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Titulo: La Parábola de las 10 Vírgenes (Continuación) 1 / 3

Autor: Norbert Lieth  Nº: PE970

 

¿Cómo deben ser vistos los discípulos, y a quién se refieren las diez vírgenes? Encontrará las respuestas a estas preguntas, escuchando la segunda parte del estudio de la parábola de las 10 vírgenes!

 


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                La Parábola de las 10 Vírgenes (Continuación) 1 / 3

 

 

Querido amigo, en la serie anterior comencé a desglosar el sentido más profundo que, desde mi punto de vista, tiene la parábola de las diez vírgenes.
En ésta, observaremos al resto de las personas, para ver cuál es su posición a la luz de la palabra profética.
Como el Señor Jesús dirigió esta parábola a sus discípulos (Mateo 24:3 en adelante), cuestionémonos primeramente:

 

¿Cómo qué deben ser vistos los discípulos?

 

 

El Señor Jesús exhortó a sus discípulos: "Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir." (Mateo 25:13). En mi opinión, los discípulos, en este contexto del Sermón del Monte, representan la condición del pueblo judío en el tiempo inmediatamente anterior al establecimiento del reinado de Jesucristo.

 

En ese momento los discípulos aún no representan a la Iglesia, por lo tanto tampoco a la desposada del esposo que ha de regresar sino, antes bien, a las vírgenes, o sea a los que del pueblo judío han de ser invitados a la fiesta de bodas. Esto se puede ver claramente en Mateo 9:14-15: "Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán." Aquí el Señor no describe a los discípulos como a la esposa, sino como a los invitados de la fiesta de bodas, pues aún no se trataba de la Iglesia sino de Israel. Más tarde, los apóstoles, efectivamente, pusieron el fundamento de la Iglesia, pero aquí aún son un símbolo del pueblo judío en los tiempos finales. Ellos aún se encontraban en el umbral entre el antiguo y el nuevo pacto.

 

Ahora bien estimado amigo: ¿A quién se refieren las diez vírgenes?

 

 

"Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo… Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!" (Mateo 25:1.6). En el Antiguo Testamento existe un interesante paralelismo de esta parábola, lo encontramos en Amós 5:2- 4: "Cayó la virgen de Israel, y no podrá levantarse ya más; fue dejada sobre su tierra, no hay quien la levante. Porque así ha dicho Jehová el Señor: La ciudad que salga con mil, volverá con ciento, y la que salga con ciento volverá con diez, en la casa de Israel. Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis".
Es como si la Biblia aquí ya hablara, simbólicamente, sobre la condición de Israel en los últimos días, en los que ya sólo habrá "diez vírgenes" y de las cuales sólo cinco serán prudentes. Se trata del juicio que sobrevendrá al pueblo judío, en el regreso glorioso de Jesucristo para el establecimiento del reino mesiánico. Las diez vírgenes de la parábola de Jesús representan a Israel al final del tiempo de tribulación, a la medianoche, cuando el Señor venga por segunda vez. También describen la división dentro del pueblo judío y el juicio sobre Israel. La parábola de las ovejas y los cabritos (Mateo 25:31 en adelante), en cambio, trata sobre la separación entre las naciones y el juicio sobre ellas.

 

Entre tanto que la Iglesia, como esposa unida a Jesús, está en el cielo, Israel recibe en la tierra la invitación a la cena de bodas, es decir a la entrada del reino mesiánico venidero. También en este caso encontramos una maravillosa ilustración en el Antiguo Testamento: "He aquí es la litera de Salomón; sesenta valientes la rodean, de los fuertes de Israel. Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; cada uno su espada sobre su muslo, por los temores de la noche. El rey Salomón se hizo una carroza de madera del Líbano. Hizo sus columnas de plata, su respaldo de oro, su asiento de grana, su interior recamado de amor por las doncellas de Jerusalén. Salid, oh doncellas de Sion, y ved al rey Salomón con la corona con que le coronó su madre en el día de su desposorio, y el día del gozo de su corazón. He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa; tus ojos entre tus guedejas como de paloma; tus cabellos como manada de cabras que se recuestan en las laderas de Galaad" (Cantares 3:7-11; 4:1). Aquí se nos ilustra lo siguiente:

 

 

· Salomón es imagen del rey que ha de volver, de Jesucristo, el esposo que vendrá para tomar posesión de su trono real en Jerusalén y para presentar a su esposa, que es la Iglesia.

 

· Los valientes armados con espadas, alrededor de él, son las huestes que le siguen.

· Las doncellas de Sion, las que deben salir, son una imagen de las vírgenes que han de ir al encuentro del Señor.

 

 

· El día de la boda, describe que él ha venido al banquete de bodas.

· Luego se describe la hermosura de la esposa (Iglesia) El Señor se la presenta a su pueblo.

 

Durante el tiempo de tribulación, o bien la "angustia de Jacob", aumentará mucho en Israel la esperanza por la venida del Mesías. 144.000 judíos serán sellados (Apocalipsis 7:4-8). Los "dos testigos" (Apocalipsis 11:3 en adelante) y los "siervos fieles y prudentes" (Mateo 24:45-51), en estas horas de la noche de la tribulación, clamarán: "¡Aquí viene el esposo!" Muchos creerán y, basándose en la Palabra de Dios, sabrán que la venida del Mesías es inminente. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontrarán las directivas.

 

Los judíos mesiánicos en Israel, hoy en día ya contribuyen con este clamor a la medianoche. En el quincuagésimo cuarto día de la Independencia del Estado de Israel, sus iglesias publicaron, en el mayor de los diarios, una alentadora exhortación, cuyas palabras finales decían lo siguiente: "Según las profecías del  Antiguo y Nuevo Testamento, los creyentes judíos mesiánicos creemos que Jesús, el hijo de David, es el Mesías de nuestra justificación y salvación. Cuando apareció por primera vez, hace 2000 años, cumplió con el cometido de salvador personal, a través del sacrificio de su sangre, que perdona los pecados. Y cuando aparezca por segunda vez, en un futuro cercano, cumplirá la prometida salvación nacional de nuestro pueblo."

 

Pero, estimado amigo, no todas las personas del pueblo judío estarán preparadas para el día de la redención. Porque de la misma manera como hay un siervo fiel y prudente y otro malo, así también hay vírgenes prudentes y otras insensatas. En esta última parábola, el Señor demuestra cuál es la diferencia: el aceite, imagen del Espíritu Santo que habita en la persona.



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