Caso de adolescente abusada

¿Qué esperamos, en realidad? (3ª parte)
24 mayo, 2026
Tres asesinos de tu vida: Odio (1ª parte)
30 mayo, 2026
¿Qué esperamos, en realidad? (3ª parte)
24 mayo, 2026
Tres asesinos de tu vida: Odio (1ª parte)
30 mayo, 2026

El caso de una adolescente de 14 años que ingresó armada a su colegio en Mendoza llevó a la detención de un celador acusado de abuso sexual. La orientadora familiar Yanina Cosime explica qué es el abuso sexual infantil, cómo reconocer sus señales y cómo prevenirlo desde la familia.


DESCARGARLO AQUÍ: EA 1277 – Entre Amigas – Caso de adolescente abusada



Entrevista a Yanina Cossime

Victoria:  Hace un tiempo en la columna de Yanina Cossime, hablábamos del caso de una adolescente de 14 años que ingresó armada a su colegio y disparó en varias oportunidades. Las primeras versiones de compañeros de clase indicaban que la adolescente sufría bullying, aunque las autoridades escolares no tenían registros de que la estudiante hubiera denunciado sufrir acoso escolar o se hubiera quejado de alguna situación de estas características.

A partir de este hecho tremendamente triste, reflexionamos sobre lo que, a todas luces, tanto para las autoridades escolares, los compañeros, los padres de los estudiantes, los investigadores y los periodistas, parecía ser la reacción al sufrimiento de una adolescente que padecía bullying. La causa dio un giro y, aunque lo que reflexionamos en aquel momento sigue siendo válido, creo que es importante explicar e informar qué es lo que se conoció al respecto. Le quiero dar la bienvenida a la orientadora familiar Yanina Cossime. ¡Bienvenida!

Yanina:  Hola, Victoria. Un placer estar acá con vos y con toda la audiencia.

Victoria:  Un placer recibirte, Yanina. Vamos a hablar de este caso, de esta adolescente que ingresó armada a su colegio realizando varios disparos.

Yanina:  Gracias a Dios nadie salió herido, pero el episodio no deja de ser triste, no solo por todo lo que ocurrió ese día, sino por lo que está detrás. Si me permitís, voy a aclarar algunos elementos, porque el caso dio un giro. Casi seis meses después de ocurrido el hecho, los efectivos policiales detuvieron a un celador que trabaja en el establecimiento educativo, denunciado por abuso sexual. Según Diario 1, este trabajador del colegio estaba bajo investigación desde el inicio de la causa, luego de que la estudiante lo mencionara en entrevistas con peritos psiquiátricos. Al ser trasladada al hospital Santa Rosa, fue evaluada por especialistas del equipo técnico interdisciplinario, ante quienes manifestó haber sido víctima de abuso sexual. Además, los investigadores detectaron mensajes con un número telefónico extranjero, lo que abrió la hipótesis de un posible caso de grooming.

El día que la adolescente llevó el arma al colegio, buscaba al celador, quien ese día no se había presentado a trabajar. Se ordenó la detención del sospechoso, cuya identidad no fue difundida, y en las próximas horas se definirá su situación procesal. Los investigadores prevén además realizar una nueva declaración a la menor en Cámara Gesell.

Victoria:  Recordamos que la Cámara Gesell es una sala dividida en dos ambientes por un vidrio de visión unilateral, diseñada para observar comportamientos o tomar testimonios sin interrumpir, para profundizar en los detalles del caso. Yanina, concretamente, ¿cuáles son tus primeras impresiones sobre este caso? Recordamos que hablábamos en un primer momento de bullying y ahora estamos ante un presunto caso de abuso sexual. Digo «presunto» porque todo está en investigación.

Yanina:  Mientras te escuchaba, recordaba la entrevista de ese momento y las imágenes de esta nena recorriendo la escuela con el arma en la mano, gritando que alguien saliera afuera. Recuerdo haber dicho, parafraseando, que es la actitud de alguien desesperado: una niña desesperada buscando que lo que le estaba pasando terminara, que se cortara esa violencia que estaba recibiendo. Y como decís, no hay forma de medir la violencia, de comparar qué es más doloroso, porque tiene mucho que ver con lo que uno siente. Son dos hechos dolorosos en sí.

Si bien en ese momento hablábamos de que los relatos de sus compañeros indicaban que la molestaban, que había hablado con preceptoría y que no había registro de eso, acá vemos también cómo quienes estaban en posición de cuidar a esta niña tampoco se dieron cuenta de que algo estaba pasando, y eso fue lo que provocó su última acción: ir con un arma a la escuela. Estamos hablando, una vez más, del rol de los adultos como responsables y cuidadores. Qué contradictorio que el celador, que es quien cuida y vigila, sea la persona que le estaba causando un daño. Y esto también nos hace pensar en algo de lo que siempre hablamos cuando hablamos de abuso sexual infantil: son personas adultas que están entre los niños, que tienen acceso a ellos, y si nosotros, los otros adultos, no aguzamos la mirada, no lo notamos. Es como tener un lobo dentro de un corral de gallinas.

