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Autor: Norbert Lieth

Especialmente en este tiempo de Navidad, cuando recordamos la primera venida de nuestro Señor Jesucristo y esperamos su venida para buscar a su Iglesia, recordemos las cualidades que queremos buscar, para la gloria de Dios, en nuestras vidas.


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PX02_2025 – El que prepara la venida del Mesías (2ª parte)



En el programa pasado hemos contemplado cuatro características de la vida y del ministerio de Juan el Bautista. Fue elegido por Dios para cumplir una misión especial en la época de la primera venida de Jesús. Su padre, el sacerdote Zacarías, profetizó lo siguiente acerca de él:

“Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado;

porque irás delante de la presencia del Señor,

para preparar sus caminos;

para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados”.

¿Por qué es de tanta actualidad el ministerio de Juan para nosotros?

Porque así como él preparó el camino del Señor en su primera venida, nosotros como Iglesia de Jesús somos llamados a preparar Su segunda venida. Y para esto necesitamos aprender de Juan el Bautista. Su vida y su ministerio nos inspiran, nos exhortan y a la vez nos animan. Como él, también nosotros contamos con las riquezas de la gracia de Dios para esta gran tarea.

 

Repasemos brevemente las cuatro enseñanzas que hemos sacado de la vida de este siervo de Dios:

En primer lugar, cumplió con el llamado que había recibido de Dios, como leemos en los Evangelios:

“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él”. (Juan 1:6-7)

Juan se dejó enviar por Dios. Fue Su embajador, Su voz en el desierto, que dio un claro testimonio de la luz, de Jesucristo, invitando a todos al arrepentimiento y a la fe en Él.

También nosotros, como Iglesia, somos llamados a ser la voz de Dios con un claro mensaje de salvación en un mundo de oscuridad espiritual. Y también nosotros anunciamos la inminente venida de Jesucristo.

En segundo lugar, Juan testificó: “No puede el hombre recibir nada si no le fuere dado del cielo”. ¡Todo lo que somos y tenemos viene de Dios! No hay lugar para el orgullo humano. Y esto no solo nos exhorta, sino también nos anima. Si todo viene de Dios, Él también suplirá todo lo que nos falte conforme a sus riquezas.

Una tercera característica de Juan es que destacaba la grandeza de Jesucristo. Cristo para él era tan grande que él se volvía pequeño, y este fue el secreto de su ministerio tan bendecido. Por eso, unámonos al deseo de corazón de este siervo de Dios: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”.

Y precisamente esta pequeñez humana permitió, en cuarto lugar, que Juan fuera grande delante del Señor. ¡Dios lo pudo usar! Deseo de corazón que también nosotros lleguemos a ser instrumentos útiles en la mano de Dios en este tiempo final.

 

Y ahora quisiera presentarnos tres características más de Juan el Bautista, de las cuales sacaremos provecho espiritual para nosotros. Llegamos entonces a la siguiente quinta enseñanza:

 

  1. Juan era recto en su manera de actuar

Leemos en Marcos 6: “Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer. Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano”. Su rectitud le costó la vida a Juan el Bautista.

El autor Michael Kotsch nos explica un interesante hecho histórico: “¿Sabe cómo surgió el nombre ‘protestante’? En la época de la Reforma, el emperador Carlos v había conseguido el apoyo de la mayoría de los príncipes alemanes y quería prohibir las doctrinas evangélica, reformada y anabaptista. Todos los países del imperio se vieron obligados a volver al catolicismo. Sin embargo, seis príncipes evangélicos y catorce ciudades imperiales se opusieron a la decisión, asumiendo un gran riesgo, y protestaron contra ella. (…) Así se llegaron a conocer como los ‘protestantes’. Y la Reforma salió victoriosa”.

