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Josué, el nuevo líder del pueblo de Israel en el éxodo, tuvo que generar una confianza absoluta en que el mandato de Dios vendría acompañado de su respaldo.
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Consolado por Dios
Por medio del estudio de la vida y servicio de Josué podemos aprender preciosas lecciones para la vida del creyente. Josué…
FUE CONSOLADO POR DIOS
Leemos en Josué 1:1-2: “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel”.
No es casualidad que el libro de Josué comience nombrando dos veces la muerte de este gran líder que fue Moisés. ¿Cómo se habrá sentido Josué frente a esta gran pérdida? Para él Moisés no sólo fue un gran líder, sino que podríamos decir, que fue su padre espiritual. Era la persona que Josué admiraba, imitaba, seguía doquier que fuera. ¡Cuánto aprendió de este siervo de Dios! Pero ahora ya no se encontraba a su lado.
La pérdida había sido muy grande. ¿Habrá podido superar esta pérdida? Evidentemente sí. Dios trata a los suyos de diferente forma, pero en el caso de Josué podemos ver dos aspectos acerca del consuelo de Dios:
- El consuelo anticipado
En muchas ocasiones el Señor va preparando de antemano a los suyos antes que tengan que pasar por una gran prueba. En el caso de Josué, Dios había avisado con anticipación que Moisés no entraría a la tierra prometida y que Josué ocuparía este lugar. Inclusive fue ungido por Moisés como su sucesor. O sea, Dios lo estuvo preparando para este momento. No fue un evento inesperado.
Ahora bien, esto no siempre sucede así. A veces un ser querido tiene que partir súbitamente. Una iglesia de repente se queda sin su líder espiritual. Inesperadamente nos quedamos sin trabajo. Y existen incontables casos similares. Pero, Dios prepara a los que le son fieles para poder enfrentar las pruebas.
A un querido amigo mío, Dios le llevó a su hijo de apenas 3 meses. Aunque la situación fue dolorosísima, la pérdida irreparable, Dios ya lo había estado preparando. La noche anterior había estado en la iglesia y el hermano que compartió la Palabra expuso el precioso texto sobre la resurrección del creyente, nuestra profunda esperanza en 1. Corintios 15.
Aún en medio de todo el dolor, la pérdida o la frustración, Dios ya se había encargado de prepararlos. Evidentemente algunos estarán más preparados que otros, sobre todo si hubo una enfermedad terminal. Pero que un evento así nos tome por sorpresa o no, Dios ya se encargó en dejarnos en su Palabra, preciosas promesas a la cuales podemos y debemos acudir en momentos así. El conocido pasaje de Romanos 8:28 nos anima diciendo: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”. Le podemos añadir también 2 Corintios 4:17: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. No importa cuán pesada nuestra pérdida y cuán profundo nuestro dolor, siempre podremos contar con el consuelo de nuestro buen Dios.
- El consuelo posterior
Después de la muerte de Moisés, la pregunta que seguiría sería sin duda: ¿Y ahora qué? ¿Cómo se sigue? Una cosa era saber que Moisés ya no estaría y otra completamente diferente el hecho de que realmente ya no estuviera. Pero Dios se encargó de Josué. Con profundas palabras de ánimo le encarga la tarea a realizar. Él no estaría sólo, Dios estaría con él. Y una de las mejores formas de superar una prueba es tener una tarea que realizar y ayudar a otros. Dios le dice: “ahora, pues, levántate y pasa este Jordán”. Ahora Josué era el que se tenía levantar. Tenía que levantarse de su posible postración, desánimo, miedo y quién sabe qué sentimientos más. Era hora de actuar. Josué tuvo tiempo de hacer su duelo por su gran líder como vemos en Deuteronomio 34:8: “Y lloraron los hijos de Israel a Moisés en los campos de Moab treinta días; y así se cumplieron los días del lloro y del luto de Moisés”.
Pero ahora ya era hora de dejar el lamento, poner su mirada en un nuevo objetivo. Ahora que fue consolado por el Señor, puede llevar al pueblo, que hasta el momento no había conocido a otro líder que no fuera Moisés y que seguramente se resintieron mucho por la pérdida, a un nuevo proyecto, a un futuro esperanzador. Pablo le escribe a los corintios algo similar en 2 Corintios 1:3,4: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.
