Josué: Su preparación (1ª parte)

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Autor: Esteban Beitze

Esta es una nueva serie, presentada por el hermano Esteban Beitze, que abarca el estudio de la figura de Josué. Comenzando por su preparación y siguiendo su recorrido como sucesor de Moisés, por indicación del Señor.


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PE3103 – Josué: Su preparación (1ª parte)



Su preparación

¿Qué necesita una persona para ser líder en una posición de importancia? Obviamente depende en qué área sea puesta. Estos días escuchaba acerca de un hombre muy capaz para los negocios, que levantó varias empresas, que cuando se quiso jubilar, dejó sus emprendimientos en manos de sus hijos. Pero al poco tiempo tuvo que volver a tomar las riendas de los negocios, porque sus hijos los estaban fundiendo por la mala administración. Estos hijos, nacidos en cuna de oro, no habían sido capacitados lo suficiente y no habían aprendido el esfuerzo y lo que cuesta, empezando desde abajo.

Esto no es diferente en lo espiritual. Para estar al frente de algún ministerio o área de servicio, hay lecciones que aprender para ser eficaz en ello. Vamos observar esta realidad en la historia de Josué.

El pueblo de Israel se encontraba en el desierto. Habían sido liberados de la esclavitud de Egipto por la mano poderosa de Dios, por medio de las diez plagas. Después de haber celebrado la pascua, salieron de Egipto y Dios les abrió el mar Rojo para que pudieran pasar a salvo y los egipcios fueran juzgados. Allí en el desierto el Señor les dio los mandamientos y la orden de construir el tabernáculo, el lugar que representaría la morada y presencia de Dios. Así lo hicieron. Pero al llegar a las fronteras de la tierra prometida, le dieron lugar a la incredulidad y desobedecieron a la voz de Dios como ya lo habían hecho muchas veces. Por esta razón, toda la generación que había salido de Egipto de 20 años para arriba no pudo entrar a la tierra. Tuvieron que andar por el desierto durante 38 años más hasta que todos murieran. También Moisés desobedeció a Dios, por lo cual fue castigado con la prohibición de entrar a la tierra prometida.

Josué fue el que le siguió en el cargo a Moisés, sí nada menos que a Moisés mismo. Uno se podría preguntar, por qué fue elegido justamente Josué, ¿por qué no otro? En Números 11:28 se nos describe quién era este hombre. Era “Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, uno de sus jóvenes…” De este pasaje podemos deducir que Josué simplemente era “uno” de los jóvenes que servían a Moisés. Es indudable que había varios de ellos que estaban al servicio de Moisés. Pero existieron 10 razones que hicieron que Dios eligiera a Josué. Evidentemente había mucho que aprender antes de ocupar tal cargo y tener tal responsabilidad. Josué aprendió las lecciones necesarias para ocupar un puesto tan trascendente. ¿Cuáles serían estas lecciones? ¿Ya las hemos aprendido nosotros?

 

  1. APRENDIÓ SER SIERVO DE DIOS

Josué 1:1 dice: “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo”.

Josué era asistente de Moisés. La Septuaginta, la traducción del Antiguo Testamento al griego, utiliza un vocablo que significa “un obrero bajo la dirección de otro”. Sin duda es ésta la mejor forma para ocupar un lugar de responsabilidad. Lo mejor es ir siendo capacitado por un hermano mayor o ya experimentado en la tarea. Es ir trabajando al lado de él. Esto se puede observar en el mundo profesional, empresarial, en el deporte, la música y muchísimas áreas más. Cuánto más el candidato a liderazgo pueda observar a su líder tomando decisiones, actuando, enfrentando desafíos y aún en sus derrotas, tanto más firme podrá ser cuando le toque ocupar su lugar. Claro está, que la subordinación de Josué a Moisés fue clave para poder aprender lo necesario, y luego también liderar de forma adecuada.

Existe un principio básico para la vida en general como también para el área espiritual: el que ha aprendido a obedecer y sujetarse, estará mucho más equipado para liderar. Al estar al lado de Moisés, Josué pudo aprender muchísimas cosas prácticas y espirituales. Pero sólo las aprendió por estar en sumisión al lado de este gran “siervo de Dios”. Tenía el ejemplo de lo que significaba ser un “siervo de Dios” en Moisés. Y Josué era siervo de este siervo de Dios.

