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Autor: Esteban Beitze

Continuamos estudiando las habilidades que Josué aprendió, mientras era preparado por Dios para tomar la tarea de liderazgo que se le confió.


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PE3120 – Josué (18ª parte)



Estamos estudiando la historia del llamado de Dios a Josué para hacerse cargo del pueblo y guiarlo a la conquista de Canaán. Ya en la primera página de este libro, Josué obtiene un séptuplo llamado: un llamado personal, un llamado apremiante, un llamado a actuar, un llamado a levantarse, un llamado a avanzar, un llamado a heredar y un llamado a vencerJosué 1:1-5 dice: “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.

 UN LLAMADO A LEVANTARSE

Su llamado a actuar se divide en dos tiempos, en dos verbos: “levántate y pasa”. Si Dios le tuvo que ordenar “levántate”, evidentemente estaba sentado. Quizás Josué estaba descansando, pero creo más que esta palabra demuestra una falta de actividad. Podemos entender perfectamente la razón por la cual Josué estaba en esta condición. La razón era el luto por la muerte de Moisés. Ya habían estado haciendo luto por Moisés durante 30 días (Dt.34:8). Quizás Josué también estaba indeciso al respecto de que hacer ahora, inseguro de sí mismo o aún depresivo. En este momento llegó el llamado de Dios. Lógicamente, Dios le dio tiempo para hacer su luto por su gran predecesor; tuvo tiempo para ir tranquilizándose, pero había venido el momento de levantarse. El tiempo del luto había terminado; el tiempo del lamento y de quedarse sentado cabizbajo tenía que llegar a su fin. Dios lo estaba llamando para una magna tarea. Había que levantarse.

 

Quizás te encuentres pasando por un momento similar. Quizás tuviste que pasar por situaciones difíciles, grandes pruebas o inclusive tristes pérdidas. Tenemos derecho a llorar, hacer lamento. Bien decía Salomón que había “tiempo de llorar, tiempo de reír” (Ecl.3:4), e inclusive Jesús lloró frente a la tumba de Lázaro (Jn.11:35) antes de actuar milagrosamente y resucitarlo. Pero por más lamento que haya habido, por más doloroso el momento pasado, por más grande la pérdida, llega el momento en el cual Dios nos llama a levantarnos. Dios comprende nuestro dolor y nuestra pérdida, entiende cuando hemos sido defraudados o tratados injustamente, pero no quiere dejarnos en el hoyo. A Elías, que se encontraba profundamente deprimido al punto de querer morir, no lo puso a predicar enseguida. Lo dejó descansar, lo fortaleció físicamente, y recién después de unos cuantos días y de un maravilloso reencuentro con Dios en el cual fue animado y fortalecido espiritualmente, le dio una nueva tarea que hacer.

Querido hermano y querida hermana. Quizás ya estuviste bastante tiempo tirado, acostado y sentado cabizbajo. El Señor te quiere dar nuevas fuerzas, las que sólo encontrarás donde las obtuvo Josué – en la presencia de Dios y en la meditación de su Palabra. Y luego sigue el llamado: “levántate”. ¡Dios te quiere usar! A los efesios Pablo les urge “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Ef.5:14-17).

¡Llegó el momento de dejar el sopor, de levantarse del pozo, quizás inclusive, levantarse del fango de obras muertas a las cuales quizás estabas abocado! Justamente en el mismo contexto Pablo exhorta: “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Ef.5:11). Puede ser que hayas dado lugar a estas obras infructuosas de la carne, aquello que sólo se puede hacer en las tinieblas. ¡Levántate, deja que Cristo y la luz de la Palabra te alumbren, y estate preparado para el obrar de Dios en tu vida y a través de ella!

 

UN LLAMADO A AVANZAR

Para el entendimiento del libro de Josué tenemos que dejar de lado un paralelismo muchas veces escuchado sobre todo en algunos himnos cristianos, donde la muerte es comparada con el cruce del Jordán, y la tierra prometida fuera el cielo. Es evidente que algo no cierra en esta interpretación alegórica al pensar en la cantidad de luchas que nos esperan en Canaán. Si Dios permitió que todos estos relatos de guerras y conquistas que se dieron lugar en Canaán aparecieran en nuestras Biblias, esto tendrá una importancia gravitante para nosotros en nuestra lucha diaria. Es la lucha de fe del creyente que busca hacer la voluntad de Dios.

La orden era “levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo”. La primera parte de esta orden era “levántate”, en otras palabras, estar listo para la tarea que Dios iba a designar. Josué debía estar atento y preparado para una nueva etapa, para un nuevo comienzo. Y éste llegó enseguida. Vino el llamado a avanzar “levántate y pasa este Jordán

Era hora de superar el inconveniente. Era tiempo de superar los obstáculos.

Me gusta ver las competencias de salto de caballo.

Cuántas veces un caballo que parecía estar completamente en forma, en vez de saltar el obstáculo, lo evitaba o frenaba de golpe, muchas veces a costa de una caída aparatosa de su jinete. Había algo que lo hizo dudar o acobardarse a último momento. ¿Se sentiría incapaz? ¿El obstáculo era demasiado para él? Pero otros caballos igual a este sí lo saltaban. Quizás la razón se encuentre en poco entrenamiento o falta de comunicación con el jinete o inclusive la percepción de inseguridad del mismo. Podrá haber muchos factores, pero se buscará entrenar más para que en la próxima competencia se tenga éxito. El caballo tendrá que enfrentar sus desafíos una y otra vez, hasta que, guiado por la mano segura del jinete, logre el objetivo.

