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No Entendemos la Palabra de Dios
(1ª parte)

Autor: Marcel Malgo

El mensaje del profeta Oseas es el del increíblemente paciente amor de Dios. Usted quedará asombrado con los aspectos personales, que tienen que ver con nuestra vida, que serán mencionados en este estudio. Se tratarán temas específicos que nos conducirán, cada vez, a un nuevo desafío.


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PE1567- Estudio Bíblico
No Entendemos la Palabra de Dios (1ª parte)


¿Cómo están amigos? Comenzamos este tema, leyendo el capítulo 8 de Oseas:

“Pon a tu boca trompeta. Como Jehová, porque traspasaron mi pacto, y se rebelaron contra mi ley. A mí clamará Israel: Dios mío, te hemos conocido. Israel desechó el bien; enemigo lo perseguirá. Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí; constituyeron príncipes, mas yo no lo supe; de su plata y de su oro hicieron ídolos para sí, para ser ellos mismos destruidos.

Tu becerro, oh Samaria, te hizo alejarte; se encendió mi enojo contra ellos, hasta que no pudieron alcanzar purificación. Porque de Israel es también éste, y artífice lo hizo; no es Dios; por lo que será deshecho en pedazos el becerro de Samaria.

Porque sembraron viento, y torbellino segarán; no tendrán mies, ni su espiga hará harina; y si la hiciere, extraños la comerán. Devorado será Israel; pronto será entre las naciones como vasija que no se estima. Porque ellos subieron a Asiria, como asno montés para sí solo; Efraín con salario alquiló amantes. Aunque alquilen entre las naciones, ahora las juntaré, y serán afligidos un poco de tiempo por la carga del rey y de los príncipes.

Porque multiplicó Efraín altares para pecar, tuvo altares para pecar. Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña. En los sacrificios de mis ofrendas sacrificaron carne, y comieron; no los quiso Jehová; ahora se acordará de su iniquidad, y castigará su pecado; ellos volverán a Egipto.

Olvidó, pues, Israel a su Hacedor, y edificó templos, y Judá multiplicó ciudades fortificadas; mas yo meteré fuego en sus ciudades, el cual consumirá sus palacios.”


Vamos a empezar a analizar este capítulo 8 de Oseas, con esta pregunta:

¿Entendemos la Palabra de Dios?

En realidad, la afirmación: ¡No entendemos la palabra de Dios!, no es tan fácil de explicar, ya que seguramente existen varias respuestas. Reflexionemos sobre dos de las posibles explicaciones.

¿Qué significa dejar de comprender al Señor? En primer lugar significa que Su palabra ya no nos comunica cosa alguna, que la Biblia nos ha dejado de hablar y las prédicas ya no llegan a nuestros corazones. Probablemente cada hijo de Dios puede afirmar la posibilidad de que este hecho se cumpla: se lee la Biblia, se escucha la Palabra; pero la misma no llega al corazón. Naturalmente existen los así denominados “trayectos de sed”en la vida de un creyente, en los cuales se presenta una lucha en todo el sentido de la palabra, en donde es necesario luchar para avanzar en la lectura bíblica; este tipo de trayectos son completamente normales.

Debemos comprender que esto no tiene absolutamente nada que ver con no entender más al Señor. Contrariamente, sabemos, por ejemplo, que el libro de Levítico o el profeta Ezequiel no son siempre fáciles y no siempre entendemos todo su significado, aunque sabemos que Dios nos habla a través de los mismos. Sin embargo, seguimos leyendo por fe, y de repente – a pesar de ser un pasaje difícil de comprender – reconocemos las maravillas de la ley del Señor (según lo explica muy bien el Salmo 111:10).

Pero, ¿comprendemos el proceder de Dios?

Pues existe además otro modo de no comprender a Dios, y es cuando ya no entiendo su proceder en mi vida, cuando no logro comprenderlo. Mi vida se convierte en un enorme signo de interrogación y ya no sé qué hacer.

Sabemos que nunca entenderemos completamente el proceder de Dios en nuestras vidas; pero entender a Dios significa precisamente aceptar su plan en nosotros. Entonces, al igual que antes, sigo sin entenderlo todo, pero sé con seguridad que todo lo que Él hace en mi vida es bueno y proviene de un Padre amoroso.

