¿Vacaciones de Dios?

¿Pueden los cristianos disfrutar de sus licencias, o estarán malgastando su tiempo con eso? Se puede caer de la senda por dos lados.
El teólogo evangélico Otto Dibelius dijo: “¡Un cristiano siempre está de servicio!” Por un lado, eso es verdad, pero, por el otro, eso puede significar que uno se agote noche y día, y en toda circunstancia, en el servicio práctico. El hecho es que servir no significa que solamente agotemos nuestras fuerzas estando constantemente en viajes de servicio, desatendiendo así muchas cosas también necesarias. Tener tiempo suficiente para la familia, también es servir a Jesucristo. Las fases de descanso son igualmente parte de ello. Quien descuida a su familia, a costa del servicio para Jesús, no debe pensar que con eso le está sirviendo a Él, ya que la Biblia dice: “Pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?” (1 Ti. 3:5). Una señora me contó, con tristeza, que su esposo estaba fuera de casa desde la mañana hasta la noche, sirviendo a otros como consejero, pero que para ella prácticamente no tenía tiempo. Él salía de casa temprano en la mañana, volvía sólo para el almuerzo, e inmediatamente después se iba otra vez. ¿Será que eso es servicio para el Señor?

En el caso del conocido evangelista Wilhelm Busch, la esposa misma, un día, pidió una consulta pastoral, sólo para poder pasar un tiempo con él. En contraste con eso, leí de un abogado muy ocupado, quien conscientemente se tomaba tiempo, un día por semana, para sorprender a su familia con algo lindo. Iba con ellos a la piscina, o a jugar minigolf, organizaba juegos de mesa por la noche, o alguna otra cosa en la que pudieran estar juntos.

Toda máquina necesita revisión, todo trabajo diario, y los viajes en automóvil, sus pausas. Todo tanque debe ser llenado, cada vida necesita refrigerio y recuperación. Los hijos necesitan a los padres, la esposa al esposo, y viceversa. No en vano Jesús dijo a Sus discípulos: “¡Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco! Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer” (Mr. 6:31).

Axel Kühner contó la siguiente anécdota: “El apóstol Juan, siendo anciano, disfrutaba de jugar con una mansa perdiz. Un día, lo visitó un cazador y se asombró de que un hombre tan importante jugara con un pájaro, como lo hacen los niños. El cazador dijo al apóstol: ‘Podrías hacer cosas grandes e importantes, y juegas con una perdiz. ¿Por qué malgastas tu valioso tiempo en un juego inútil?’ Juan miró pensativo al cazador, y le preguntó: ‘¿Por qué el arco que llevas sobre tu espalda no está tensado?’ – ‘Perdería su fuerza expansiva si siempre estuviera tensado. ¡Entonces, cuando yo lo necesitara para cazar, y quisiera disparar una flecha, ya no tendría fuerza!’ Juan contestó: ‘La vida es como un arco. No puede estar tensada siempre, porque perdería su fuerza. Cada ser humano necesita fases de relajamiento para mantener su fuerza de expansión. Y entonces, cuando nuevamente se le demande, tendrá la fuerza necesaria para actuar y obrar. Dios no quiere gente exhausta y sobrecargada. A él le gusta permitirnos los descansos. Y el tiempo que nos tomamos para el silencio y el descanso, para el juego y la celebración, no es un tiempo perdido. Las fuerzas creativas surgen del descanso. Los estados de agotamiento surgen de la actividad incansable y de la prisa. Dios desea que seamos personas creativas, y no gente agotada.’”

Por lo tanto, ¿será que la actitud correcta sea la que mencionó un pastor al comienzo de sus vacaciones: “El año entero trabajo con la Biblia. Ahora, en la licencia, la dejo en casa y tomo vacaciones también de ella”? ¡No! ¡Por supuesto que eso es igualmente equivocado y está fuera de lugar! La Palabra de Dios es vida, nos habla, nos consuela, nos edifica y nos renueva. La relación espiritual con el Dios vivo nunca debe faltar. Al contrario, a menudo el tiempo de la licencia es el adecuado para juntos, y también solos, leer la Biblia, y para compartir pensamientos sobre ella sin la presión del tiempo y en forma distendida. Y justamente durante las caminatas uno, a menudo, encuentra la tranquilidad necesaria para la oración personal. El apóstol Pablo, un día se separó de los que viajaban con él y tomó un desvío, probablemente para estar solo, encontrar tranquilidad, y poder orar (Hch. 20:13).

Nosotros, como cristianos, siempre y en todo lugar deberíamos estar caracterizados por Jesucristo, y orientarnos en Él, ya sea en el lugar de trabajo, en la familia, o en el tiempo libre. Y, en este caso, uno no es más importante que el otro. En todas las áreas y en todo lugar, sin distinción, tenemos que buscar la voluntad de Dios y vivir como cristianos.

Norbert Lieth

Un pensamiento acerca de “¿Vacaciones de Dios?

  • 10 octubre, 2015 at 22:56
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    Es muy interesante para aprender esto

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