Quizás ya fracasaste varias veces frente a obstáculos que se cruzaron en tu camino. Pero si el Señor te guía, aún un Mar Rojo o un río Jordán crecido no serán impedimento para un salto de fe. ¡Es hora de avanzar!

Una de las excusas más escuchadas para no hacer algo en la obra de Dios es: “no estoy capacitado” o “no puedo”. Aunque puede resultar cierto en algunos casos, en su gran mayoría, son excusas que esconden un “no quiero” o “no estoy dispuesto a entrenar y enfrentar los desafíos guiado por Dios”. Es más fácil evitar los obstáculos, pero la victoria es sólo de aquellos que quieran avanzar, guiados por la segura mano de nuestro maravilloso Señor.

 

UN LLAMADO A HEREDAR

Josué y el pueblo recibieron una clara indicación. Iban a heredar una tierra y también se dan a conocer los límites de la tierra. La heredad estaba designada. Los límites eran: “Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio” (Jos.1:4). Dios no deja dudas acerca de lo que iban a poseer. Las fronteras de la tierra que correspondía a Israel de acuerdo a esta promesa eran en el norte el Líbano, el río Éufrates al este, el Mar Mediterráneo al oeste y el desierto y el río Nilo al sur.

Tan extensa era la tierra que, hasta la actualidad, Israel nunca llegó a ocupar todo el territorio. Lo más cercano que llegaron a poseer la tierra dentro de estos límites, fue durante el reinado de Salomón. Pero esta tierra le fue prometida ya desde Abraham. Dios le había dicho: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates” (Gn.15.18). Aunque Israel pierda parte de su tierra a manos de sus enemigos o la entregue a cambio de paz, llegará el día en el cual la poseerá de acuerdo a lo que el Señor prometió, aunque por lo visto, esto recién será realidad en el milenio.

Volviendo a la promesa dada a Josué, Las naciones que vivían allí, se habían extralimitado absolutamente en su inmoralidad y perversiones, llegando incluso a los sacrificios humanos en sus rituales idólatras. Tan grande fue su maldad que Dios tuvo que usar a los hebreos para ejecutar su justo juicio sobre estas naciones. Dios había dicho en forma simbólica, la tierra vomitaría a sus moradores (Lv.18:24,25). En su soberana voluntad les da esta tierra a los israelitas y los usa como instrumento para ejecutar sus juicios. Dios podría haber elegido una contingencia de la naturaleza, una hambruna o peste, pero quiso que Israel fuera el agente ejecutor de su santa voluntad. Y como consecuencia, todo este territorio iba a ser de ellos por decisión divina.

¡Al fin su deambular por el desierto habría llegado a su final! Pasarían a poseer su tierra, la que Dios les había designado. ¡Con cuánto gozo habrá escuchado Josué estas palabras! ¡Con cuánto entusiasmo se habrá dirigido a los suyos para comunicarles esta gran nueva! ¡Al fin, los años de derrota, desazón y tristeza habrían quedado atrás! Era tiempo de tomar posesión de la heredad de Dios.

 

Dios también nos quiere dar una heredad. De hecho, por un lado, ya la ha dado en el regalo de la vida eterna. Pero le podemos añadir también, que el hecho de estar en el lugar que Dios tiene designado para nosotros y cuando estamos haciendo aquello para lo cual Él nos ha llamado, esto llenará de satisfacción y bendición nuestra vida. Esto también es una heredad a la cual ya ahora podemos acceder. Pero, todo otro lugar que escojamos o antepongamos a la voluntad de Dios para nuestra vida, resultarán en ilusiones desérticas. Recién en el lugar de Dios habrá bendición. Lamentablemente existen muchos cristianos que se conforman con una heredad desértica. Viven la vida cristiana en forma mediocre, minimalista y constantemente cayendo derrotados por los amalecitas del desierto – su propia carne. En cambio, lo que el Señor busca para los suyos es una conquista victoriosa del territorio enemigo. Es indudable que esto no significa que seamos infalibles, pero al estar íntimamente ligados al Señor, Su poder se hará visible en nuestras luchas y tendremos la victoria. Su bendición nos acompañará y el fruto obrado por el Señor se hará visible a nuestro paso. Es una vida en las alturas espirituales. Esta es la heredad terrenal que Dios te quiere dar. Por lo tanto, no te quedes en la frontera. No te conformes con la mediocridad desértica de una vida en la carne, enfocada a los intereses terrenales. ¡La heredad espiritual es maravillosa!

Y quizás dentro de muy poco, de una forma completa y plena, nos haremos acreedores de la heredad celestial. Jesucristo dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Jn.14:2). Hasta podemos hablar de una triple heredad: la salvación, cumplir con el objetivo de Dios aquí en la tierra, y luego el cielo. ¡Esto sí que es una noticia maravillosa que nos llena el corazón de gozo, confianza y consuelo, pero también debería hacer que nuestros labios promulguen esta maravillosa realidad!

2 Comments

  1. Estimados hermanos en Cristo, doy gracias al Señor por este ministerio y por cada uno de ustedes, que el Señor ha llamado a servir. Oro para ÉL supla los recursos y cada necesidad y seguir instruyendo a los creyentes en cada país en latinoamérica (sin lugar a dudas muchos) y quizá también en otros continentes.
    Toda la gloria sea a nuestro Dios y Padre.
    Dios bendiga sus vidas, El Espíritu Santo les guíe con sabiduría en esta gran misión.
    Att:
    Allen Calderón H.
    Heredia, Costa Rica.

    • llamadaweb dice:

      Allen, gracias por sus palabras! Nos alegra que nuestros contenidos sean de edificación para su vida, esperamos lo siga haciéndolo.

      Le saluda en Cristo,
      Robert
      Llamada de Medianoche

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