Victoria:  Antes de meternos en el tema del abuso sexual, quiero aclarar que toda la información que brindé se corresponde con lo que se sabe hasta ahora sobre este caso. En un principio se pensaba que era un caso de bullying, información que se replicó en base a lo que contaron las propias compañeras de esta adolescente e incluso sus madres, y así lo replicamos todos los medios. En su momento reflexionamos sobre bullying para concientizar, salvaguardando la identidad de la adolescente. Quiero aclarar que, por lo menos según lo que se entiende, el bullying no fue el motivo. Habrá que seguir indagando, porque tal vez no está descartado del todo, pero el motivo principal parecería ser un presunto caso de abuso sexual.

Decimos «presunto» porque está en etapa de investigación y hasta que no se demuestre la culpabilidad, la persona es inocente. Así funciona la justicia. Este caso se hizo público porque tristemente vimos a esta adolescente con un arma. Nunca justificamos lo que ocurrió, pero sí entendemos la situación. Felizmente no pasó a mayores. Hay que saber y entender qué pasó y qué llevó a esta adolescente a tomar esa decisión.

Vamos a hablar entonces de abuso sexual, Yanina. Si te parece, vamos a ir a lo básico: ¿qué es el abuso sexual? ¿Cuándo se produce?

Yanina:  Vale remarcar también que el hecho de que el bullying no haya sido el motivo no significa que ella no haya sido víctima. A lo mejor no de bullying, pero sí de discriminación, de burlas, e incluso hablamos de maltrato por parte de otro adulto. Una cosa no quita a la otra.

El abuso sexual infantil es una forma más de violencia. Es cuando una persona en situación de poder daña o amenaza con dañar a otra. El abuso sexual tiene connotaciones sexuales: estamos hablando de una persona adulta que abusa sexualmente de un niño o adolescente que no puede comprender, aún con 14 años, lo que implica ese acto sexual. Puede ser mostrar las zonas privadas, mostrarse desnudo ante el niño, pedirle que muestre sus zonas íntimas, tocamientos, manoseos, u obligarlo a mirar material pornográfico o a ver a otras personas desnudas. También se mencionaba el grooming.

Puede parecer que hablo de esto con liviandad, pero pensemos en lo que esto significa para un niño o adolescente. Un adulto sabe lo que hace, le genera placer, abusa de su poder. Hay una asimetría de poder: de fuerza, de conocimiento, de manipulación, y de una mayor capacidad de goce que este adolescente no posee, sea que haya o no penetración.

Esa niña, ese adolescente, no está preparada para ver, vivir ni experimentar esto, ya sea en forma online o en las instalaciones de la escuela o en cualquier lugar. No estamos hablando de una exploración entre dos chicos de la misma edad, sino de un adulto que busca placer, por ejemplo, mostrando su cuerpo desnudo. No tiene que haber un tocamiento para que sea abuso: puede ser un comentario, puede ser compartir material. Eso ya es abuso sexual. Hay que dejarlo claro.

No tiene que haber una cópula ni una penetración para que sea abuso sexual infantil. Es más, puede haber un pseudo consentimiento de parte de la niña o el adolescente. ¿Por qué? Porque el chico no tiene la capacidad real de decir que sí. Dice que sí, pero sin entender lo que significa ese sí, entonces el consentimiento no es válido.

Lo que hace el abusador es buscar ese sí para usarlo, aunque la ley no lo reconozca, para culpar al niño, para seguir manipulando a su víctima y lograr que guarde silencio, y así continuar con sus actos de abuso, no solo con esa niña o adolescente, sino con otras posibles víctimas. Muchas veces incluso obligan a su víctima a traerles otras víctimas.

El abuso sexual no implica que te toquen. Que un adulto le muestre su pene erecto a una niña de 13 o 14 años ya es abusivo. Las conversaciones telefónicas de tono sexual, los comentarios lascivos sobre su cuerpo: son cosas que el chico no puede manejar ni procesar porque no las comprende. Todo eso es abuso.

Victoria:  En los primeros conceptos que nos dabas, hablábamos del celador investigado en el caso del adolescente en Mendoza, y de quiénes pueden ser los perpetradores de un abuso sexual. ¿Hacia dónde debemos mirar? ¿Son generalmente las personas más cercanas a los niños? ¿Qué recaudos deberíamos tomar como adultos para protegerlos?

