Ensopado

Ensopado

Ingredientes 

  • 1 taza de garbanzos
  • ¾ tazas de porotos blancos
  • 1 taza de lentejas
  • 400 grs. De paleta ovina deshuesada y cortada en cubitos
  • 1 cebolla
  • 2 tallos de apio
  • 2 dientes de ajo
  • 400 grs de pulpa de tomate
  • Sal
  • Pimienta
  • 1 y ½ litro de agua
  • Jugo de 1 ó 2 limones
  • Perejil picado



Modo de Preparación

Se dejan en remojo una noche los garbanzos y las lentejas. Se escurren y se colocan en una olla junto a la cebolla el apio, y el ajo picado la pulpa de tomate, el agua la sal, y la pimienta. En este momento se le agrega la carne de cordero cortada en cubitos luego se lleva a hervir con el fuego bajo 2 horas aproximadamente. Luego cuando está todo pronto se le agrega el jugo de limón, el perejil picado y se sirve. Rinde 10 porciones.



Señor: enséñame

Señor: enséñame

Autor: Herman Hartwich

Es importantísimo poder comprender el alcance de una buena enseñanza. En los últimos tiempos donde se levantan falsos profetas, Jesús nos deja una buena enseñanza para tener atesorada en nuestro corazón!


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PE1499 – Estudio Bíblico – Señor: enséñame


 


Qué tal mis amigos es un placer compartir estas líneas con ustedes… vamos a reflexionar en la Palabra de Dios, porque es importante que hagamos un alto en el diario vivir, para conocer la voluntad de Dios en nuestra vida, que es el propósito de Dios para nosotros.

En esta oportunidad yo quisiera leerles unos breves versículos en el evangelio de Mateo Capítulo 9, versos 35 al 38, y dice así el evangelista Mateo.

Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, les tuvo compasión de ellas. Porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor entonces dijo a sus discípulos:A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

Mis queridos amigos si nosotros nos ubicamos en el momento histórico, en el que Jesús vino al mundo, nos daremos cuenta de que inmediatamente de la necesidad, de la enseñanza como dice aquí el evangelista Mateo que Jesús recorría todas las ciudades y aldeas. Es interesante que Jesús fue hacia la gente. No pretendía que la gente viniera solamente a él. Pero, en este momento cuando Jesús aparecía en la escena de la historia, hacía unos 400 años que no había profeta de Dios hasta que aparece Juan el Bautista. Ese período de 400 años aproximadamente se denomina el tiempo del silencio de Dios.

En el pasado costaba tener sujeto, a la sana enseñanza. Y si en el pasado, que a veces pensamos, ah, antes era más fácil, parece que antes la gente era más piadosa, era más accesible, bueno, no crea que haya sido tan así, si pensamos tan solamente en la época antediluviana, a causa de la proliferación de la maldad, a causa de la desviación de la humanidad, del alejamiento de la humanidad, Dios tuvo que tomar la medida de exterminar y solamente 8 fueron salvados. Si pensamos en la época en la que el Señor tuvo que ejecutar enviando fuego y azufre en el cielo, sobre las ciudades tan corruptas sobre Sodoma y Gomorra, imaginémonos, si en aquella época necesitaban una sana enseñanza imagínense ahora… estamos realmente asombrados cada día de las noticias de las cosas que están aconteciendo. A nivel mundial, especialmente en el área moral.

En esa área afectiva que, como dice la escritura, en los últimos tiempos habrían hombres y mujeres, inclusive sin afecto natural. Los crímenes más horrendos las cosas más tremendas están sucediendo ahora, lo que parecería que la cultura en la cumbre de la civilización está siendo peor, en los animales. Mis queridos amigos, salomón decía en los proverbios 29: 18, sin profecía, el pueblo se desenfrena. Yo quisiera atreverme a decir, sin conocimiento, sin enseñanza sana, sin enseñanza buena, sin enseñanza correcta la gente se desenfrena. La gente sale de la horma. En la que Dios quiere que esté. Por eso, por ejemplo, estoy pensando en el salmista David, en aquel gran Rey David, en sus salmos. Muchas veces él estaba pidiendo a Dios enséñame tus estatutos, enséñame tus mandamientos, enséñame tus preceptos, enséñame el camino de tus estatutos, también decía en una oportunidad el Salmo 143, enséñame a hacer tu voluntad. Si tendremos necesidad nosotros de pedirle a Dios que nos enseñe, que nos enseñe a caminar, como debemos caminar, Salomón, cuando dedica el templo le pide a Dios que le enseñe el buen camino.

