Trabajo en Haití (2ª parte)

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Continuamos conversando con María Cabral acerca de su ministerio como misionera en Haití. Te invitamos a conocer más de su testimonio y acerca de la vida de Andrés, un niño que llegó al orfanato y cambió el rumbo de su vida.


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EA 1213 – Entre Amigas – Trabajo en Haití (2ª parte)



Entrevista a María Cabral

Victoria: Las saludamos y les damos la bienvenida a un nuevo programa de Entre Amigas. Gracias por estar con nosotros. Hoy vamos a seguir conversando con María Cabral, misionera en Haití.

 

María: ¡Hola, chicas! Es un placer compartir con ustedes nuevamente.

 

Victoria: Hoy vamos a estar hablando de un personaje importante en tu vida, que es Andrés. ¿Quién es Andrés?

 

María: Bueno, Andrés es mi hijo. Es un niño haitiano que Dios me ha dado el privilegio de poder ser su mamá. Ahora tiene 5 años, es mi tesorito hermoso, mi chocolate, como le digo.

 

Victoria: ¿Cómo llega Andrés a tu vida?

 

María: Bueno, como les compartía en el programa anterior, yo estuve sirviendo en un orfanato. Y Andrés llegó a este orfanato. El tema fue que como yo soy enfermera, Dios me ha dado la gracia de poder conocer directores de varios hospitales, enfermeros y médicos, porque es un área que me gusta mucho. Hubo un momento en el que la directora de un hospital me llamó para decirme que había un papá que necesitaba ayuda con su hijo. Recuerdo que yo fui a ver al papá que estaba con el niño en el hospital, y cuando lo vi fue muy difícil, porque Andrés tenía 6 meses y pesaba 2,900kg. Él estaba desnutrido, en una situación muy difícil. Recuerdo que hablé con la directora del orfanato en ese momento, y nosotros no teníamos la capacidad de recibirlo en ese momento porque no teníamos voluntarios, y yo ya tenía otros niños que cuidar. En el fondo a mí me costó mucho, porque sabía que no tenía más tiempo para ayudar a otro niño, pero sabía que si no recibíamos a ese niño se iba a morir. Pero el papá, por ejemplo, no tenía el acta de nacimiento del niño, le preguntamos por la mamá y dijo que la mamá lo había abandonado y no tenía nombre. Entonces nosotros le pusimos Andrés, como uno de los primeros discípulos de Jesús.

Entonces bueno, Andrés fue recibido en el orfanato, se quedó bajo mi cuidado, en mi cuarto con todo lo que necesitaba, era un niño muy frágil, como te decía, pesaba 2,900kg a los 6 meses. A la semana de estar conmigo lo llevé al pediatra, y ella me dijo “mira, según el protocolo del hospital hay que dejarlo hospitalizado porque él está con desnutrición severa. Hay que tenerlo bajo cuidado y hacerle exámenes para ver si no tiene alguna otra enfermedad”. Y entonces descubrimos que aparte de la desnutrición severa que tenía, también tenía tuberculosis. Entonces comenzó un proceso de un año de tratamiento, estuvimos un mes hospitalizados hasta que Andrés pudiera aumentar de peso, le empezaron a dar leche con fórmula, Andrés vomitaba, porque no estaba acostumbrado a tomar leche, entonces fue un proceso bastante difícil. Y en ese período del hospital se despertó en mí ese amor de mamá hacia él, ese no quererme despegar más de él, esa protección, el saber que era mi hijo. El verlo sufrir, tener que bañarlo, tener que cuidarlo, para mí era mi chiquitito, mi bebé.

Pero claro, primero, él estaba en un orfanato, y segundo, él tenía un papá. Entonces fue muy difícil la situación. Yo seguía siendo su cuidadora, pero dentro mío para mí era mi hijo. Entonces empecé a orar mucho.

