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Continuamos estudiando las habilidades que Josué aprendió, mientras era preparado por Dios para tomar la tarea de liderazgo que se le confió.
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Llamado a vencer
Estamos estudiando la historia de Josué y con ello, una serie de paralelos para la vida cristiana. Dios llama para dedicarnos a Su servicio. Pero también tiene un llamado para todos los que todavía no lo conocen como Su Salvador. Ya en la primera página de este libro, Josué obtiene un séptuplo llamado: un llamado personal, un llamado apremiante, un llamado a actuar, un llamado a levantarse, un llamado a avanzar, un llamado a heredar y un llamado a vencer.
Josué 1:1-5 dice: “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”.
UN LLAMADO A VENCER
Dice el versículo 5: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”. Josué podía estar seguro que nadie le podría hacer frente porque Dios mismo iba a estar con él. La promesa estaba relacionada con la vida de Moisés y con el llamado. Así como Dios había estado con Moisés también estaría con él. Aunque hubo un cambio generacional, aunque hubo un cambio del liderazgo, Dios seguía siendo el mismo y no se apartaría de Josué.
¡Qué animador es saber que cada nueva generación de siervos de Dios, nuevos líderes y aún cada creyente pueda contar con el hecho que “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hb.13:8)! Aún cuando el Señor llame a su presencia a maravillosos siervos y siervas, podemos estar seguros que Él también se encargará de proveer de continuidad para que la obra pueda seguir. Lógicamente también es imprescindible, que haya jóvenes, que estén dispuestos a aprender de estos maestros como Josué lo hizo. Así como el Señor estuvo con generaciones anteriores, así también estará con nosotros. Si Moisés pudo contar con la presencia de Dios, también nosotros. Y “si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Ro.8:31).
Mientras el pecado permanezca fuera de nuestras vidas, Dios podrá dar la victoria sobre el enemigo. Pero apenas se le dé lugar, habrá derrota como se demostraría poco más tarde frente a la ciudad de Hai. Esto señala a las claras, que la fuerza y la victoria del pueblo estaba basada absolutamente en Dios. Separados del Señor nada podrían hacer. La victoria está disponible para todos aquellos que se identifican con el Cristo victorioso.
Sin un claro llamado todas las buenas intenciones y proyectos son vanos. No debemos preguntarnos si tenemos la capacidad para una determinada tarea, sino debemos buscar saber si es la voluntad de Dios. Nos tenemos que preguntar con toda honestidad si es que nos interesa la posición o hemos sido llamados para ella. No existe cosa más importante que conocer y hacer la voluntad de Dios. Y si Dios nos llama para ella, también nos capacitará y dará la victoria. Por esta razón, tenemos que tener un oído atento para entender y atender al hablar de Dios por medio de su Palabra. Es por ella que nos llama, confirma, guía y fortalece. Que nuestra oración sea como la del joven Samuel: “Habla, porque tu siervo oye” (1S.3.10), o también preguntarle con las palabras de Pablo “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hch.9:6).
¿Te dejas preparar para tan sublime llamado?
Ahora bien, estos 7 puntos también quisiera aplicarlos a aquellos que todavía no tienen una relación personal con Dios:
1) Tienes un llamado personal. Dios te conoce, inclusive mejor que lo que te conoces a ti mismo. Él no sólo conoce tu nombre, sino aún tus secretos más ocultos y tus necesidades más profundas. Pero, sobre todo, conoce tu necesidad de Dios. Él tiene un plan maravilloso con tu vida. De hecho, te quiere dar una nueva vida, una vida abundante, sí, vida eterna. Él quiere ser tu Salvador y Padre.
2) Tienes un llamado urgente. Dios le había dicho a Josué: “ahora, pues…”. Dios te está hablando a tu corazón diciendo: “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones…” (Hb.3:7,8).
3) Tienes un llamado a actuar. Quizás preguntas: ¿qué espera Dios de mí? Él te contesta con infinito amor: “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos” (Pr.23:26).