Sabemos que Salomón se destacó por su sabiduría y no pidió riquezas, ni fama. Sino que pidió Sabiduría. Para discernir entre el bien y el mal. Sabiduría para gobernar y Dios se lo dio por cuanto él pidió eso. Pero él decía cuando dedicaba al templo: Señor, Enséñame el buen camino. Cuando Juan el Bautista irrumpe en la historia como precursor de Jesucristo allí en Israel también, le dice a la gente, quién les enseñó a ustedes a huir de la ira venidera? Es impresionante porque ellos estaban haciendo una falsa enseñanza, en ese período del Silencio de Dios. Estaban siguiendo las enseñanzas que eran mandamientos de orden y no realmente mandamientos de Dios.

Miqueas por ejemplo, en su profecía, en el capítulo 3 verso 11, habla que Dios está condenando a los líderes religiosos, de la nación, y dice que hasta los sacerdotes enseñaban por precio. La gente a veces dice cosas, enseña cosas aunque no sea lo correcto, pero por dinero. Nosotros como hijos de Dios somos llamados a enseñar la palabra de Dios pero por gracia. Porque les amamos queridos oyentes.

Querido amigo, querida amiga, a mí no me pagan para decirte en esta oportunidad, del gran amor de Dios, del gran poder de Dios. Porque Dios nos ama, porque Dios me salvó por gracia y quiere salvarte por gracia. Jesús amonestó a los oyentes, a los seguidores de él que no endurecieran su corazón, que se volvieran a Dios porque él usa la Palabra de Isaías, cuando dice: este Pueblo de Labios me honra más su corazón está lejos de Dios. Él estaba llamando a la gente a creer en Dios con todo el corazón. Era necesario enseñar a estas ovejas perdidas como dice, en el evangelio: Jesús vino a predicar a Enseñar, porque la gente estaba como ovejas perdidas.

La oveja es un animalito que no se orienta fácilmente como otro tipo de animales. Y dice: las ovejas perdidas. Y desamparadas. Dispersas. Tal fue su enseñanza, la enseñanza de Jesús que hasta sus propios enemigos, se asombraban y daban testimonio, y decían: Señor, sabemos que tú enseñas con verdad y no tienes que cuidarte de Nadie porque enseñas con verdad, el camino de Dios. Esto es asombroso.

La enseñanza era necesaria. Pensamos que también hoy es muy necesaria. Es necesario mi amigo, mi amiga, que te permitas ser enseñado en la Palabra verdadera de Dios. Pero también dice el evangelio, que Jesús predicaba el evangelio del reino. Esta actividad comprende la postura del mensajero divino como postura quien anuncia con voz fuerte un mensaje de parte de Dios, de interés para ese pueblo y exhorta, al pueblo a obedecer las demandas de Dios.

Aunque hay mucha semejanza en la enseñanza y la predicación, y todo predicador debe ser también un buen maestro, pero, en la predicación el predicador también apela a las emociones y a una decisión inmediata. Porque no se trata de postergar el desafío porque la Palabra de Dios le presenta porque el mensaje del evangelio te desafía a entregar tu corazón ahora. Hoy, la Biblia habla del hoy si hoy oyes su voz, no endurezcas tu corazón. La enseñanza apela más, por ejemplo, a la mente. También la predicación presenta certezas, mientras que la enseñanza es una explicación del significado de la certeza.

