscando y aferrándose de la Palabra.

Por lo tanto, por medio de exhortaciones positivas y advertencias, Dios le muestra a Josué lo que requiere de él:

1) Tenía que tener en cuenta la importancia de la Palabra: “cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó” (Jos.1:7). Dios le había dado a Moisés la Ley. Le había hecho conocer Su voluntad, y Moisés la había escrito. Ahora esta magnífica obra, tenía que ser aplicada a la vida personal de Josué y al pueblo entero. ¿De qué hubiera servido una ley, lo más buena que fuera, si no era aplicada? Lo mismo podemos decir de nuestros sistemas de justicia. Existen leyes, pero cuando en una sociedad no son aplicados o aplicados con falencias, entonces la sociedad se corromperá, la inseguridad aumentará y todos habrán perdido la paz. Al no tener paz interior, tampoco se podrá hacer un frente de batalla eficaz contra el enemigo.

Dios se dignó en entregarnos su Palabra entera. Ha usado hombres inspirados por el Espíritu Santo para hacernos llegar Su voluntad en forma escrita. ¿Qué haremos con ella? Además, tenemos una responsabilidad mucho mayor que Josué. Él sólo conocía la Ley, o sea los 5 libros escritos por Moisés. Pero nosotros tenemos la Biblia completa, los 66 libros. ¿Estamos cuidando de hacer conforme a lo que se nos manda? La Palabra de Dios no puede surtir su efecto sanador, corrector, edificador, consolador y tantos aspectos más, si no se aplica a la vida.

 

2) Tenía que tener presente las consecuencias de apartarse de la Palabra: “no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra”. La siguiente parte nos muestra que Josué no podía apartarse ni un milímetro de lo que enseñaba la Palabra. Uno podría cuestionar lo exagerado que era Dios. Pero Dios sabía muy bien, que cuando uno se aleja de la Palabra de Dios, aunque sea sólo un poco, el camino hacia la derrota es inevitable. La historia lo demostraría con tristes resultados. Uno de estos casos fue la vida de Salom­­ón. Dios le había dicho por medio de David su padre en 1 Reyes 2: 2-4: “Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre. Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas; para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel”. En un primer momento Salomón hizo de acuerdo a lo que Dios le había ordenado convirtiéndose en el rey más poderoso, sabio y con el reino más glorioso y de mayor extensión en la historia de Israel. Pero hubo un momento en el cual fue dejando de lado la Palabra de Dios. Se unió con mujeres de otras naciones, las cuales lo fueron llevando a construir templos a sus deidades paganas, al punto que él mismo terminó yendo tras los ídolos. Esto tuvo trágicas consecuencias. Apenas asumió su hijo, el reino más glorioso y de mayor extensión que tuvo Israel, fue partido en dos. Estos reinos se dieron pelea casi constantemente involucrando naciones extranjeras, hasta que al fin ambos reinos terminaron en la cautividad. ¡Qué tragedia! Dios había dado todo para que las cosas pudieran salir bien. Pero como Salomón dejó de lado los mandamientos de Dios, tuvo que venir el juicio.

Pero lo mismo sucede en la vida de los creyentes. Algunos dirán que no habrá que ser tan exagerado, tan fanático. Obviamente se quiere agradar a Dios, pero tampoco habría que ser exagerado en ello. Pero bien sabemos lo que sucede cuando las vías del tren se dividen. Puede ser que por un buen tiempo siguen una al lado de la otra, pero tarde o temprano terminarán separándose completamente llevando el tren que va por ellas a un destino completamente diferente. Así es también con aquellos que se desvían sólo un poco de lo que Dios quiere para sus vidas; aquellos que no quieren tomar completamente en serio la Palabra de Dios. Tarde o temprano se van a dar cuenta que su vida fue un fracaso. Dios podría haber hecho grandes cosas en ellos y por medio de ellos, pero ellos decidieron alejarse del rumbo señalado. Algo similar sucedía en la iglesia de Éfeso a la cual Jesucristo le tiene que decir: “Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Ap.2:1-5). Realmente es fabuloso lo que esta iglesia tenía de bueno. Pero había una “pequeña” falencia. Pero Dios veía este “detalle” de otra manera. No está conforme, es más, no será acepto delante de Él. Por lo tanto, si sabes que Dios te está mostrando algo por Su palabra, hazle caso, vuelve y obedece al Señor por completo.

 

3) Tenía que alimentarse de la Palabra: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley”. Esta Palabra tenía que ser su alimento constante. Josué tenía delante de sí una tarea espiritual gigantesca, y sólo podría enfrentarla eficazmente, si estaba alimentado correctamente en lo espiritual.

Además, de esta Ley tenía que hablar constantemente. Esta Palabra era la que tenía que enseñar al pueblo y hacer que cada uno la supiera. No existe otra manera que Dios pueda bendecir una persona, sino a través de la asimilación y obediencia a la Palabra. Por lo tanto, esta Palabra tiene que ser expuesta, para que todos la oigan y comprendan para luego poder obedecerla. Aparte de que todos debemos alimentarnos de la Palabra y también transmitirla a otros, más que ningún otro, el líder tiene que dedicarse a un profundo y continuo estudio de la misma. El pueblo de Dios no necesita las palabras del líder, ni el criterio del líder, ni el carisma del líder, sino la Palabra de Dios presentada por el líder levantado por Dios.

