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Título: ¿Qué es el primer amor?

Autor: Norbert Lieth    PE1374

En Apocalipsis 2, 4-5 el Señor Jesucristo advierte a la iglesia en Éfeso por haber dejado el "primer amor".

La palabra griega para "primero" es "protos", lo que, más que una preferencia temporal, indica una preferencia cualitativa. Así también el "primer amor" quiere decir el "mejor amor". Más acerca de esta profunda verdad en este programa.


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Estimado amigo, es un gozo para mi poder compartir con usted la segunda parte de este estudio bíblico acerca de la pregunta: ¿Cuál es el primer amor?

En primer lugar repetimos algunos puntos del programa pasado para el oyente que nos sintoniza hoy por primera vez.

Nos basamos en el texto que leemos en Apocalipsis 2,4-5, donde el Señor Jesús dijo acerca de la iglesia de Éfeso: "Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido".

Hemos definido que la expresión "primer amor" no es algo dependiente del tiempo. El verdadero amor puede cambiar, pero no mengua. Comparando con el matrimonio podemos decir que después de la etapa de enamorarse el amor ya no depende solamente del sentimiento, sino que llega a ser constante y más profundo. Lo decisivo es que el amor hacia Jesús tenga el primer lugar en mi vida, y por lo tanto sea el primer y mejor amor. Se trata de tener las prioridades correctas.

El Señor Jesús siempre tiene que estar en el primer lugar. Tenemos que partir de este primer amor hacia Él, para luego trabajar para Él, y no al contrario. Según mi parecer, Jesucristo quería mostrar a los cristianos de la iglesia de Éfeso que su obra para el nombre del Señor estaba en el primer lugar en sus vidas, y el amor y la entrañable unión con Jesús seguía en el segundo lugar; la rutina rígida había reemplazado la vida espiritual.

En Lucas 10:38 – 42 tenemos un ejemplo del primer amor hacia Jesús. La Palabra de Dios dice así:

"Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada."

Marta se esforzaba mucho por atender dignamente a Jesús, ofrecerle comida y bebida, y seguramente lo hizo con amor. A pesar de esto el Señor tuvo que exhortarla. Sin embargo, su hermana María fue elogiada. No tenemos que dejar de cumplir con nuestros quehaceres, pero también hacer lo otro – las prioridades tienen que estar bien. En ese acontecimiento se demostró que María hizo lo mejor, lo cual es para nosotros una imagen del "primer amor" hacia Jesús. Lo más importante es sentarse primero a Su pies, escuchar Su Palabra y conocer Su voluntad. Si tenemos este primer amor hacia el Hijo de Dios, esto no nos dejará sin fruto y haremos Su voluntad. Pues más tarde fue María la que derramó el ungüento de mucho valor sobre los pies de Jesús.

¡Qué contraste con las palabras de Jesús: "Tengo contra ti, que has dejado tu primer amor". Este se había perdido, y por eso la iglesia de Éfeso corría el peligro de perder la luz que irradiaba.

Primero Cristo

De la visita de Jesús a la casa de María y Marta y de la obra de amor de María, se desprende claramente lo extraordinariamente importante que es para el Señor, que en primer lugar nos acerquemos solamente a Él, con un amor no dividido, que vivamos con Él y de Él, y que trabajemos luego con todo fervor para Él, a partir de esta unión de vida. La regla es: Primero el ferviente amor hacia Jesús, y luego el trabajo para Él. Es muy importante servir al Señor. Pero muchos cristianos se afanan en su servicio para el Señor, y apenas tienen todavía verdadera comunión con Él, por ejemplo, por la lectura de la Biblia, en la oración, teniendo tiempos de quietud en Su presencia, para escucharlo a través de la Palabra de la Biblia y para adorarlo. Es muy posible que uno siga matándose trabajando para el Señor, pero en cuanto a la comunión con Él se haya vuelto indiferente. Tenemos que hacer lo uno, pero no dejar lo otro – pues si no, hemos dejado el primer amor.

Al Señor Jesús, quien amó primero a los Suyos demostrándolo en Su sufrimiento y muerte en la cruz, como también en Su resurrección y ascensión al cielo, Le pertenece el primer amor. En otras palabras: Él tiene que ser el Primero en nuestra vida. El Señor Jesús expresó que la necesidad del primer amor hacia Él era algo muy serio, cuando lo dijo de una manera muy radical, en Mateo 10:37: "El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí."

La palabra griega para "primero" es "protos", lo que, más que una preferencia temporal, indica una preferencia cualitativa. Así también el "primer amor" quiere decir el "mejor amor". Como derivado de este significado básico en el griego, también puede referirse a "lugar de honor", a "adalid", a "ser el primero" o "tener el primer rango". En el Tabernáculo, el Lugar Santo, que se encontraba delante del Lugar Santísimo, se llamaba la "primera carpa", o la "carpa delantera". Allí obraban los sacerdotes en la inmediata presencia del Señor; no había lugar para otra cosa entre su lugar y el Lugar Santísimo. También de esto se puede desprender lo que quiere el Señor: ¡que vivamos tan inmediatamente delante de Él y con Él que Él tenga el primer lugar en nuestras vidas!

La misma palabra griega "protos" se usa en la parábola del hijo pródigo, que regresó a su padre sin recursos y con la ropa rota. El padre hizo buscar para él la mejor ropa, o la primera ropa: "Sacad el mejor vestido, y vestidle..." (Lc. 15:22). No se trataba de una ropa de fiesta que el hijo quizás había usado en años anteriores, sino simplemente del mejor vestido de honor.

El Señor encontró muchas cosas buenas entre los cristianos de la iglesia de Éfeso (comp. Ap. 2:2-3), pero Jesús mismo no era el Primero ni el Mejor para ellos. Alguien dijo una frase muy cierta: "Lo bueno es el enemigo de lo mejor." Quiero repetirlo: Lo mejor – el primer amor hacia Jesús – tiene que estar antes de todo lo demás. Si dejamos que algo se ponga delante del "primer amor", ya no es el primero, sino quizás el segundo o incluso el tercer amor.

¿Pertenece tu amor primero al Señor Jesús? ¿Tiene Él en tu vida la preferencia absoluta? ¿Realmente todas las demás cosas vienen después de Él, en tu vida? ¿Te esfuerzas por escucharlo con atención cuando Él quiere hablarte por Su Palabra en la Biblia y de esta manera tener verdadera comunión con Él? ¿Amas al Señor Jesús más que a todo, aunque hayas perdido todo lo que te valía tanto, por ejemplo, cuando no puedes trabajar más por alguna razón o cuando ya no puedes moverte? ¿Has aprendido a amarlo más que a todo? Y ¿entendiste a tiempo la advertencia de Jesús a los cristianos en la iglesia de Éfeso y la aplicaste a tu vida? El Señor se expresó con palabras sumamente serias cuando habló del verdadero discipulado: "Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo" (Lc. 14:33).



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