Jesucristo, en el evangelio de Lucas, nos presenta al evangelista, cuando él, se presenta allí, y lee en el libro de Isaías, y él abre el rollo y lee, una palabra profética 800 años antes de que Jesús Naciera, ya Dios había halado antes a través del profeta, hablando acerca del Mesías, el Espíritu del Señor está sobre mí, por cuando me a ungido para dar buenas nuevas a los pobres, me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos a predicar el año agradable al Señor.

Mis queridos amigos, aquí, la palabra evangelio aquí significa buena noticia. Bueno, aquí el señor dice yo tengo una buena noticia. Y todo el evangelio está lleno de afirmaciones de que Jesús vino con esta noticia, que es buscar y salvar lo que se había perdido. Muchas veces él dice a lo largo de su ministerio que él no vino a buscar a Justo a través de su arrepentimiento sino a pecadores. Los sanos no tienen necesidad de médicos. Sino los enfermos y estas son figuras que él pone para demostrar que todo lo que se reconocen como pecadores tienen la oportunidad de ser sanados y perdonados. Estamos en el tiempo de la gracia hasta que él vuelva.

Sin duda, el diablo quiere degenerar el mensaje, y hay que tener mucho cuidado con esto mis amigos. El apóstol San Pedro, en el día del Pentecostés, dijo realmente, algo tremendo, cuando dice: y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en quien podamos ser salvos, Jesucristo. Mis amigos esta es la buena noticia, acá la tenemos en Lucas, la leímos recién. El Señor vino a buscar, a librar y principalmente me voy a detener un momento más a predicar “el año agradable del Señor”. Este se trataba del año del Jubileo. Cuando se decretaba el año de la libertad total de los esclavos, el perdón de todas las deudas, la recuperación de todos los bienes perdidos a lo largo de 49 años, a nivel personal o familiar.

Yo quiero decirte mi amigo, el Diablo te ha despojado de todo. El Diablo te ha despojado de felicidad, de honor, de moral, de todo lo bueno. Jesucristo quiere declararte el año agradable, ahora si tu te rindes a él, él vino justamente para darte la vida, y vida en abundancia. Aceptarás tú esto? Yo te animo a que tú tomes una decisión por Cristo, le rindas tu vida y reclames de él el perdón y la restauración de una plenitud de vida. Pero tu tienes que arrepentirte dolerte en tu corazón y pedirle que él te salve

El Señor Resucitó

El Señor Resucitó

Autor: Herman Hartwich

El Señor Resucitó! Por qué es que existen tantas especulaciones al respecto? Herman Hartwich nos entrega una meditación más que interesante acerca de este tema que lleva a la duda de muchos


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PE1498 – Estudio Bíblico – El Señor Resucito


 


En donde está el poder que puede tomarnos y transformarnos, ser hijos de Dios y llevar a cabo el propósito eterno de Dios. Aquí está el poder mis amigos, aquí está el poder, nos lo presenta el apóstol San Pablo, en estos versículos que acabo de leer. El poder que operó en Cristo, levantándole de los muertos y sentándole a su Diestra. Entre los lugares celestiales. Es el poder de la resurrección, es el poder disponible, para la realización del cambio de vida. Ese poder está a tu entera disposición si tu lo crees, si tu lo recibes. Hemos dicho en varias oportunidades que cuando los apóstoles hablaban del amor de Dios, señalaban hacia la Cruz.

Porque la muerte de su hijo Jesucristo en la Cruz del calvario es la expresión máxima del amor de Dios. Pero cuando los apóstoles querían hablar acerca del poder de ese poder inconmensurable, ese poder que no se puede medir, el poder de Dios, entonces ellos hablaban de la resurrección. Porque nadie, sino solamente Dios, puede levantar a un muerto de la tumba.

