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Autor: Esteban Beitze

El relato de la vida de Josué, reafirma muchas cosas que nos llevan a ver que la Palabra de Dios es coherente y vigente en su mensaje.


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PE3124 – Josué (22ª parte)



En Josué 1:6-9 encontramos una de las órdenes más categóricas y necesarias para que Josué pudiera llevar a cabo con la bendición de Dios el liderazgo del pueblo y la conquista de la tierra prometida.

Esta orden tuvo base

  1. UNA ORDEN CON BASE EN EL PASADO

El ánimo de Dios

La orden y la promesa repetida por Dios en el primer capítulo del libro de Josué, ya había tenido su anticipación en Deuteronomio 3:28,29. Allí Dios le había ordenado a Moisés: “Y manda a Josué, y anímalo, y fortalécelo; porque él ha de pasar delante de este pueblo, y él les hará heredar la tierra que verás….

Ya antes que Dios le hablara directamente a Josué, le había encomendado a Moisés que fuera animando a su sucesor para la gran tarea de introducir el pueblo a su heredad. Moisés cumplió con la orden de Dios, porque en

Deuteronomio 31:7 leemos: “Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar”. ¡Como habrá necesitado Josué este ánimo! Era una tarea tan difícil. ¡Qué bien hacen unas palabras de ánimo de un líder a los que lidera! Muchas veces abundan las críticas y faltan las palabras de ánimo. Aprendamos de Moisés que alentó a su sucesor. Él podría haberle dado lugar a los celos y haber dicho, que como él no podría entrar a la tierra, entonces que Josué se las arreglara como pudiera. Como él había sufrido tanto con este pueblo rebelde, que también su sucesor supiera lo que significaba estar frente a una obra. Pero Moisés, sobre todas las cosas, era un siervo de Dios y le pesaba la continuidad de la obra de Dios, independientemente de quién estuviera a cargo.

Aunque parecieran muy egoístas estos pensamientos, fue, es y seguirá siendo una triste realidad en la obra de Dios. Muchas veces damos lugar a pensamientos similares. Mientras se trata del área o la tarea de otro, no hacemos mucho para ayudarlo, porque si las cosas le salen bien, el reconocimiento lo recibe el otro. Los celos en la obra han frenado mucho de la bendición que Dios podría haber dado. No nos olvidemos para quién hacemos todo. Y aún si el mérito no llegara a ser nuestro, no nos olvidemos que es la obra de Señor. Por lo tanto, si está en nosotros el hacerlo, una palabra de ánimo nunca está de más. Todos necesitamos o necesitaremos una palabra de ánimo de parte de algún hermano. Inclusive del apóstol Pablo se dice que “cobró aliento” por la venida de unos hermanos cuando estaba en su viaje a la cárcel en Roma (Hch.28:15).

Si el gran apóstol Pablo necesitaba de ánimo, cuánto más cada uno de nosotros. Muchos quizás se vean incapaces para diferentes tareas en la obra. Pero una palabra de ánimo, una oración por el hermano, una llamada por teléfono, una visita, una tarjetita, un correo, un mensaje de texto y tantas otras cosas más pueden ayudar mucho a que los hermanos sean animados y la obra de Dios pueda avanzar. Pablo le escribe a los tesalonicenses: “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.  Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros. También os rogamos, hermanos,…que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos” (1Ts.5:11-14). A esto todavía podemos añadir el precioso pasaje de Hebreos 12:12: “Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas”. ¡Qué el Señor nos pueda usar para este tan importante ministerio!

 

Pero podemos ver algo más relacionado con el pasado. Justamente en la región donde Josué empezó a recibir el ánimo de Moisés para su futura tarea, también fue el lugar de valiosas experiencias que lo fueron preparando aún más para su ministerio. El lugar en el cual se encontraban acampados los israelitas en el momento de estas palabras era Bet-peor en la región de Sitim. Es un lugar al este del Jordán al Noreste del Mar Muerto, conocido también como los llanos de Moab. De acuerdo al relato bíblico allí ocurrieron varios eventos de gran trascendencia para el pueblo y Josué mismo. Por los diferentes hechos ocurridos en este lugar, Josué pudo recibir un fuerte impacto de la persona de Dios mismo.