En resumen, no entender al Señor puede significar, en primer lugar, no comprender su Palabra, la Biblia, porque ésta ya no llega al corazón, y, en segundo lugar, no entender lo que sucede en mi vida, es decir, no aceptar el proceder de Dios como la guía de un Padre amoroso.

La falta de comprensión, puede ser por el pecado

En Oseas 8:12 leemos lo que Dios dice sobre Efraín – es decir, Israel: “Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña’’.

Otra traducción, la NVI, lo expresa de la siguiente manera: “Yo podría escribirles mi ley muchas veces, pero ellos la verían como algo extraño’’.

Nos confrontamos aquí a una gran tragedia: ¡Dios habla a su pueblo de varias maneras, pero Israel no le entiende! Por un lado, su hablar es para ellos “cosa extraña” y, por otro lado, estas palabras provienen de “un extraño’’.

¿Cómo pudieron llegar tan lejos? La primera respuesta posible es: ¡por el pecado! Todo el capítulo 8 del libro de Oseas, describe más que nada el profundo pecado de Israel. Desde este punto de vista, no hemos de sorprendernos que el pueblo de Israel haya dejado de entender a su Dios, podemos concluir estas cosas al estudiar cómo este pueblo al escuchar las enseñanzas de Dios consideraba su hablar como algo extraño y, además, como proveniente de un extraño. El pecado siempre bloquea la comunicación, haciendo que se pierda la comunión con Dios. El pecado siempre es el causante de la falta de comunicación entre Dios y sus hijos. Recordemos la declaración de Isaías 59, vs. 1 y 2: “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír’’.

Si profundizamos aun más en Oseas 8, reconoceremos algunas indicaciones, las cuales nos explicarán un poco más el hecho de “ya no entender” al Señor. De éstas, analizaremos dos posibles, las cuales citaremos brevemente: En primer lugar, ¡la terquedad de Israel! En el versículo 4 se expresa la tristeza del Señor: “Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí; constituyeron príncipes, mas yo no lo supe’’. En segundo lugar, ¡la idolatría de Israel! Dice, además, en el versículo 4: “de su plata y de su oro hicieron ídolos para sí, para ser ellos mismos destruidos’’.

¿No podríamos encontrar aquí un enlace entre ambas cosas? Israel adoptó una conducta obstinada y comenzó a practicar la idolatría. ¿Cuáles fueron las consecuencias? ¡Que consideraran las palabras de su Dios como algo extraño, y apreciaran, a su vez, estas palabras como provenientes de un extraño, es decir, habían dejado de comprender a su Dios!

Después de estudiar estas cosas, podemos afirmar también que Oseas 8 representa un capítulo bastante triste y destructivo. Pero es parte de la Palabra de Dios y debido a que somos exhortados a meditar en ella, no debemos hacerlo a un lado.

Ahora le pregunto: ¿Usted entiende a Dios?

¿Entiende a su Dios? ¿Puede entender Su hablar a través de Su Palabra y comprender, concebir y aceptar el proceder de Dios en su vida?

¿Vive confiado al igual que un niño, ya que todos los días escucha como Dios le habla a través de Su Palabra; y entiende Su obrar en su vida como el proceder de un Padre amoroso?

¿Es una persona que toma cada día con serenidad – no importando lo que suceda – de la mano del Maestro, luego de haberlo escuchado hablar y de entender sus enseñanzas? ¿O su comportamiento es igual al de Israel en la época de Oseas? Es verdaderamente triste saber que Dios les había dado su ley, su Palabra, en repetidas ocasiones, pero ésta era vista como algo extraño. Innumerables veces Él les anunció lo que debían hacer, pero ellos consideraban estas cosas como mandatos de un extraño. ¡Debe haber sido para Dios verdaderamente agobiante el recibir tal maltrato de Su pueblo!

¿Qué sucede con nosotros? ¿Tratamos así a nuestro Señor? ¿Nos habla Dios a través de su palabra, o de un sermón, pero hemos dejado de entenderle?

¿Hemos dejado de entender por completo el proceder del Señor en nuestra vida y sentimos un descontento con Él, a pesar de que el motivo de su proceder es sólo el amor paterno?

Queridos amigos, quedémonos meditando en estas preguntas, y en nuestro próximo encuentro continuaremos analizando este tema. ¡Hasta entonces!



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