Mis queridos amigos en varias oportunidades he escuchado a personas decirme: mire pastor yo no puedo entregarme a Cristo, todavía porque no puedo dejar de fumar, me decía uno el otro día. Es muy adicto al cigarro y muy adicto a la marihuana, y dice: yo quisiera entregarme a Cristo pero así no puedo. Y yo le dije, no puedes y nunca vas a poder tampoco. Nunca vas a venir a Cristo. Entonces, si tu quieres primero vencer ese vicio, porque tienes que venir tal como estás, él tiene Poder, tú tienes que venir mi amigo, tal como estás, en la condición que te encuentres. No importa, no hay estado tan deplorable, o de tanta esclavitud, o de tanta impotencia, que tú no puedes venir a Jesucristo, para ser libre justamente, justamente ese es el secreto para obtener la victoria, reconocer tu impotencia para cambiar por tus propias fuerzas, por tus propios medios, reconocer que no podrás vencer nunca a aquel que te está dominando. Porque todo aquello que te domina te transforma en Esclavo. De eso, pero tu tienes que venir a Jesucristo así como estás así como estaban las personas venían a Jesucristo. Y él las Limpiaba, las cambiaba. Y ofrecía una nueva oportunidad de vida.

La evidencia de la resurrección de Jesucristo, está en el cambio de tu vida, de tu corazón. Pero no de boca y un cambio externo. Porque muchas veces hay personas que pretenden ser cristianos. Pero en forma externa, lo que nosotros vemos, pero Jesucristo ve lo que hay dentro nuestro.

Dice el Evangelio que Jesús no se fiaba de los hombres porque sabía lo que había en el hombre. Adentro. Él no se maneja por la parte externa. Muchas personas con su boca, al estilo Pueblo Hebreo, en la antigüedad, con su boca me honran, pero su corazón está lejos de mí. Aquí está el poder, el poder para cambiar la vida. El poder para transformarte en un verdadero hijo de Dios. El poder para poder ser libre. Del dominio del pecado y del que te incita, al pecado que es el diablo. Acepta a Jesucristo como tu Señor y salvador.

Reconoce tu impotencia y pídele: Señor, entra a mi vida, y el poder que te levantó de los muertos hoy me levante a mí, Quita señor todo esto que no sirve. Traigo a ti, te lo dejo a ti, te lo entrego todo a ti, hazme un hijo tuyo. Hazme una persona Nueva, dame paz dame amor como tu lo prometes a aquel que viene a ti con sinceridad. Si tu lo haces sinceramente a partir de ese momento, comenzarás a experimentar ese tremendo alivio del perdón y a gozar del verdadero amor de Dios en tu vida. Que Dios te bendiga y haznos saber, de tu decisión por Jesucristo y así oraremos por ti y también te ayudaremos con Literatura Cristiana para tu crecimiento.

La Ley & los Profetas (2ª parte)

La Ley & los Profetas

(2ª parte)

Autor: Marcel Malgo

Como creyentes del nuevo pacto, sabemos que ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Sin embargo, Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Escuchemos el mensaje y descubramos el por qué de esta aparente contradicción.


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PE1497 – Estudio Bíblico – La Ley y los Profetas


 


Les saludo cordialmente estimados amigos oyentes, y les invito a compartir el siguiente punto que es: 

El pensamiento de Dios en la ley

Naturalmente no podemos trasladar cada uno de los mandamientos al tiempo actual. Algunos se refieren específicamente al tiempo en el que los hijos de Israel estuvieron por 40 años en el desierto. Pero hay mandamientos y leyes que tienen mucho para decirnos en nuestra vida práctica, si los leemos en oración y con un corazón abierto. Porque todo lo que leemos en estos mandamientos y en la ley, son pensamientos de Dios.

En Levítico 11:8 por ejemplo, Dios habla sobre el consumo de carne de cerdo:“De la carne de ellos no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto; los tendréis por inmundos”. Hoy sabemos que la carne de cerdo no es muy sana. El libro “Bioenergietherapie” de Keymer/Schmedtmann/Reinhold dice: “La carne de cerdo tiene un alto contenido en grasa. Aun la llamada carne magra de cerdo tiene gran cantidad de grasa, ya que ésta, a diferencia de otros tipos de carne (por ejemplo la oveja o la vaca), también acumula grasa dentro de las células. La carne de cerdo tiene un alto índice de colesterol. La carne de cerdo contiene una proteína que debido a su estructura tiene un alto grado de descomposición. Se pudre muy rápidamente.

