PE-2786 | Autor: Esteban Beitze
Seguir la guía del Señor requiere fe en sus promesas. La guía del Señor es como manejar un auto: si estoy parado, me costará girar. Pero al ponerlo en movimiento, puedo girar fácilmente. Dios pide que nos movamos siguiendo sus instrucciones.
