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22 junio, 2025Autor: Esteban Beitze
El llamado de Dios llega de una forma u otra a nosotros. Primeramente para Salvación, y también para caminar por las sendas que él ha preparado para nosotros. Escucharemos algunas características de este último.
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Llamado para la victoria
En nuestro estudio de la vida de Josué, nos encontramos en los primeros versículos del libro con su nombre. Ya vimos como Dios lo fue preparando para servirle en lugar de Moisés. No fueron lecciones fáciles, pero necesarias.
Ahora Dios lo podía llamar para el mayor desafío. Lo llamó para ponerlo al frente del pueblo de Israel, un pueblo de más de dos millones de personas. Pero el mayor desafío sería el de la conquista de la tierra prometida.
Josué recibe…
EL LLAMADO PARA LA VICTORIA
Josué 1:1-5 dice: “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”.
Por lo visto el libro de Josué fue escrito en su casi totalidad por Josué mismo, el cual también fue testigo presencial de casi todos los eventos. Lo completaría probablemente el sacerdote Eleazar o su hijo Finees. Este libro, ya desde el primer versículo nos señala un actuar bien especial de Dios con y a través de Josué. Seguiremos las experiencias de este hombre a lo largo de las páginas inspiradas por el Espíritu de Dios.
Josué sabía que la tierra de Canaán estaba repleta de enemigos que harían de todo para evitar el avance de la conquista. Él sabía muy bien que en él no estaba la fuerza ni la sabiduría para llevar a cabo esta tarea. Pero un hombre que tiene el llamado del Señor es invencible. Todo depende y todo lo recibe de Dios. Aunque haya obstáculos por doquier, es la persona que se deja vaciar de todo la búsqueda y apoyo en el yo, para convertirse en un canal de la voluntad de Dios. Lo que Josué necesitaba era un llamado de Dios para esta inmensa tarea, y lo tuvo.
Ya en la primera página de este libro, Josué obtiene un séptuplo llamado: un llamado personal, un llamado apremiante, un llamado a actuar, un llamado a levantarse, un llamado a avanzar, un llamado a heredar y un llamado a vencer.
- UN LLAMADO PERSONAL
Dice en Josué 1:1: “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun”. ¡Qué bueno es saber que Dios sabe perfectamente quiénes somos y de dónde venimos! Aunque su nombre había sido cambiado de Oseas a Josué por Moisés (Nm13:16), Dios sabe perfectamente quién es, de qué familia procedía, qué es lo que necesitaba, pero que también tenía un plan con su vida. También tenía un plan con el pueblo entero. Toda la generación de los que habían salido de Egipto había muerto en el desierto por su rebelión, exceptuando a Josué y Caleb. Pero Dios hace posible un nuevo comienzo al decirle a Josué: “…, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel”. Todo el pueblo, la nueva generación, los nacidos en el desierto, ellos heredarían la tierra. A pesar del fracaso y el juicio, Dios empieza de nuevo. Así como después del diluvio, Dios comenzó de nuevo con la familia de Noé, así Dios hizo un nuevo comienzo con este pueblo liderado por Josué. ¡Qué grande es la misericordia y la bondad de Dios! A pesar de la rebelión, del pecado, e inclusive después de un justo juicio que estos pecados hicieron necesario, Dios está dispuesto a empezar de nuevo. Para esta tarea llama a Josué. Dios le habló bien personalmente. A Josué no le quedaron dudas al respecto. Dios habló con él, y le encomendó la tarea a realizar.
Dios también te conoce y tiene un propósito maravilloso con tu vida. Su plan es personal. No hay necesidad de compararse con los demás, ni buscar lo que tienen o a adónde son guiados otros, sino escuchar el llamado personal del Señor. Para todos hay trabajo; para todos el Señor tiene su lugar. ¿Encontraste el tuyo? Obviamente, también tienes que estar dispuesto a que el Señor te llame a nuevos desafíos como a Josué. E inclusive, después de haber fracasado, Dios extiende su mano para dar una nueva oportunidad.
Josué tuvo la oportunidad de reescribir su historia. La generación de su padre había fracasado en cumplir con el propósito de Dios. Ellos se habían rebelado contra Dios reiteradas veces. Al final su incredulidad hizo que Dios los juzgara. Pero ahora, Josué podía escribir un nuevo capítulo, uno completamente diferente. Quizás ésta también sea tu realidad. La familia de dónde vienes, tus padres o quizás, tú mismo han fracasado en el pasado en relación a lo que Dios hubiera querido. ¡Ahora es el tiempo de seguir el llamado de Dios para un nuevo comienzo!
Quizá los planes de Dios no siempre será así como lo habremos imaginado, pero Él quiere cumplir Su propósito en nuestras vidas. Un precioso pasaje del Salmo 138:8 dice: “Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos” (Sl.138:8). Esto también podrá ser realidad en tu vida.
- UN LLAMADO URGENTE
Dios le dijo a Josué: “Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel” (1:2). La muerte de Moisés fue el detonante para este llamado urgente. Ya no había tiempo que perder. Fuerte suena el “ahora” de Dios. Había una gran tarea a realizar. Ahora había que mirar hacia adelante. No había más tiempo que perder. Y el que da esta orden es Dios mismo. A Josué Dios lo quería del otro lado del Jordán, en la tierra de la promesa. Ya era hora de dejar atrás el lugar de los muertos, el lugar de las rebeliones y el lugar de las derrotas. Era hora de ingresar a una vida de victoria, de conquista para alcanzar las promesas de Dios. Y esto tenía que suceder de inmediato.
Muchos posponen la obediencia a un llamado del Señor. Pero cuántos no llegan realizarlo. Escuché decir de un famoso y exitoso corredor de autos, el cual dijo que después de un año más de competencias iba a servir a Dios. Evidentemente había recibido un llamado de Dios. Pero no llegó al final del año. En una carrera, se estrelló a alta velocidad. Ya no serviría a Dios.
Otros postergan diferentes decisiones y compromisos en la vida cristiana a la que Dios los está guiando. Esto siempre resultará en pérdida personal y quizás aún una puesta a un costado por Dios.
Por lo tanto, si Dios nos llama para algo y nos muestra que es el tiempo de actuar, no le desobedezcamos. El “ahora” del Señor puede traer mucha bendición si es obedecido, pero también mucha tristeza, pérdida y hasta juicio si es desatendido.
- UN LLAMADO A ACTUAR
La orden a Josué fue tajante: “levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo”. ¿Había algo de incomprensible en esta orden? ¿Quedaba alguna duda al respecto que era lo que había que hacer? No. La orden era clara. No quedaban dudas acerca de lo que Josué debía realizar. Josué escuchó la voz del Señor. Había que empezar a actuar. Muchas de las apariciones o llamados de Dios a diferentes personas, estaban relacionados con una tarea, un mensaje o un objetivo. Así le sucedió a Abraham, Moisés, Gedeón, David, a los profetas en general, a los discípulos y a Jesús mismo. Quisiera destacar el encuentro que tuvo Saulo (después Pablo) con Jesús. Cuando se da lugar el encuentro, Jesús le dice: “Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hech.26:16-18). Jesús se le reveló con un claro objetivo. Lógicamente, el primero era su salvación, pero inseparablemente unido a éste, también estaba el llamado para un ministerio, una tarea importantísima. Dios iba a estar con él, pero Pablo tenía que empezar a actuar.
Nuestra tarea también es clara. Al haber sido rescatados y limpiados por la sangre de Cristo somos llamados a servir al Dios vivo (Hb.9:14). ¡Vamos! ¡Manos a la obra!
