Vienen tres hombres apesadumbrados (2ª parte)

Vienen tres hombres apesadumbrados
(2ª parte)

Autor: Wolfgang Bühne

Con los vestidos rasgados, cabizbajos y el corazón apesadumbrado, Eliaquim, Sebna y Joa
– tres colaboradores confidenciales del rey – se ponen en camino para comunicarle a Ezequías el contenido del discurso azuzador del asirio Rabsaces.

 


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PE2075 – Estudio Bíblico
Vienen tres hombres apesadumbrados (2ª parte)



Estimados amigos: ¿Cómo reaccionamos nosotros cuando somos calumniados y heridos? ¿Cómo reaccionamos cuando maliciosamente nos imputan cosas que no hemos hecho y nos insultan públicamente? ¿Luchamos entonces febrilmente por justificarnos, o planeamos la venganza?

Nuestras reacciones a tales ataques muestran si, como seguidores del Señor, hemos aprendido lo que una vez Él dijo a sus discípulos, y que leemos en Mateo 5:11 y 12:

“Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos…”

Cuando a Guillermo Booth, el fundador del Ejército de Salvación, una vez lo escupió un pillo de la calle, un ayudante suyo quiso limpiarlo enseguida, pero él se lo impidió con estas palabras: “¡No lo limpies! Es una condecoración de valentía.”

Jorge Whitefield, el bendecido predicador del avivamiento, que durante toda su vida sufrió enemistad y calumnias, escribió a la condesa Huntingdon, quien lo había exhortado a ponerse en guardia contra ciertos predicadores:

“Alabo a Dios por haber sido puesto en segundo lugar muchas veces. Es bueno para mí haber sido engañado, despreciado, criticado, calumniado, juzgado y aislado por mis amigos más próximos y más queridos. En estas situaciones he conocido la fidelidad de Aquel que es el Amigo de los amigos, y he aprendido a conformarme con saber que Él, delante del cual todos los corazones están abiertos y quien conoce todos los anhelos, todo lo ve…”

Veamos cuál es: La perspectiva correcta

Después de subir a la casa de Dios, Ezequías mandó una delegación de sus siervos al profeta Isaías para pedirle que los apoyara en oración. Así leemos en 2 Re. 19:4:

“Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces, a quien el rey de los asirios su señor ha enviado para blasfemar al Dios viviente, y para vituperar con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración por el remanente que aún queda”.

Los siervos de Ezequías vuelven con un mensaje alentador de Dios, hablado por boca del profeta: Dios hará que el asirio oiga un rumor que lo inquiete y que lo haga volver a su país, donde Dios lo matará (así nos dice 2 Re. 19:6 y 7).

Pero, antes de retirarse de Jerusalén para ir rápidamente a su país, Senaquerib envía aun otra carta a Ezequías en la que trata de infundir nuevo temor diciendo que regresará, y resaltando de nuevo su poder y aparente invencibilidad. Además, ponía en un mismo nivel a los dioses de los paganos y al Dios de Ezequías.

Con estas cartas de amenaza “de mano de los embajadores”, Ezequías subió por segunda vez al templo “y las extendió Ezequías delante de Jehová.”

En el v. 15 leemos, luego, cómo Ezequías se dirigió personalmente a su Dios en oración, poniendo en Sus manos el desenlace de esta contienda.

Nos alienta ver cómo tras su fracaso inicial, ahora la fe y la confianza de Ezequías han crecido en las pruebas.
Comenzó su oración con las conmovedoras palabras:

“Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente”.

Ezequías ahora tenía la perspectiva correcta para poder evaluar la situación:

“Ezequías elevó la mirada por encima de su propio trono y del trono del ‘gran rey Senaquerib’ y puso sus ojos en el trono de Dios, que mora entre los querubines … Si nos dedicamos más al Señor y vemos un poco más de su grandeza, entonces esto nos ayudará a ver nuestros problemas relacionándolos con su enorme grandeza.”