Al observar el actuar de Dios en este caso, uno puede sentir el cariñoso trato que tiene con los suyos, con su pueblo y con su obra. Quizás tengas que sufrir la partida de un ser querido, quizás aún la pérdida de los padres a temprana edad. Quizás el capacitado líder espiritual, fue llevado a la presencia de Dios o se tuvo que ir. Pareciera que quedara un vacío que ya nada ni nadie podrá llenar. Pero Dios no nos deja solos, jamás nos desampara. Pase lo que pase, podemos estar seguros, que mientras no haya pecado de por medio, Dios seguirá obrando, cuidando, proveyendo y sosteniendo en cada circunstancia. A veces no responde de inmediato; en oportunidades la solución no llega enseguida; existen circunstancias que nos parecen superar, pero existe algo absolutamente seguro y es éste es el Señor y su amor por nosotros.
FUE CAPACITADO POR DIOS
Leemos en Josué 1:1-2: “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel”.
Fue bajo el liderazgo de Moisés que el pueblo Israel obtuvo la libertad de la esclavitud egipcia. Fue bajo su dirección que se organizó el pueblo, se marchó por el inhóspito desierto, se obtuvo la Ley y su lugar de reunión.
Pero ahora, Moisés este gran líder había muerto. Hasta el día de hoy Moisés ocupa un lugar de preponderancia en el recuerdo y el valor que se da de entre de los patriarcas entre los judíos. Pero ahora ya no estaba. Mas justamente en este momento Dios levanta a Josué para ocupar su lugar. Dios no deja a su pueblo a la deriva. Era su pueblo amado, su pueblo elegido y no los abandonaría. Esta realidad sigue presente hasta nuestros días, aunque esto no excluye la posibilidad de castigo o disciplina si fuera necesaria, como se ve muchas veces a lo largo de la historia del pueblo de Israel. Pero a pesar de todo, Dios velaba por su pueblo, cuidaba que siguiera su existencia y se cumplieran sus promesas de otorgarle una tierra.
Claro que uno podría haber cuestionado la elección del sucesor. Y es indudable que Josué no fue de la talla de Moisés, pero la clave es que Dios lo había elegido. Y si Dios lo había elegido, también lo capacitaría de manera que pudiera llevar a cabo esta grande y difícil tarea.
En Números 27:18, cuando Dios elige a Josué dice de él: “Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu”. Y luego de la muerte de Moisés leemos de él en Deuteronomio 34:9: “Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés”.
Existe una realidad inalterable: Si Dios llama a alguien para una tarea, también lo capacita para la misma. Josué podía acordarse de la historia del llamado de su antecesor junto a la zarza ardiente. Dios lo llamó para sacar al pueblo de Egipto. Moisés se sentía totalmente incapaz, pero Dios lo capacitó para esta impresionante tarea (Ex.3-4). Otro caso lo vemos en el Nuevo Testamento. Dios tenía en mente usar a Pedro para llevar el evangelio también a los gentiles. Pero si no lo hubiera preparado por medio de la visión del lienzo con los animales impuros, él seguramente no hubiera ido (Hch.10). Y así podríamos ir por toda la Biblia y ver que cada persona escogida por Dios para una tarea fue debidamente capacitada por Él.
Inclusive para tareas prácticas como fue la construcción del tabernáculo, Dios capacitó debidamente a Bezaleel y Aholiab como está escrito en Éxodo 31:1-7: “Habló Jehová a Moisés, diciendo: Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor. Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado; el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, el propiciatorio que está sobre ella, y todos los utensilios del tabernáculo”.
Hudson Taylor, el humilde siervo de Dios que sirvió denodadamente en China, se caracterizó por una profunda confianza en la fidelidad del Señor. En su diario escribió: “Nuestro Padre celestial tiene mucha experiencia. Sabe muy bien que sus hijos se despiertan con buen apetito cada mañana… mantuvo a tres millones de israelitas en el desierto por cuarenta años. No esperamos que envíe tres millones de misioneros a China; pero, si lo hiciera, tendría recursos suficientes para mantenerlos a todos…dependamos del hecho de que la obra de Dios hecha a la manera de Dios jamás carecerá de la provisión de Dios”.
Existe una realidad inamovible, cuando Dios te llama a su servicio, también te capacitará para el mismo. No lucharás en tu propia fuerza, aunque requiera el esfuerzo personal. Dios mismo se encargará de llevar adelante lo que se propuso. Lo único que busca es una herramienta o instrumento útil, limpio y dócil para llevar a cabo lo que se propuso. Y si el Señor te llamara a un servicio a tiempo completo, también sabrá proveer inclusive para el sustento necesario. Tengamos presente que en ningún lugar del Nuevo Testamento se nos prometen bienestar físico o material, pero sí lo necesario para vivir, si ponemos a Dios en primer lugar en nuestras vidas. Lamentaciones 3:22-23 sigue siendo tan presente como en la antigüedad: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad”.