A los 7 meses Andrés ya pesaba 5 kg, y entre los 7 y 8 meses empezó a poder sentarse, porque él no podía hacerlo antes. Pero reamente empezó un proceso en nuestra vida, porque cuando él tenía un año y medio, su papá había aparecido una vez sola en el orfanato, y yo decidí irme del orfanato y trabajar con los niños de la calle. Entonces claro, yo no me lo podía llevar del orfanato, pero no podía dejarlo. Y así comenzó un proceso muy difícil en el que busqué a su papá, le pedí autorización para que él lo sacara del orfanato, porque solo él podía, y pedirle si me lo quería dar a mi directamente en lugar de dejarlo en el orfanato. Entonces imagínate, estar muy apegada a él y él muy apegado a mí, y pasar 3 meses sin estar juntos, y sin saber qué iba a pasar.

Después de varias idas y vueltas su papá fue al orfanato y me dio al Andresito. Y ahí empezamos una vida juntos, pero todavía no era mi hijo legalmente, porque él tenía papás. Su mamá nunca la conocí. Lo único que conozco es su nombre porque está en el acta de nacimiento. Y a su papá hace muchos años ya que no lo veo. Lo único que sé es que su mamá lo abandonó, y había todo un tema familiar muy complejo.

 

Victoria: Sí, y todo esto tiene que ver con el contexto en el que te encontrás, y quizás para algunos de nosotros suena raro, o pensamos ¿cómo no se va a poder averiguar? O ¿cómo no se va a poder saber? Pero hay cosas que realmente no se tienen en un control. Vivimos muy apegados a los sistemas que tenemos en nuestros países y quizás no nos imaginamos la realidad que hay por fuera de esos sistemas. Pero son personas que hay que alcanzar y de todas formas ahí había un Andresito.

 

María: Claro, aquí en Haití no hay la tecnología que hay en Uruguay. Aquí la gente sigue usando el papel a mano, entonces es muy difícil localizar a alguien. Después me tocó hacer una denuncia de abandono delante del juez, tratando de hacerlo legal. Porque aquí es muy común que los haitianos te quieran dar niños, porque los padres tienen muchos hijos, pero no pueden criar a ninguno. Por eso hay tantos niños haitianos en pobreza, en desnutrición, porque realmente no tienen la condición de poder sustentar a los niños. Entonces claro, Haití no tiene esa tecnología para poder localizar a una persona.

 

Victoria: ¡Qué impresionante! Que en todo esto, ustedes lograron encontrarse. Incluso pensando en el padre, que tuvo esa primera acción de llevarlo al hospital y de volver a llevarle el acta, esas cosas, dentro de toda la realidad que se vive, muestra que a veces los padres realmente hacen lo que pueden.

 

María: Sí, Andrés ahora tiene 5 años. Y yo siempre le hablé con la verdad. Siempre le dije que él tiene un papá y que tiene otra mamá, porque evidentemente él me ha preguntado si nació de mi panza, o por qué yo tengo un color y él otro. Y yo le hablo las cosas claras porque no quiero que eso genere una herida en él en el futuro. Yo le pedí consejo a otras madres. El año pasado encontré a una esposa de un pastor que tenía dos hijos adoptivos en República Dominicana. Ella siempre me decía “trata de que sea una charla diaria, que no sea algo de un día”.

 

Victoria: Entonces hablamos, María de cómo se fueron dando las cosas, no solo en cuanto al afecto que sintieron entre ustedes, sino también cómo Dios fue confirmando que Andrés tenía que estar contigo. Qué importancia la dependencia en el día a día del Señor para poder cuidar el corazón de Andrés, para poder hablarle del Señor. Y qué importante que es eso que decías de pedir consejo.

 

María: Sí, claro. Para mí es un tema nuevo, cómo ser mamá, como hablarlo con él, porque obviamente uno jamás va a querer dañar su corazón, pero claro, él tiene una mamá extranjera, tiene una mamá blanca, entonces si yo no le hablo las cosas claras a mi hijo, va a llegar un punto en el que se va a dar cuenta. Entonces yo siempre he tratado de en las noches orar por él, que él ore por su papá y por su mamá, y yo le digo que su papá lo ama, porque él buscó una mejor opción para él, que era ir a un lugar donde lo pudieran cuidar y amar, y ahí estaba mamá. Entonces yo le digo que tiene una gran bendición: va a tener dos papás, el día en el que me case, y dos mamás. Yo siempre trato de inculcarle eso a él. Y para mí es algo muy lindo, que lo he aprendido en el camino, porque yo tenía mucho temor de decírselo, de cómo decírselo. Pero Dios ha sido tan bueno y tan perfecto en eso que las cosas se han ido dando poco a poco.

