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Falsos Profetas

Desde el primer pecado existen peleas, odio, asesinato, envidia, falsedad y engaño. Con razón, el autor del libro de Eclesiastés escribió: "… nada hay nuevo debajo del sol" (Ecl. 1:9).

Ya en los tiempos de Jeremías existían los profetas extáticos, poco sobrios y falsos, que engañaban al pueblo con profecías falaces. Aunque las nubes tormentosas del juicio sobre Jerusalén se habían vuelto cada vez más oscuras, ellos apaciguaban al pueblo. Sus declaraciones eran muy positivas y sonaban edificantes, y aun animadoras, a los oídos de la gente. Ellos prometían mucho, y entre otras cosas también la victoria.

En forma totalmente contraria, los mensajes de Jeremías eran destructivos para los oyentes, les quitaban las ilusiones y los dejaban abatidos, prometiendo pocas cosas buenas. Trataban de la justicia de Dios y de la injusticia del pueblo, de arrepentimiento y de cambio de actitud. ¿Cómo se habrá sentido Jeremías frente a esos falsos profetas?

El falso profeta Hananías, por ejemplo, tenía un "maravilloso" mensaje y hasta la valentía, o más bien la audacia, de proclamarlo con intrepidez: "Aconteció en el mismo año, en el principio del reinado de Sedequías rey de Judá, en el año cuarto, en el quinto mes, que Hananías hijo de Azur, profeta que era de Gabaón, me habló en la casa de Jehová delante de los sacerdotes y de todo el pueblo, diciendo: Así habló Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Quebranté el yugo del rey de Babilonia. Dentro de dos años haré volver a este lugar todos los utensilios de la casa de Jehová, que Nabucodonosor rey de Babilonia tomó de este lugar para llevarlos a Babilonia, y yo haré volver a este lugar a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, y a todos los transportados de Judá que entraron en Babilonia, dice Jehová; porque yo quebrantaré el yugo del rey de Babilonia" (Jer. 28:1-4). A eso, Jeremías contestó: "Amén, así lo haga Jehová. Confirme Jehová tus palabras, con las cuales profetizaste que los utensilios de la casa de Jehová, y todos los transportados, han de ser devueltos de Babilonia a este lugar… El profeta que profetiza de paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, será conocido como el profeta que Jehová en verdad envió" (vs. 6,9). Hananías no se dejó impresionar para nada, sino que hizo lo siguiente: "... quitó el yugo del cuello del profeta Jeremías, y lo quebró. Y habló Hananías en presencia de todo el pueblo, diciendo: Así ha dicho Jehová: De esta manera romperé el yugo de Nabucodonosor rey de Babilonia, del cuello de todas las naciones, dentro de dos años. Y siguió Jeremías su camino" (vs. 10-11). Para Jeremías ahora solamente existía el camino de la separación. Pero el Señor le dio indicaciones a Jeremías de volver a Hananías para decirle, entre otras cosas: "... Ahora oye, Hananías: Jehová no te envió, y tú has hecho confiar en mentira a este pueblo. Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo te quito de sobre la faz de la tierra; morirás en este año, porque hablaste rebelión contra Jehová. Y en el mismo año murió Hananías…" (vs. 15-17). Todas las profecías mentirosas de Hananías desaparecieron en la arena de la fantasía, porque Jerusalén fue conquistada en su totalidad, y todos los utensilios fueron quitados del templo.

En una carta, Jeremías tuvo que escribir a los superiores de Israel y a todo el pueblo que Nabucodonosor había llevado a Babilonia, entre otras cosas lo siguiente: "Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No os engañen vuestros profetas que están entre vosotros, ni vuestros adivinos; ni atendáis a los sueños que soñáis. Porque falsamente os profetizan ellos en mi nombre; no los envié, ha dicho Jehová" (Jer. 29:8-9). Interesante es la significativa cercanía de las falsas profecías con la adivinación.

La situación hoy en día no es muy diferente: La profecía bíblica se encuentra a poco de su cumplimiento. En una primera instancia la misma no promete nada bueno, ya que las nubes del venidero tiempo de tribulación están amenazando cada vez más. Estamos rodeados de noticias negativas. Y aún frente a todo eso, en muchas partes se proclama un evangelio puramente "positivo" que ignora esos hechos, y que llega a oídos cada vez más abiertos:

· Se da mucha importancia a los avivamientos y a las sanidades. Pero el hecho de que los enfermos en sus sillas de ruedas sean sacados del escenario, después de las reuniones, de la misma forma en que han entrado, casi nadie lo toma en cuenta: ¡Lo más importante es que el show esté bien!

· Se le quita importancia al pecado, y se fortalece la fe en sí mismo.

· La exhortación del evangelio no es mencionada, contrariamente a eso se difunde el evangelio del bienestar.

Con respecto a esto, los siguientes acontecimientos paralelos:

Las advertencias de los apóstoles hablan un lenguaje muy claro para los últimos tiempos, y no podemos negar que ellas justamente son cada vez más verídicas en nuestros días:

"Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo" (2 Co. 11:13).

"Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras" (2 P. 2:1).

"Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo" (1 Jn. 4:1).

"Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos" (Ro. 16:18).

Pero no queremos señalar con el dedo a otros, sino tomar estas exhortaciones muy en serio para nosotros mismos.

