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Autor: Esteban Beitze

Este estudio tiene como objetivo ver la importancia de la colaboración para la tarea en el plan de Dios para el Pueblo, camino a la Tierra Prometida. Ninguno de ellos era el protagonista. Sino el Señor en ellos.


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PE3105 – Josué: La colaboración (3ª parte)



La colaboración

Empezamos a estudiar la historia de Josué. ¿Por qué Dios lo pudo poner al frente de todo el pueblo después de la muerte de Moisés? ¿Qué lecciones tuvo que aprender? ¿Qué lecciones tenemos que aprender nosotros para que Dios nos pueda utilizar en forma apropiada en Su obra?

Empezamos a analizar la lección de aprender a trabajar en equipo.

En cierto momento del peregrinaje de Israel en el desierto, de repente fueron atacados por enemigos. Estos eran los amalecitas. Entonces Moisés ordenó a Josué: “Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” (Ex.17:9-14).

En la audición pasada vimos dos formas diferentes de estar actuando. Analizamos la importancia de Josué y los soldados enfrentando los enemigos. De mientras Moisés estaba intercediendo sobre el collado.

Entonces tenemos el grupo de los que enfrentan.

También el grupo que intercede. Hoy le sumamos otro grupo de personas para este servicio conjunto para lograr la victoria:

 

  • Aarón y Hur – apoyando (v.12)

Aaron era el hermano mayor de Moisés, elegido luego para ser el sumo sacerdote. Hur, de acuerdo a los escritos del antiguo historiador Josefo, era el esposo de María, la hermana de Moisés y Aarón, por lo tanto, cuñado de Moisés.

Vemos que las manos de Moisés desfallecían. Cada vez que esto sucedía, vencía el enemigo, pero cuando levantaba las manos vencía Israel. Por esta razón estos dos hombres empezaron a sostener las manos hasta el atardecer con lo cual se pudo tener una victoria total sobre el enemigo.

Es llamativo que Moisés había llevado estos hombres consigo. Quizás ya anticipaba que iba a necesitar su ayuda o que necesitaba su compañía en esta lucha.

 

Vemos lo importante que es la comunión en oración, la comunión frente a la lucha y el sostén en la obra. Para cada actividad que se realiza se necesitan manos dispuestas a colaborar a sostener. Esto se puede hacer de infinitas formas. La cuestión es si estamos dispuestos a que nuestras manos puedan ser de utilidad en la obra del Señor.

Todos necesitamos el apoyo de otros y también debemos servir a otros. Quizás el apoyo de otros ni lo tengamos en cuenta, pero es vital para nosotros.

Carlos era un piloto de la fuerza aérea argentina que había combatido en la triste guerra de las Malvinas. Después de varias misiones, un día su avión fue derribado por un misil. Él se pudo salvar tirándose en paracaídas, pero cayó en manos de los ingleses. Después de salir del cautiverio se ocupaba de dar charlas acerca de este evento y sus experiencias en cautiverio. Un día, en un restaurante un hombre se le acercó y le dijo: “Usted es Carlos y lo derribaron en Malvinas, ¿verdad? Carlos le contestó asombrado: “Sí, ¿cómo lo sabe? El otro le contesta: “Yo era el que enrollaba su paracaídas. Le funcionó, ¿verdad? A esto Carlos responde afirmativamente porque de lo contrario no estaría allí. La siguiente noche Carlos no puede dormir y piensa en este hombre. Cuántas veces había visto a este sencillo marinero, pero como arrogante piloto que era, ni una vez lo había saludado. Pensó en las horas que estaría encerrado en un hangar enrollando los hilos de paracaídas que luego usarían alguno de los pilotos. Sus vidas dependían de un trabajo bien hecho. Desde este día comienza sus charlas preguntando: “¿Quién dobló tu paracaídas?”