Los productos de descomposición que se generan afectan considerablemente al intestino, la linfa, la sangre y los órganos de desecho”. Naturalmente estos estudios siempre hay que analizarlos con cautela. A veces un estudio tiene un determinado resultado, mientras otras veces es diferente. ¡Pero pensemos en la experiencia de Israel en el desierto en relación con la carne de cerdo! ¿Acaso bajo aquel calor abrasador del desierto, sin poder contar con una heladera, la carne de cerdo no se echaría a perder en una hora? ¿Será por eso que el Señor la declaró impura? No quiero hacer de esto una nueva doctrina del Señor acerca de la carne de cerdo. Pero Dios tenía en aquel entonces razones muy particulares para emitir este mandamiento. No debemos pensar ahora que debemos cumplir esta ley diciendo “nunca más comeremos carne de cerdo”. Precisamente, eso estaría mal. Pablo dice en el Nuevo Testamento que podemos comer todo lo que se ofrece en la carnicería (así lo podemos ver en Romanos 14:1 al 6; 1 Corintios 8:8; y Colosenses 2:16). Pero el aspecto saludable detrás de este mandamiento es muy interesante.

En Deuteronomio 22:5 dice Dios el Señor:“No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace”. ¿Qué pensó Dios aquí? Es obvio. Cuando Dios creó a Adán y Eva, los formó “como hombre y mujer”, como dos personas distintas. Y si Dios les comunica a los israelitas a través de Moisés que una mujer no debe vestir ropa de hombre ni un hombre ropa de mujer, quiere decir con eso sencillamente: “¡No lleguen nunca a tal punto que no se note la diferencia!”.

El Señor no creó a dos hombres o dos mujeres, sino a un hombre y a una mujer. También en este caso, el mandamiento no ha perdido su vigencia para nosotros los creyentes neotestamentarios. Nos anima a vivir según la santa voluntad creadora del Señor. ¡Eso no vale solamente para la vestimenta, sino para todo nuestro comportamiento! Vivimos en un tiempo donde si fuera posible se borrarían todos los límites. Los hombres deben hacer lo que las mujeres hacen, y las mujeres aquello que los hombres hacen. Pero esa no es la voluntad de Dios. Él ha creado dos seres completamente diferenciados.

Un último ejemplo. Dice Exodo 20:8:“Acuérdate del día de reposo para santificarlo”. Cuando leo esto sé que Dios pensó en el descanso al dictar este mandamiento. Pensó en un día que debía ser diferente a todos los demás días de la semana. En consecuencia querré guardar un día así. ¡Un día que le pertenece al Señor! No lo hago obligado. ¡Lo hago porque sé que este mandamiento es un pensamiento que sale del corazón de Dios! Lo hago voluntariamente, porque reconozco el pensamiento de Dios detrás de la ley o del mandamiento (y con relación a esto podemos leer Romanos 14:5 y 6).

El siguiente punto es: La bendición de la ley

Hasta hoy, estas palabras de Dios no han perdido su importancia. Por eso podemos decir como el salmista:“¡Oh, cuánto amo yo tu ley!”¿No tenemos un tesoro impresionante en los mandamientos y en la ley del Señor, si los consideramos como pensamientos de nuestro Dios, en “quien no hay variación”? No se trata que debamos cumplirlos todos, pero sí podemos apropiarnos de ellos. Usted será bendecido ricamente si lee la ley y los profetas de esta manera.