Por supuesto que el Señor, a través de cada una de Sus Palabras, puede hablarnos muy personalmente a cada uno de nosotros. Supongo que todo cristiano puede testificarlo y alegrarse por eso. Aun así, no se deben aplicar versículos bíblicos a una situación personal sin moderación. Un ejemplo con respecto a esto: Hace algún tiempo atrás, tenía que ir con urgencia a Hannover (Alemania), para oficiar una ceremonia de casamiento. Las condiciones meteorológicas eran previsiblemente malas, había advertencias de tormenta, fuertes ventiscas de nieve, las carreteras estaban resbaladizas, y los vuelos tenían enormes retrasos o, incluso, eran cancelados. Algunos hermanos en la fe me aconsejaron no volar bajo ningún concepto; y dijeron que mejor me tomara el tren de la noche. Cuanta más atención presté a las voces de los amigos y a mi propio sentimiento de temor, tanto más inseguro me puse. Esa noche teníamos reunión de oración. Algunos minutos antes de comenzar, abrí mi Biblia con la esperanza de, quizás, encontrar allí una respuesta. Mis ojos cayeron sobre Lamentaciones 1:1-2: "… se ha vuelto como viuda… Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas están en sus mejillas. No tiene quien la consuele…" Eso me hizo pensar en mi esposa - y quedé aún más inseguro. ¿Debería volar realmente? En casa hablé con ella, y me dijo que me fuera tranquilo en el avión, que regresaría bien. Y gracias a Dios eso fue lo que sucedió.

Ese tipo de inseguridad puede producirse cuando uno saca los pasajes bíblicos de su contexto. Hay que tener cuidado que todo lo que enseñamos, predicamos o tomamos en serio en el devocional personal, corresponda al fundamento de la doctrina bíblica, y no sea sacado de su contexto.

La Palabra de Dios no puede simplemente ser torcida para confirmar nuestra preconcebida opinión. Lamentablemente, no es tan extraño que la Biblia en algunas traducciones, transmisiones o explicaciones sea ajustada a ciertas tradiciones, tratando de mantener en pie y afirmar una opinión tradicional propia a través de ciertos versículos bíblicos. Eso, sin embargo, degrada la Biblia a la altura de un objeto, mientras nos eleva a nosotros mismos como sujeto. Pensemos tan solamente en el asunto del sábado, en el cumplimiento de las fiestas y feriados judíos, en el comer ciertas comidas, en el asunto del bautismo, y en algunas otras cosas más. Ya sea que suene como algo positivo o negativo: Si no corresponde a la enseñanza total de las Sagradas Escrituras, no tiene valor alguno. Aun el mismo diablo trató de hacer caer al Señor Jesús con versículos sacados del contexto de la Palabra de Dios (cp. por ej. Mt. 4:3ss). Y porque lo hizo y lo continúa haciendo, lo que dice es mentira, aun cuando se trate de la Palabra de Dios.

A través de interpretaciones equivocadas de la Palabra de Dios han surgido las peores doctrinas falsas, opiniones equivocadas y sectas.

Otro ejemplo de lo que no deberíamos hacer: Un dedicado y amable hijo de Dios a veces caía en pensamientos depresivos. En algunas de esas crisis, le venían dudas acerca de su salvación. Él decía que cuando eso le sucedía, a menudo recordaba los versículos de Hebreos 12:16-17, donde dice: "no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas." Pero, en el caso de Esaú no se trataba de un hijo de Dios que había pecado, se había arrepentido, y aún así se había perdido. ¡No! Esaú era un hombre impío, que vivía de acuerdo a eso y que concientemente había desechado su primogenitura. En realidad, Esaú estuvo muy cerca de alcanzar la promesa dispuesta para él, pero con desprecio la dejó de lado sin prestarle atención, no la tomó en serio, no se apropió de ella. Más adelante quiso recibir una bendición, pero no era la bendición de Dios. En cuanto a sus lágrimas, no era que Esaú realmente estuviera arrepentido. Sino que él, a través de sus lágrimas - sin arrepentimiento -, quiso alcanzar la bendición. Fue algo parecido a lo que sucedió con Judas, quien si bien le pesó lo que hizo, nunca mostró verdadero arrepentimiento.

En otra parte de la Biblia dice con respecto a Esaú: "… como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí" (Ro. 9:13). Eso significa que no había nada en Esaú que el Señor hubiera podido amar: no había honestidad, ni una chispa de veracidad o de búsqueda de la buena voluntad de Dios; bien al contrario de Jacob, quien oró con gran aflicción de su alma: "No te dejaré, si no me bendices" (Gn. 32:27). De ese mismo modo, el odio, es decir la ira de Dios, al igual que en el caso de Esaú, está también sobre cada ser humano que rechaza la fe en Jesucristo (cp. Jn. 3:36).

De modo que en todo este asunto, no se trata de que una persona nacida de nuevo se pueda perder, sino de que un ser humano no nacido de nuevo e impío, que en realidad se encuentre cercano a la salvación (como Esaú) que tenía la promesa, pierda la salvación porque, en definitiva, la desprecie y no la reclame para sí. A muchos judíos, a quienes fue dirigida la Carta a los Hebreos, les importaba solamente la bendición, es decir los beneficios del cristianismo, pero no Jesucristo (cp. por ej. He. 10:29). Quien sea indiferente a Jesucristo, la inefable dádiva de Dios, comete un error que en toda la eternidad no podrá ser perdonado. N. L.




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"Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los

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