 

La soberanía de Dios

El primero de los eventos en este lugar lo encontramos narrado en Números 22 al 24. Allí Balaam, que evidentemente conocía al Dios verdadero, pero también era agorero, fue invitado por Balac, el rey de Moab a que maldijera a Israel. Balaam que era amante del dinero, forzó la ida, en contra del deseo de Dios porque buscaba la recompensa ofrecida. Pero también tenía muy en claro que no podría decir otra cosa que la que Dios le dijera.

Balac le muestra partes de Israel con la intención que Balaam al verlo lo maldijera. Aún le muestra al pueblo entero desde “la cumbre de Peor, que mira hacia el desierto” (Nm.23:28). Pero una y otra vez Balaam es llevado por Dios a bendecir al pueblo de Israel, anticipando la destrucción de sus enemigos e inclusive profetizando la venida del Mesías.

Probablemente, Moisés, Josué y el pueblo, recién se enteraron más tarde de esta estrategia del enemigo. Ellos no sabían que, desde las montañas de alrededor de su campamento, había miradas de odio, rencor, maldad y con deseos de destrucción que se dirigían hacia ellos. Pero había alguien que sí estaba atento. Éste era Dios mismo.

 

Aunque también nosotros estemos rodeados de enemigos cuyas fuerzas no vemos y en la mayoría de los casos, cuyas estrategias no imaginamos, tenemos un Dios todopoderoso que sí está al tanto y lucha por nosotros. Por la Palabra sabemos que Satanás anda alrededor nuestro en todo momento, buscando hacernos caer. Pero el que está con nosotros es más poderoso que él. Jesús mismo prometió que aún el poder de la muerte no podrá hacerle frente a la iglesia del Señor. ¡Qué bueno es saber que la obra es del Señor y que Él está al tanto de todo!

 

Mas en algún momento el pueblo y con esto, también Josué se enteraron de este evento. Y entonces, por medio de este suceso, Josué pudo aprender algo sorprendente de Dios. A pesar que los pueblos y los reyes se levantaran contra el pueblo escogido, nadie le podría hacer frente si Dios estaba con ellos. Aunque lo intentaran maldecir, seguiría siendo el pueblo bendito de Dios, el pueblo de la promesa. Aunque todo el poder enemigo del mundo se levantara contra ellos, podían estar confiados porque el Todopoderoso estaba de su lado.

Y si contemplamos la historia hasta nuestros días, a pesar de innumerables intentos de exterminar a Israel en las diferentes épocas de la historia de este pueblo, aunque fueron castigados por su desobediencia, Dios siempre cuidó de que no fueran erradicados.

¡Qué ánimo tendría que haberle dado a Josué esta realidad! Estaba bien claro, que, si ellos mantenían la fidelidad a su Dios, Él también estaría con ellos.

También para nosotros hoy en día es válida esta verdad. Nosotros también somos un pueblo elegido (1P.2:9) y si somos fieles al Señor también podremos experimentar, que no existe poder en el mundo o fuera de él capaz de derrotarnos. Dios está por encima de todo, y todo lo dirige a su antojo.

En Hebreos 13 tenemos una preciosa promesa: “él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hb.13:5b,6). Pero hay que tener en cuenta que esta promesa en su contexto, está asociada a una forma de vivir que agrada a Dios la cual incluye evidencias de amor fraternal, hospitalidad, amor práctico demostrado a los necesitados, la santidad, contentamiento y no dándole lugar a la avaricia.

 

  1. La santidad de Dios

Inmediatamente a continuación de la historia de Balaam tenemos otra muy triste que se desarrolló en Bet-peor, un emplazamiento de un templo idólatra de Baal. Leemos en Números 25:1-18: “Moraba Israel en Sitim; y el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab, las cuales invitaban al pueblo a los sacrificios de sus dioses; y el pueblo comió, y se inclinó a sus dioses. Así acudió el pueblo a Baal-peor; y el furor de Jehová se encendió contra Israel. Y Jehová dijo a Moisés: Toma a todos los príncipes del pueblo, y ahórcalos ante Jehová delante del sol, y el ardor de la ira de Jehová se apartará de Israel. Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: Matad cada uno a aquellos de los vuestros que se han juntado con Baal-peor. Y he aquí un varón de los hijos de Israel vino y trajo una madianita a sus hermanos, a ojos de Moisés y de toda la congregación de los hijos de Israel, mientras lloraban ellos a la puerta del tabernáculo de reunión.

