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Más que solamente esto...

"Y el varón de Dios respondió: Jehová puede darte mucho más que esto" (2 Cr. 25:9).

Ernst Kraft

¿Ha llegado usted a un punto en su vida, en el cual casi se quiebra bajo sus dificultades y problemas? No importando cuan pesada e imposible pueda ser su situación, usted nunca escuchará que el Señor Jesús llegue a decir: "Hijo mío, después de todo, ahora, tu problema ha llegado a ser demasiado pesado para mí."

"Alzaron los ríos, oh Jehová, los ríos alzaron su sonido; alzaron los ríos sus ondas. Jehová en las alturas es más poderoso" (Sal. 93:3-4). Por más que las olas de Sus sufrimientos bramen con todo su poder, el Señor sigue siendo más poderoso. Cuando Natanael se encontró por primera vez con Jesús, y quedó sorprendido por lo que Jesús le reveló, el Señor le dijo: "Cosas mayores que estas verás" (Jn. 1:50). Jesús es mucho más grande, más glorioso, más lleno de amor y más misericordioso, de lo que nosotros Lo hemos experimentado. Un día, en el cielo, exclamaremos: "¡Ni la mitad me habían dicho!"

Cuando oramos y llevamos a Él nuestra calamidad, el problema, a menudo, parece imposible de solucionar, la montaña parece demasiado alta, o el camino demasiado oscuro. Pero, sea como sea, que Su camino se vea, justamente ahora, Efesios 3:20 testifica que Dios "es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos". Puede que el enemigo le haga sufrir y lo quiera destruir, pero Jesús es mucho más poderoso. Sí, un día le dará fin al Anticristo con el aliento de su boca (2 Ts. 2:8) y tomará él mismo el mando (Ap. 19). Donde está Jesús, el poder de las tinieblas se quebranta. Vea tan solamente lo que aconteció con el endemoniado, en Marcos 5:1-20.

Y aun así, podemos llegar a un punto donde ya no sabemos a dónde ir y no vemos más esperanza. Esto le sucedió también al siervo del profeta Eliseo: "Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?" (2 R. 6:15). Pero Eliseo le pudo decir: "No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos" (v.16). ¡Jesús es aún más grande todavía! El Salmo 145:3, dice acerca del Señor: "Su grandeza es inescrutable."

¿A que tipo de actitud debería llevarnos esta verdad? Pablo nos dice en Filipenses 3:7: "Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo." Él amaba a Jesús por sobre todo lo demás. En el versículo 3, se alegra de tener a Jesús y de ya no confiar en su carne. Porque Dios nos ha dado todo en Jesús (Ro. 8:32). Con respecto a Él, sigue en pie esta verdad: "Y he aquí más que Salomón" (Mt. 12:42); más de lo que la Reina de Saba llegó a ver, en cuanto a gloria y sabiduría, durante su visita al Rey Salomón. Ella, sorprendida, tuvo que declarar: "Ni aun se me dijo la mitad" (1 R. 10:7). Jesús es mucho más glorioso. Por eso, Pablo quería ganar a Cristo (Fil. 3:8). Solamente nuestro Señor Jesucristo mismo nos lleva a la verdadera satisfacción.

Que pobre es la vida del creyente que, como la iglesia de Laodicea, dice: "Yo soy rico y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad" (Ap. 3:17). Lo que Jesús quiere es que sigamos creciendo más y más en Él. No deberíamos seguir siendo como somos. Porque debe suceder aún más en nosotros de lo que ya sucedió. "Jehová puede darte mucho más que esto" (2 Cr. 25:9).

Es normal que un ser humano crezca y se transforme: de bebé en niño, de niño en joven, de joven en hombre, y de hombre en padre. Con ese proceso de crecimiento nunca terminamos. Quien crea haber llegado ya, se empobrecerá y se quedará atrás, a causa de esa actitud.

Ése es el gran problema: ¡Ya deberíamos haber crecido mucho más en Cristo! Y aun así, continuamos siendo como niños pequeños en la fe, a pesar de que ya hace mucho deberíamos ser padres y madres. "Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño" (He. 5:12-13).

