Feminismo, ¿verdad o distorsión?

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El feminismo es un movimiento que comenzó hace muchos años y que hoy en día se aborda desde muchas perspectivas. En esta entrevista con Andrea Latini veremos qué nos dice Dios acerca de la mujer y cómo impacta el feminismo en nuestra vida como mujeres cristianas.


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EA 1261 – Entre Amigas – Feminismo, ¿verdad o distorsión?



Entrevista a Andrea Latini

Victoria: Bienvenidas, amigas, a un nuevo programa. Estamos muy contentas de compartir con ustedes y con Andrea Latini, que nos acompaña desde Argentina. ¿Cómo estás, Andrea?

 

Andrea: ¡Hola a todos!

 

Victoria: Es un gusto tenerte nuevamente y continuar con esta serie de programas que hemos comenzado. Empezamos hablando de la identidad y hoy vamos a seguir hablando del diseño divino y lo que tiene que ver con el feminismo. Hemos tenido algunos programas acerca del feminismo, hay voces que suenan a favor y hay voces que suenan en contra, hay muchos abordajes, y lo que queremos es centrarnos en hablar desde la Palaba de Dios y darle esa óptica para poder crecer y bendecir a otras personas. Andrea, si te parece comenzamos definiendo qué es el feminismo y por qué tiene que ver con el ámbito cristiano.

 

Andrea: Todos los ismos son ideologías que buscan muchas veces generar un cambio ante una injusticia o algo que se ve mal. El feminismo nació como una corriente para defender los derechos de la mujer, y en diferentes momentos de la historia produjo cambios que son realmente super valorables, porque la mujer estaba en una sociedad totalmente machista, que seguía la ideología contraria, subyugando a la mujer. Así que, en realidad, en un principio, el feminismo es una corriente que busca defender los derechos reales que las mujeres tenemos y que no podíamos disfrutar, como poder estudiar, trabajar, votar, poder opinar, etc. Hoy sabemos que en el mundo occidente hay mujeres que no están disfrutando de estos derechos. Hay mujeres en el mundo que no pueden opinar, que no pueden mostrar su rostro, que son obligadas a casarse, que su voz no tiene ningún tipo de valor.

Entonces el feminismo trae este conflicto de algunos que están a favor y algunos que están en contra porque el origen del feminismo es luchar contra una injusticia. Entonces es muy válido, muy cierto, y llegó a tener muchos logros. Pero ese feminismo no es el feminismo que hoy nosotras podemos ver, que es completamente diferente porque lo que pregona es la mujer independiente, sola, que no necesita del hombre. Es como estar en contra del hombre y buscar la independencia absoluta, y tener una supremacía sobre el hombre. O sea que en definitiva, el movimiento se convirtió en algo parecido al machismo, pero desde la postura contraria.

 

Victoria: Totalmente. Está planteado como un tema de unos contra otros. Yo pensaba que hoy en día es muy normal tener madres que trabajan, que votan, que están en política o en cargos de liderazgo, y hubo una época en la que eso no pasaba. Y pensaba que Jesús, de alguna manera, fue precursor en poder darle palabra y espacio a la mujer. La Biblia menciona por nombre a las mujeres que seguían a Jesús, y también la noticia de la resurrección fue dada primeramente a las mujeres, a quienes no se les tenía en cuenta su testimonio. En ese sentido vemos un avance que ha traído la sociedad occidental y cristiana. Pero sin dudas que se ha transformado en algo de confusión y se ha inclinado la balanza para “convertirse en lo que juraba destruir”, como se dice. ¿Cómo nos impacta a nosotras, como mujeres cristianas, esta idea de feminismo?

 

Andrea: Nos impacta de muchas manera porque todas esas ideas se meten en la iglesia, en nuestra familia, atraviesan la cultura, y puede ser que nos planteemos que hay cosas en las que tiene razón el feminismo, y puede pasar que empecemos a dudar de la Biblia y confundirnos, cuando la Biblia, Jesús o Dios no son ni machistas ni feministas. La Biblia muestra un modelo Cristo céntrico donde hombres y mujeres tienen el mismo valor delante de Dios y juntos, a la par, codo a codo, uno al lado del otro, tienen funciones específicas, pero tienen el mismo valor.

El enemigo, a través de la cultura y de fomentar estas ideologías, destruye el modelo divino. Porque el modelo divino para la humanidad es un modelo de cooperación, colaboración, unidad, estar juntos llevando adelante el plan de Dios, que es que gobernemos la tierra como humanidad. Pero si unos quieren estar sobre otros sacamos a Dios de la ecuación, y todo argumento parece verdadero. Porque hay cosas verdaderas, pero, al dejar de lado a Dios, llegamos a conclusiones muy falsas. La Biblia no es machista, no es feminista, Dios no quiere que ninguno esté oprimiendo, desmoralizando o teniendo en poco al otro, sino que nuestro valor está en Cristo y en cumplir el propósito de Dios para nuestras vidas en amor y en compañerismo.

