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Autor: Esteban Beitze

“Dios restaura lo que pasó” y “Dios hace nuevas todas las cosas” son afirmaciones categóricas que encontramos en la Palabra. ¿Cómo se manifestó esto en la vida de Rahab, la mujer que se unió al Pueblo de Dios, reconociéndolo como propio?


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PE3129 – Josué (27ª parte)



Estamos estudiando la vida de Josué. Y en nuestro programa pasado llegamos al capítulo 2 donde tenemos la historia de Rahab. En diferentes lugares se la llama, “Rahab, la ramera”.

Analizamos el triste pasado de ella como del pueblo de Israel. Pero ahora vamos a pasar a la…

TRANSFORMACIÓN PRESENTE

A pesar del triste pasado y entorno de esta mujer, hubo algo que le cambió la vida. Hubo una transformación impresionante y todo comenzó cuando escondió a los espías de aquellos que el rey de la ciudad había mandado para prenderlos. ¿Por qué Rahab escondió a los enemigos de su pueblo? ¿Por qué protegió a estos extranjeros los cuales ni siquiera conocía? ¿Por qué los escondió en la terraza de su casa y después les ayudó a huir de los hombres del rey de Jericó? Aparte de saber que Dios está por encima de todo y puede usar aún a los enemigos para cuidar a los suyos, podemos encontrar en Rahab una actitud, una decisión que la llevó al cambio radical en su vida.

¿Por qué escondió a los dos hombres israelitas poniendo en riesgo su propia vida? Ella se dio cuenta que ésta era su única posibilidad de salvación la cual expresa al decir: “9 Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros.10 Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido.11 Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.12 Os ruego pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura;13 y que salvaréis la vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de la muerte” (Jos.2:9-13).

Ella se da cuenta que si no se acerca a estos hombres y les pide misericordia está perdida. Para lograr ello, los esconde y hasta miente frente a los emisarios del rey diciendo que habían estado, pero ya se habían ido y si se apuraban los encontrarían (2:4,5). Aunque mintió para cubrir los espías, ella había comprendido que no había otra posibilidad de salvación, sino acercarse a este pueblo y al Dios de este pueblo.

Podemos observar en Rahab tres pasos que la llevaron a la salvación: 1) reconocimiento, 2) relación y 3) redención.

Reconocimiento

Aunque Rahab era ramera y se encontraba en un pueblo gentil y enemigo de Israel, ella sabía de Dios. Realmente es impresionante observar lo que conocía y lo que exterioriza. Conoce:

1) El nombre de Dios: Ella conocía el nombre del Dios de Israel. Lo conocía por su nombre – Jehová. El nombre de “Jehová” lo repite 4 veces en las pocas palabras que intercambia con los espías. El nombre de Dios había trascendido las fronteras. El nombre de Jehová o mejor dicho Jahveh significa existente por Sí mismo, Aquél que es (de Ex.3:14), o el “Yo soy el que soy” con el cual se le reveló a Moisés. Es el nombre usado cuando Dios entra en relación con el hombre. Es el que está en el origen y final de toda existencia, el eternamente presente, único e incomparable. Cuando se usa, resalta la santidad de Dios, Su odio al pecado, y Su amor a los pecadores. Para el israelita, el nombre de Dios era sinónimo de Dios mismo, por esto también su cuidado de ni siquiera nombrarlo. No sabemos hasta que punto conocía el significado del nombre de Jehová, pero sin lugar a duda le había causado un hondo impacto.

 

2) Reconoce los hechos de Dios: Las noticias en aquél entonces todavía no se difundían por los medios de comunicación modernos, pero el “boca en boca” traído por los mercaderes que viajaban de un reino al otro era de lo más efectivo. Ellos se habían enterado del cruce milagroso del Mar Rojo, la salida de Egipto y la victoria sobre los reyes amorreos al Este del Río Jordán. Estos hechos los asocia claramente con el actuar de Dios: “Porque hemos oído que Jehová hizo…” (v.10). Dios había obrado maravillas, y ella era conciente de ello.

 

3) Reconoce el temor a Dios: Ahora bien, lo que ella sabía de Dios, le había hecho tener un profundo temor a este Dios tan poderoso. Se daba cuenta, que tanto ella como todo su pueblo eran reos a muerte, que no había escapatoria frente al actuar de este gran Dios. Salomón dijo en Proverbios 1:7: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová…”. Rahab lo empezaba a tener y esto la atrajo a Dios.