¡Cuántas veces hay problemas en la iglesia por "niñerías! Un niño siempre necesita atención, si no la consigue, actúa de mal modo. Si por ejemplo, un miembro de la iglesia, por equivocación, no es saludado, ya se molesta. ¡Y eso que deberíamos tener el sentir de Jesús! ¿Será que usted, quizás, tiene problemas porque todavía es un niño, cuando hace mucho que debería ser un padre o una madre?

Deberíamos crecer más y más en el celo por las cosas del Señor, para que Jesús pueda decir: "Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras" (Ap. 2:19). De Samuel, la Biblia dice: "Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres" (1 S. 2:26).

Este crecimiento en el área espiritual es el que muchas veces nos falta, porque eso cuesta. Juan el Bautista dijo: Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (Jn. 3:30). Un gran obstáculo para muchos que no crecen espiritualmente, es que ellos mismos no quieren menguar y achicarse. Dicen cosas tales como: "Yo ya tengo experiencia. Ya lo sé. ¿Qué me va a decir éste o aquel?" Pero, ¡así no funciona! Solamente si nuestro Yo disminuye, podemos crecer espiritualmente. El orgullo natural es un obstáculo para el crecimiento espiritual y con eso también para la bendición. Si fuéramos más humildes, y dispuestos a poner nuestro corazón a disposición de Jesucristo, Dios también nos obsequiaría más y más gracia y bendición. Él podría obrar abundantemente en nuestra vida, pero nosotros bloqueamos este obrar con nuestro orgullo.

Por eso, algunos son deformes, espiritualmente hablando. En un aspecto puede que hayamos aumentado, por ejemplo en la cabeza. Hemos adquirido mucho conocimiento, pero no hemos puesto en práctica casi nada de ello. Nuestro conocimiento no llevó al crecimiento espiritual, sino que siguió siendo teoría. Por eso, Efesios 4:15 dice: "Crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo." Debemos luchar por crecer en todas las áreas, para que ganemos en estatura, en Cristo (Gá. 4:19).

Santiago dijo: "No tenéis lo que deseáis, porque no pedís" (Stg. 4:2). Antes de que Jesús sanara al ciego, le preguntó: "¿Qué quieres que te haga?" (Mr. 10:51). ¿Qué es, concretamente, lo que usted quiere recibir de Jesús?

Dios mismo trabaja en nuestra vida, con el fin de poder bendecirnos más y más. Quizás usted no comprenda por qué justamente usted tiene que recibir tantos golpes, y pasar por tantas humillaciones. Jesús da la respuesta: "Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto" (Jn. 15:2). Más que solamente esto… Por eso usted, cada tanto, se encuentra bajo una presión incrementada. Porque después de eso, usted da más fruto y, también, le puede llegar más bendición. Dios le limpia, para poder bendecir lo más.

Por eso, diga cada vez más sí a los problemas, para ser hecho más pequeño y para poder experimentar más y más la bendición de Dios. Porque cuando usted mengua y ya no es nada, es cuando la bendición comienza a fluir. Y usted puede esperar que la bendición aumente en su vida, ya que Dios tiene aun más para dar.

¿Está listo para dejarse recortar más, en la escuela de Dios, para que pueda llevar más fruto y para que le puedan suceder cosas aun más grandes que las que le han sucedido hasta ahora? "Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra" (2 Co. 9:8).

¿Espera usted aun más? Dios puede hacer más de lo que pedimos y comprendemos. Quien pide poco, recibe poco. Quien pide y espera mucho, recibe mucho. El profeta Eliseo, una vez, fue al rey de Israel y le dijo: "Golpea la tierra. Y él la golpeó tres veces, y se detuvo. Entonces el varón de Dios, enojado contra él, le dijo: Al dar cinco o seis golpes, hubieras derrotado a Siria hasta no quedar ninguno; pero ahora sólo tres veces derrotarás a Siria" (2 R. 13:18-19).

¡No se quede usted quieto, sino crezca, y espero que el Señor le dé más, mucho más! Mi deseo es que usted crezca en Jesucristo, y pueda experimentar las palabras del Salmo 115:14 en su vida: "¡Aumentará el Señor bendición sobre vosotros; sobre vosotros y sobre vuestros hijos!"




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