PE-3197 | Autor: Eduardo Cartea
En el Salmo 51, David, el rey y cantor de Israel, acude en dolor y arrepentimiento a Dios. Una de las peticiones que realiza es que un: Espíritu noble le sustente. Pero, ¿qué es exactamente lo que está pidiendo?
En el Salmo 51, David, el rey y cantor de Israel, acude en dolor y arrepentimiento a Dios. Una de las peticiones que realiza es que un: Espíritu noble le sustente. Pero, ¿qué es exactamente lo que está pidiendo?
No es algo extraño que, en el caminar con el Señor, tropecemos. El propio Jesús dijo que es imposible no suceda. En ocasiones también caemos.
Para dificultar nuestro proceso de restauración, la idea de que Dios nos va a rechazar es una mentira susurrada a nuestros oídos. ¡Pero no es el final!
En este programa, abordaremos la disyuntiva a la que todo creyente nacido de nuevo en algún momento despierta. Y es que la rectitud no genera la Santidad, sino que Dios nos ha hecho Santos y en consecuencia nos volvemos rectos.
Hay un aspecto paternal de Dios, que suele ser menospreciado por el mundo de hoy en general. Hablamos de la disciplina. Y la palabra dice estrictamente que “Dios al que ama disciplina”. ¿Cómo concebir esto en una cultura de crianza permisiva?
Al enfrentar una caída, es posible que nos encontremos intentando una forma de reparación, retorno o estrategia para acercarnos a Dios. Sin embargo, al conocernos tan profundamente, nuestro Padre siempre está varios pasos por delante de nosotros.
Algo que el Señor menciona varias veces en su Palabra, es el reconocimiento y confesión de pecados delante de Él. ¿Por qué? Porque el pecado no confesado y traído a luz hace estragos.
Estamos compartiendo acerca de nuestro Dios como el gran Restaurador que es. Y una de las características de algo restaurado es la limpieza. Bueno, el Señor tiene la capacidad de limpiar de manera absoluta más allá de lo que el hombre ve.
Como cristianos, ¿estamos al tanto de lo eternamente capacitado está Dios para restaurar? Realmente confiamos en esa parte de la Palabra y revelación para nuestras vidas.
Todos nosotros hemos caído alguna vez, ya sea por inexperiencia o por ceder ante el pecado. Y como hemos escuchado el Señor es fiel y justo para perdonarnos, limpiarnos de toda maldad y restaurarnos. Pero, ¿cómo es el propio sentir y visión para con uno mismo?
Un repaso del significado de “un nuevo pacto” cuando el Señor instituye la cena, teniendo en cuenta la dignidad, comunión y cercanía que contiene. Pero también, la condición de quien, practicando el pecado abusa de la Gracia sin remordimiento.
Un repaso del significado de “un nuevo pacto” cuando el Señor instituye la cena, teniendo en cuenta la dignidad, comunión y cercanía que contiene. Pero también, la condición de quien, practicando el pecado abusa de la Gracia sin remordimiento.
En este programa Eduardo Cartea continúa con la serie. Esta vez, enfocándose en el arrepentimiento genuino, entendiendo lo que el pecado genera en el corazón de Dios.
En el programa anterior compartíamos cómo la raíz de pecado envuelve a cada alma alejándola del propósito divino y las obras que glorifican al Padre Eterno. Pero por la misericordia de Dios, no hemos sido consumidos; sino más bien, él nos otorgó la base sólida de toda la Creación, Cristo, en quien podemos aferrarnos para ser fruto agradable para su Gloria.
La humanidad fue creada y Dios vio que todo lo que había hecho era “bueno en gran manera”. Sin embargo, la palabra y la vida misma nos recuerdan todos los días, que nuestra naturaleza cayó de su condición original. El hombre es pecador y por lo tanto sus obras son pecado. ¡Pero la obra del Señor en la cruz, es inmutablemente “buena en gran manera”!
Eduardo Cartea continúa acompañándonos para encontrar, en la Palabra, los procesos y el orden que Dios utiliza para la restauración.
Continuando con el comentario sobre el reconocimiento de nuestros pecados. Eduardo Cartea continúa acompañándonos para encontrar, en la Palabra, los procesos y el orden que Dios utiliza para la restauración.
Al hablar de reconocimiento de nuestros pecados, podemos tomar el ejemplo en la Parábola del Hijo Pródigo, para encontrar los procesos y el orden que Dios utiliza para la restauración.
El reconocimiento del pecado es mirarlo de frente y no omitirlo. Admitiéndolo delante de Dios, pero también debe haber un profundo entendimiento de cómo se llegó, cometió y las consecuencias del pecado.
Nada de esto condiciona que la sangre de Jesucristo nos limpia y nos libra de todo pecado, pero en nuestra caminata con el Señor fallaremos muchas veces y con todo Él prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo.
¿Cómo actúa Dios para borrar nuestros rasgos de maldad y rebelión? El rey David pidió “… lávame más y más de mi maldad”.
La Palabra de Dios, habla acerca del Señor borrando el pecado. Y el pedido del rey David: “… lávame más y más de mi maldad” y la promesa de que si nuestros pecados fuesen como la grana serán como blanca lana. Pero, ¿cómo Dios actúa para borrar nuestros rasgos de maldad y rebelión?