Ahora nosotros hablamos del tema de forma muy natural. Yo creo que eso es importante, es sanador saber de dónde vino. La verdad, en ningún momento eso me pone mal, porque primero, yo elegí ser su mamá. Segundo, él no es propiedad mía, sino que es de Dios, y si Dios me ha permitido tenerlo, Dios sabe cómo hacerlo. Mi deber es amarlo, cuidarlo, protegerlo y brindarle todo lo que necesite e instruirlo en los caminos de Dios. El resto lo hace Dios como quiera. Nosotros estamos discipulado a nuestros hijos, que no son nuestros, son del Señor. Dios los ha puesto en nuestro camino simplemente para poder instruirlos. Entonces hay gente que me pregunta “¿y si después te deja?” me va a doler, claro, pero yo soy muy consciente que le di lo mejor que pude, le di todo el amor que necesitaba y Dios me usó para no dejarlo morir. Eso para mí es suficiente.

Para mí es algo hermoso tener a Andrés.

 

Victoria: Me imagino, y me imagino el cambio que debe haber significado para tu vida. Me gustaría, para ir cerrando, que pudieras decirnos cómo orar por las necesidades de los niños. Nos contaste que trabajás también por los niños en situación de calle. ¿Cómo podemos orar por ellos? ¿Cuáles son las necesidades? ¿Cómo podemos colaborar? ¿Qué cosas se necesitan?

 

María: Una de las cosas principales para orar es para que los niños a los que nosotros les compartimos el evangelio puedan crecer en base a la libertad de Cristo. Que puedan crecer conociendo y teniendo una relación con Dios, no en base a la religión, no en base a una ley, sino en base a lo que Dios realmente quiere. Que la Palabra de Dios les haga libres de todo velo, de toda religión. Nosotros creemos que invertir en la vida de los niños es invertir en un nuevo Haití. Entonces eso, que Cristo los haga nuevos realmente en su mente, en sus corazones, que Dios nos de la gracia para poder ganar los corazones de los niños, para poder contagiarles del amor de Cristo, y que la semilla caiga en buena tierra y a su tiempo dé su fruto. Ese es nuestro anhelo. Más allá de las cosas materiales que podamos anhelar, no hay nada más importante que un niño pueda crecer conociendo a Cristo para tener una nueva oportunidad de vivir y un nuevo camino a seguir, diferente al de sus padres y sus abuelos.

Nosotros ahora trabajamos en el proyecto de educación que es un tema muy difícil aquí en Haití. No todos tienen la posibilidad de estudiar porque aquí no hay escuelas públicas, es todo privado. Entonces nosotros durante todo el año trabajamos, buscamos recursos, buscamos apoyo económico para que podamos pagarle el año escolar, los uniformes, los libros, todo lo que necesiten para poder estudiar. Son muchos niños y por niños son 500 USD, entonces esa es la necesidad principal.

Lo otro son las Biblias, aquí en Haití las Biblias son muy caras, cuestan alrededor de 25 USD cada una, porque las necesitamos en el idioma creole. Esas son las dos necesidades más urgentes con respecto a los niños.

 

Victoria: Bueno, María, ha sido una bendición hablar contigo, y conocerte. Qué bueno que estés ahí, que bueno que el Señor te dirigió a estar, que bueno que estés compartiendo tu vida con otros y haciendo la vida significativa, porque al ellos tener una relación con el Señor su vida va a cambiar, y si Dios lo permite, van a poder compartir eso con sus hijos, con sus familias, con otras personas que estén a su alrededor. Así que ha sido un gusto. Te agradezco por estos minutos.

 

María: Muchas gracias a ustedes, que Dios las bendiga mucho. No se olviden de que Dios las ama, que Dios les quiere dar la libertad de Cristo. Para mi ha sido un gusto poder compartir este tiempo con ustedes.

 

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