Es verdad que hay abusos, pero la forma de luchar contra esos abusos no es convertirnos en abusadores. Así que como cristianas tenemos que evaluar y preguntarnos que conceptos de las culturas y de las ideologías están entrando en nuestra mente, en nuestro corazón, y están manejando nuestra forma de hablar, de pensar, nuestras decisiones, nuestra forma de relacionarnos con los hombres, qué le estamos enseñando a nuestras hijas, a las mujeres que nos ven. El mandato divino es que las mujeres les enseñemos a las más jóvenes, pero si no estamos seguras de cómo ser mujeres en base a la Biblia no lo podemos hacer y nos vamos a equivocar.

 

Victoria: Sí, el feminismo promete muchas cosas para la mujer y plantea un escenario que muchas veces lo vivimos en nuestras sociedades, que busca oprimir al hombre e incluso a otras mujeres que no piensen de la misma manera.

 

Andrea: Sí, últimamente hubo noticias de situaciones muy difícil que se están viviendo en otros países y cómo el feminismo occidental no reacciona, no habla. Porque también esta ola de feminismo es una ola muy politizada y dirigida. No nace de las mujeres, de querer realmente conseguir salir de una situación difícil, sino que nace de organismos políticos internacionales que buscan, por razones geopolíticas, que estas divisiones avancen, que hacen que las mujeres no estén libres, sino que sigan lo que otros les están diciendo. Y después, buscando la libertad, terminan frustradas, angustiadas, sin poder apoyarse en el otro, porque realmente los hombres en nuestra sociedad están para ayudarnos, así como nosotras a ellos. Entonces las mujeres sienten la necesidad de demostrar que pueden solas, que los hombres son los abusadores, los malos, que son los culpables de todo, cuando en realidad, si evaluás la historia, hubo momentos de matriarcado y fueron los peores de la humanidad, porque las mujeres también podemos ser muy sanguinarias. Así que es un engaño muy grande y una libertad que no se logra, porque la verdadera libertad está en reconocer que el centro es Cristo, que nuestro valor está en Él, que no le tenemos que demostrar nada a nadie, porque ya tenemos valor en Dios, y que somos libres de vivir, disfrutar nuestra feminidad siendo agradecidas, sabiendo que no tenemos que mostrarle nada a nadie pero que también podemos necesitar ayuda independientemente de si somos hombres o mujeres.

 

Victoria: Qué lindo lo que decías de poder correr el centro de los unos y los otros y ponerlo en Dios. No sé si te ha pasado, pero en el último tiempo vemos cada vez más personas, incluso famosos que salen a contar que han llegado a la fe, y lo que expresan es un entendimiento del evangelio. También incluso mujeres que han tenido un pasado conocido por ciertas libertades o por una militancia del feminismo, y una vez que vienen al Señor se las mira con una mirada dudosa, pero qué bueno que es recibirlas con amor.

 

Andrea: Totalmente, Corintios dice que el amor todo lo cree, todo lo cree y todo lo soporta. Una actitud cristiana de amor es creer que las personas pueden cambiar, y tener confianza en lo que dicen. No tener preconceptos, prejuicios o no dar ese voto de confianza que Dios siempre nos da. Después se verá, pero si una mujer, de corazón está buscando libertad, es posible que vaya tras el feminismo. Y ante la frustración de no encontrar esa libertad que pregonaba el movimiento, Dios puede haber llegado a su vida a ofrecer libertad, y esa libertad es verdadera, porque en Cristo tenemos la posibilidad de ser nuevas criaturas, de tener perdón de pecados, de hallar nuestra verdadera identidad, de poder ser salvas de la condenación del pecado, tener la libertad de saber que somos amadas, aceptas en Dios, y de poder abrazar el diseño divino. Dios nos creó, nos hizo mujeres, especiales, diferentes en toda nuestra manera de pensar, de sentir, en nuestro cuerpo, muchas de nosotras tenemos la bendición de ser madres, de poder manejar con nuestra mente mil cosas a la vez, de ver cosas que otros no ven, porque Dios nos hizo así. Y es muy lindo poder abrazar la fe. Tenemos que darle gloria a Dios por las mujeres que se encuentran con la verdad. No está en nosotras discernir si es la verdad o no. Eso es entre ellas y Dios. Nosotras tenemos que estar listas para recibir estos testimonios con amor y poder dar fe pública de lo que Dios hizo en nuestras vidas.

 

Victoria: Hablando de la verdad bíblica sobre la identidad, tenemos algunos ejemplos de mujeres a lo largo de la Biblia, y también tenemos consejos o comisiones para las mujeres. Por ejemplo, vemos el movimiento de las mujeres del Nuevo Testamento, y muchas de ellas fueron fundamentales para la extensión del Evangelio. Muchas fueron anfitrionas de pequeñas iglesias, otras colaboraban con sus bienes, que es algo muy interesante, cómo personas que estaban arriesgándolo todo por la causa de Jesús se encontraban allí. ¿Qué es lo que le dice Dios a la mujer?

