Vienen tres hombres apesadumbrados (1ª parte)

Vienen tres hombres apesadumbrados
(1ª parte)

Autor: Wolfgang Bühne

Con los vestidos rasgados, cabizbajos y el corazón apesadumbrado,
Eliaquim, Sebna y Joa – tres colaboradores confidenciales del rey – se ponen en camino para comunicarle a Ezequías el contenido del discurso azuzador del asirio Rabsaces.

 


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PE2074 – Estudio Bíblico
Vienen tres hombres apesadumbrados (1ª parte)



¿Cómo están, amigos? Comenzamos leyendo 2 Reyes 19:1-20:
“Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestidos y se cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová. Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz, para que le dijesen: Así ha dicho Ezequías: Este día es día de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque los hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas. Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces, a quien el rey de los asirios su señor ha enviado para blasfemar al Dios viviente, y para vituperar con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración por el remanente que aún queda. Vinieron, pues, los siervos del rey Ezequías a Isaías. E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra caiga a espada. Y regresando el Rabsaces, halló al rey de Asiria combatiendo contra Libna; porque oyó que se había ido de Laquis. Y oyó decir que Tirhaca rey de Etiopía había salido para hacerle guerra. Entonces volvió él y envió embajadores a Ezequías, diciendo: Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y escaparás tú? ¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que mis padres destruyeron, esto es, Gozán, Harán, Resef, y los hijos de Edén que estaban en Telasar?¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva? Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores; y después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y las extendió Ezequías delante de Jehová. Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras; y que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y por eso los destruyeron. Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios. Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Lo que me pediste acerca de Senaquerib rey de Asiria, he oído”

Y vamos a leer, también, 2 Reyes 19:35 al 37:
“Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, y volvió a Nínive, donde se quedó. Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc su dios, Adramelec y Sarezer sus hijos lo hirieron a espada, y huyeron a tierra de Ararat. Y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.”

Con los vestiduras rasgadas, cabizbajos y el corazón apesadumbrado, Eliaquim, Sebna y Joa – tres colaboradores confidenciales del rey – se ponen en camino para comunicarle a Ezequías el contenido del discurso azuzador del asirio Rabsaces.
Ezequías tuvo que escuchar que el enemigo lo había calumniado, diciendo que era un rey impotente y que seducía al pueblo de Dios. Pero el asirio no se conformó con atacar maliciosamente y de forma hiriente a Ezequías, sino que en la segunda parte de su discurso blasfemó contra el “Dios de Jerusalén” poniéndole a la misma altura que los dioses de los pueblos impotentes que fueron vencidos por los asirios. Así leemos en 2 Re. 18:35:

“¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?”.

Y en 2 Cr. 32:19 dice: “Y hablaron contra el Dios de Jerusalén, como contra los dioses de los pueblos de la tierra, que son obra de manos de hombres”.

Después de haber oído este relato abrumador, el rey rasgó sus vestiduras en señal de dolor, “se cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová”.

No hacía tanto tiempo que Ezequías también había subido a la casa del Señor, después de su primera confrontación con Senaquerib. Pero, en ese entonces no había buscado la presencia de Dios con vestiduras rasgadas para derramar su corazón delante de Él, sino que se había quedado donde estaban las puertas y las columnas del templo, que él mismo había cubierto de oro. Y mandó quitar este oro, para entregarlo, contrito, como tributo al rey de Asiria.

Fue ese día oscuro y de terribles consecuencias en su vida, cuando perdió su confianza en Dios.

En aquel entonces, tuvo que aprender una lección dolorosa: que la confianza en la propia fuerza y astucia, siempre resulta ser una necedad, y conlleva siempre pérdidas dolorosas. Senaquerib recibió gustoso el oro, pero ni en sueños pensó en abandonar su plan de sitiar Jerusalén.

Lo mejor es ir: Aprendiendo de las faltas …

Ezequías no había olvidado esa experiencia humillante, y vemos que ha aprendido de sus errores. Ahora, al subir al templo, no se queda donde están las puertas desnudas, sino va hasta el interior de la casa, para acercarse a Dios.

Ya sabemos que las faltas más tontas son aquellas que cometemos dos veces, como Abraham, y algunos de sus descendientes. Seguramente, algunos de nosotros hemos vivido esto también. Sin embargo, tenemos la posibilidad de aprender, de los errores de otros, lecciones para el tiempo presente.

Dos veces leemos en 2 Reyes 19 que Ezequías buscó la presencia de Dios: En el v. 1, después del discurso de Rabsaces; y en el v. 14, después de haber leído otro discurso calumniador del asirio, en una carta. El vers. 14 dice así:

“Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores; y después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y las extendió Ezequías delante de Jehová”.

¿Cómo reaccionamos nosotros cuando somos calumniados y heridos? ¿Cómo reaccionamos cuando maliciosamente nos imputan cosas que no hemos hecho y nos insultan públicamente?
¿Luchamos entonces febrilmente por justificarnos, o planeamos la venganza?

Nuestras reacciones a tales ataques muestran si, como seguidores del Señor, hemos aprendido lo que una vez Él dijo a sus discípulos, y que leemos en Mateo 5:11 y 12:

“Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos…”

Una cuestión de confianza (2ª parte)
Vienen tres hombres apesadumbrados (2ª parte)

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