Visión 20/20 (1ª Parte)

Visión 20/20 
(1ª parte)

Autor: William MacDonald

    La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.  


DESCARGARLO AQUÍ
PE1835 – Estudio Bíblico
Visión 20/20 (1ª Parte)



¡Qué tal amigos! Qué gusto estar nuevamente junto a ustedes! El tema de hoy, como ya se dijo, se titula: Visión 20/20, y está basado en el pasaje de 2 Corintios 5:9 al 21.

Nadie tiene una visión perfecta, pero algunos tienen imperfecciones que les llevan a usar lentes. Si son como yo, deberán ir al oftalmólogo regularmente para ser examinados.

Supongamos que en este momento estoy sentado en el consultorio de exámenes. Entonces entra el doctor, prende una luz y dice: “Sr. MacDonald, tape su ojo izquierdo y lea la línea de arriba de la pizarra”.
“¿Qué pizarra, doctor?”
“Ya veo, éste es un caso serio. Deberemos incrementar el poder de su prescripción”.
Acto seguido comienza a probar varios lentes y me pregunta: “¿puede ver ahora?”.
Se me ocurre pensar en el versículo bíblico:“Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan”,con lo cual quiero decir: “Está mejor, pero aún borroso”.
Entonces, sigue probando otros lentes y me pregunta: “¿éste es mejor que el otro?” Pronto comienzo a ver las líneas de la pizarra con mayor claridad y él descubre que con lentes nuevos puedo tener una visión 20/20.

También es cierto que nadie tiene una visión espiritual perfecta. Cuando el pecado llegó al mundo afectó la vista espiritual del hombre y todos necesitamos lentes que nos corrijan. En 2 Corintios 5:9-21, se mencionan siete lentes correctivos que debemos usar todo el tiempo, para poder ver las cosas de la manera que Dios las ve.

El primero es el hecho del infierno, mencionado en el capítulo 5, versículo 11. Pablo dice allí:“Conociendo, pues el temor del Señor, persuadimos a los hombres”.Me doy cuenta que el temor se refiere a una contemplación reverente y al respeto santo hacia Dios, el temor de no complacerle era lo que llevaba al apóstol a persuadir a los hombres y a tener integridad en el ministerio. Pero me gustaría aplicar este versículo en forma diferente. Me gustaría pensar que el conocimiento del horror y el terror del infierno, llevaban a Pablo a persuadir a los hombres para que fueran salvos de ese lugar de tormento. Por lo tanto, en nuestro armazón espiritual, deberíamos tener los lentes correctivos que nos permitan ver las llamas del infierno. Esto nos recordará constantemente que nuestros familiares no salvos, nuestros amigos, vecinos y todos los incrédulos están en el peligro inminente de experimentar este fin fatal. Nos inspirará, con un sentido de urgencia, a compartir las buenas nuevas de la salvación con aquellos con quienes estamos en contacto. Nos motivará a administrar nuestros recursos para esparcir así el evangelio.

El infierno es un hecho. El Señor Jesús habló más del infierno de lo que habló del cielo. Tan cierto como que existe el cielo, existe el infierno. Es el destino final de todos los incrédulos. Es un lugar de tormento consciente. No hay ni luz ni amor en el infierno. Es la desesperanza eterna. Cuanto más conscientes seamos de este terror, más persuadiremos a los hombres a escapar del mismo a través de la fe en Jesucristo.

El segundo lente, que se menciona en el mismo capítulo, en los versículos 14 y 15, es el amor de Cristo, no nuestro amor hacia Él, sino su amor hacia nosotros. Si tenemos estos lentes en nuestra armazón, veremos la cruz sangrienta y, en esa cruz, al Hijo de Dios muriendo por nuestros pecados, pagando el precio que nosotros debíamos pagar. Si Él fuera tan sólo un hombre, deberíamos estarle eternamente agradecidos, pero cuánto más deberíamos estarlo cuando nos damos cuenta que es el Señor de la vida y de la gloria, el Creador y Sustentador del universo.

Dicho amor nos constriñe. Su obra en la cruz tiene una cierta lógica adjunta. Si Él murió por nosotros, significa que todos estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Él no lo hubiera hecho si nosotros hubiéramos estado espiritualmente vivos y con buena salud. Pero, aún hay más, Él no murió por nosotros para que continuáramos viviendo vidas pecadoras, egoístas y carentes de sentido. En vez de eso, murió para que ahora nosotros pudiéramos vivir para Él. “Amor tan asombroso, tan divino que demanda mi alma, mi vida, mi todo” (dice Isaac Watts). La conclusión es inevitable.

El tercer lente correctivo es: El valor de la eternidad de un alma. El versículo 16, dice lo siguiente:“De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así”. Cuando nos convertimos, miramos a las personas en una forma diferente.

Antes nos preocupaba la apariencia física de las personas, su personalidad, o la cantidad de sus riquezas.

Pero, las cosas son diferentes ahora. La gracia nos enseña a verles como almas preciosas por las cuales Cristo murió. Les vemos como adoradores potenciales del Cordero de Dios por toda la eternidad. Nos damos cuenta que la persona que menos impresión nos pueda causar vale más que todo el oro, la plata, el platino y diamantes del mundo. Un poeta anónimo escribió: En el Calvario, el Señor Jesús colocó un valor sobre cada uno, el valor de Su propia sangre.

Cuando tenemos estos lentes correctivos en nuestra armazón, nos damos cuenta que lo que importa son las personas. Debemos vivir por las personas, por su salvación eterna.

El cuarto lente correctivo es: El propósito de nuestra creación.

En el capítulo 5, versículo 17, Pablo dice:“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es”.Si somos nuevas criaturas, parte de una nueva creación, entonces surge la inevitable pregunta: ¿cuál es el propósito de nuestra creación? ¿Estamos aquí para amontonar dinero? ¿Para hacer un nombre para nosotros mismos? ¿Para acumular posesiones materiales? ¿Para tener casas y jardines lujosos? ¿Para beber de la copa del placer? ¿Para ir en pos de lo trivial? ¿Acaso nuestros planes deben terminar en la tumba? ¿Acaso no tenemos un destino más elevado que el de construir un nido en un árbol que está destinado a la destrucción?

La respuesta, por supuesto, es que estamos aquí para glorificar a Dios y para representar al Señor Jesús en la tierra. Estamos aquí como la sal de la tierra y la luz del mundo. Hemos sido llamados a contar las excelencias de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Como sus embajadores debemos urgir a los hombres y mujeres a que se reconcilien con Dios. Todo lo demás es una distracción. Todo lo demás es irrelevante.

 

La piedra angular y la gloria” (Cap.2 | 3ª Parte)
Visión 20/20 (2ª Parte)

Déjanos un mensaje!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>