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Conversamos con la orientadora familiar y columnista del programa Yanina Cossime sobre el duelo en niños y adolescentes. ¿Cuál es la mejor forma de acompañarlos a través de las situaciones de pérdida y dolor a lo largo de su vida? Yanina nos cuenta su perspectiva desde la Biblia y la psicología.


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EA 1207 – Entre Amigas – El duelo



Entrevista a Yanina Cossime

Victoria: Bienvenidas, queridas amigas, a un nuevo programa de Entre Amigas. Hoy vamos a estar hablando acerca del duelo, pensando específicamente en los niños y adolescentes. Nos acompaña para conversar este tema la orientadora familiar y columnista del programa Yanina Cossime. ¿Cómo estás, Yanina?

 

Yanina: Hola, muchísimas gracias por la invitación, como siempre, y un saludo para toda la audiencia.

 

Victoria: Yanina, ¿qué es el duelo?

 

Yanina: El duelo, de forma coloquial, es el dolor que sentimos por algo que perdimos. Ese algo que perdimos puede ser una persona amada, puede ser un trabajo, un sueño, puede ser darnos cuenta de que las cosas no son lo que nosotros pensábamos que eran, etc. Por lo general cuando uno escucha la palabra duelo piensa en la muerte de alguien, pero no es solo eso, es el proceso en el que nos dolemos y asimilamos una pérdida.

El duelo es propio de la vida. vivimos en una cultura en la que no te tiene que doler nada, en la que la felicidad parece ser la ausencia de tristeza y dolor, siempre estamos bien, tenemos una pastillita para todo y evitamos hablar de estas cosas, del dolor. El dolor es propio, es inherente a la vida humana, y los cristianos sabemos que es a causa del pecado que se produjo en el Edén donde se produjo el dolor, la enfermedad y la muerte. El duelo también atraviesa a los chicos, aún cuando a nosotros nos cuesta y no queramos admitirlo, el dolor también atraviesa a los niños y adolescentes. Por eso es importante naturalizar que en la vida hay momentos de dolor. Es importante que los chicos puedan hablar con naturalidad de esto, porque el “no llores” hace mucho daño en las emociones y en la psiquis de nuestros hijos a largo plazo.

 

Victoria: ¿Cuáles son algunos ejemplos de duelo en los niños y adolescentes? Un ejemplo es el paso de la niñez a la adolescencia. Yo recuerdo el ejemplo de una amiga que tenía un hijo único, y ese hijo le pedía un hermanito. Cuando finalmente quedó embarazada perdió ese bebé, y por cosas de la vida no pudo volver a quedar embarazada. Eso puede haber sido un gran duelo para ese niño. ¿Cuáles son otros ejemplos?

 

Yanina: Sí, en el caso de tu amiga uno no solo se duele por la pérdida del bebé, que es un gran dolor, pero uno también se duele por lo que no va a hacer. Esta familia se duele porque no va a haber otro bebé. Entonces la mamá tiene el duelo de que su bebé ya no está, y el niñito el duelo de pensar que no va a tener ese sueño anhelado. Los duelos no son solamente por cosas materiales, sino que también son sueños que uno ve desvanecerse. A veces el niño sufre un duelo por un juguete que se perdió, y uno lo quiere remplazar, pero no puede, porque ese juguete representaba algo que no lo puede verbalizar quizás. Las mudanzas, el cambio de escuela, el cambio de la escuela primaria a la secundaria, el cambio de trabajo, el cambio en la posición económica que tenemos quizás cuando perdemos el trabajo y tenemos que renunciar a algunas cosas porque nos quedamos sin dinero, una mascota, la mudanza de un amigo, todo eso son duelos. Lo que pasa es que los adultos pensamos solo en pérdidas grandes a veces. Pero para los niños y los adolescentes no necesariamente tiene que ser eso.