Otro punto es que: La ley apunta a transformar a la persona

Pero el Señor también nos advierte con las palabras de Mateo 5:20:“Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. ¿Cuál era un pecado de los fariseos y escribas? ¡Su increíble hipocresía! Así el Señor tuvo que decir acerca de ellos en Mateo 23:27-28:“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad”. ¡Sí, eran expertos en la hipocresía, ya que su religiosidad externa era sumamente minuciosa! Frente a esto escuchamos al Señor decir:“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino…”

Pero no tenían una devoción verdadera, de corazón. ¿Por qué? ¿Cuál era su problema? ¡Eran expertos en todos los mandamientos hasta el más mínimo detalle, pero no permitían que la ley de Dios les mostrara su propio pecado! ¡En vez de eso sobrecargaban al prójimo con más cargas, que no tenían nada que ver con los mandamientos de Dios! Vemos en Lucas 11:46 que Jesús les dijo:“… ¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley! porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis”.

Es una condición muy triste y trágica, ocuparse a diario de la Palabra de Dios y aun así no dejarse corregir. Ése era el problema de los fariseos y escribas. ¡Deberíamos cuestionarnos seriamente cómo estamos nosotros en este tema! Es un hecho que la Palabra de Dios nos refresca, anima y alegra. ¡Pero debemos tener en cuenta que la Palabra de Dios siempre tiene el cometido de cambiarnos! En Hebreos 4:12 dice:“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Los fariseos y escribas en el tiempo de Jesús rechazaban esto. ¡Dirigían la espada del espíritu contra su prójimo, pero nunca contra ellos mismos! Pero precisamente, la vida de los fariseos y escribas era la que tenía que haber sido cambiada por la ley de Dios. ¿Por qué? Porque la conocían. ¡Estaban completamente familiarizados con la Palabra de Dios! Es una tragedia, conocer la Palabra de Dios y no ser cambiado. ¿Cómo se ve esto en nuestra vida? ¿Tenemos trato con la Palabra, pero nos quedamos como estamos? ¡Preocupémonos de que nuestra religiosidad sea mucho “mejor que la de los fariseos y escribas”, permitiendo que la Palabra de Dios, esta espada del espíritu, se dirija contra nosotros!

El próximo punto es: El efecto de la ley

¿Qué produce la ley? Pablo nos lo dice claramente en Romanos 7:7:“¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás”. La ley logra presentar nuestros pecados ante nuestros ojos. Es capaz de señalarnos cosas que no están en orden en nuestra vida. Toda la Palabra de Dios, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, es capaz de advertirnos sobre los pecados. ¡Puede ser especialmente saludable cuando leemos las inequívocas palabras de la ley o somos confrontados por medio de los discursos de juicio de los profetas frente a las demandas de un Dios santo! Porque durante el estudio de estos textos sucede que somos convencidos de la santidad y la justicia de Dios y de nuestro propio estado corrompido.

Cuando somos convencidos por la Palabra de Dios, no debemos intentar mejorar por nuestra propia fuerza. No, con eso sólo intentaríamos cumplir la ley. Más bien deberían obrar en nosotros las palabras de Dios, para que nos veamos tal como Dios nos ve. ¡Y eso debería llevarnos a correr inmediatamente hacia los brazos extendidos de Jesús! Ahí podemos vivir nuevamente una y otra vez lo que escribe Juan en su 1ª carta, cap. 1, vers. 9:“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Y llegamos al último punto, que es: El estudio de la ley

Lea y estudie la ley y los profetas. Eso sólo puede ser enriquecedor para la vida espiritual. En Gálatas 5:13 encontramos una frase crucial de Pablo:“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne…”. ¿Cómo es posible que por la libertad gratuita en Cristo le demos lugar a la carne? Entre otras cosas, porque intencionalmente pasamos por alto la ley y los profetas. Porque los quitamos de nuestras Biblias, le cerramos la puerta al instructor que todos necesitamos. Por eso, quisiera pedirle de todo corazón: ¡dedique siempre el tiempo suficiente a leer los libros de la ley y los textos de los profetas! Tendrá así una idea de cómo Él ve determinadas cosas. No hay mandamiento alguno que Dios haya emitido porque sí. Y a través de eso usted verá el pecado tal como es. Porque recién con el mandamiento “el pecado se convierte en pecado”. Si hace eso, experimentará algo sobre los pensamientos de Dios.

