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Autor: Esteban Beitze

En un estudio intensivo sobre el ministerio de Josué como líder de Israel. Nos encontramos enumerando las habilidades que aprendió, mientras era preparado por Dios y cuando llegó el momento de tomar la tarea.


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PE3111 – Josué (9ª parte)



En la vida espiritual hay muchas lecciones que aprender. Una de las que quizás más nos cuesta, pero, por otro lado, es imprescindible para crecer y ser usado por el Señor en forma eficaz es la paciencia. Esto lo tuvo que aprender también Josué, un personaje bíblico extraordinario, del cual estamos sacando una gran cantidad de lecciones para nuestro servicio a Dios.

Por lo tanto, Josué….

APRENDIÓ ESPERAR A DIOS

Dice en Éxodo 24:16-18: “Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. Y la apariencia de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel. Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches”. Es indudable que la aparición de la gloria del Señor le tuvo que impactar fuertemente a Josué. Más aún el hecho de haber sido elegido por Moisés como único que lo acompañara a subir al monte Sinaí. Allí estuvieron esperando seis días hasta que Dios lo llamara a Moisés. Me imagino que estos días estuvieron llenos de expectativa para los dos. Podían compartir juntos lo que sentían, lo que esperaban y qué consecuencias tendría el encuentro con Dios para el pueblo entero. Josué podía aprender de la serenidad con la cual Moisés esperaba el llamado de Dios. Dios le había dicho a Moisés: “…Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles” (Ex.24:12). Moisés sólo sabía que tenía que subir y esperar el llamado de Dios, pero no sabía cuando ocurriría. Sabía para qué Dios lo quería, pero no sabía cuando.

 

Esto nos enseña una importantísima realidad en cuanto a la guía del Señor. Algo puede ser la voluntad de Dios, pero todavía no el tiempo de Dios. Moisés ya se había equivocado una vez al respecto. A los cuarenta años se sentía elegido por Dios para librar a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Esto era la voluntad de Dios. Pero el asesinar un egipcio, evidentemente no fue la manera ni el tiempo elegido por Dios. Tenemos que reconocer la voluntad de Dios, pero también el tiempo de Dios.

 

Por esto Moisés espera tranquilo estos seis días, y al séptimo Dios lo llama para ir a la cima del monte. Para Moisés todo era claro. Él se encontraba en la gloriosa presencia de Dios, recibiendo la Ley. Pero en la falda del monte se había quedado Josué. Allí se encontraba esperando, para colmo completamente solo. Tan lejos estaba del campamento que ni siquiera un grito se podía escuchar desde allí, y tampoco veía a Moisés. Día tras día levantaría la mirada esperando que Moisés descendiera, pero éste no aparecía. Quizás esperaba que otra vez al séptimo día Moisés regresara, pero no fue así. Los días fueron pasando convirtiéndose en semanas. Bien nos podemos imaginar las dudas que llenaría el corazón de Josué. Quizás se preguntaría: “¿Moisés se habrá equivocado de camino? ¿Le habrá pasado algo? De todas formas, ya era un hombre de más de ochenta años. ¿Estaría vivo todavía?” La inquietud, las dudas e inclusive su propia seguridad podrían haber sido factores que lo habrían podido llevar a descender al pueblo y avisarles que no sabía qué hacer. No estaríamos muy errados en los sentimientos de este hombre, porque al pueblo, que se encontraba al pie de la montaña le sucedía justamente esto. Llegó al punto que “Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, (los israelitas) se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido” (Ex.32:1). Inclusive Aarón se dejó llevar por las dudas y la impaciencia en vez de confiar en el Señor. Llegó al punto inclusive que les hizo el becerro de oro por medio del cual cayeron en la idolatría.

Si esto sucedía al pie del monte, con cuánta más razón Josué, que se encontraba absolutamente solo, tendría razón para dudar o al menos a ponerse a actuar, ya que no sucedía nada.

Pero, contra toda lógica, vemos a un hombre que estuvo dispuesto a esperar. Tuvo la paciencia necesaria para aguardar el momento de Dios para dar el siguiente paso. ¡Pero para esto tuvo que esperar 40 días!