 

4) Reconoce al pueblo de Dios: Rahab reconoce que Israel es el pueblo de Dios al decir: “Jehová vuestro Dios”. Era el Dios del pueblo de Israel, por lo tanto, Israel era el pueblo de Dios. Es muy llamativo observar como una sencilla habitante de Canaán llega a la clara comprensión, que el pueblo de Israel le pertenece a Jehová. No sólo fue elegido por Dios, sino que también los guardó, guió, dio victoria y les daría incluso la tierra pues dice: “Sé que Jehová os ha dado esta tierra…” (v.9a). Aunque los pueblos de Canaán se levantaran en armas, una mujer marcada por la inmoralidad reconoce que Israel tenía derecho a la posesión de este territorio. Dios mismo se lo iba a otorgar.

 

5) Reconoce su lejanía de Dios: Ella les dice a los espías: “Jehová vuestro Dios”. Sabía que Jahweh era el Dios de los israelitas, pero todavía no el suyo. Evidentemente le faltaba algo importantísimo; le falta la relación personal con este Dios.

 

6) Reconoce la soberanía de Dios: Ella reconoce: “porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra” (v.11b). Por el actuar de Dios con Israel y en contra de sus enemigos, Rahab se da cuenta que Dios es soberano. Ella podría haber cuestionado el actuar de Dios argumentando la tremenda injusticia y atropello que se les cometía al ser atacados con seguridad de derrota, pérdida de sus casas, tierras e inclusive el exterminio. Ella sabía que era esto lo que les iba a suceder a su pueblo, pero no vemos ninguna queja o acusación. La justicia, santidad y soberanía de Dios así lo había designado. Ésta era la voluntad de Dios y ella la acepta.

¡Cuán lejos estamos nosotros muchas veces de este reconocimiento! “Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra”. Suceden cosas en nuestro país, ciudad, familia o inclusive en la vida que quizás no sean comprensibles. A veces son consecuencias de la necesaria justicia de Dios. Pero a veces simplemente tenemos que reconocer la soberanía de Dios detrás de todos los hechos. Job no obtuvo respuestas a sus tremendas pérdidas, pero Dios se le presentó como el Soberano a lo cual sólo puede contestar: “Respondió Job a Jehová, y dijo: 2 Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. 3 ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. 4 Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. 5 De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. 6 Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:1-6). Rahab, al igual que Job, simplemente reconoce a Dios como el soberano.

 

 ¡Qué mujer tan extraordinaria! ¡Cuánto comprendió de Dios, sólo con ser un poco observadora! Ella se dio cuenta por las razones nombradas que Dios existía, era real y tenía interés e injerencia en los asuntos humanos, pero que ella no tenía una relación personal con este Dios maravilloso.

Esta historia nos muestra como pocas otras, como Dios, Su Palabra y obrar van causando un impacto en la vida de las personas. Esto no fue de un instante a otro. Las noticias del cruce del Mar Rojo habrán llegado a Jericó ya hace unas décadas atrás. La victoria de los reyes vecinos, obviamente era más actual. Pero Dios estaba obrando en el corazón de esta mujer. Era una mujer dura exteriormente, marcada por la inmoralidad y la insensibilidad hacia lo que podría ocasionar en otros matrimonios. Cuando al fin tuvo el encuentro con dos integrantes del pueblo de Dios, Él ya había obrado de tal manera que cree inmediatamente.

Esto es un profundo aliciente, sobre todo para aquellos que tienen un ser querido que aparentemente no quiere saber nada de Dios. Puede ser un cónyuge inconverso, un hijo rebelde, un familiar que no quiere saber nada de Dios. Puede ser también un amigo o compañero al que le hemos hablado muchas veces de Cristo y no parece haber resultado. Su burla y desprecio quizás solo ocultan el miedo que pueda sentir frente a este Dios y las consecuencias que puede tener para la eternidad. Sólo Dios sabe lo que se puede estar gestando en esta vida.

Sabemos que la fe viene del oír de la palabra de Dios (Ro.10:17). Lo increíble era que Israel veía las señales directamente, pero cayeron una y otra vez en la incredulidad y le dieron lugar a la rebelión. En cambio, a una mujer de vida licenciosa le alcanzó con escuchar algo de Dios para creer en Él. Por lo tanto, no desmayemos en seguir hablando de Dios y la maravillosa salvación que tenemos en Su Hijo. Este mensaje puede derribar la fortaleza más alta, quebrar el corazón más duro y sanar la vida más arruinada.

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