Josué: Trabajo en equipo (2ª parte)

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Autor: Esteban Beitze

Para aprender a liderar, Josué tuvo que adherir y aplicar el trabajo en conjunto con las personas que el Señor había puesto a su lado. Comenzando con ejemplos desde su papel como apoyo del propio Moisés.


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PE3104 – Josué: Trabajo en equipo (2ª parte)



Trabajo en equipo

Empezamos a estudiar la historia de Josué. ¿Por qué Dios lo pudo poner al frente de todo el pueblo después de la muerte de Moisés? ¿Qué lecciones tuvo que aprender? ¿Qué lecciones tenemos que aprender para que Dios nos pueda utilizar en forma apropiada en Su obra?

Hoy analizaremos que Josué:

  1. APRENDIÓ EL TRABAJO EN CONJUNTO EN LA OBRA DE DIOS

Vivimos en un mundo individualista, egocéntrico y hedonista. En general, los hombres y las mujeres viven sólo para su propio éxito, placeres e intereses. No interesan los medios o métodos, no interesan las personas a veces ni siquiera la propia familia, con tal de tener lo que se quiere. Por lo tanto, el ver la obra de Dios, la Iglesia como un cuerpo, como lo presenta la Biblia, se está volviendo cada vez más difícil. Pero para que se puedan obtener logros verdaderos, habrá que aprender a trabajar en equipo. Esto también lo tuvo que aprender Josué.

En cierto momento del peregrinaje de Israel en el desierto, de repente fueron atacados por enemigos. Estos eran los amalecitas. Entonces Moisés ordenó a Josué: “Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” (Ex.17:9-14).

 

En este impactante relato, tenemos 3 grupos de personas que a su vez realizan 3 acciones diferentes.

  1. Josué y los soldados – enfrentando (vs.8-10)

Es muy llamativo observar dónde estaban enfocados los ataques de los amalecitas. Si leemos el pasaje de Deuteronomio 25:17,18, sabremos cuál fue su estrategia. Allí dice: “Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto: de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios”. El ataque de los amalecitas era bien cobarde. Atacaban a los débiles y rezagados. A medida que el pueblo iba avanzando por el desierto, iban siendo guiados por la nube de la presencia de Dios. Ésta iba adelante señalando el camino. Con el tiempo, los más débiles, cansados y trabajados iban quedando atrás. Ahí aparecieron los enemigos y atacaron justamente a éstos que se habían quedado rezagados. ¡Qué impacto, qué desaliento habrá ocasionado este ataque al pueblo! Sin previo aviso, aparecían los enemigos por la espalda dañando al pueblo.

 

Creo que es una clara enseñanza acerca de lo que nuestro enemigo, el diablo hace en las iglesias u obras cristianas. Su ataque está dirigido al lugar adonde no estamos mirando, al que hemos descuidado, a nuestro punto débil, a los que van quedando atrás en la marcha de seguir al Señor. Si descuidamos algún área en nuestra vida espiritual, si nos alejamos de la comunión con Dios, si no mantenemos el paso con el Señor, seremos fácil presa del ataque enemigo.

Si esta es la realidad de tu vida hay que actuar urgentemente. No se le puede seguir dando espacio.

A estos ataques también están expuestas nuestras iglesias. Puede ser que el ataque del enemigo sea dejar de lado la Palabra o la sana doctrina. Este enemigo tiene que ser atacado con todo el ahínco. Es fácil discernir cuando una iglesia está dejando de lado la palabra de Dios. Es cuando los programas atractivos, los testimonios, etc, ocupan mayor espacio que el estudio profundo de las Escrituras. Con estudio profundo obviamente no se está hablando de la simple lectura de un pasaje o un pequeño devocional.

Amalec atacó a aquellos que no seguían el paso de la nube, de la presencia y comunión con Dios. Puede haber muchas cosas muy válidas para usar en nuestras iglesias, pero nunca deben sobreponerse a la profunda cercanía con el Señor por medio de Su Palabra.

 

En nuestra historia aparece Josué por primera vez. Fue el hombre elegido por Moisés para llevar el pueblo a la lucha. Éste escogió a los soldados y fue a enfrentar al enemigo. Tenía el valor de enfrentar al enemigo. Su nombre significa “Jehová es salvación”. Fue al frente con esa convicción en Dios. Tengamos presente, que como lo indica el nombre de Josué, que sólo con el Señor, nuestro Salvador, puede haber victoria.

