Dios restaura lo que pasó: Mensajes de arrepentimiento (4ª parte)
4 enero, 2026
Dios restaura lo que pasó: Características del pecado (5ª parte)
10 enero, 2026
Dios restaura lo que pasó: Mensajes de arrepentimiento (4ª parte)
4 enero, 2026
Dios restaura lo que pasó: Características del pecado (5ª parte)
10 enero, 2026

El Señor nos dice en su Palabra: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Hay 3 cosas que podemos analizar de este versículo, y es lo que haremos en esta entrevista a Andrea Latini, quien actualmente sirve en Palabra de Vida Argentina.


DESCARGARLO AQUÍ:

EA 1257 – Entre Amigas – Descansar



Entrevista a Andrea Latini

Victoria: Queridas amigas, es un gusto poder compartir con ustedes un nuevo tiempo. Hoy tenemos una amiga que nos visita desde Argentina, Andrea Latini, quien sirve y trabaja en Palabra de Vida.

 

Andrea: ¡Hola! ¿Cómo estás? Estamos acá en San Miguel del Monte, en Argentina.

 

Victoria: Andrea, teníamos como pendiente hablar del tema del descanso, un tema especialmente para las fechas en las que nos encontramos, fechas a las cuales muchas veces llegamos cansados, a veces irritables, a veces deprimidos o quizás a las corridas, ¿no? Pero hoy vamos a estar hablando de aprender de Jesús en el descanso.

 

Andrea: Sí, como dijiste, todas estamos cansadas, y a veces es un agotamiento físico, pero también puede ser un agotamiento emocional, y aun espiritual. Y lo más difícil de eso es que empezamos a ver la vida con un lente donde todo esta mal. Vemos todo mal, nos desanimamos, no le vemos la salida a las situaciones, no podemos resolver situaciones sencillas, y a veces vemos problemas en donde no los hay. Entonces es importante reconocer que estamos cansadas y que necesitamos hacer algo.

 

Victoria: Y también estamos muy acostumbrados a premiar o celebrar al que duerme menos, al que más cosas hace en paralelo, y detrás muchas veces no nos quedamos con nada, es como si fuera arena entre las manos. Incluso en el ministerio a veces hay esa actitud, y el Señor nos invitó y nos enseñó que no era así. ¿Cierto?

 

Andrea: Así es. La Biblia en Mateo 11:28 dice “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Él quiere para nosotros descanso, paz, quiere que podamos disfrutar de lo que hacemos, y que lo que hacemos lo hagamos para Él, no por otra motivación. Y a veces realmente terminamos haciendo las cosas sin saber por qué las hacemos, parece que nos hubieran puesto en una ruedita de esas que tienen los hámsteres y no podemos frenar. Pero el Señor nos dice que nos detengamos, que paremos, que pensemos, que necesitamos descansar. Y el descanso no siempre es dormir, aunque también lo necesitamos, obviamente, necesitamos descanso físico, pero hay un agotamiento que es del alma y es más profundo. Llegamos a ese lugar cuando no le damos lugar a Dios y tratamos de resolver todo nosotros, y vivimos sin depender de Él, vivimos por nuestras fuerzas, y cuando hacemos eso el cansancio emocional y espiritual llega.

 

Victoria: Sí, y de repente no puedo hacer lo que hacía y hasta empieza a tambalearse mi relación con el Señor, que es un tema que tiene que ver también con la identidad en Cristo. El pasaje que nombraste tiene una parte que sigue, que es la invitación de Jesús. Porque Jesús hace invitaciones a seguirlo, al arrepentimiento, a descansar, y son contadas las invitaciones que nos hace Jesús en la Biblia, pero una de ellas es el descanso, así que cuán importante será.

 

Andrea: Sí, y lo lindo es que es como vos decís, Él no nos obliga, sino que nos invita. Es amoroso y tierno. Y en este versículo específico, que habla de cuando estamos cansados, agobiados, turbados, cuando sentimos que ya no podemos, Él nos dice 3 cosas.

En primer lugar, nos dice “Venid a mí”, y es una invitación a acercarnos, a renovar nuestra intimidad con Él, a disfrutar de nuestra relación. Él siempre está cerca y siempre está atento, pero nosotros muchas veces ignoramos su presencia y no disfrutamos de nuestros encuentros con Él. A veces son encuentros de intimidad, de disfrutar de reflexionar. A veces uno piensa “bueno, duermo una hora más, y salgo apurada”, y quizás está bien, porque descansás el cuerpo, pero el descanso que generás al usar esa hora para tener un encuentro con el Señor, derramar tu corazón, leer la Biblia, de disfrutar de ese tiempo, es un descanso que supera lo físico, porque ahí lográs renovar tu espíritu, tu comunión, tu mente, e incluso hay procesos en el cuerpo que suceden cuando uno frena, ora y habla con Dios. Por eso Él nos invita a venir a Él, a acercarnos. Y es una invitación, no es que nos va a obliga. Pero nosotras, como sabemos que Él está, a veces lo dejamos para después. Y es tremendo, porque ahí está lo que necesitamos, pero lo dejamos de lado.