El divorcio, la separación de los padres, también. Los chicos sufren, y a veces lo que le decimos nosotros es “no llores”. Cuando le decimos eso le estamos enseñando que ese dolor lo tenés que guardar adentro y callarlo. Y ese niño va a aprender a no expresar, a guardar su dolor, y le va a traer dificultades en las relaciones interpersonales, o no va a querer aferrarse a las cosas por temor a perderlas. Entonces, tenemos que empezar a hablar de lo que nos duele, y tenemos que empezar los grandes. Porque los grandes somos los primeros negadores del dolor.

Te comparto una experiencia personal: Hace 4 años murió mi papá. No estaba enfermo, no tenía nada, se acostó y se murió. Yo no lo pude llorar. Estaba tan preocupada por no descontrolarme en mi dolor, por mantener la compostura, que no me salía llorar. Estaba muy triste pero no podía llorar. Meses después mi hijo mayor tenía 11 años y mi hija tenía 8, mi hijo me preguntó “mamá, ¿me querés?” y yo le respondí “sí, un montón”. Él me dijo “y si yo me muero, ¿vos vas a llorar?” yo le contesté “ay, no lo quiero ni pensar porque me voy a morir del dolor”. Al rato me pregunta “¿al abuelo lo querías?” “sí” le contesté. “¿Y por qué no lo lloraste”? Su preocupación era que no lo quisiera a él lo suficiente como para llorarlo. Entonces ahí me di cuenta de que él necesitaba verme llorar. Necesitaba saber que como a él, a mí también me dolía la pérdida de mi papá. Y hasta ahora seguimos hablando de esto cada tanto, abrimos la puerta para poder hablar de eso que nos dolía. Porque cuando uno tiene nostalgia de aquello que perdió, de alguna manera trae eso a las cosas diarias de la vida. podemos hablar de esas cosas y nos da la posibilidad de quedarnos con lo bueno de eso y poder compartir la tristeza. De esa manera la tristeza se hace cada vez más chiquita porque nos abrazamos cada vez más a lo bueno que dejó, a esos recuerdos, esas risas, esos chistes. Poder reírnos juntos hace bien. A diferencia de lo que a veces creemos, que a veces traer a la memoria aquello que uno perdió nos hace mal. Depende de cómo lo mires, de cómo lo traigas.

Sobre todo, cuando un niño pierde a uno de sus padres de muy chiquito. Tenemos la experiencia de alguien cercano que el papá murió cuando el bebé tenía un año y medio. Y la familia, para evitar su propio dolor, sacó todas las fotos y todos los recuerdos. Ese niño, además de no tener recuerdos conscientes de su papá, era como si no existiera, no era hijo de nadie. Ese era su sentir. Entonces los adultos, en su esfuerzo por no recordar para no sufrir, dejaron al niño sin una parte de su identidad. Entonces qué importante que es hablar, aún de lo que nos duele, y enseñarles a nuestros hijos a cómo enfrentar el dolor. Si negarlo, si enfrentarlo, si enojarnos, o si abrimos nuestro corazón y decimos “me duele, pero elijo abrazar esto, seguir adelante y llorar por la ausencia y quedarme con lo dejó esa persona y esa situación”. La pérdida de trabajo, por ejemplo, esa situación de dolor, de temor, de miedo ¿qué va a hacer con nosotros? ¿Nos enojamos todos? ¿Lo negamos y hacemos como que no pasa nada? O nos unimos como familia, cada uno comparte su temor, ¿nos apoyamos mutuamente y buscamos una estrategia para avanzar? y que cada uno, cuando esté decaído, puede expresarlo y ser animado por el otro.

Es muy importante que los adultos sepamos cómo manejar el dolor, el sufrimiento, porque eso es lo que le vamos a transmitir a nuestros chicos.

 

Victoria: En el caso de este chico que vivió prácticamente sin conocer a su papá, suena casi injusto, ¿no? Entiendo que el objetivo de la familia es no que no sufra ese dolor, pero en definitiva es muy importante para él saber quién fue su papá.