4) Tienes un llamado a levantarte. Dios le dijo a Josué que tenía que levantarse. Quizás te encuentres derrotado o aplastado por la culpa de tu pecado. Puede ser que te encuentras atrapado en el pozo de la desesperación. Quizás es el miedo al futuro que te tiene atrapado. Pero sea lo que fuera, mientras no tengas a Jesucristo en tu vida, sigues bajo el yugo de Satanás. Sólo el diablo te quiere ver en esta posición. Pero, Dios te invita: ¡levántate! ¡Deja que Cristo rompa estas cadenas confiando en Aquél que venció el poder de las tinieblas, de Satanás, del pecado y de la muerte! Pon tu fe en Jesús que murió en tu lugar en la cruz del Calvario y en el mismo momento serás salvo por la eternidad.
5) Tienes un llamado a avanzar. Dios te invita no sólo a levantarte, sino seguirle día a día. Si aceptas a Jesucristo como tu Salvador personal, ya no estarás sólo. Él mismo irá a tu lado. Aún cuando el camino parezca oscuro y a veces sea difícil, experimentarás la guía y el cuidado amoroso de Jesús, tu buen pastor. Luego podrás decir con David: “Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Sl.23.3,4).
6) Tienes un llamado a heredar. Si existe un camino, también hay una meta. Esta meta a la cual te quiere llevar el Señor, es una plenitud de vida en el presente y estar en su presencia en un futuro cercano. Si crees en Jesús y lo aceptas como tu Salvador, serás hecho un(a) hijo(a) de Dios. Pero Dios no sólo te quiere regalar la salvación, sino como dice Pablo en Romanos 8:17 también nos ofrece una heredad. Allí dice: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo…”. ¿Existirá una heredad más valiosa que la de Dios mismo? Las moradas celestiales estarán listas para los que decidieron convertirse en hijos de Dios.
La tierra prometida estaba delimitada por el mar al oeste, los montes del Líbano en el norte, el gran Éufrates en el este y el desierto en sur. Estas características geográficas, ¿no nos muestran estas en forma alegórica, lo que el hombre sin Cristo busca y obtiene? Se pierde la valiosa heredad y se queda con lo que le ofrece el mundo como ser su altivez, renombre o reconocimiento figurado por los montes, su prosperidad y placeres, simbolizados por la zona del Éufrates, pero al final todo es aridez desértica e intranquilidad como el mar. ¡No pierdas lo mejor, lo eterno, por lo pasajero de este mundo! Al pensar en este tema me viene a la mente la vida del cantante Michael Jackson. Fue considerado el rey del pop. Su fama se hizo mundial y sus riquezas y posesiones inmensas. Pero su infelicidad y falta de aceptación empezando por su propio cuerpo, se demostraron de continuo. Aunque se lo consideró un rey, tuvo una ceremonia funeraria de príncipe y un cajón enchapado de oro, murió ensayando por encima de su límite humano para salir de sus millonarias deudas, sólo con pastillas en su estómago y un cuerpo deformado por cirugías y extrema falta de peso. ¿No se ve en su vida la heredad equivocada? ¿No terminó todo en intranquilidad sofocante y tristeza desértica?
¿Cuál es la heredad que buscas? Dios te quiere dar la heredad verdadera, permanente y absolutamente satisfactoria.
7) Tienes un llamado a vencer. La vida de derrota y soluciones desérticas que jamás satisfacen ya no tiene que ser tu realidad. Como Cristo venció en la cruz, te quiere hacer partícipe de esta victoria. Sólo tienes que tomar una decisión. Pon tu vida en las manos de Dios y nada ni nadie volverá a tener poder sobre ella. Jesucristo decía de los suyos en Juan 10:28-29: “yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”.
¿No quisieras seguir este séptuplo llamado del Señor? Él está extendiendo sus manos heridas por los clavos a tu encuentro. Son manos de amor y consuelo. Son manos salvadoras. ¡Aférrate a ellas y entrégale tu vida! Te aseguro que jamás te arrepentirás. Pero ten presente que, en cualquier momento, quizás el menos esperado, vendrá la última llamada, la llamada de partir de la tierra. ¿Estás listo para ella? ¡Todavía estás a tiempo; decídete hoy!