 

4) Tenía que meditar en la Palabra: “sino que de día y de noche meditarás en él”. Pero para poder enseñarla, también tendrá que estudiarla, tenerla presente. Tenía que leer pensando y reflexionando profundamente en la Palabra. Evidentemente Josué le tuvo que dedicar tiempo a ello. Pero si el quería tener la fortaleza y discernimiento necesario, no habría otra fuente y otra forma que la Palabra y la meditación en ella. Haciendo esto se logra lo que dice el Salmo 1: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; 2 Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. 3 Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo,

Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará

 

5) Tenía que atesorar la Palabra: “para que guardes”. Esto es lo que nos dice el salmista en el Salmo 119:9,11: “¿Con qué limpiará el joven su camino?

Con guardar tu palabra… 11 En mi corazón he guardado tus dichos,

Para no pecar contra ti”. Cuando se atesora la Palabra en el corazón, se puede tenerla a disposición en el momento oportuno, como el Señor Jesús lo utilizó en la tentación (Mt.4). Cada uno de nosotros tiene su punto o sus puntos débiles. Para cada uno de ellos también existen pasajes que nos advierten, ayudan a evitarlos o los solucionan. Aprendámoslos de memoria, meditemos en ellos, repitámoslos frente a la tentación, vivamos de acuerdo a ellos y venceremos la tentación.

 

6) Tenía que obedecer la Palabra: “y hagas conforme a todo lo que en él está escrito”. Después de buscar y tener presente la Palabra, resta obedecerla para que se haga efectivas la presencia, actuar y bendición del Señor.

Como consecuencia final y necesaria de la meditación constante de la Palabra se requiere el atesorar y obedecerla. De nada le serviría saberse la Palabra de memoria, si no la aplicaba.

 

Es interesante el orden que Dios establece en relación a la Palabra: 1) Tener presente la importancia, 2) tener presente las consecuencias de la desobediencia, 3) leerla, 4) meditar en ella, 5) atesorarla y 6) obedecerla íntegramente.

Este es el principio para una vida en plenitud. Esta es la clave para la bendición de Dios en tu vida. Este es el único medio por el cual puedas tener la fortaleza espiritual necesaria para enfrentar cualquier conflicto, prueba o desafío espiritual. Si queremos tener la fortaleza y valentía necesaria para todo esto, la fuente está a nuestra disposición. Pero son muy pocos que la buscan. Es como un remedio que tenemos en nuestra mesita de luz al lado de la cama, recetado para una seria enfermedad. Este remedio sería la solución para todos nuestros dolores, aliviaría nuestra vida, nos haría felices, nos daría vitalidad y ayudaría a cumplir con nuestros objetivos. Pero nosotros decidimos no tomarlo. De nada sirve que esté todos los días a nuestro lado si no lo tomamos.

Muchos tienen su Biblia al lado de su cama, en el estante o aún sobre la mesa. Pero mientras no la abran y la apliquen a su vida quedará sin efecto.

Hubo un momento en que se decía que el agua de Querétaro en México curaba todas las enfermedades. Fue tal el impacto que causó este rumor que miles y miles de personas hacían viajes a este lugar, a veces gastando sus pocos ahorros o endeudándose para conseguir un pasaje para llegar a este lugar. De allí volvían con todo tipo de envases con la supuesta agua milagrosa. Lo triste es que fue uno de los tantos engaños que ofrece este mundo.

Pero esta historia me llama la atención de que la gente en general está dispuesta a hacer lo que sea con tal de conseguir, satisfacción, salud y felicidad, terminando una y otra vez desilusionados en el mismo callejón sin salida. ¿Por qué no buscar en la verdadera fuente? ¿Por qué no acercarse al lugar dónde sí encontrarás la paz, el gozo, la bendición y la fortaleza que requiere la lucha diaria?

La fortaleza que necesitas a diario proviene del trino Dios y su Palabra. Miremos algunos pasajes del Nuevo Testamente que ilustran esta realidad: Filipenses 4:13 dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Pablo cuando les escribe a los colosenses asocia el ir “creciendo en el conocimiento de Dios” con el ser “fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad (Col.1:10,11). En Efesios 3:16 leemos: “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu”.

Y en su carta a Timoteo, Pablo testifica: “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio” (1Ti.1:12). Y también Pedro relaciona la fortaleza de los creyentes, aún en medio de la prueba con la gracia de Dios: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén (1P.5:10,11).

Por lo tanto, ¡“… fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Ef.6:10)!

¡Aferrémonos de la Palabra de Dios, busquémosla cada día, y veremos como el Señor hará prosperar nuestro camino y todo nos saldrá bien!

 

  1. Se requiere esfuerzo y valentía para seguir la Palabra de Dios

Hasta ahora vimos que se requería de la Palabra para tener la fortaleza necesaria. Pero también le tenemos que añadir que se requiere de esfuerzo y valentía para obedecer la Palabra de Dios. Aunque es indudable que nuestra voluntad está en juego si hablamos de obedecer la Palabra, también es cierto que la fuerza para hacerla proviene de Dios. Pablo le escribe a los filipenses “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil.2:13).

Busquemos obedecer de todo corazón a Dios, dediquemos un buen tiempo de cada día para estudiar la Palabra, oremos para que el Señor nos ayude obedecerla y entonces veremos a Dios obrar en nuestra vida.

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