Yanina:  Muchas veces nos protegemos a nosotros mismos pensando que el abusador va a ser el viejo verde, el viejo de la bolsa, con un cartelito que dice «vengo por tus hijos». Y no es así. Eso es un mito, una fantasía para protegernos. Son personas de confianza del niño, personas amables. Por lo general son varones, heterosexuales, casados, con hijos, con una vida que, a los ojos de los demás, es normal. Digo «por lo general» porque está aumentando el número de agresoras mujeres, y se está estudiando que tiene relación con el consumo de pornografía.

El 70-75% de las veces el agresor es miembro de la familia del niño, y en el 50% de los casos convive con él. Los otros porcentajes, que llegan a más del 90%, tienen que ver con cuidadores, personas de confianza, líderes religiosos, líderes deportivos; en este caso, un celador, alguien de mantenimiento. Alguien que tiene acceso al niño y con quien nadie desconfiaría. Por lo general son muy queridos por los chicos. Hay que estar alerta con respecto a las personas a quienes les confiamos a nuestros hijos, sin vivir con miedo. El abusador se gana la confianza del niño, pero también la de los padres, porque necesita poder acceder al niño con libertad.

Victoria: ¿Y qué hay que hacer para prevenir que esto ocurra? ¿Qué tipo de diálogo hay que establecer con los chicos?

Yanina:  La prevención del abuso sexual infantil empieza a trabajarse desde el vientre de la madre. Cuando hablamos de prevención de violencia, tiene mucho que ver con la autoestima y el autocuidado, y eso se lo enseñamos a los chicos desde que están en la panza: cómo les hablamos, cómo los tratamos, cómo los cuidamos. Después, con el lenguaje hablado, hay que enseñarles desde muy temprana edad cuáles son las zonas públicas y privadas, y que nadie puede tocar esas partes de su cuerpo. No porque sean sucias, sino porque son de ellos, y nadie las debe tocar ni mirar, ni nadie les debe pedir que las toquen o las muestren.

A veces nos quedamos solo con eso, y muchas veces, por vergüenza, por historias personales o por falta de conocimiento, no nos animamos a seguir hablando del tema. O creemos que lo dijimos una vez cuando tenían cinco años y ya está. Si empezaste a los cinco, ya llegaste un poco tarde, tenías que haber empezado antes. Y si empezaste a los cinco, continuá, porque después viene la pubertad y hay que adelantarse a esos cambios. Los chicos tienen que saber que van a cambiar sus cuerpos, sus sensaciones y sus emociones.

Muchas veces el abusador se aprovecha de eso para generar en el niño o la niña sensaciones que pueden resultarle agradables por un lado y repulsivas por otro, porque sigue siendo un niño. Por eso el autocuidado y la autoprotección son clave: hay que saber que hay contactos, relaciones y lugares que ponen en peligro, y que no se debe ir a esos lugares, incluso dentro de la propia escuela.

Mis hijos tienen 17 y 14 años, y desde chiquitos les enseñé a buscar la protección del grupo. Si van a un club, a una iglesia, al baño: nunca solos, ni con 17 años, porque los peligros cambian con la edad. Esas cosas las tenemos que hablar con los chicos, no para generar miedo. A ninguno de nosotros se nos ocurre no enseñarles a cruzar la calle porque sería horrible decirles que los puede atropellar un auto. Todos les enseñamos a cruzar la calle y les explicamos que un auto los puede pisar. Sin embargo, no les enseñamos que hay personas que los pueden tocar.

El mayor factor de riesgo para el abuso sexual infantil es la falta de conocimiento. Si yo no creo que a mí me puede pasar, no estoy alerta con respecto a mis hijos. Si pienso que toda la gente que nos rodea es incapaz de hacerles daño, no voy a tener los ojos en alerta para cuidarlos ni voy a darles las herramientas para que se autoprotegan.

Hay que enseñarles qué es bueno, qué es malo, qué es apropiado y qué no. ¿Puedo decir que no? Sí, podés decir que no. ¿Puedo decirle que no a un tío, por más querido que sea, cuando no tengo ganas de darle un beso? Nosotros los obligamos a dar ese beso para no ofender al tío, sin darnos cuenta de que les estamos enseñando que tienen que besar a quien se lo pida para no ofender al otro. Sus deseos, su comodidad o incomodidad pasan a segundo lugar. Y somos tan incoherentes que después les decimos que su cuerpo es de ellos y que nadie puede tocarlo cuando no quieran, pero los obligamos a besar al tío, al primo, a quien sea. Ahí también estamos haciendo educación sexual.

Victoria:  Pasemos entonces al tema del que no quisiéramos hablar, pero hay que hacerlo. Cuando el abuso ocurre, ¿qué señales tienen que observar los padres? ¿Qué comportamientos deben llamarles la atención?

