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Autor: Esteban Beitze

En el programa anterior, escuchábamos que la oración es voluntaria, pero casi obligatoria para seguir caminando guiados por Dios. Ahora veremos el papel que cumplen la acción y la comunión.


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PE3108 – Josué (6ª parte)



Por medio de la historia de Josué, su preparación para llevar adelante la difícil tarea de ser líder sobre todo el pueblo de Israel, estamos viendo las características que tiene que tener el siervo de Dios.

Para que el Señor nos pueda utilizar en forma eficaz, para que seamos instrumentos útiles, también tenemos que tener la victoria sobre nuestra carne, nuestra vieja naturaleza. Ésta continuamente se levanta contra lo espiritual y divino. Por esta razón, hay que encarar la lucha. Un ejemplo bien práctico como funciona ello, lo tenemos en la historia del pueblo de Israel cuando fue atacado por los amalecitas en el desierto. Allí leemos:

Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim. Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. 11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. 12 Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. 13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. 14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y dí a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo. 15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi; 16 y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación” (Éx.17:8-16).

En la audición pasada por medio de este pasaje bíblico, analizamos la trascendencia que tiene la oración para tener una vida de victoria.

A la oración también tenemos que añadirle algo más. La victoria sobre el pecado y la oración…

  1. Requiere acción

Moisés le había dicho a Josué: “sal a pelear contra Amalec”. Tenemos que tener en cuenta, que hasta el momento Josué y sus hombres nunca había batallado con un enemigo. Todo era nuevo y difícil. Pero lo bueno era que Dios estaba presente para intervenir a favor de los suyos. Josué y el pueblo habían sido rescatados de la esclavitud de Egipto sin la necesidad de intervención humana, pero ahora había venido la hora de que ellos pusieran manos a la obra. Ellos tenían que enfrentar al enemigo. No podían darle más lugar al enemigo. Había que hacer algo para impedir su avance, evitar el daño que ocasionaba en el pueblo.

 

Lo mismo podemos decir de la vida del creyente. Fue hecho salvo sin tener que añadirle algo. Pero ahora se requiere de su actuar para enfrentar la carne. Varias veces en la Biblia somos exhortados a enfrentar la carne. Por ejemplo, en Romanos 6:12 se nos exhorta: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias”. Le podemos añadir Romanos 6:6: “sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. En Gálatas 2:20 Pablo nos muestra su realidad y ejemplo que necesariamente debemos imitar: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. La marca distintiva del verdadero hijo de Dios es que mantiene las pasiones y deseos de la carne en la muerte: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Ga.5:24).

Es evidente que se requiere de nosotros una acción – nuestra carne tiene que ser crucificada y ser mantenida en este estado. Se demanda una firme decisión de enfrentar este enemigo, este “amalecita” que siempre nos está atacando por la espalda. Ahí nos hacemos la pregunta: aparte de la oración, ¿qué medidas bien prácticas estoy adoptando para no darle lugar al ataque del enemigo? Josué y el ejército salieron a enfrentar el enemigo. Si no lo hubieran hecho, los amalecitas se hubieran sentido más confiados y hubieran atacado más y más. La pérdida hubiera sido cada vez más grande y así seguiría la espiral descendiente hasta una caída total. Por lo tanto, dado que sabes dónde se encuentra tu punto débil, tienes que tomar la decisión de enfrentarlo. Bajo mucha oración y dependencia del Espíritu, evita aquello que alimenta tu carne y dale lugar a todo aquello que lleve al crecimiento espiritual. El apóstol Pablo aplica este principio ordenándoles a los romanos y con esto a nosotros: “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Ro.13:13,14).

Como recién nombramos, en su momento, hasta Ester le tuvo que hacer frente al amalecita Amán. En ella no estaba la fuerza, es más, hasta estaba en peligro de muerte. Pero fue una mujer valiente que estuvo dispuesta hacerle frente al enemigo, costara lo que costara. Y por su decisión se logró una victoria que se festeja entre los judíos hasta el día de hoy.

¿Quieres tener la victoria sobre la carne? ¡Es hora de actuar! Si permites que la carne tome dominio sobre tu vida en el área que fuera, lentamente te envolverá como los tentáculos de un pulpo gigante. Tu fortaleza espiritual se irá desvaneciendo absorbida por las ventosas poderosas de los placeres y actitudes carnales. El enemigo tendrá la victoria, tú la derrota, la obra del Señor sufrirá pérdida y Dios la deshonra. Pero te animo a pelear esta batalla, no en tus propias fuerzas, sino con el Señor y podrás exclamar jubiloso: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1Co.15:57).

También tenemos que tener en cuenta, que a veces, la acción significa salir o escapar frente a la tentación. Cuando José estaba siendo seducido por la esposa de Potifar, la acción más adecuada fue la que realizó al escapar de allí. A veces la retirada es la mejor manera de vencer. No es en vano que Pablo exhorta a Timoteo: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2Ti.2:22). Pablo no le dice a Timoteo que luche, enfrente o quede firme frente a las pasiones, sino que salga corriendo. ¡Sigamos este principio!

 

Los soldados luchaban bajo el mando de Josué, y esto es lo que tenemos que hacer para lograr la victoria – luchar bajo el mando de nuestro general, el Señor Jesús.

 

  1. Requiere comunión

Pero en esta lucha continua contra la carne necesitamos de aliados. Ya vimos el como la unión de los diferentes grupos trajo la victoria a Israel. Pero lo mismo sucede en el plano personal respecto a nuestra lucha con nuestra vieja naturaleza.

1) Comunión con Dios. El primer y principal aliado lo tenemos en el trino Dios. Si Dios no hubiera intervenido, no habría existido la victoria sobre los amalecitas. Si no cuentas con la ayuda del Señor, tarde o temprano fracasarás. Dios quiere obrar en nuestra situación si lo buscamos y dejamos. Jesucristo intercede constantemente por nosotros. Recordamos las palabras del Señor poco de tiempo antes que Pedro se rindiera a la debilidad de su carne y negara al Señor. Le dijo: “…yo he rogado por ti, que tu fe no falte…” (Lc.22:32). Y el Espíritu Santo con el cual hemos sido sellados en el día que aceptamos al Señor como Salvador nos quiere guiar a toda verdad (Jn.16:13). ¿Existirá un poder superior, una tentación demasiado fuerte o difícil para nuestro trino Dios? ¡Dejémosle actuar! ¡Acudamos a Él!

 

2) Comunión con hermanos. Pero también existe ayuda horizontal. En nuestra historia vemos a Moisés intercediendo por el pueblo, Aarón y Hur apoyando esta intercesión y Josué liderando el ataque. Para el pueblo estos 4 hombres tienen que haber sido de mucha inspiración, y al final la ayuda necesaria para lograr la victoria. Por lo tanto, para tener apoyo en tu lucha contra cualquier área de la carne, aparte de hacer todo lo anterior que hemos dicho, búscate hermanos espirituales, a los cuales les puedas abrir tu corazón, contarles tus luchas, sin que esto sea comentado luego por todos lados. Busca apoyo en oración y busca consejo. Esto no significa descargar nuestra responsabilidad en la oración de un líder, sino contar con el apoyo en la lucha que ya estamos entablando con firme convicción y la ayuda del Señor. Al hacerlo también tendrás que estar abierto a que te exhorten si fuera necesario. Pero ten presente que una carga llevada entre varios, se hace más ligera.

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