El versículo sigue diciendo “Llevad mi yugo”, y es precioso esto porque es una invitación de Dios a caminar al lado de Él, y que Él lleve mi carga. Es un yugo que en realidad nos da alivio. El yugo era esa herramienta de madera que unía a dos animales para arar, para que vayan juntos. Normalmente se ponía un animal muy fuerte y uno más débil. Entonces la idea acá es que el fuerte, el poderoso, el que va a llevar la carga, que va a caminar acompañándonos, es Dios. Él nos quiere acompañar, llevar nuestra carga, caminar con nosotros y que nosotras podamos caminar livianas.

Y este versículo tiene una tercera invitación, que es aprender de Él. Y lo más destacado de este versículo, en el contexto en el que está, es aprender de su mansedumbre y de su humildad. Y realmente la mansedumbre y la humildad son características que si las desarrollamos nos van a dar descanso. Porque muchas veces queremos que las cosas salgan a nuestra manera, somos orgullosos, independientes, y esos pecados que nos permitimos nos cansan mucho. Y cuando estamos cansados, no somos más mansos y más humildes.

 

Victoria: Tal cual. Además, él dice “manso y humilde de corazón” y a veces no somos ni mansos ni humildes de corazón para con Él. Y Él es el que ve realmente las intenciones y conoce los pensamientos. Y ahí está hablando de un beneficio para uno mismo, nos está dando la fórmula de la manera en la que podemos encontrar descanso.

 

Andrea: Tal cual. La humildad nos permite que Él nos enseñe, nos hace dóciles. La mansedumbre nos permite dejar de lado nuestro orgullo, nuestra soberbia, y que realmente con podamos dejar esas cargas, esos pecados que son un lastre y terminan afectando nuestra mente, nuestro cuerpo y nos terminan cansando. Porque el pecado nos roba. En cambio, el Señor nos suma, nos potencia y se puede estar con mucha actividad, con mucha responsabilidad, pero descansado. Porque el cansancio no pasa solo por el dormir más, o por ir a una isla y no hacer nada, que es la ilusión de todas las personas que tienen estrés, sino que está en el Señor. Y cuando estás con el Señor podés estar descansado, aunque la carga y la responsabilidad continúe. Tenemos que seguir atendiendo el hogar, aún cuando hay vacaciones, la carga, la responsabilidad no se termina nunca. Y si no aprendemos a vivirla en la forma correcta, descansando en el Señor y dependiendo de Él, obviamente esto va a influir en nuestra salud mental, física y emocional.

 

Victoria: Pensaba que hoy en día está la discusión de la eterna adolescencia, de cómo cuesta a las nuevas generaciones el asumir esa parte de la vida adulta que conlleva las responsabilidades que de ahí en más van a ser de por vida, y cuánto eso muchas veces busca encontrar una salida en los vicios, en otro tipo de cosas que sirven como un escape. Pero no es un descanso, es un escape, un pasatiempo.

 

Andrea: Sí, y lo que decís es tremendo porque el tiempo es el único recurso que es agotable y no se puede recuperar. El tiempo es único e irrepetible, no lo vamos a volver a vivir. Así que tenemos que estar acá, en el presente, ahora, haciendo la voluntad de Dios y tomando la responsabilidad, aunque a veces nos incomode, porque trae sus beneficios, porque la responsabilidad de asumir el compromiso de vivir el plan de Dios nos llena de gozo y de bendiciones. Es hermoso poder esforzarnos, trabajar, servir a otros, formar una familia, tener hijos, asumir la responsabilidad de llevar unos las cargas de los otros, ahí está la real bendición. Pero claro, todo esto suena muy pesado si yo lo hago con mis fuerzas. Pero si lo hago dependiendo de Él es una bendición, porque disfrutás de ver a Dios en tu vida y de ver cómo te utiliza. Así que, si hay alguna persona joven escuchándonos, que tiene temor a tomar responsabilidades o a tomar ese paso que sabe que Dios le está pidiendo, quiero animarla a que lo tome, porque el Señor nos da la fuerza. Sus planes son mejores que los nuestros y el tiempo no lo podemos perder. Tenemos una vida, una oportunidad, y el Señor preparó buenas obras que tenemos que hacer. Así que llevar el yugo de Dios es vivir liviano, es vivir descansado. Es tener responsabilidades, pero saber que no dependen de uno, sino que dependen de Dios y que es Dios obrando a través tuyo.