Y lo vio Finees hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, y se levantó de en medio de la congregación, y tomó una lanza en su mano; y fue tras el varón de Israel a la tienda, y los alanceó a ambos, al varón de Israel, y a la mujer por su vientre. Y cesó la mortandad de los hijos de Israel. Y murieron de aquella mortandad veinticuatro mil. Entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: Finees hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha hecho apartar mi furor de los hijos de Israel, llevado de celo entre ellos; por lo cual yo no he consumido en mi celo a los hijos de Israel.

Por tanto diles: He aquí yo establezco mi pacto de paz con él; y tendrá él, y su descendencia después de él, el pacto del sacerdocio perpetuo, por cuanto tuvo celo por su Dios e hizo expiación por los hijos de Israel. Y el nombre del varón que fue muerto con la madianita era Zimri hijo de Salu, jefe de una familia de la tribu de Simeón. Y el nombre de la mujer madianita muerta era Cozbi hija de Zur, príncipe de pueblos, padre de familia en Madián. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Hostigad a los madianitas, y heridlos, por cuanto ellos os afligieron a vosotros con sus ardides con que os han engañado en lo tocante a Baal-peor, y en lo tocante a Cozbi hija del príncipe de Madián, su hermana, la cual fue muerta el día de la mortandad por causa de Baal-peor.

No quisiéramos entrar en profundidad en esta historia. Pero sin lugar a dudas, a Josué le quedaron bien claras un par de cosas.

En primer lugar, aprendió que Dios es santo y no permitirá jamás que se pisotee esta santidad. Como Él es santo, también requiere santidad de los suyos y siempre castigará al que viva en inmoralidad. Al final murieron 24.000 israelitas. Esta mortandad fue mayor que la que siguió a la adoración del becerro de oro.

 

Otra enseñanza que aprendió Josué fue que el engaño sutil del enemigo es más eficaz que un enfrentamiento militar Es llamativo el hecho como el pueblo de Israel fue seducido por los moabitas. Los invitaron a sus fiestas. Lo que no pudo producir un enfrentamiento militar o el intento de maldición de Balac, lo consiguieron de forma muy eficaz las fiestas mundanas las cuales siempre estaban asociadas con la adoración de ídolos e inmoralidad sexual. Este había sido el consejo de Balaam, después que Dios no le había permitido maldecir a Israel. Moisés había dicho: “He aquí, por consejo de Balaam ellas (las mujeres) fueron causa de que los hijos de Israel prevaricasen contra Jehová en lo tocante a Baal-peor, por lo que hubo mortandad en la congregación de Jehová” (Nm.31:16). Los moabitas los engañaron con la seducción sexual e idolátrica. Para ambos casos el castigo de Dios fue inmediato y radical.

Esta triste historia nos muestra que una de las armas más poderosas y eficaces que tiene el diablo, no es tanto el enfrentamiento directo, sino la seducción, el engaño. Así fue con Eva, Sansón, David y tantos otros. Si el enemigo hubiera venido con su ejército, enseguida todo Israel se hubiera levanto para combatirlos. Pero como mandaron a sus mujeres, los invitaron a sus fiestas y se aprovecharon de la seducción sexual, Israel cayó en el pecado y perdieron más hombres que si hubieran ido a la batalla.

La estrategia satánica sigue siendo la misma. Él logra más caídas de creyentes por medio del engaño y la seducción que por medio de la oposición directa. Por esto es tan importante tener cuidado en cuanto a cuáles son nuestras diversiones, con qué nos entretenemos, cuáles son nuestros pasatiempos y con quiénes nos juntamos. Si nos acostumbramos a encontrarnos con inconversos en nuestro tiempo libre, esto tarde o temprano influenciará nuestra forma de pensar o actuar. Si nuestros pasatiempos están relacionados con cosas que transmiten los pensamientos mundanos, indudablemente seremos permeados por ellos. Por esta razón, cuidemos mucho en saber qué mirar, qué escuchar, con quién estar y adónde ir. Lo que el mundo ofrece sólo puede ser contraproducente, aunque tenga una fachada muy reluciente y divertida. Las palabras dichas por el apóstol Pedro son más actuales que nunca: “como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1P.1:14-16).

Josué aprendió que con la santidad de Dios no se juega. Él requiere de los suyos la santidad.

 

En tercer lugar, este triste evento también le mostró que el que se juega por la santidad del Señor, tendrá su recompensa como le sucedió a Finees, hijo de Eleazar. Valía la pena seguir fielmente a Dios.

Por lo tanto, la victoria sólo se podía obtener si había santidad.

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