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Autor: Esteban Beitze

Este estudio tiene como objetivo ver la importancia de la colaboración para la tarea en el plan de Dios para el Pueblo, camino a la Tierra Prometida. Ninguno de ellos era el protagonista. Sino el Señor en ellos.


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PE3106 – Josué: El estandarte (4ª parte)



El estandarte

Estamos estudiando la vida de Josué y cómo pudo ser utilizado por Dios para llegar a encabezar nada menos que al pueblo de Israel. Para poder llegar a ocupar este puesto de tanta responsabilidad, tuvo que aprender una serie de lecciones. Pero también nosotros, los creyentes, somos llamados a servir en la obra del Señor. Pero para hacerlo con excelencia y sobre todo, para estar al frente de alguna actividad, necesitamos aprender las mismas lecciones que tuvo que aprender Josué. Ya empezamos a analizar la lección de aprender a trabajar en equipo.

En cierto momento del peregrinaje de Israel en el desierto, de repente fueron atacados por enemigos. Estos eran los amalecitas. Entonces Moisés ordenó a Josué: “Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” (Ex.17:9-14).

En los programas pasados vimos tres formas diferentes de estar actuando necesarios para servir en equipo. Analizamos la importancia de Josué y los soldados enfrentando los enemigos. De mientras Moisés estaba intercediendo sobre el collado. Y luego vimos que Aarón y Hur estaban apoyando. Entre los tres grupos se armó un precioso equipo que llevó a Israel a la victoria sobre los enemigos que habían ocasionado tanto daño y zozobra en el pueblo.

 

Hoy le sumamos otro integrante, sin el cual no podría haberse dado la victoria:

 

  • Jehová-Nisi – Bendiciendo y juzgando (vs.13-16)

Analizamos lo fundamental que es que cada uno ocupe su lugar en el cuerpo de la iglesia. Pero todavía no nombramos el participante principal. Si no fuera por la intervención de Dios, no hubieran logrado nada ni siquiera los tres grupos trabajando en conjunto. Moisés sabía muy bien a quién le debían la victoria. Por esto leemos en el versículo 15: “Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi”.

“Jehová-nisí” es un nombre compuesto de Jehová y significa: “Jehová es mi estandarte o bandera” aludiendo probablemente a la vara levantada en la cumbre como un estandarte. Por lo tanto, Moisés reconocía en Dios a su bandera, la que iba adelante en la batalla, la que marcaba la dirección en la que tenía que marchar y pelear el ejército. Sabemos muy bien lo importante que fue y es una bandera levantada en la batalla. Significa que determinado territorio está bajo su dominio y que siguen luchando. Una bandera que va avanzando en el campo de batalla es sinónimo de victoria. Una que retrocede, señala una retirada o incluso una derrota. Aún peor, cuando la bandera está caída, desalienta a aquellos que todavía luchaban y hace perderles el rumbo. Por lo tanto, el factor fundamental y determinante para la victoria, fue el Señor que como bandera iba delante de su pueblo.

En el NT también vemos este principio. Lo podemos observar en la seria exhortación de Pablo a los corintios. Ellos estaban haciendo división al destacar a diferentes personas que actuaron en la obra. Pablo les responde en 1 Corintios 3:5-8: “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor”. Fuimos salvos para servir al Señor como dice Pablo: “os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1Ts.1:9b).

 

Por lo tanto, ¡sigamos trabajando juntos en equipo, cada uno en el lugar que el Señor le ha mostrado, con sus dones y capacidades, pero que nadie se quede sin involucrar! ¿Somos siervos de Jesucristo?

 

Pero quisiera señalar todavía algo más. Existían y existen dos grupos de personas. Estaban los israelitas y los amalecitas. Los vencedores y los derrotados. ¿Por qué los amalecitas fueron derrotados? Vimos que fue por el actuar en conjunto del pueblo, pero sobre todas las cosas, por la intervención de Dios mismo. Pero, ¿por qué los derrotó? ¿Qué habían hecho? La respuesta la tenemos en el versículo 16: “y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación”.

Los amalecitas se levantaron en contra de Dios, por esto el juicio divino tuvo que caer sobre ellos.

Pero exactamente lo mismo sigue sucediendo hoy en día. Existen dos pueblos. Uno es el vencedor, es el que tiene a Dios a su favor, es el bendecido y que en definitiva recibirá la heredad eterna – el cielo. Pero existe otro pueblo, el que deja a Dios de lado, el que lo desprecia o inclusive ataca. Lógicamente esto tendrá consecuencias desastrosas. Será juzgado y condenado eternamente.

Podemos resumirlo con dos pasajes de la Biblia:

  • Juan 3:36: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.
  • 1 Juan 5:10-12: “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

¿En qué grupo te encuentras? ¿Todavía no tienes paz interior, tienes miedo al futuro o a la muerte? ¿Te falta el gozo que permanece aún en medio de las dificultades y pruebas? ¿Necesitas descanso, fortaleza y ánimo? ¿Quieres saber lo que tienes que hacer para estar en el grupo vencedor? Si todavía no te has reconocido pecador y aceptaste el perdón de los pecados por medio de la sangre derramada por Jesús en la cruz, sigues estando en grupo perdedor y que finalmente será juzgado por Dios por toda la eternidad. Pero si quieres cambiar esta realidad, solamente tienes que tomar una decisión. Tienes que arrepentirte de tus pecados y pedirle perdón a Dios por haberlos cometido. Tienes que creer que Jesús murió en la cruz también por tus pecados. Luego sólo te falta pedir que Jesús entre en tu corazón. De esta manera serás hecho un(a) hijo(a) de Dios como lo confirma Juan 1:12 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

2 Comments

  1. Elisa Sauceda dice:

    Saludos desde Honduras . Quisiera compartir estos estudios pero no puedo descargar

    • llamadaweb dice:

      Elisa! Gracias por escribirnos!

      Le pido que vuelva a intentar descargar, hemos verificado y efectivamente el programa se puede descargar.

      Le saluda en Cristo, Robert

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