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Autor: Esteban Beitze

Estamos estudiando la vida de Josué de la cual sacamos lecciones para la vida y servicio cristiano adecuado. Como también debemos hacerlo nosotros, estudiemos cómo Josué aprendió a confiar en Dios.


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PE3114 – Josué (12ª parte)



Confiar en Dios

Estamos estudiando la vida de Josué de la cual sacamos lecciones para la vida y servicio cristiano adecuado. Como también nosotros debemos, así Josué…

 

APRENDIÓ A CONFIAR EN DIOS

Uno de los momentos en los cuales Josué más sintió la presencia del Señor, fue en lo relacionado con el recorrer la tierra prometida como uno de los 12 espías y el momento en que dieron el reporte de lo visto a Moisés y al pueblo. El relato que dieron estos hombres a Moisés y al pueblo fue el siguiente: “Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac. Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán” (Nm.13:27-29). Al fin llegaron cerca de la tierra que tanto habían anhelado, la cual tanto esperaban, pero cuyos obstáculos eran demasiado grandes para superarlos. Frente a esta sensación, le siguen dos formas diferentes de reaccionar: “Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos” (Nm.13:31-33).

Pero en medio de un clima enrarecido por la incredulidad, la desazón y la rebelión, surgen Caleb acompañado por Josué, los cuales buscan cambiar la expectativa de un pueblo entero: “Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos” (Nm.14:30).

Pero el pueblo sólo asimila el relato derrotista de los diez espías. La reacción frente a sus palabras fue impresionante porque: “Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto” (Nm.14:1-4).

Frente a esta actitud derrotista, Caleb y Josué “…rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis” (Nm.14:6b-9). Luego sucedió lo impensable: “Entonces toda la multitud habló de apedrearlos” (Nm.14:10a).

 

En este evento vemos dos momentos en los cuales Josué tuvo que confiar en Dios de una forma muy especial.

 

Confiar en Dios frente a la oposición externa

Aparte del recorrido que hicieron y las muestras de la fertilidad de la tierra que trajeron, no sabemos nada de lo que tuvieron que pasar los espías al recorrer la tierra. Pero algo era claro, si alguien descubría quiénes eran y qué es lo que estaban haciendo, su muerte estaba asegurada, como podemos verlo en el caso de los espías que entraron a Jericó unos 38 años más tarde (Jos.2). Bien nos podemos imaginar cómo Josué habrá clamado a Dios al recorrer la tierra como espía, quizás ni siquiera sabiendo el idioma. Nos podemos preguntar, cómo habrá hecho para conseguir comida, dónde pernoctar, a cuántas miradas recelosas estuvo expuesto, y todo esto durante 40 días. ¿Cómo se habrá sentido al ver los gigantes y sus ciudades? Aunque en todo esto haya sentido miedo, puso su confianza en Dios, de lo contrario no hubiera vuelto con un testimonio tan firme como cuando junto a Caleb dijo: “Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis” (Nm.14:9). Si él puede animar al pueblo a no tener miedo, es que también aprendió a confiar en el Señor estando en medio de los enemigos. Es evidente que los otros 10 espías, no aprendieron esta lección.

 

La realidad que vivió Josué también es la nuestra. Jesucristo mismo lo había anticipado a los suyos, y con ellos también a nosotros: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo, pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jn.15:18,19). Y el apóstol Pablo se le suma diciendo: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2Ti.3:12). Evidentemente es algo normal que tengamos que sufrir oposición de diferente forma si queremos vivir como Cristo nos ha enseñado. Si no es así, habría que analizar como es nuestro testimonio. A medida que nos involucremos en la obra de Dios y avancemos sobre campo enemigo, no se harán esperar la oposición y las pruebas. En algunos casos la persecución será directa y literal como sucede en muchos países, donde los creyentes pierden sus derechos, su libertad, son torturados e inclusive pierden sus vidas. Pero en la mayoría de los países occidentales, la oposición se caracteriza por la burla, el desprecio e injusticias. Pero a esto le tenemos que añadir un ataque cada vez más directo por los medios ridiculizando al verdadero creyente, sus creencias y sobre todo lo relacionado con los parámetros morales. Se nos acusa de intransigentes, anticuados y fundamentalistas si aplicamos los principios bíblicos a formas de vivir y actuar modernos a los cuales consideramos pecaminosos. No estaremos discriminando ni menospreciando a nadie, pero cuando la Biblia a algo lo llama pecado, será así, aunque el estado levante multas y los creyentes tengan que soportar juicios en su contra.

