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La Divinidad de Jesús de Nazaret

(1ª parte)

Autor: Thomas Lieth

Nada hay nuevo debajo del sol (dice en Eclesiastés 1:9). Por eso no deberíamos asombrarnos que la divinidad de Jesucristo sea ampliamente discutida. Analizamos en este mensaje: La divinidad de Jesús de Nazaret.


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PE1523- Estudio Bíblico - La Divinidad de Jesús de Nazaret
(1ª parte)


Amigos es un verdadero placer estar nuevamente junto a ustedes para hablar de: La divinidad de Jesús de Nazaret. Como se dijo en la introducción, en Eclesiastés 1:9 dice que: Nada hay nuevo debajo del sol. Por eso, no deberíamos asombrarnos de que la divinidad de Jesucristo sea tan ampliamente discutida.

Tanto el islam como el judaísmo rechazan la divinidad de Jesús. Y otras comunidades religiosas y sectas también la desmienten, al igual que los ateos. E, incluso, dentro de lo que se considera cristianismo, por increíble que parezca, es un tema de discusión.

Estos debates se dieron a lo largo de toda la historia. Ya en tiempos de las primeras iglesias hubo un movimiento (que era una mezcla religiosa de la cultura romana, griega, oriental y judía) que cuestionaba la divinidad de Jesucristo. No se ponía en duda a Jesús como personaje histórico. Para eso se contaba con demasiados testimonios confiables. Pero se debatía mucho acerca de su posición y su significado. Y eso no ha cambiado hasta el día de hoy. Para algunos, Jesús solamente fue Dios y no humano, otros sostienen que fue humano, pero no Dios. ¿Qué es lo correcto? Veremos como diversos pasajes en las Sagradas Escrituras demuestran la divinidad de Jesús de Nazaret.

El primer pasaje tiene que ver con: El envío de sus ángeles.

Mateo 13:41 dice así: “Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad”. A primera vista no hay cosa alguna en este versículo que parezca indicar la divinidad de Cristo. ¿Pero quién es el que habla acá? Jesucristo mismo. Está explicando la parábola del trigo y la cizaña. Jesús está hablando de sí mismo cuando dice (“el Hijo del Hombre”) y que Él enviará “a sus ángeles”. ¿Qué humano posee ángeles que pueda enviar? Según Hebreos 1:6 al 14 los ángeles son seres que pertenecen a Dios. En consecuencia, Jesús mismo debe ser Dios. Si no, no podría hablar de “sus” ángeles y enviarlos.

El segundo pasaje nos habla de la: Coparticipación en la creación.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (dice Génesis 1:1). En este punto muchos están de acuerdo. Cualquier judío, musulmán, e incluso todo cristiano creyente lo confirmará: el Dios todopoderoso es el Creador del cielo y la tierra. En el salmo 33:6 dice: “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca”.

En el Nuevo Testamento tenemos las más diversas indicaciones de que Jesús mismo participó en la creación (y esto es también lo que nos diferencia de las demás religiones). Por ejemplo, veamos los siguientes pasajes:

Hebreos 1:1 y 2: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.

Y Hebreos 1:7 al 10: “Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego. Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino. Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros. Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos.

Por un lado, dice: “En el principio creó Dios…”. Y, por otro lado, la Biblia menciona a Jesucristo como Creador. Por lo tanto, o se contradicen el Antiguo y el Nuevo Testamento, o Jesús también es Dios. En Juan 1:1 dice: “En el principio era el verbo…” lo que se complementa con el relato de la creación en Génesis, así como con el del Salmo 33.

Pero Juan continúa diciendo: “… y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. En el versículo 14, Juan termina relacionándolo todo con Jesucristo, la palabra de Dios hecha carne: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. En consecuencia, el Nuevo Testamento no contradice en nada al Antiguo Testamento, más bien lo explica y lo cumple. El Antiguo Testamento nunca se entendería completamente sin el Nuevo. Quien sólo se quede con el Antiguo Testamento, carecerá de algo esencial, carecerá del desenlace, o del cumplimiento, del mismo.

“Él (Jesucristo) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:15 al 17).

Queda completamente descartado que Jesús haya participado de la creación como hombre. Sin embargo, el Nuevo Testamento confirma claramente que Jesús es el Creador. En consecuencia, Jesús debe ser Dios. Y así también lo entendieron los sacerdotes y escribas de su tiempo. Por eso se ofendieron tanto cuando Jesús les dijo: “Antes que Abraham fuese, yo soy”. ¿Cómo era esto posible si Jesús sólo era un hombre? Abraham vivió unos 2.000 años antes de Cristo. Entonces, Juan 8:58 y 59, nos dice que sucedió lo siguiente: “Tomaron... piedras para arrojárselas”. La afirmación de Jesús “¡Yo soy Dios!” era una clara herejía a los ojos de los líderes religiosos.

El versículo “En el principio era el verbo…” testifica de la eternidad del Hijo. El Hijo estuvo desde el comienzo, y por lo tanto era Dios mismo. “… y el Verbo era con Dios” indica una separación: El verbo es Dios mismo, pero se diferencia del Padre. Éste es el misterio de la trinidad (un Dios, pero tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo). Y esta trinidad, que nunca podremos entender en forma total con nuestras limitaciones humanas, es la que no debemos perder de vista cuando se trata de la divinidad de Cristo. A continuación, dice: “… y el Verbo era Dios”. ¿Cómo puede estar el verbo con Dios si de todas formas es Dios? No se nos pide que lo entendamos intelectualmente. Pero sí es así, y simplemente somos llamados a creerlo.

Otros pasajes tienen que ver con el: Perdón de pecados.

Isaías 43:25 y 44:22 dicen así: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí”.

Aunque estos versículos hablen de la futura liberación de Israel, también demuestran el principio del perdón de pecados. Sólo Dios puede perdonar los pecados. ¡Es una verdad bíblica categórica que ningún hombre ni ninguna institución pueden perdonar pecados, sino solamente Dios! Este hecho lo puede confirmar cualquier estudioso judío, basado en el conocimiento del Antiguo Testamento. Y justamente por eso, los escribas y fariseos judíos reprendieron a Jesús cuando le ofreció el perdón de pecados a un paralítico. En Marcos 2:5 al 12 leemos:

“Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.”

Hay que ponerse en el lugar de los sacerdotes y escribas. Para ellos, el actuar del hijo del carpintero de Nazaret era una herejía increíblemente grande, ya que con sus hechos, Jesús subrayaba su origen y divinidad, lo cual les resultaba ¡un escándalo sin precedentes!

El tema está apasionante, pero el tiempo se ha acabado. Así que los invito a acompañarnos en el próximo programa para continuar con el mismo. ¡Hasta entonces!



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