 

Yanina: Obviamente, y a parte cualquier chico que viva esto de tan temprana edad no tiene recuerdos. Y a él ya le resulta injusto que su hermana mayor sí los tenga. Y él ni siquiera tiene una imagen como para poder inventarse cómo era su papá, para poder imaginar cómo era sonriendo. Este chico no tenía nada. Entonces en este egoísmo por la autoprotección, estas personas le estaban privando al chico de una parte importantísima de su identidad.

Hubo otra situación de un chico que había perdido a su papá cuando era adolescente y tenía prohibido llorar. La familia le decía que ya había pasado, que la vida era así, y que no llorara. Este chico había pasado 2 años sin hablar de su papá. Necesitaba hablar de eso. Había perdido a su papá que había perdido, y había perdido al papá que hubiese podido ser, porque ahora ya no había posibilidad de cambio en esa relación. Ese dolor iba mucho más allá de lo que su familia podía ver. Entonces, qué bueno poder hablar de lo que nos duele. Porque a veces, es mucho más allá de lo que nosotros podamos pensar.

 

Victoria: Haciendo un paréntesis, me parece que es un tema interesante, que cuando ocurre un divorcio o una separación, a veces pensamos que los padres quizás tienden a generar una imagen negativa del otro padre que está ausente o no está, y hacen comentarios que quizás no son tan positivos para el niño, que quizás vienen del dolor pero ese padre o esa madre no se da cuenta del daño que le está generando a ese niño que ya tiene que atravesar el duelo de la separación pero además tiene que experimentar comentarios negativos de la figura que ya no está.

 

Yanina: Claro, porque cuando vos hablás mal del papá o de la mamá de tu hijo, en realidad lo estás lastimando a él. Porque ellos necesitan tener una mamá y un papá. Los años y el tiempo les van a mostrar quiénes eran realmente. Todos somos hijos y sabemos que no necesitamos que nos cuenten quiénes o cómo son nuestros padres. Entonces ¿qué necesitad de uno andar remarcando lo malo, o andar inventando cosas peores? Ese es otro tema, porque al que dañamos es a nuestro hijo, que bastante dolor tiene con un padre o una madre ausente, o sea cual sea la situación. Todo lo contrario, habría que ayudarlo a sanar las heridas, a compensar las ausencias. Porque estoy pensando en cuidar el corazón y la mente de mi hijo, ese debería ser el objetivo. Y otra vez hablamos del egoísmo que a veces tenemos los grandes.

 

Victoria: En este marco, cuando hablamos de duelo, ¿cómo le trasladamos una mala noticia a un niño o adolescente? ¿Qué consejos tenés para ese padre, esa madre? ¿De qué forma debería informarle de algo que no le va a caer bien?

 

Yanina: Bueno, en primer lugar, depende siempre de la actitud que tengamos nosotros, los adultos, frente a esa situación. Si yo estoy descontrolada o demasiado controlada, como me pasó a mí, eso va a impactar de forma directa cómo se va a enfrentar el chico a lo que escuche. Sobre todas las cosas, no hay que mentir y hay que ser claros. A veces transmitimos mensajes confusos. A veces decimos cosas como “se fue de viaje al cielo”, y al chico le queda la idea de que en algún momento puede volver el papá. O “se lo llevó Dios” entonces el niño odia a Dios porque se llevó a un ser querido y no se lo devuelve. Por eso es importante ser claros, hablar de la muerte, porque es algo natural de todo ser humano. Yo compré pececitos de esos que se mueren seguido para poder introducir el tema en nuestra casa, por ejemplo, entonces ahí salía la conversación de qué pasaba cuando uno se moría. Entonces bueno, los pececitos nada, terminan enterrados en el patio, pero las personas sí tenemos alma y podemos estar en el cielo con Dios. Es importante poder introducir este tema para que cuando pase la muerte de una persona amada, una persona cercana, ya tengamos una base sobre la que hablar. Siempre hablar con la verdad. La persona murió, su cuerpo está en el cementerio, pero su espíritu está en el cielo, nos está esperando, y nosotros vamos a ir cuando Dios nos llame a nosotros. Cuando estemos en su presencia vamos a estar juntos. Fue la voluntad de Dios que se vaya, no sabemos por qué. Ser claros con eso, no vuelve, no se fue de viaje. Se fue, se murió. Siempre con amor, sin dobleces, con la verdad, y con el corazón, permitiendo que el otro también pueda expresar su dolor.