Aquí queda claro cómo Ezequías ha aprendido a incorporar a Dios en su situación humillante y en la impotencia de su pueblo, recordándole que luche Él por Su honra, como dice en el v. 19:

“… para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios”.

Según un comentarista antiguo, las armas de Ezequías eran “una armadura del santuario”: vestiduras rasgadas y la oración humilde.

C.H. Mackintosh, comenta: “Senaquerib jamás se había encontrado con un adversario así… un hombre que en lugar de ponerse la armadura, se envolvió en sacos, que en lugar de ir al campo de batalla sobre su carro, se puso de rodillas en el templo…”

Al meditar en esta escena, recordamos a Daniel, quien en una crisis similar que amenazaba su vida – desencadenada por las intrigas de sus colegas – no buscó una táctica humana para solucionar la situación. Como era su costumbre, subió al aposento alto de su casa, para orar de rodillas, tres veces al día, con la ventana abierta en dirección a Jerusalén.

¡Cuántas preocupaciones, noches en vela, caminar ansiosa e inútilmente, discusiones interminables, llamadas telefónicas costosas, y nervios crispados podríamos evitarnos, si aprendiéramos de Ezequías y Daniel a confiar solo en Dios y a esperar la ayuda del Dios de Jacob!

“Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios” (nos dice el Salmo 146:5).

En 2 Crónicas 32:20 y 21 leemos otro detalle sobre la “guerra espiritual” de Ezequías, que no hallamos ni en 2 Reyes ni en el relato del profeta Isaías: “Mas el rey Ezequías y el profeta Isaías hijo de Amoz oraron por esto, y clamaron al cielo. Y Jehová envió un ángel, el cual destruyó a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de Asiria”.

En las diferentes pruebas de su vida, Ezequías aprendió a orar. Pero aquí lo vemos junto con el profeta Isaías “clamando” a Dios unánimes y de forma muy concreta.
La oración unánime en conjunto tiene una promesa especial según Mateo 18:19. ¡Qué bendición es cuando como matrimonio, colaboradores y amigos, podemos expresar nuestras aflicciones y peticiones delante de nuestro Señor Jesucristo.

Y podemos ver cómo: Dios contesta

Dios respondió a las oraciones con dos mensajes prometedores por medio del profeta Isaías. En el primer mensaje, Dios le anuncia a Ezequías que Senaquerib volverá a su país y morirá a espada (así leemos en 2 Re. 19:6 y 7).

El segundo mensaje habla ampliamente del juicio de Dios sobre la altivez y arrogancia de los asirios, y también de la bendición para Ezequías y para su pueblo. Ezequías debe saber que, tanto en ese mismo año como en el siguiente, se podrá cosechar y que también su pueblo “echará raíces” en el futuro y “llevará fruto”:

En 2 Re. 19:30 y 31 leemos: “Y lo que hubiere escapado, lo que hubiere quedado de la casa de Judá, volverá a echar raíces abajo, y llevará fruto arriba. Porque saldrá de Jerusalén remanente, y del monte de Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”.

En la misma noche – después de la oración unida de Ezequías e Isaías, según podemos deducir de 2 Cr. 32:20 y 21 – salió el Ángel del Señor y mató a 185.000 hombres en el campamento de los asirios. Senaquerib se volvió “avergonzado“ a su tierra, y más tarde lo mataron sus propios hijos (como leemos en 2 Re. 19:37).

Recordemos que: en el v. 23 del cap. 18, Senaquerib se había burlado de Ezequías diciéndole por medio de Rabsaces:

“Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes a mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes para ellos. ¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de los siervos de mi señor?”

Ahora sale un “capitán” (el Ángel del Señor) y mata en una noche 185.000 soldados. Pero, ni siquiera esta derrota demoledora pudo quebrar la altivez y el orgullo de Senaquerib. En vez de humillarse ante el Dios de Israel, se arrodilló en Nínive ante su dios Nisroc, y allí mismo fue herido a espada por sus hijos. En el momento mismo del pecado fue juzgado.

¡Dios no puede ser burlado!

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