Yanina:  Algunas señales son obvias: situaciones que no pueden ser otra cosa. Por ejemplo, encontrar la ropa interior manchada con sangre o semen, lastimaduras, o una enfermedad de transmisión sexual. Es prácticamente imposible que un chico de 9, 10 o 14 años tenga una enfermedad de transmisión sexual si no tuvo contacto sexual. Eso es lo más obvio de todo, pero a veces es tan obvio que quien no quiere ver tampoco lo ve.

Después, en las distintas edades, lo que hay con seguridad es un cambio abrupto de comportamiento. Un chico que era sociable, que iba a lo de un amigo, se quedaba en lo de la abuela o entraba a la escuela con alegría, de un momento al otro cambia su conducta y se apaga. Un chico que se apaga, que se encierra: cuando es pequeñito se esconde, cuando es adolescente se encierra en su cuarto.

Si bien hay ciertos comportamientos normales en la adolescencia, como buscar más la soledad, hay que prestar atención. Cuando un adolescente está encerrado todo el tiempo con la pantalla y no quiere hablar con nadie, algo le está pasando: o está consumiendo demasiada tecnología, o pornografía, o alguien le está haciendo bullying online, o lo están acosando por teléfono, o algo está pasando con una relación social. Son síntomas de alerta.

¿Qué pasa con un chico de 9, 10 u 11 años que hace movimientos copulatorios o ruidos sexuales? Los chicos no pueden imaginarse eso solos. Si un niño hace esos ruidos, esos dibujos, esos movimientos, o usa lenguaje sexual que comprende y usa correctamente, más allá de una mala palabra, es porque alguien se lo hizo saber. Ese chico está mirando pornografía solo o con un adulto, está presenciando relaciones sexuales, o está siendo víctima de abuso. Obligarlo a mirar relaciones sexuales también es abuso. Por eso sabe esos movimientos, esas posiciones.

Victoria: ¿Y qué hacer una vez que se constata el abuso? ¿Cómo deben actuar los padres?

Yanina:  Primero, sin drama. Uno de los factores que permite que los chicos se repongan más rápido es el apoyo de la familia, el creerles y el no drama. Si un chico dice «Fulano me tocó, me dijo esto, me hizo aquello», hay que creerle y actuar. Si quien lo escucha se tira al piso, empieza a gritar y a desmoronarse como si fuera el fin del mundo, es posible que ese chico termine negando lo que dijo porque no quiere generarle un daño.

Hay que creer, tratar de ser empáticos, masticar las lágrimas si es necesario y desahogarse en otro momento. Por ley, al menos en nuestro país, y creo que todo el mundo debería hacerlo también por una cuestión moral y, para quienes somos cristianos, como un deber delante de Dios de cuidar a los más vulnerables, hay que notificar a la justicia. Creerle al niño, protegerlo, no hacer un careo con el presunto abusador, y notificar a la justicia. Y siempre buscar una ayuda externa que pueda asesorar sobre cómo seguir adelante.

El impacto no es directamente proporcional al nivel de violencia del abuso. Una nalgada o una violación pueden tener distintos impactos en distintas personas, porque depende de las características propias, las vivencias y la capacidad de resiliencia del niño, y del entorno que lo rodea. Puede haber mayores heridas y consecuencias cuando el abusador es una persona de mucha confianza para el niño, cuando el abuso fue prolongado y cuando fue muy violento.

Pero muchas veces los padres reciben ayuda, hacen terapia, y esos padres con herramientas transmiten herramientas y seguridad a sus hijos, y los chicos sanan muy rápido. Es muy importante cómo estén los papás.

Se hace prevención y se hace restauración, sobre todo de la familia. Si somos padres presentes que les damos herramientas a nuestros hijos para cuidarse y autoprotegerse, puede pasarte igual. Pero si pasa, tu hijo va a tener mejores herramientas para superar esa situación dolorosa. Estamos hablando de abuso sexual, pero aplica a cualquier cosa: la muerte de un ser querido, una enfermedad.

Es sumamente importante el rol de los padres y el de los otros adultos, animarse a involucrarse. Si vemos un chico en la iglesia, en el aula, en el club o en casa, y vemos que cambió su actitud, que tiene una mirada triste, que contesta mal, que dejó de venir: hay que meterse y preguntar, «¿qué te pasa?», y ayudarlos. Porque lo que más necesitan es una red de contención y ayuda.

Victoria:  Yanina Cossime, como siempre, te agradecemos por todos estos conceptos. Gracias por haber estado con nosotras en el programa. ¡Hasta la próxima!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Elija su moneda
UYU Peso uruguayo
Presiona Enter para buscar o ir a búsqueda avanzada