Todos necesitamos hermanos que nos apoyen. Quizás en lo oculto están doblando sus rodillas a favor nuestro, elevando hilos de plegarias al cielo para que nuestra vida esté bien. Quizás hay hermanos alrededor nuestro que hacen pequeñas tareas en la obra, los cuales quizás nadie tenga presente ni reconozca, pero si las dejaran de hacer, nos complicaría mucho nuestra vida o servicio. Pero puede ser también, que tú eres uno de estos hombres invisibles que hacen posible un ministerio bendecido de otros apoyando u orando por ellos. ¡No dejes de enrollar el paracaídas con paciencia y fidelidad! La obra de Dios puede crecer y el nombre del Señor será glorificado. No importa si te tienen en cuenta o no; ¡sigue cumpliendo tu labor! Y puede ser que “tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

¡Qué alivio fue para Moisés sentir las manos de Aarón y Hur apoyando las suyas! Esto es lo que necesita la obra del Señor. Pero la triste realidad muchas veces es que, en vez de apoyar, estos “Aarones” y “Hures” todavía se cuelgan de los brazos del líder, ocasionándole más peso que alivio, más problemas que ayuda. ¿En qué grupo te encuentras? ¿Eres de los que sólo critican o de los que apoyan, respetan y oran por los líderes? Quizás la obra de Dios se encuentre frenada por la falta de tu aporte. No todos pueden ser Moisés. Tampoco todos podrán estar en el servicio activo como Josué y los soldados, pero siempre habrá un lugar en la cumbre para apoyar, sostener e interceder. ¡Es hora de levantarse, de ponerse firme en la obra e involucrarse para la gloria de Dios! Dios quiere dar una gran victoria.

 

Hemos visto que en esta historia aparecen 3 grupos de personas, que a su vez realizan 3 acciones diferentes. Pero las 3 juntas son las que en definitiva llevan al éxito, a la victoria, a la bendición. Exactamente lo mismo sucede en la obra de Dios. Alguien acuñó la conocida frase: “La obra de Dios se hace con los pies de los que van, con las rodillas de los que oran y con las manos que ofrendan”. Están aquellos que van al frente, al combate directo con el enemigo. Son los que van a la vanguardia, quizás la cara visible de la acción. Pero, ¿Lograron ellos solos la victoria? No. Ahora pasemos al grupo siguiente: Moisés. Él estaba intercediendo y colaboró decisivamente para la victoria. Pero, ¿fue él sólo que logró la victoria? Evidentemente no. Le tenemos que añadir el tercer componente, que fueron Aarón y Hur que sostuvieron las manos de Moisés. Por sí solos estos dos tampoco lograron la victoria.

Recién con la unión de estos tres grupos, Dios pudo dar la victoria.

Una vez vi un programa de National Geographic en el cual presentaban la vida de los ratones o ratas topo. Son como unos ratones, pero feos, si pelo y con grandes dientes y garras. Viven bajo tierra en madrigueras con muchos túneles. Como tenían puestas cámaras por diferentes lugares, en un momento se ve como una serpiente entra por uno de estos túneles. Evidentemente se quería buscar su almuerzo. Uno de estos ratones venía por este túnel. Cuando vio la serpiente, salió corriendo al nido principal. El revuelo que se armó allí fue fenomenal. Todos buscaron ponerse en seguridad. Pero tres de los ratones hicieron algo diferente. Corrieron en dirección a la serpiente y allí se pusieron los tres apretados uno contra el otro con las garras para adelante ocupando todo el espacio del túnel. La serpiente llegó allí, pero no pudo hacer nada. Frente a ella sólo había garras. Así tuvo que irse. La unidad de estos débiles animales les hizo lograr la victoria.

Ahora bien, volviendo a nuestra historia, luego de esta victoria, ¿alguien se pudo adjudicar el mérito de la victoria? ¿Podría Josué decir, que fue por su capacidad de estratega militar que ganaron? ¿Podría Moisés alardear con su intercesión? ¿Podrían Aarón y Hur resaltar su actuar? No, no y no. Definitivamente fue algo en conjunto. Tenemos que aprender de una buena vez, que en la obra de Dios no funcionan los “llaneros solitarios”. Sin trabajo en equipo la obra del Señor no va a avanzar.

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