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Autor: Esteban Beitze

Estamos analizando cómo Dios preparó a Josué para llevar a cabo la tarea de liderar al pueblo en la conquista de la tierra prometida.


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PE3125 – Josué (23ª parte)



Estamos siguiendo un estudio sobre la vida y el libro de Josué. Allí estamos analizando cómo Dios lo fue preparando para llevar a cabo la tarea de liderar al pueblo en la conquista de la tierra prometida. Dios le ordenó a Josué: “Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas

Esta orden repetitiva tenía su relación con eventos del pasado.

 

La ley de Dios

Fue delante de Bet-peor que Moisés repitió la Ley que Dios había dado. En Deuteronomio 4:44-46 podemos leer: “Esta, pues, es la ley que Moisés puso delante de los hijos de Israel. Estos son los testimonios, los estatutos y los decretos que habló Moisés a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto; a este lado del Jordán, en el valle delante de Bet-peor, en la tierra de Sehón rey de los amorreos que habitaba en Hesbón, al cual derrotó Moisés con los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto”.

Como ya vimos, la exhortación dada por Dios a Josué era: “esfuérzate y sé muy valiente”. Ésta estaba íntimamente relacionada con la meditación y aplicación de la Palabra de Dios. Allí en Bet-peor, hubo una repetición de la Ley de Dios. Ya hacía unos 38 años desde que la habían recibido en el mote Sinaí. De mientras habían pasado muchas cosas, pero lamentablemente, la mayoría de ellas, marcadas por la desobediencia, rebelión y sucesivo castigo. Toda la generación que había salido de Egipto ya había muerto en el desierto como consecuencia de sus actos. Ahora se quería empezar algo nuevo. Necesitaban la victoria. Pero para obtenerla necesitaban la presencia, la guía, la ayuda y la bendición de Dios. Para tener esto, era imprescindible la obediencia a la voluntad de Dios, y para poder obedecerla habría que tenerla presente. Por esto, en este lugar, Moisés hace una repetición de toda la Ley de Dios. Si el pueblo la guardaba tendrían seguridad de éxito. Josué aprendió que sin presencia y obediencia a la Palabra no puede haber bendición de Dios y victoria. Cada vez que el pueblo había dejado de lado la Palabra, la derrota y el juicio se hicieron inevitables.

¡Ojalá nosotros también nos diéramos cuenta que la presencia y la obediencia a la Biblia, es la clave para las bendiciones de Dios en nuestra vida! Muchos se pierden lo mejor en la vida por dejar a Dios de lado.

Una vez un anciano de una iglesia estaba exhortando a un hermano que se había apartado de los caminos de Dios. Estaba engañando a su esposa y la dejó sola con sus hijos. El hombre le contestó que quería disfrutar lo que le ofrecía la vida. El anciano le contestó que obviamente nadie le podía impedir su actuar, pero algún día volvería con la vida destruida y con todo perdido. Pasaron los años y sucedió así. El hombre volvió, profundamente avergonzado y arrepentido, pero con la vida deshecha. La mujer con la cual se había ido, lo había dejado por otro. Él había perdido todo cuanto tenía y había contraído una terrible enfermedad de la cual murió al poco tiempo.

Una vida en obediencia a Dios es una vida que vale la pena vivirla. Pero una vida lejos de la Palabra de Dios es una vida perdida.

Josué tenía que amar y obedecer la ley de Dios si quería tener éxito. Esto a su vez también era la demostración que realmente amaba a Dios. Esto lo dijo también Jesucristo mismo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Jn.14:15). Y también: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Jn15:14). Y en 1 Juan 2:6 se nos dice: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”. Esto sólo lo podremos hacer si le dedicamos tiempo a la Palabra y ponemos por obra. El caminar diario con Jesús se nota, no sólo por el tiempo que pasamos con Él sino también en la enseñanza asimilada y obedecida.