 

Andrea: Dios le dice que es hechura suya, que es un poema, creada por Dios con un propósito. Y nosotras tenemos el propósito de reflejar la gloria de Cristo y ser de bendición a la sociedad, la humanidad. Hay conceptos claves, por ejemplo, la mujer virtuosa de Proverbios 31, que no es una mujer que cocina, lava y plancha y que no tiene ninguna otra función, sino que es una mujer comerciante, tiene sirvientes, se viste con telas finas, con púrpura, trabaja, piensa, planifica y vela por los de su casa, vela por la sociedad, su marido es conocido por ella, así que imagínate el impacto que esta mujer tenía en la sociedad.

En Tito Dios le da pautas claras a la mujer cristiana de cómo debemos cuidar de nuestros hogares, pero también cómo debemos influenciar en la sociedad y en las mujeres jóvenes a amar, a ser sujetas, amorosas, respetuosas, castas, enseñar cómo vivir. El hecho de poder influir en la vida de los niños, porque nosotras somos creadas por Dios con la capacidad de gestar, de tener vida en nuestro vientre. El hecho de poder amamantar, criar y estar en el inicio de una vida de una forma tan estrecha no es un castigo, sino un gran privilegio, una gran responsabilidad. Como mujeres nosotras tenemos esa bendición de poder estar en la formación de nuestros niños, y lo tenemos que ver como un privilegio, porque muchas veces la casa, los hijos, el esposo se presentan como un lugar de encierro, de esclavitud, algo que te ata, porque la verdadera realización está en destacarte laboralmente. Y realmente la real satisfacción y plenitud de una mujer es hacer el propósito de Dios para su vida, el cual puede incluir trabajo, puede incluir una empresa, puede incluir ser presidente, pero que no excluye la importancia que tiene en el hogar, su papel como esposa, como madre, y el papel primordial que tiene en esa unidad básica para la sociedad.

Entonces tenemos un lugar de privilegio, y creo que poner en prioridad salir de la casa como un foco de realización es un gran error. Pensar que si no salís no estás realizada también es un gran error. Dios tiene un plan diferente para cada mujer y la satisfacción está en hacer ese plan, que puede incluir cosas tan distintas como mujeres distintas que somos.

 

Victoria: Exacto. Pensaba en mujeres que están solteras y no tienen hijos, pero siguen teniendo esa capacidad de ser quienes acompañan, quienes aconsejas, quienes cuidan que es una capacidad que el Señor nos ha dado y que a veces se deja de ejercer. Qué gratificante es poder hacerlo, sobre todo sabiendo que lo estamos haciendo en servicio del Señor.

Estas conversaciones se tienen en un almuerzo, en el trabajo, en una ronda de amigos, en muchas oportunidades, y nosotros como cristianos nos vemos desafiados a tener dominio propio y poder no contender. ¿Cómo podemos contestar o hablar realmente de estos temas sin caer en provocaciones, sin que nos gane la ira o el enojo, o que la ofensa nos llegue o nos haga dudar de nosotras mismas?

 

Andrea: Lo que decís es muy difícil, porque detrás de todos estos movimientos a veces hay mucha violencia. Y cuando los argumentos faltan, se puede generar la violencia. Entonces creo que lo más importante es discernir con sabiduría y amor lo que Dios quiere hacer en ese momento. No es nuestra responsabilidad cambiarle la forma de pensar a las personas. Nuestra responsabilidad es mostrar a Cristo y no tener temor de mostrarlo con amor. Así que, con mucha sabiduría y una motivación correcta, creo que primero que nada debemos vivir nuestra feminidad, ser mujeres y no sentir miedo ni vergüenza por lo que somos y creemos. Y, en segundo lugar, hablar con amor, sin caer en ser ofensivas o violentas, sin ir en contra, sino mostrar lo bueno que tenemos. Porque nadie puede discutir con eso.

No atacar y siempre mirar a las personas que tienen esa forma de pensar con mucho amor, como las ve Dios. Y pensar que muchas veces lo que están diciendo es producto de una búsqueda infructuosa, porque están buscando sin tener en cuenta a Dios, entonces están en medio de la frustración, y toda la fachada dura que muestran en realidad es justamente eso, una fachada. Así que tratar de ser ejemplo, servir, amar y saber cuando callar también. Hay momentos en los que te das cuenta de que no podés hablar porque la persona no te puede escuchar. Entonces a veces hay que callarse y orar en nuestro corazón para que Dios saque el velo de los ojos de esa persona.

 

Victoria: Andrea, ha sido muy linda esta charla, sin duda que hay mucho para hablar acerca de este tema, pero queremos invitar a nuestras amigas a poder meditarlo en la Palabra, a poder ver las mujeres que la Biblia nos muestra, con sus aciertos y con sus errores, pero que también han formado del plan de salvación sin saberlo en ese momento. Te agradezco, Andrea, y a ustedes también, queridas amigas.

 

Andrea: Gracias a ti, como siempre, es un placer acompañarlas en el programa y hablar de estos temas tan actuales y que nos hace bien verlos a la luz de la Palabra de Dios.

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