La Ley & los Profetas (1ª parte)

La Ley & los Profetas

(1ª parte)

Autor: Marcel Malgo

Como creyentes del nuevo pacto, sabemos que ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Sin embargo, Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Escuchemos el mensaje y descubramos el por qué de esta aparente contradicción.


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PE1496 – Estudio Bíblico – La Ley y los Profetas


 


Comenzamos hoy con un nuevo tema: La ley y los profetas. Y como introducción al mismo, vamos a leer Mateo 5, 17 al 20. Así dijo Jesús:
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”.

Como creyentes en el nuevo pacto, sabemos que un hombre no puede ser salvo por la ley. En Romanos 3:20 dice claramente:“ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él…”. También sabemos que como iglesia de Jesús no vivimos bajo la ley. No debemos guardar la ley en la forma en que Israel tenía que guardarla en aquel entonces. Romanos 6:14 dice:“… pues no estáis (ya) bajo la ley, sino bajo la gracia”. Sin embargo, vemos en Mateo 5:18, que el Señor dice inequívocamente:“Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley…”. Y en el texto paralelo, en Lucas 16:17, la declaración del Señor es aún más fuerte:“Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley”. ¡Qué declaración más fuerte! Pero, ¿qué es una tilde? Una tilde es un ganchito o rayita en la escritura hebrea, de la forma en que se escribía en el tiempo de Jesús. Es el carácter hebreo más pequeño que existe. A este signo, el más pequeño de todos, se refiere Jesús, y testifica así la absoluta pertenencia de la ley.

En la primera parte de Mateo 5:17 el Señor Jesús dice:“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas…”. En esta expresión nuestro Señor no solamente habla sobre la ley de Moisés y los libros de los profetas. La expresión “la ley o los profetas” es un término que engloba todo el Antiguo Testamento. No dice que sólo la ley de Moisés o los profetas no pueden ser abrogados, sino todo el Antiguo Testamento. Nuestro señor Jesús mismo vivía en esta verdad, citando muchas veces el Antiguo Testamento en sus discursos. ¡Éste de ninguna manera fue abrogado por la existencia del Nuevo Testamento! Hoy al igual que ayer, es palabra santa de Dios.
Veremos ahora como la ley está cumplida – pero las exigencias son rechazadas

¿Cómo debemos reaccionar frente al dicho del Señor Jesús acerca de la “ley o los profetas”? Por un lado ciertamente ya no estamos más bajo la ley:“… pues no estáis (ya) bajo la ley, sino bajo la gracia”. Esto debe decirse y enfatizarse. ¡Pero, por otro lado, el Señor mismo presenta la ley como intocable y le da un valor que no encuentra igual! Recalca con fuertes palabras la importancia de la ley y nos advierte que no la subestimemos. Incluso, debemos “cumplir y enseñar” la ley. ¿Cómo se entiende esto?

Primero quisiera indicar una verdad muy importante: ¡no es cierto que en el Nuevo Testamento se dejen a un lado las leyes y mandamientos! Si fuera así, ¿el escritor e intermediario del nuevo pacto hubiera escrito las palabras de Mateo 5:17 y 18? ¿Realmente el Señor Jesús hubiera dicho eso, si todas las leyes y mandamientos del Antiguo Testamento ya no tuvieran cabida en el nuevo pacto?

En el nuevo pacto realmente se eliminó algo. ¡Pero no fueron la ley y los mandamientos como tales, sino sus exigencias las que fueron quitadas de una vez y para siempre! Esto debemos diferenciarlo claramente. Las leyes en el nuevo pacto ya no nos son impuestas como en el antiguo pacto. ¿Cómo fueron quitadas las exigencias de la ley? Jesús nos lo dijo muy claramente:“… no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Al venir Jesús y cumplir la ley en nuestro lugar, fueron quitadas las exigencias de la misma, que para nosotros eran imposibles de cumplir, ¡para que pudiéramos ser salvos por la fe en Él y por su obra de salvación! Sólo Él podía hacerlo. Pablo lo describe de manera estupenda en Romanos 8:3 y 4:“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”.