Juan el Bautista era, en este sentido, un protestante que se mantenía recto en un ambiente de corrupción. Y esto nos hace pensar en nuestra posición hoy como cristianos en un mundo anticristiano. Quisiera mencionar tan solo un ejemplo. En julio de 2023, un sínodo eclesiástico en Alemania declaró: “Hoy creemos que la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad y la intersexualidad, así como las formas de vida no binarias y queer, forman parte de la creación”. ¡Equivocación! En la creación, Dios creó a un hombre y a una mujer.

¿Cómo habría reaccionado Juan el Bautista a todo esto? Él vivía en completa sintonía con Dios. No se unía a la corriente dominante, y su ejemplo de vida nos invita a hacer lo mismo.

Sin embargo, aunque tengamos una posición clara, recordemos siempre que no fuimos llamados a la rebelión, sino al amor. No juzguemos ni condenemos con dureza e insensibilidad, de modo que las personas huyan del evangelio. Queremos ganarlas, pero con la verdad. Por eso, proclamemos con amor, pero sin concesiones, la verdad de la Palabra de Dios.

 

  1. Vemos el Sufrimiento de Juan el Bautista, del cual leemos en Mateo 11:

“Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”.

Juan experimentó hostilidades y desilusiones, y también fue atormentado por las dudas. ¿Por qué le surgieron estas dudas? ¿Acaso no había testificado él mismo repetidamente que Jesús era el Mesías? ¿No había anunciado a Jesús como el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo? Sí, lo había hecho. Pero no sabía cómo esto iba a suceder. Se lo había imaginado de otra manera, y sus ideas no se habían cumplido. Probablemente se sentía inseguro, porque Jesús no se presentaba como el Rey todopoderoso que liberaría a Israel de los romanos y establecería su Reino. Pues ¿no era él quien bautizaba con Espíritu y fuego y a quien Juan no era digno de atar las correas de sus sandalias? Sin embargo, el discípulo estaba en la cárcel, y el Señor aparentemente no se preocupaba por ello. ¿Por qué no lo liberaba?

Los tiempos de Dios son diferentes a los nuestros. Recién después de morir, Juan fue exaltado por Jesús. A la Iglesia se le promete sufrimiento en la tierra. Probablemente, gran parte del Cuerpo de Cristo tenga que pasar por grandes dificultades. Quien no tenga en cuenta esta verdad, comienza a dudar y desanimarse. Surgen preguntas como: ¿por qué el Señor no me ayuda? ¿Por qué no puedo salir del pozo y quedo atrapado? ¿Por qué permite el Señor esto? ¿Por qué no ayuda a nuestros hermanos perseguidos en Corea del Norte? ¿Por qué no interviene en el conflicto en Medio Oriente? —Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

“Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”, dice Jesús. ¡Bendito el que soporta el sufrimiento sin perder su confianza! La ayuda vendrá, pero no de la manera que nos imaginamos. Sí será para la gloria del Padre en los cielos:

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”, leemos en Romanos 8:18.

 

  1. Juan no hacía señales, pero todo lo que decía era verdad

Leemos en Juan 10: “Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de este, era verdad. Y muchos creyeron en él allí”.

Es una hermosa imagen de la Iglesia. Pues la era de la Iglesia no se caracteriza por milagros materiales, sino más bien espirituales. Lo que cuenta para Dios es lo que podemos observar en la vida de Juan el Bautista:

– Él no hacía milagros, pero tenía un carácter firme y constante.

– Él no hacía milagros, pero tenía una misión extraordinaria, que cumplió.

– Él no hacía milagros, pero preparó el camino del Mesías, señalándolo a él.

– Él no hacía milagros, pero su vida tuvo una profunda y duradera influencia en los seguidores de Jesús.

– Él no hacía milagros, pero obtuvo el supremo elogio de Jesús.

 

Estas son las cualidades que queremos buscar, para la gloria de Dios, en nuestras propias vidas también, especialmente en este tiempo de Navidad, cuando recordamos la primera venida de nuestro Señor Jesucristo y esperamos su venida para buscar a su Iglesia.

1 Comment

  1. jose simon calderon dice:

    muchas gracias por la enseñanza y el animarnos a ser llamados a comunicar la segunda venida de Jesucristo.

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