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Autor: Esteban Beitze

Continuamos estudiando las habilidades que Josué aprendió, mientras era preparado por Dios para tomar la tarea de liderazgo que se le confió.


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PE3112 – Josué (10ª parte)



La percepción de Dios

Uno de los grandes desafíos para la mayoría de las iglesias u obras del Señor en general, es lograr tener un liderazgo idóneo. Continuamente se oye de líderes que fallan, que no lideran en forma bíblica, que se consumen en celos ministeriales con otros y muchas cosas más. Lamentablemente, muchas veces ni siquiera se logra encontrar las personas correctas para estas tareas, y las obras languidecen o se destruyen en peleas internas.

Otro problema es que muchas veces también se falla en la formación de la futura generación de líderes. Los que están son muy celosos de su puesto, y no consideran ni preparan a otros para acompañarlos e instruirlos para delegarles la tarea.

Estamos estudiando la historia de Josué, como llegó a ser el líder del pueblo de Israel. ¿Qué tuvo que aprender para que Dios lo considerar útil para esta tarea? Vamos a observar que…

APRENDIÓ TENER LA PERCEPCIÓN DE DIOS

En cierto momento del peregrinaje por el desierto, después de reiteradas quejas y rebeliones del pueblo por diferentes motivos Moisés se cansó del pueblo. Entre sus reclamos se encontraba el punto que ya estaban cansados del maná el cual Dios les daba en forma milagrosa cada mañana. Querían carne. Dice: “Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne! Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos (Nm.11:4-6). Moisés estaba saturado. La carga se había hecha demasiado pesada. “Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres? ¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí, diciendo: Danos carne que comamos. No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal” (Nm.11:11-15).  Allí Dios le ordena que junte a 70 ancianos, aquellos que ya se habían destacado de en medio del pueblo por su labor, para que lo acompañaran. Éstos se juntaron, exceptuando dos que se habían quedado en el campamento. La función de estos ancianos sería de acuerdo a las palabras de Dios: “…y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo” (Nm.11:17b).

¡Qué bendición y que alivio fueron estas palabras para Moisés! ¡Al fin la carga iba a ser compartida; ya no estaría sólo al frente con todos los temas que le incumbían resolver! Y para confirmación de la investidura de estos colaboradores “…Jehová descendió en la nube, y le habló; y tomó del espíritu que estaba en él, y lo puso en los setenta varones ancianos; y cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron (Nm.11:25). Ellos fueron llenos del Espíritu de Dios. Pero la historia sigue. “Y habían quedado en el campamento dos varones, llamados el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu; estaban éstos entre los inscritos, pero no habían venido al tabernáculo; y profetizaron en el campamento. Y corrió un joven y dio aviso a Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campamento. Entonces respondió Josué hijo de Nun, ayudante de Moisés, uno de sus jóvenes, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos. Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos” (Nm.11:26-29).

¿Qué tuvo que aprender Moisés y con él Josué de este evento?

La pluralidad en el liderazgo de la obra

1) No conviene el liderazgo solitario.

Se había vuelto claramente visible que la tarea y sobre todo las rebeliones del pueblo a Moisés lo habían saturado en su labor. Ya no aguantaba más. Ya no era conveniente que él sólo llevara la carga. Por esto Dios le señala que levante 70 ancianos que colaboren en esta ardua tarea. Josué aprendió esta lección. Al final de la vida de Josué vemos que también había implementado un liderazgo múltiple. Dice: “Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todas las obras que Jehová había hecho por Israel” (Jos.24:31). Es evidente que Josué levantó ancianos responsables para colaborar en el liderazgo.

 

Dios utiliza individuos para levantar obras, llevar su Palabra a rincones distantes. Pero existe un principio bíblico y es que siempre se requiere de apoyo, de comunión, de trabajo en conjunto y, sobre todo, a medida que la obra crezca, también pluralidad en el liderazgo.

Así también lo vemos en el NT. Después de que muchas personas se convirtieran por los mensajes del apóstol Pablo, al pasar otra vez por las ciudades donde se habían formado grupos de creyentes, levantaba ancianos en cada iglesia. Dice en Hechos 14:23 “Y constituyeron ancianos (tengamos en cuenta el plural) en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído”. A su vez Pablo encomienda a Tito “Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos (otra vez en plural) en cada ciudad…” (Tit.1:5).