 

Victoria: Andrea, hablabas de rendirse ante Dios y seguir adelante. No sabemos lo que nos depara el mañana, ni siquiera lo que sucederá en los próximos minutos, pero aun así el Señor nos hace esta invitación y nos promete estar con nosotros. ¿Qué podemos comentarle de esto a alguien que no ha experimentado quién es Jesús, alguien que lo ve lejano?

 

Andrea: Bueno, el descanso verdadero está en Cristo, y si alguien no conoce a Dios como su salvador, si no tiene una relación íntima con Él, no puede encontrar ese refugio. Pero no es difícil encontrar a Dios, porque Él está cercano a todos los quebrantados de corazón.  Él realmente está atento a cada lágrima, a cada situación, a cada persona. La Palabra de Dios dice que Dios amó de tal manera al mundo que dio a su hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. El corazón de Dios es que cada uno de nosotros podamos tener una relación íntima con Él. El pecado nos separa de Dios, realmente es una barrera que quiebra la posibilidad de tener una relación íntima con Dios. Y todos somos pecadores. No hay ninguno de nosotros que podamos decir que no hemos pecado. Tenemos malos pensamientos, mentimos, blasfemamos, por más pequeño que sea nuestro pecado, es un pecado y nos separa de Dios, que es santo. Pero Dios, que nos ama, quiso romper esta barrera del pecado. Y como no hay nada que nosotros podamos hacer, porque somos pecadores, hacemos obras buenas pero muchas veces con malas motivaciones. Ninguno de nosotros se puede ganar la salvación por obras, ninguno de nosotros va a ser digno de pasar la eternidad con Dios por mérito propio. Pero Dios lo hizo por nosotros.

Él pagó el precio de nuestros pecados, Jesús derramó su sangre, resucitó al tercer día y nos da la posibilidad de que todos los que abracen la fe, todos los que crean que Jesús es Dios y quieran acercarse a la cruz, reconozcan su pecado y quieran aceptar a Cristo en el corazón, puedan ser salvos y puedan tener la vida eterna, que este perdón de pecados para siempre, saber que Cristo pagó por tus pecados y que no tenés esa carga. Que podés tener una comunión íntima con Dios y que nadie te va a reclamar tu pecado. Que el día en el que dejemos este cuerpo vamos a poder pasar la eternidad en el cielo con Dios. No por mérito propio sino porque Cristo pagó por nuestros pecados. Nos dio la vida eterna, pagó con su sangre, pagó con dolor, pagó cargando con toda nuestra maldad, y pagó porque Él lo quiso hacer. Fue el amor lo que sostuvo a Cristo en la cruz. Así que acá tenemos una invitación de parte de Dios, quien preparó un regalo precioso para cada uno de nosotros, pero cada uno de nosotros tenemos que tomar la decisión de recibir ese regalo. Es muy fácil, porque solamente tenés que hablar con Dios, estés donde estés, y decirle “Dios, soy un pecador, sé que tengo pecado en mi corazón, creo que Jesús murió por mí, quiero recibirte en mi corazón como mi salvador”. Y si alguien de la audiencia está escuchando, y tiene fe, y habla con Dios, dice la Palabra de Dios que el Espíritu Santo va a vivir en su corazón y va a ser una nueva criatura, y va a tener ese descanso eterno.

Yo confié en Dios como mi salvador cuando tenía 25 años, hoy tengo 55 y todavía recuerdo esa paz tremenda que te inunda en el momento en el que sos un pecador perdonado y tenés la salvación de tu alma. Así que lo más maravilloso que puede pasarle a alguien de la audiencia que no tenga a Cristo es que acepte este regalo de Dios.

 

Victoria: Totalmente, Andrea. Así como a veces una de las cosas que quita tanto el descanso son las deudas de las personas, nosotros teníamos una deuda eterna que era más grande que todas las deudas que una persona pueda contraer, y más letal, porque el embargo era nuestra alma, pero Jesús ya la pagó y nos invita a caminar con Él. Ha sido un gusto conversar contigo, Andrea, como siempre, y esperamos tenerte nuevamente. Que el Señor siga tratando con quienes ya lo conocemos en estos tiempos que vivimos que sin duda son muy particulares. Gracias por estar con nosotras.

 

Andrea: Muchísimas gracias por esta conversación, la disfruté mucho. ¡Saludos a toda la audiencia, muchas gracias!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Elija su moneda
USD Dólar de los Estados Unidos (US)
Presiona Enter para buscar o ir a búsqueda avanzada