¡Y qué alivio habrá sentido cuando al fin ve a Moisés descendiendo de la cumbre cargando las tablas de la Ley! Su paciencia se vio recompensada. Y luego cuando vio el desastre de la idolatría en medio del pueblo por la impaciencia e incredulidad, seguramente le dio gracias a Dios por haber sido paciente. Se dio cuenta que valía la pena ser paciente y esperar a Dios.

 

El libro de Hebreos nos da una clara enseñanza al respecto. Quizás el capítulo más conocido de este libro sea el 11, con sus maravillosos ejemplos de hombres y mujeres similares a nosotros, con sus equivocaciones y defectos, pero también como personas de una gran fe. Este capítulo está enmarcado por dos pasajes que nos muestran la realidad de estas personas que, aunque estuvieron expuestos a grandes retos, problemas e inclusive oposición hasta la muerte, siguieron esperando en el Señor. Hebreos 10:35,36 nos alienta: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”. Y en Hebreos 12:1,2 se nos exhorta: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. ¿Cómo podría Abraham haber obtenido la promesa si no hubiera tenido paciencia? En un momento la perdió y le siguió el consejo de su esposa y tuvo un hijo con su esclava. Esto se convirtió en un problema para la familia en el momento y para el pueblo de Israel hasta la actualidad. Pero al esperar en el Señor, recibió el hijo de la promesa. Y en este sentido podríamos hablar de varios personajes más de este maravilloso listado.

En un mundo marcado por la impaciencia, en dónde todo se tiene que obtener enseguida y de acuerdo a nuestra voluntad, la paciencia parece haber pasado de moda. Pero, si no la aprendemos, perderemos muchas bendiciones que Dios tenía preparado para nosotros, y aún peor, quizás nos estaremos adelantando a la voluntad de Dios o errando absolutamente al blanco causándonos un sinnúmero de problemas innecesarios.

Querido lector, ¿no sabes como seguir? Sigue esperando en silencio delante del Señor, que al tiempo conveniente recibirás la respuesta del Señor. ¿Cuál es la prueba que tienes que enfrentar en el momento? No desesperes, el Señor ya pasó por esto y te quiere ayudar. Y ten presente que son justamente los momentos de conflicto y prueba dónde más crecerá nuestra paciencia si confiamos en el Señor, porque dice Santiago 1:2-4: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. En Asia existe una especie de bambú muy valiosa por la gran altura que alcanza. Se utiliza para andamios, construcciones y muchas otras cosas más. El problema de esta especie, es que requiere mucha paciencia y disciplina en su cultivo. La persona prepara con mucho cuidado la tierra, siembra la semilla y la tiene que regar cuidadosamente todos los días. Pasan los días, las semanas y los meses y la persona tiene que seguir rigurosamente en el plan establecido de riego. Cada tanto tiene que abonar la tierra. Uno diría: “¿por cuánto tiempo?”. Pasa el año y este bambú aún no germinado. El hombre tiene que seguir regando y abonando todo un año más. Pero, todavía no germina el bambú. El tercer año la actividad no cambia, y adivinen: ¡el bambú sigue sin germinar! Pasa el cuarto año con la misma constante actividad y el bambú todavía no apareció. Uno quizás diría, ¡Ya basta! ¡Todo esto es pérdida de tiempo! ¡La semilla no era buena!

El oriental tiene que esperar otro año más con la misma y regular actividad de regar y abonar. Recién después de 5 años, de repente germina el bambú y crece… y crece. Crece 30 metros en 3 días. ¡Sí, leyeron bien! No 3 cm en 3 días; no 30 cm en 3 días, no 3 metros en 3 días, sino ¡30 metros en 3 días! Literalmente se puede observar como crece. Y luego se le puede dar innumerables utilidades.

Es evidente que el aprendizaje de la paciencia es fundamental en una vida útil en la obra de Dios. Forma parte de los planes de Dios para nuestra vida. Él quiere creyentes maduros y completos. Éstos son los que al haber tenido victoria sobre o en sus circunstancias adversas, los que podrán ser ejemplo y llevar también a otros a una vida en victoria.

1 Comment

  1. Elisa Sauceda dice:

    Dios les bendiga queridos hermanos de llamada de media noche .. quiero agradecerles por poner a nuestra disposicion este estudio de Josue , está muy educativo y nos sirve como instructivo muchas gracias

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