 

2) Hay que orar por implementación, renovación o aumento del liderazgo.

Moisés hizo lo único correcto en esta situación. En vez de lamentarse por los rincones, quejarse con otros por la dura tarea que tenía que llevar a cabo, o peor, dejar la obra que Dios le había encomendado, buscó a Dios y le manifiesta toda su decepción y cansancio. Allí Dios interviene y le muestra que la solución estaba en buscarse compañeros para la labor.

 

3) El nuevo liderazgo no se elige, se reconoce.

Dios le dijo a Moisés: “…Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo” (Nm.11:16,17).

Lo llamativo del caso era que ya había personas que se habían destacado de antemano. Moisés simplemente los tenía que reconocer e involucrar en la obra. Josué más tarde, cuando él mismo ya estaba ocupando el puesto de líder del pueblo, aplica estos conceptos, dándole lugar a Caleb, un hombre muy capacitado, en liderar al pueblo en la conquista, el cual a su vez también había aprendido esta lección, dándole lugar a los más jóvenes.

 

A mi entender, éste principio también sigue siendo válido para nuestros tiempos. Dios, en el tiempo justo ya tiene preparados aquellos que deben involucrarse en el liderazgo de su obra. Dios los va preparando de antemano. No hay que hacer una búsqueda desesperada de ellos, sino reconocer a aquellos que Dios ya ha ido formando, que se han dejado involucrar en la obra y le sirven a Dios con temor, fidelidad y humildad.

 

La diversidad en la obra

Pero Josué tuvo que aprender otra lección más. Dos de los ancianos convocados habían quedado en el campamento y también ellos de repente estaban profetizando llenos del Espíritu. De alguna forma Josué vio puesto en peligro el liderazgo de Moisés, si hubiera otros que estaban profetizando lejos de su amado líder. Le pidió a Moisés que se los impidiera. Pero con humilde altura Moisés contesta: “¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos” (Nm.11:29). Josué pudo aprender en primer lugar, que Dios utiliza a diferentes personas en diferentes lugares y de diferente forma. Por otro lado, aprendió a verlos no como una competencia o que le fueran a usurpar el puesto.

Algo similar le pasó al apóstol Juan. En un contexto de discusión de quién sería el mayor entre ellos, Juan le dice al Señor: “Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. Jesús le dijo: no se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es”. (Lc.9:49,50).

Es bien claro que Dios tiene sus siervos en diferentes lugares sirviéndole de forma variada, pero todos forman parte de su cuerpo. Aún en el liderazgo local, es de esperar que haya diferencias y hermanos con capacidades y características diferentes. Pero esto, en vez de frenar, debería enriquecer la obra mientras tanto sean espirituales y se dejen guiar por el Espíritu a la unanimidad. La diversidad en la obra no sólo es normal, sino que también necesaria. Mientras tanto no vaya contra claros principios bíblicos, aceptemos a los hermanos como son. Tenemos que aprender que la obra del Señor es multifacética. No sólo valen o hacen lo correcto los que piensan como nosotros o están en nuestro grupo. El Señor tiene a los suyos en muchas áreas, que le sirven de formas muy variadas, con sus diferentes formas de ser. De última, cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas de lo que haya hecho o dejado de hacer (2Co.5:10).

1 Comment

  1. Nancy fandiño dice:

    Gracias por su desel de servir a Dios enseñando ka Santa Palabra Dios es bueno y usa a quién se deja usar y tiene un corazón dispuesto para Él, dónde Él Pone su Poder y su Gracia y misericordia . Pero hoy día si hace falta hombres y mujeres comprometidos que no hagan las cosas basados en si mismos se necesita humildas mansedumbre y saber desempeñarse dentro del cuerpo de Cristo no para ser vistos por ojo humano sino sabiéndo que debe hacerlo vómo para Dios . Gracias como dice usted cada cuál es llanado hacer su tarea bién sea dentro o fuera de la congregación. Cuenta daremis a Dios. Gracias por su ministerio para mi son bendición.Diis les bendiga y guarde La Gloria a Dios .

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