Pero esto no nos debe desalentar. Se cuenta la historia que en una batalla que dirigía el Duque de Wellington, británico, conocido por lograr la independencia de España del dominio de Napoléon, una parte de su ejército estaba cediendo ante el enemigo, cuando de pronto un soldado vio al Duque entre sus propios compañeros. El soldado gritó con voz resonante y jubilosa: «¡Aquí está el Duque! ¡Dios lo bendiga!» Y el mismo soldado, dirigiendo la palabra a uno de sus compañeros, le gritó a éste: «¡Más me gusta ver la cara del Duque, que a toda una brigada!»
Los demás soldados, al escuchar todo esto, volvieron sus rostros hacia el lugar donde estaba el Duque de Wellington, y al verlo se reanimaron, recobraron la serenidad y el valor, y decían: «¡El que nunca ha sido derrotado ni lo será está con nosotros!» Y pronto derrotaron al enemigo.
Jesucristo, nuestro General, siempre está con su pueblo. ¡Sigamos firmes en nuestra batalla de fe! ¡El Señor Jesús está con nosotros! Él te dice: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn.16:33).

 

Confiar en Dios frente a la oposición interna

Josué pudo soportar la oposición externa confiando en Dios. Pero ahora vino lo inesperado, aquello para lo cual el creyente pocas veces está preparado. Tuvo que sentir que el enfrentamiento, el menosprecio y la oposición de parte de su propio pueblo, de los suyos, de sus hermanos, del pueblo de Dios. Al volver, trayendo consigo las muestras de que la tierra realmente era fértil como Dios lo había prometido (Nm.13:23), él y Caleb dan un testimonio lleno de confianza en este Dios, que si cumplió la promesa de que la tierra era fértil, también cumpliría aquellas que aseguraban la posesión de la tierra, aunque estuviera infestada de enemigos e inclusive gigantes. Estos dos hombres habían experimentado a Dios, vieron como la palabra de Dios era verdad, dan testimonio de esta realidad, están dispuestos a obedecer a Dios y conquistar la tierra, pero en vez de lograr que el pueblo entero se pusiera de pie para avanzar sobre el enemigo y tomar posesión de la promesa de Dios, ellos tienen que vivir lo opuesto. En vez de de difundirse el ánimo, se propaga el desánimo por el pueblo entero de manera que lloraron, gritaron y se lamentaron toda aquella noche.

En vez de poder infundirles valor, el pueblo quiere volver a Egipto, la tierra de su esclavitud. En vez de avanzar retroceden, y en vez de confiar en Dios, lo dejan de lado. En vez de obedecer a Dios, le desobedecen, y en vez de seguirles se vuelven en contra de ellos. La oposición se hizo tal que estuvieron a punto de ser linchados. ¿Qué se le habrá pasado por la cabeza a Josué en este momento? ¿Cómo se habrá sentido? ¿Se habrá dejado llevar por la desazón, la bronca, el rencor o pensamientos de autocompasión? ¿Hicieron algún escándalo o se apartaron de ellos buscando un pueblo mejor? Por lo que sucedió a continuación es indudable que simplemente confiaron en Dios frente a la reacción de su propio pueblo. Dios mismo intervino. Dios mismo se puso de lado de sus siervos, los que le habían dado la honra y habían demostrado confianza en Él. Sucedió algo increíble, algo que hizo callar las voces de cólera e hizo caer las piedras levantadas contra ellos, porque en este momento “…la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel” (Nm.14:10b). Dios mismo se puso del lado de sus dos siervos. Él apoyó a los suyos frente a todos los demás. Dios confirma, apoya, anima y bendice a aquellos que le son fieles.

 

Esto nos tiene que dejar una profunda lección para nuestro ministerio. Es una triste realidad que las experiencias más tristes que pueden pasar los creyentes, muchas veces las tienen que pasar por hermanos en Cristo. Tendrán que soportar indiferencia, oposición, injusticias, menosprecio, incomprensión, difamación y quizás muchas cosas más, sobre todo si buscamos hacer la voluntad de Dios y somos activos en la obra. Si Josué y Caleb no se hubieran involucrado y trascendido por su testimonio, no habrían tenido que enfrentar la oposición. Es normal que el que se involucre en la obra y lo haga en la dependencia de Dios y con todo esmero, tendrá que soportar un sinfín de actitudes que lo querrán desmoralizar y llevarlo a “tirar la toalla”. Pero el creyente que pone toda su confianza en el Señor, no se va dejar llevar a actitudes carnales. Él seguirá confiando en el Señor. Y de algo puede estar seguro, que tarde o temprano se va manifestar la gloria de Dios en su vida y ministerio. Dios mismo se pone del lado de aquellos que confían en Él y le son fieles. Se sigue y seguirán cumpliendo las palabras del salmista: “Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía” (Sl.84:12).

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