 

La justicia de Dios

En Deuteronomio 34:5,6 tenemos el relato de la muerte de Moisés: “Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy”. También este evento sucedió en las inmediaciones de Bet-peor. Sin lugar a dudas fue uno de los días más tristes de la vida de Josué. Pero también incluyó una tremenda lección para su vida. Por una desobediencia, este gran hombre de Dios que fue Moisés no pudo entrar a la tierra prometida. Moisés había trabajado tanto; había soportado tanto a este pueblo rebelde. Varias veces estuvo a punto de ser muerto por amor a ellos y ahora, no puede entrar a la tierra prometida por una vez que desobedeció a Dios.

Quizás la seriedad del castigo nos parece excesiva, pero tenemos que tener muy presente que Dios es justo. Su justicia requiere el castigo del pecador, y tanto más cuanto más conozca de Dios. Moisés había tenido una cercanía a Dios como ningún otro hombre. Conocía la voluntad y la santidad de Dios como ningún otro. Por esto también la demanda de la justicia de Dios era mucho mayor para él.

¿Cuál fue la falta que cometió Moisés? Salmo 106:32,33 dice: “También le irritaron en las aguas de Meriba y le fue mal a Moisés por causa de ellos, porque hicieron rebelar a su espíritu,  y habló precipitadamente con sus labios”.

Dios le había dado la instrucción de hablar a la roca de la cual saldría agua, pero Moisés perdió la paciencia y se airó. En vez de hablar a la roca, le habló con enojo al pueblo y luego golpeó la roca dos veces. No solamente desobedeció a Dios, sino que se arrogó a sí mismo el poder de obrar milagros diciendo: “¡Os hemos de hacer salir aguas…!”. No santificó a Dios (Nm.27:14).

A esta actitud de Moisés Dios la llamó de rebelión (Nm.27:14). Fue desobediente a la Palabra de Dios. Además, era evidente que ya no tenía la misma paciencia y compasión por el pueblo que había tenido. Fracasó también en su punto más fuerte – su mansedumbre.

Probablemente esto haya sido uno de los eventos más impactantes para Josué. Seguramente produjo en él un profundo y reverente temor a Dios que luego veremos reflejado hasta el último momento de su vida. Él no quería cometer el pecado de apartarse de los caminos de Dios. Él aprendió que Dios es justo y juzga el pecado, pero también que, si uno anda en el temor de Dios, el Señor dará su bendición.

En los Hechos de los Apóstoles 9:31 podemos observar como el temor de Dios trajo como consecuencia el crecimiento de la iglesia: “Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo”. Es indudable que dónde está el temor de Dios también lo estará su bendición.

 

La posesión de Dios

No podemos dejar de nombrar un punto más relacionado con esta región. Cuando Josué ya era anciano, en la repartición de la tierra, esta región que incluía a “Bet-peor, las laderas de Pisga…” (Jos.13:20) fueron entregadas en posesión a la tribu de Rubén.

El lugar de tantas experiencias tanto tristes como animadoras se convirtió luego en la posesión del pueblo de Dios.

¡Qué maravilloso y misericordioso que es Dios! Así, Bet-peor se convirtió en un lugar de profundo ánimo y aprendizaje para Josué. Esto nos hace pensar que en nuestra vida también existen estos lugares, estos recuerdos o estas experiencias. Son lugares u ocasiones donde quizás nosotros u otros han fallado. Lugares o momentos donde hemos visto el actuar soberano, santo y justo de Dios. Pueden ser también lugares o momentos donde hemos sido llevados a una mayor cercanía con Dios por medio de su Palabra. La pregunta que nos deberíamos hacer es ¿qué hacemos con estas experiencias? ¿Será simplemente algo del momento o nos servirá para toda la vida? ¿Sirvió para nuestro crecimiento espiritual? ¿Nos haremos acreedores de la posesión de Dios? ¿Llegaremos a ocupar todo el lugar que Dios tenía previsto para nuestra vida? No nos conformemos con mediocridades. No seamos minimalistas. Dios tiene mucho para los suyos, y con esto no me refiero a posesiones materiales, sino las bendiciones espirituales. Dios tiene mucho más para darte. ¡Toma de su plenitud gracia sobre gracia!

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