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Autor: Wim Malgo

Obedecer la voluntad de Dios es más importante que cualquier sacrificio. Usando el ejemplo de Saúl, Wim Malgo advierte sobre la desobediencia y llama a regresar al “primer amor”, mostrando fidelidad y obediencia genuina en vez de solo actos religiosos.


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PE3206 – La santa voluntad de Dios (4ª parte)



¡Qué oportunidad le dio Dios a Saúl, cuando lo hizo ungir rey! Había sido un sencillo hijo de campesino, pero con un corazón humilde y obediente. Dios quería usarlo justamente a él para aniquilar a los descendientes de los más cobardes y más antiguos enemigos de Israel, los cuales, durante el éxodo, mientras Israel viajaba por el desierto, habían atacado a la débil retaguardia del pueblo de Dios. Dios quería utilizar a Saúl para cumplir las palabras proféticas pronunciadas en aquella ocasión por Moisés en Deuteronomio 25:17-19: «Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios. Por tanto, cuando Jehová tu Dios te dé descanso de todos tus enemigos alrededor, en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la poseas, borrarás la memoria de Amalec de debajo del cielo; no lo olvides».

 

Saúl era el instrumento escogido para esto. Y, de hecho, venció a los amalecitas, pero – contrariamente a las palabras del Señor – dejó con vida a su rey Agag; y del botín de buenas ovejas, vacas y corderos quería ofrecer sacrificios al Señor en Gilgal. Pero a través de Samuel, Dios le dijo que no tenía interés en el sacrificio como sustituto de la obediencia: «Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación».

Aquí quisiera advertir con gran seriedad contra esta horrible apostasía frente a la voluntad del Señor. Pues muchos entre nosotros son en verdad fieles a sus ideas acerca de Jesús; pero ¿cuántos le son fieles a Él mismo? Fidelidad a Jesús significa: pongo mi pie allí donde Él me mande, aunque no pueda ver nada aún. Pero fidelidad a mis propias ideas significa: limpio primero el suelo con mi inteligencia. Sin embargo, fe no significa saber y comprender: fe es entrega voluntaria a Dios, allí donde no se ve todavía el camino. Pues la fe mira la meta, más que el camino.

 

¿Estás deliberando si quieres emprender un paso de fe obedeciendo a Jesús o si prefieres esperar hasta que veas cómo puedes manejar tú mismo la situación? ¡Obedécele, pues, con gozo despreocupado! Si empiezas a objetar y a discutir cuando Él te pide hacer algo, es porque tienes ideas equivocadas de su fidelidad, de su capacidad y de su grandeza. ¿Eres fiel a Jesús o a tus propias ideas sobre Él? ¿Eres fiel a lo que Él te dice o tratas de acomodar el mandato de Dios para que se ajuste más a tus propias ideas? ¡Haz todo lo que Él te diga; pues si no, estás en actitud de rebeldía! Y entonces, con todos tus sacrificios, hechos piadosos y grandes esfuerzos, el Señor te dirá, como en aquel entonces a Saúl: «¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado…»

 

Desobedecer o tener una corazón dividido para con Dios es una cosa seria. Por eso, en Apocalipsis 2:2-5, Dios habló tan seriamente a la iglesia en Éfeso a través de Jesucristo: «Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”.

 

Me dirijo ahora directamente a personas entre mis oyentes que, como Saúl y como los efesios, son muy celosos para las cosas del Señor, que aseveran haber hecho esto o aquello y piensan haber contentado al Señor con esto. Así les dice el Señor en Oseas 6:6: «Lo que quiero de ustedes es que me amen, y no que me hagan sacrificios; que me reconozcan como Dios, y no que me ofrezcan holocaustos». El Señor te quiere decir con esto que tu obediencia a Él pone en evidencia si realmente estás en el primer amor hacia Él, lo cual se muestra en que hagas lo que Él te dice.

 
En Juan 14:21 el Señor Jesús mismo dice: «El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él».

Y para que no puedas eludir lo más importante, te lo repite dos versículos más tarde: «Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él».

Si quieres regresar ahora a este primer amor hacia Jesús, del cual te has alejado, si quieres finalmente hacer todo lo que Él te manda hacer, entonces dobla ahora tus rodillas delante del Señor y dile:

 

“Sí, yo soy tal persona. He dejado el primer amor. Y no he sido obediente. Me he resistido a tu santa voluntad. Soy como Saúl. Pero: quiero regresar. A partir de este momento te quiero amar y obedecer en todas las cosas en las cuales me he opuesto a ti hasta ahora. ¡Ayúdame en esto! Confío en ti y te agradezco de corazón. Y gracias te doy por tu perdón y la purificación por tu preciosa sangre. Amén”.

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