 

Victoria: Yanina, ¿qué pasa en aquellos casos en los cuales podemos observar que el niño o adolescente no está procesando bien ese duelo? ¿Debería consultarse con un profesional de la salud mental si uno ve que ese niño o adolescente no puede procesar ese duelo?

 

Yanina: Sí. No siempre es necesario, pero a veces lo es, y no lo podemos negar. Si podemos conseguir un profesional de la salud mental que sea cristiano, que comparta nuestras convicciones, mejor aún, porque nos va a ayudar muchísimo más. Pero sí, es necesario. Una cosa es la prevención, que es en lo que trabajamos los orientadores, pero ya cuando se torna algo patológico, algo que no está dentro de lo normal, es necesario consultar con un profesional de la salud. Sufrir, llorar, estar enojado y triste por la pérdida de alguien o de algo que es importante para nosotros es normal. Ahora, cuando ese dolor se instala y se convierte en sufrimiento, que es otra cosa, hay que consultar a un profesional de la salud para que nos pueda ayudar y que esto no se alargue en el tiempo.

 

Victoria: Yanina, hemos hablado en varias oportunidades que es importante que el niño y adolescente aprenda a lidiar con las emociones que quizás no son tan alegres, pero son parte de la vida. ¿Qué podemos rescatar de esto? Porque uno en la vida vive tanto experiencias lindas como difíciles. ¿Qué es lo que podemos sacar de positivo?

 

Yanina: La tristeza tiene una función. Todas las emociones las creó Dios y todas las emociones son a imagen de Dios, porque somos creados a imagen de Dios. Dios se enoja, se alegra, se entristece. Jesús, siendo Dios, lloró. Entonces los adultos tenemos que ser conscientes de que todas las emociones son buenas. No todas las emociones nos hacen sentir bien, pero todas son buenas y necesarias. La tristeza nos permite sacar afuera ese dolor que tenemos adentro, nos permite que otra persona nos venga a consolar, nos permite compartir ese dolor con otro y asimilar la pérdida. Entonces está buenísimo que si tu hijo está triste te lo pueda contar. Nosotros tenemos gozo, creemos que va a haber un encuentro que nos da esperanza, pero nos sigue doliendo. Yo sigo extrañando a mi papá. ¿Está mal eso? ¿Extrañar a alguien querido? No, claro que no está mal. Lo que está mal es abrazarse a ese dolor y convertirlo en sufrimiento por el resto de mi vida, porque es no es lo que Dios quiere. Dios quiere que nos gobierne el Espíritu Santo, y eso va para todo, para cualquier vicio, para cualquier situación y va para nuestras emociones. Entonces, si tu hijo perdió al perro que amaba y llora, no se lo quieras reemplazar. Acompañalo en su pérdida, no lo juzgues. Y ahí aprenderá a cómo enfrentar las pérdidas en su vida, porque va a tener muchas. Esta bueno que tu hijo aprenda que puede contar contigo para compartir ese dolor. Es como dice el dicho popular, “la alegría compartida se multiplica y la tristeza compartida se diluye”. Entonces que sepa que cuenta contigo y que va a ser comprendido y acompañado. Esa es la tarea del padre y la madre. Nos duele el dolor de un hijo, pero si lo censuramos va a ser peor. Entonces hay que asimilarlo y acompañarlo, que es nuestra función.

 

Victoria: Yanina, muchas gracias por acompañarnos y habernos respondido todas las preguntas. Te esperamos en un próximo programa aquí en Entre Amigas,

 

Yanina: Muchas gracias a ti, un saludo y bendiciones para todas.

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