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Para que Dios pueda utilizar una persona en gran manera, tienen que darse una serie de cambios imprescindibles. Por medio de este estudio, estamos aprendiendo lecciones que son necesarias para que el Señor pueda utilizar al creyente en forma eficaz en Su obra.
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Cambiado por Dios
Para que Dios pueda utilizar una persona en gran manera, tienen que darse una serie de cambios imprescindibles. Estamos desarrollando una serie de estudios sobre la vida de Josué, y cómo Dios lo fue preparando para ocupar el lugar de mayor responsabilidad dentro de Su pueblo. Por medio de este estudio, estamos aprendiendo lecciones que son necesarias para que el Señor pueda utilizar al creyente en forma eficaz en Su obra. Josué…
APRENDIÓ QUE TENÍA QUE SER CAMBIADO POR DIOS
Hubo un momento inolvidable en la vida de Josué. Esto fue en relación del cambio de su nombre. Israel ya se encontraba en los límites de la tierra prometida. Pareciera que ya había llegado al fin su estadía en el desierto y al fin iba a ocupar la tierra tan anhelada. Pero en esta oportunidad, el pueblo le pide a Moisés que envíe a espías para investigar como era la tierra y también sus habitantes. Eligen a doce, uno de cada tribu. Entre estos hombres se encontraba “De la tribu de Efraín, Oseas hijo de Nun” (Nm13:8). Pero al finalizar el nombramiento de estos hombres, Moisés cambia este nombre: “Estos son los nombres de los varones que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oseas hijo de Nun le puso Moisés el nombre de Josué” (Nm.13:16). Es interesante observar algo que le sucedió a Josué. En realidad, sus padres le habían puesto por nombre Oseas. Pero en este momento su nombre fue cambiado. Tengamos presente que esto sucedió justamente antes de recorrer la tierra de la promesa, la cual todavía se encontraba bajo el dominio enemigo. Allí Moisés cambió su nombre Oseas por el de Josué.
En el mundo semítico de la época, se les daba una gran importancia a los nombres. Los significados de los nombres expresaban deseos de los padres acerca de sus hijos, reflejaban algo de la situación política, revelaban problemas sociales, servían de ejemplos, tenían una connotación religiosa o daban a conocer una nueva función que iba a cumplir. Por esta razón, cuando se daba un cambio de nombre, esto tenía una importancia relevante. En algunos casos el cambio de nombre significaba dominio o autoridad sobre la persona como lo solían hacer reyes cuando conquistaban a otros. También quería mostrar una situación especial, etc.
El nombre Oseas significa “salvación”. A este nombre Moisés le antepuso una forma abreviada de Yavé (el Dios del pacto). De modo que Josué significa, “Dios es salvación”. Nun, el padre de Josué había vivido como esclavo en la tierra de Egipto. Lo que más deseaba sin lugar a dudas era la salvación de esta opresión. Él anhelaba la salvación personal y la del pueblo entero de las garras de Faraón. Por esto le pone “Salvación” por nombre a su hijo. Pero más tarde, después de ya haber sido salvados por Dios de la esclavitud egipcia y frente al tremendo desafío de espiar y conquistar la tierra, el nombre de Oseas es cambiado por el de Josué. Moisés sabía que sólo en Dios estaba la salvación. No alcanzaba el deseo de un hombre, se necesitaba la intervención de Dios mismo.
Quizás Josué ya lo había aprendido o fue este hecho el que se lo enseñó que no habría victoria, éxito o bendición basado en el simple deseo humano. No habría posibilidad de éxito frente a un enemigo inmensamente superior en todas las áreas sin la presencia del Señor. No alcanzaba con desear y aún planificar con lujo de detalles todo lo que habría que hacer para conquistar la tierra, si el Señor no les daba la salvación. Con el cambio de nombre, Moisés se lo quería transmitir a los 12 espías, al pueblo entero y a Josué en particular. Ellos necesitarían al Dios que salva. ¿Salvar de qué o para qué? Necesitaban al Dios que los salvaba de los peligros al espiar la tierra de Canaán; que salvara al pueblo de perecer en el desierto y consumara la salvación al darles la tierra prometida.
Un cambio fundamental
Tenemos que hablar de un cambio, sin el cual todo lo demás no tiene sentido. De hecho, es el punto de partida de lo demás. Esto vale para cada persona en este mundo. No alcanza la intención humana de ser otra persona o lograr la salvación personal. No alcanzan las buenas obras. No alcanza ser una buena persona. No alcanza con profesar tal o cual religión. No alcanza visitar la iglesia con frecuencia. No existe nada que el ser humano pueda hacer para lograr su salvación, por más buenos deseos o intenciones tenga. El hombre es pecador y Dios absolutamente santo. Ambos jamás podrán estar juntos. Dios a su vez, por ser justo, tiene que juzgar el pecado y con esto al pecador. Nada de lo que pueda hacer el hombre, por más bueno que fuera, puede satisfacer la justicia de Dios. Sólo un sustituto santo, que fue juzgado en el lugar del pecador, podría suplir esta salvación. Esto lo hizo Dios en la persona de Jesucristo. Dice Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga la vida eterna”. Esto lo hizo Dios en Jesús, su Hijo amado. Jesús fue juzgado en mi lugar, fue clavado en la cruz en tu lugar. Él murió para que nosotros pudiéramos tener la salvación. No es casualidad que el nombre de Jesús es igual a Josué. Por esto en la orden del ángel a Josué de tomar a María por esposa y ponerle por nombre Jesús al niño, aclara la explicación: “porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt.1:21). Es por la intervención del Señor que existe salvación para el hombre. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hayo otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch.4:12). Por lo tanto, si todavía no tienes la salvación, el perdón de los pecados, la seguridad de vida eterna, acude hoy a Dios y recibe por fe la salvación que ofrece en Cristo Jesús.