 

  1. Moisés – intercediendo (v.11)

El líder Moisés, no pasó por alto la amenaza enemiga, no abandonó a los débiles a su suerte, sino que organizó enseguida lo necesario para contrarrestar este ataque. Sabía que no podía darle lugar a que el enemigo le fuera ganando territorio. Si lo hubiera hecho, el enemigo no sólo hubiera ganado una batalla, sino que se hubiera animado a más. Hubiera atacado con cada vez mayor fuerza y hubiera ocasionado cada vez más daño. Por otro lado, el ánimo del pueblo hubiera decaído cada vez más. Aparte de esto el pueblo se daría cuenta que no había mucho valor en los líderes y también crecería un desprecio por los más débiles.

Por lo tanto, era urgente que Moisés actuara. Pero él ya no podía ir al campo de batalla. Los tiempos en los cuales había dado muerte a un egipcio con su propia fuerza habían quedado muy atrás. Ahora ya tenía más de 80 años. Había que darle el lugar a los más jóvenes. Pero, ¿esto significaba quedarse sin hacer nada? ¡Claro que no! Primeramente, organizó todo lo que habría que hacer y luego él mismo se puso al frente de la intercesión. Allí sobre la cumbre del collado estaba él, extendiendo su vara al cielo.

 

Una de las áreas que jamás se deben descuidar en la obra del Señor es la oración. ¡Cuántas veces empezamos hacer cosas en la obra del Señor, pero sin el debido acompañamiento de la oración! Esto se vuelve un simple luchar hasta cansarse, sin lograr el cometido. Creo que todos conocemos momentos en los cuales hemos empezado a hacer algo con todo el ánimo, pero que con el tiempo quedó todo en la nada. Por lo tanto, por más buenos proyectos, por más buenas actividades que se organicen, si no están acompañadas de la debida intercesión, quedarán sin fruto.

 

Pero volvamos a observar lo que Moisés tenía en su mano. Era la “vara de Dios”. Es muy llamativo observar cuando esta vara obtuvo este nombre. Fue en Éxodo 4 cuando Moisés obtuvo el llamado para sacar a Israel de Egipto junto a la zarza ardiente. En el versículo 2 Dios le pregunta: “¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara”. Lo que tenía era una vara, era su herramienta de trabajo. Era algo sencillo. Pero justamente esto Dios lo quería utilizar. Luego en el versículo 20 leemos: “Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y los puso sobre un asno, y volvió a tierra de Egipto. Tomó también Moisés la vara de Dios en su mano”. Lo poco que Moisés tenía, esto lo usó Dios. Fue con la presencia de esta vara que se hicieron los tremendos juicios en Egipto, y fue bajo esta vara que se abrió el Mar Rojo para dar el paso al pueblo y luego ahogar al ejército egipcio. Lógicamente no era una varita mágica, ni había un poder especial en ella. Pero Dios utilizó una simple herramienta de trabajo para demostrar su poder.

 

Esto nos enseña, que Dios nos pide que pongamos a su servicio aquello que nos ha dado. Esto puede ser tiempo, posesiones, fuerza, medios económicos, dones, etc. Y todo aquello que es puesto a disposición del Señor servirá para la bendición personal, la bendición de la obra de Dios y para la gloria del Señor.

 

Esta historia también nos muestra que el líder del pueblo debería dedicarse sobre todo a la tarea espiritual. Moisés era el líder, pero no estaba en el campo de batalla. Pero esto no significaba que no estuviera activo. Todo lo contrario, como vemos, su aporte fue esencial. El liderazgo de una obra puede estar a cargo de muchas actividades, pero sobre todo no debe descuidar el aspecto primordial que es el enseñar, organizar, velar e interceder. Cada vez que el pueblo retrocedía en el campo de batalla, allí estaba Moisés que, aunque con mucho esfuerzo y quizás hasta calambres en sus brazos, levantaba su vara al cielo. Esto es lo que necesitan nuestras iglesias. Hermanos que organicen, que deleguen a otras tareas “de campo” que no necesariamente tienen que hacer ellos, que velen por el orden y avance de la obra y sobre todas las cosas que realicen la tarea espiritual como ser la intercesión, el estudio de la Palabra y la exposición de la misma, la consejería, el animar, exhortar, en otras palabras, cumplir la tarea de pastor. Pero muchas veces son los que hasta tienen que limpiar el local, llevar las cuentas, poner las flores y cerrar la puerta. Es lógico que no será un trabajo muy eficiente.

Cuando nació la primera iglesia hubo un momento que surgieron problemas de orden bien práctico entre los creyentes. Entonces, los apóstoles, reconociendo que había que establecer las prioridades, dijeron: “No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo” (Hch.6:2b,3). El trabajo de campo bien lo podrían realizar otros hermanos que claro está, también deberían ser idóneos y “llenos del Espíritu Santo”. Bien sabemos cual fue el resultado de esta forma de actuar. En poco tiempo, el Evangelio se extendió por el mundo entero. ¡Nunca descuidemos la intercesión! Recién así la obra avanzará.

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