En Números 11:28 se define a Josué como “ayudante de Moisés”. ¿A quién le gusta que lo llamen siervo, sirviente o un simple ayudante? La mayoría prefiere que se los vea como jefes, alardean de cuántas cosas dirigen o títulos que tienen. Por más meritorio que sea un título, el que no aprendió a servir, el que no es humilde, aunque quizás tenga mucho reconocimiento humano, no será apto para la obra de Dios. El Señor busca a aquellos que aprendieron a servir. Un hermano, líder de una enorme iglesia me contó que cuando buscaban candidatos para diáconos en la iglesia, se fijaban solamente en aquellos que, en grandes conferencias y seminarios, habían estado dispuestos a dedicar de su tiempo para venir antes y preparar todo, los que estuvieron dispuestos a servir las comidas, limpiar los baños, los que estuvieron predispuestos a quedarse después del evento a ordenar y limpiar todo.

Muchos quisieran ser jefes, figurar y ser reconocidos, pero pocos están dispuestos a empezar el camino desde bien abajo. Pero sólo estos son los que Dios puede y quiere usar. El ejemplo máximo lo tenemos en Jesucristo mismo. Él dejó la gloria que tenía con el Padre, se hizo hombre, en esta condición esclavo, llevando su entrega hasta la muerte más humillante, la de la cruz (Fil.2:5-7). Pero así Dios también lo pudo exaltar hasta lo más alto como dice en Filipenses 2:9-11: “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.

Si quieres ser usado por Dios, empieza a colaborar en las tareas sencillas, quizás las que nadie ve y nadie te va dar aplausos. Pero ten presente que el principio espiritual es: el que es fiel en lo poco, Dios le puede encomendar mayores responsabilidades. El profeta Jeremías afirma una gran verdad: “Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud” (Lam.3:27)

 

Josué tuvo un precioso ejemplo a imitar en la vida de Moisés. En el libro de Josué, 17 veces Moisés es nombrado como siervo de Jehová. Él fue el ejemplo perfecto. Lo ideal sería que, para cada área en la obra, hubiera personas que fueran introduciendo y enseñando a otros, trasmitiendo sus experiencias y ayudándolos a dar los primeros pasos. Lamentablemente esto no siempre será posible, o porque no existen o porque los que están al frente se sienten imprescindibles y ven peligrar su puesto si otro se va capacitando. Aunque triste, esto a veces sucede. Este tipo de líderes no pueden ser llamados siervos de Dios. Pero, por otro lado, existen aquellos que no se miran a sí mismos, no buscan su reconocimiento, sino que desean que la obra de Dios avance. Estos son los que ven la necesidad de formar a otros.

¡Cuántos siervos de Dios que fueron o son reconocidos por su labor, fueron impactados por un “Moisés” en sus vidas! Pablo fue impactado por Bernabé, lo mismo que Juan Marcos. Por otro lado, Timoteo fue impactado por el ejemplo de su madre y abuela y luego por el apóstol Pablo. Es indudable que nuestro ejemplo principal debe ser el Señor a quién le debemos seguir sus pisadas. Pero, qué gran ayuda será si nos acercamos a aquellos hermanos que son espirituales. Aunque sepamos que ninguno de ellos es perfecto, nos pueden dejar una enseñanza invalorable. La Biblia nos dice entre otros muchos ejemplos a seguir: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (Hb.13:7). Busquemos su consejo; imitemos su ejemplo. Esto nos muestra también la importancia de la elección de nuestras amistades dentro del grupo de hermanos. Aún siendo creyentes, lamentablemente no todos son espirituales. ¿Dónde buscarás el ejemplo, dónde el consejo? Búscalo junto a los verdaderos siervos de Dios y te convertirás en un siervo de Dios y podrás ser usado para la gloria de Dios.

Y aún si tienes que abrir una senda nueva en la cual no existe nadie que pudiera darte el ejemplo, siempre encontrarás en el Señor el ejemplo, la gracia y ayuda necesaria y en la Biblia la dirección adecuada. Jesús dijo: “…el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir…” (Mt.20:28).

Josué tuvo a ambos – el consejo y ejemplo de un siervo de Dios y la Palabra de Dios. El Señor lo pudo usar para grandes cosas. El libro de Josué empieza señalando que Josué era siervo de Moisés (1:1), y termina mostrándolo como “siervo de Jehová” (24:29).

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