Un cambio trascendental
No sabemos por qué Moisés le cambió el nombre sólo a Josué. Había 11 hombres más que acompañaron a Josué, entre ellos, el que más se destacó en esta empresa, el cual fue Caleb. Pero a ningún otro se le cambió el nombre. Para este momento, Josué ya era un joven príncipe en la de la tribu de Efraín (Nm.13:2,8). ¿Por qué justo en este momento Moisés le cambia el nombre? Realmente no lo sabemos, pero quizás le quiso mostrar a este joven príncipe que por más valor que hubiera demostrado al enfrentar enemigos, por más bien que hubiera organizado sus tareas, por más que había sido elegido por Moisés como su brazo derecho, no debía confiar en sí mismo, sino sólo en el Señor. Quizás estaba en peligro de darle lugar a la soberbia, de creerse superior a los demás, pero con este cambio de nombre, Moisés le podría haber enseñado la humildad. Cada vez que alguien lo llamaba le estaría recordando que sólo Dios salvaba, que sólo en Dios estaba la victoria.
Aunque en la Biblia encontramos varios cambios de nombre, quisiera recordar a dos de los más renombrados.
El primer cambio al que nos queremos referir es el de Simón a Pedro (Jn.1:42; Mt.16:18). Pedro que significa piedra, y las palabras de Jesús incluían una profecía en la que él iba a tener una actividad especial, una responsabilidad extraordinaria. Iba ser aquella piedra viva confesante que testificando en Pentecostés de la obra del Señor junto a los demás discípulos fundó la primera iglesia sobre la roca que es Cristo. Fue por su testimonio que los primeros gentiles también conocieron a Cristo como su Salvador.
En segundo lugar, también hubo un Saulo convertido en Pablo (Hch.13:9). El importante fariseo, reconocido teólogo de su tiempo, con la mejor educación y con un profundo celo por Dios, erróneo, pero celo al fin, llamado Saulo en honor al más trascendente personaje de su tribu – el rey Saúl, de repente se llama Pablo, que significa pequeño. Más tarde inclusive señala que todo esto, lo cuál antes era motivo de orgullo ahora lo considera por basura por amor a Cristo y para ganar a Cristo (Fil.3:7,8).
Estos cambios de nombre, ¿no nos ilustran un cambio operado en el corazón, en la vida de estos hombres? En vez de soberbia, prepotencia o celos equivocados, vemos vidas marcadas por la humildad y el servicio. Vemos este cambio como el inicio de una vida vivida para la gloria de Dios, lo cual trajo como consecuencia la maravillosa bendición de Dios. Si sólo pensamos en los miles de personas que creyeron por el mensaje de Pedro. Si pensamos que el evangelio llegó a los gentiles por el testimonio de una persona cambiada. Y ni que hablar, de la extensión del Evangelio por alguien que se veía pequeño a sus propios ojos, entonces no pueden quedar dudas acerca de la necesidad de una vida cambiada por el Señor; un carácter doblegado frente al Señor, el orgullo o soberbia rendida a los pies del Maestro.
Estos conceptos siguen más actuales que nunca. Estas son las características que Dios necesita para llevar adelante su obra. Él busca humildad y un testimonio vivo. Estas características también las encontramos en Josué. Su humildad resalta en el hecho de ser un siervo de Moisés, pero también al dejar a Caleb que llevara la voz cantante al regreso de espiar la tierra (Nm.13.30). Pero por otro lado lo apoya plenamente en el testimonio acerca de la tierra y también en la confianza de que con la ayuda de Dios podrían comer los enemigos como pan (Nm.14:9). Josué confiaba en que Dios los iba a salvar; que Dios iba a intervenir a su favor. Cualquier sentimiento de autosuficiencia quedó a un lado, cualquier atisbo de soberbia enterrada en el entendimiento del hecho de saber que sin la salvación de Dios no lograrían nada.
Al meditar en esto, puede ser que el Señor también busque que nosotros comprendamos y apliquemos esta realidad. Si deseamos que el Señor nos use, necesariamente tiene que haber un cambio de dueño en nuestra vida. Necesariamente tiene que estar la disposición de buscar al Señor en todo y para todo. El sabio Salomón, inspirado por el Espíritu Santo nos exhorta diciendo: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos (Pr.3:5-8). ¡Dios te quiere usar, pero deja que Él cambie aquello que todavía es un impedimento para la manifestación de Su poder, gloria y bendición! David, el hombre que tuvo el testimonio de ser “conforme al corazón de Dios” oró: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Sl.139:23,24). Ésta tiene que ser la oración del creyente que quiere ser conforme al corazón de Dios. Ésta será la persona cambiada por Dios, y que podrá experimental la “salvación de Dios”, el actuar del Señor en y por medio de su vida.