¿Cuál fue el error de los gálatas? ¿Que se ocupaban de la ley y los mandamientos por tratarse de la Palabra de Dios? ¡No! Su error fue que querían ser nuevamente justificados por la ley, a pesar de conocer a Cristo. Eso fue tan fatal, que Pablo les escribió lo siguiente:“De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído”(así lo leemos en Gálatas 5:4). Permítanos diferenciarlo claramente: Pablo no condenó la ley y los mandamientos. ¡Condenó el mal manejo de la ley! No era la ley la que guiaba mal a los gálatas, sino que eran los mismos gálatas quienes manejaban la ley de forma incorrecta.

La ley de Dios, es un regalo perfecto

¿Quién, en realidad, dictó la ley y los mandamientos? ¿Moisés? No, ¡Dios, el Señor mismo! Si Dios hizo las leyes y los mandamientos, entonces era porque tenía un propósito. Nació de su corazón. Santiago 1:17 dice:“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. ¡Todo lo que viene de Dios es perfecto! También la ley es un regalo perfecto que vino desde arriba, ¡“del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”! Pero eso no nos puede hacer perfectos a nosotros. Pablo también dice el por qué en Romanos 8:3:“… por cuanto era débil por la carne…”. No somos capaces de cumplir la ley. ¡Pero eso no perjudica la verdad de que la ley fue creada por un Dios que sólo crea cosas perfectas! Por eso la ley y los mandamientos tienen aún hoy un propósito. Nos transmiten los pensamientos de Dios con relación a las diferentes situaciones y aspectos de la vida, y Jesús los resume en Mateo 22:36 al 40, lo que para nosotros los creyentes es la guía del nuevo pacto.

En una explicación del Sermón del Monte de Jesús, la Biblia de Estudio Scofield dice: “Aunque la ley expresada en el Sermón del Monte tampoco puede salvar a los pecadores, y los salvos en el tiempo actual no están bajo la ley, de cualquier manera, tanto la ley mosaica como el Sermón del Monte son parte de la Palabra Santa, la cual es inspirada por Dios y para los salvos es ‘útil para enseñar, redargüir, corregir, (y) para instruir en justicia’ (como dice 2 Timoteo 3:16)”. Con eso, tenemos la respuesta a la pregunta sobre el significado que tiene la ley para los creyentes del Nuevo Testamento. También en nuestro tiempo actual podemos “cumplir y enseñar el mandamiento más pequeño”, para así “¡ser llamados grandes en el cielo!” (como las palabras que se mencionan en Mateo 5:19). Nosotros lo “cumplimos y enseñamos”, ocupándonos abundantemente de los valores de la ley, para así “enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia”.

Nuestro gran Dios “no tiene variación”. El Dios que en aquel entonces dictó las leyes y mandamientos a través de Moisés, ¡no ha cambiado su forma de pensar! El único y gran cambio en relación a la ley sucedió a nuestro favor. Porque nosotros demostramos ser incapaces de cumplirla. Por eso, Dios vio que era necesario enviar a su hijo Jesucristo, para cumplir la ley en nuestro lugar.

También podemos experimentar el gozo de la ley

No debemos aferrarnos en forma esclavizante a la letra de la ley. ¡Más bien debemos descubrir y apropiarnos del sentido ético, moral y también espiritual de los mandamientos del Señor! Quien comprenda eso, experimentará un gran gozo con relación a la ley y a todo el Antiguo Testamento. Sí, se alegrará como David, que en el Salmo 119:97 dijo:“¡Oh, cuánto amo yo tu ley!”. Leamos los mandamientos y las leyes con un espíritu escudriñador: “Padre, ¿cómo lo veías en aquel entonces? ¿Qué piensas sobre esto o aquello?” ¡Eso trae un gozo inimaginable al corazón!