Un Mesías Que No Se Rinde (1ª parte)

Un Mesías Que No Se Rinde 
(1ª parte)

Autor: Roger Liebi

  Cuando el Señor Jesús vino como “humilde siervo del Eterno” sólo encontró desprecio y desdén. Sólo unos pocos reconocieron su gloria. Esto ya había sido anunciado 700 años antes. Pero, gracias a Dios, nuestro Salvador fue, y es: “Un Mesías que no se rinde”.


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PE1994 – Estudio Bíblico
Un Mesías Que No Se Rinde (1ª parte)



¿Cómo están amigos? Los capítulos 52:13 al 53:12 del profeta Isaías, bien pueden ser denominados el “evangelio según Isaías”. El Eterno anunció unos 700 años antes de Cristo, a través del profeta, que “la esperanza de Israel”, el Mesías anhelado, sería despreciado y desechado por Su pueblo en una manera totalmente incomprensible. Ese “evangelio”, sin embargo, también mostraba que el Mesías no sólo sufriría por parte de la gente. ¡No! Sino que también sufriría de la mano de Dios, para morir en forma vicaria, como justo, por los injustos. ¿Con que objetivo? ¡Para salvarlos de sus pecados!

El judaísmo, hoy en día, se ha desviado totalmente de la concepción mesiánica de este pasaje de Isaías. Pero, como demuestra la literatura rabínica, originalmente eso no era así. El concepto moderno más común en la actualidad, dice que “el siervo del Señor” no sería el Mesías sino el pueblo de Israel, o una parte del mismo. Porque el pueblo de Israel habría padecido el tipo de sufrimientos descritos en ese pasaje. Esta interpretación de Isaías 53, no obstante, no es sostenible por varias razones, con respecto a su contenido:

¿Cuándo ha sufrido el pueblo de Israel, o una parte del mismo, por los pecados de otros (como leemos en Is. 53:4,5,6,8,10,11,12)? ¡Ni siquiera las personas justas, como Noé, Daniel o Job, podrían haber hecho esto, según Ezequiel 14:12 al 20!

¿Se puede decir de algún judío, sin ser el Mesías, lo que leemos en Is. 53:9: “Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca”?. ¿Cuándo se habrá encontrado el pueblo de Israel, o una parte del mismo, en la tumba de una persona acaudalada, en lugar de estar en una tumba de impíos (según está escrito en Is. 53:9)?.

Según el versículo 8, “el siervo del Señor” debía morir en lugar del pueblo de Israel. ¿Cómo puede, entonces, identificarse con el pueblo, cuando acá es claramente diferenciado del mismo?

Como ya hemos dicho, en la literatura rabínica existen una serie de pasajes que relacionan a Isaías 53 con el Mesías. Así sucede, por ejemplo, en el Talmud Babilónico, Sahnhedrín 98b, en el libro Pesiqta Rabbati, Pisqua 37 (700 d.C.), en el libro Midraj Ruth Rabbah, acerca de Ruth 2:12, y en el comentario sobre Isaías 52 al 53 de Abrabanel. Éste señala, en su texto, que todos los antiguos comentarios judíos habrían reconocido el sentido mesiánico de este pasaje.

Rabbi Alchej (del siglo 16), dijo sobre Isaías 53: “Nuestros antiguos rabinos supusieron, sobre la base del testimonio de la tradición, que aquí se habla del Rey Mesías. De esto, también, deducimos nosotros, siguiéndolos a ellos, que el sujeto de esta profecía sería David, es decir el Mesías, tal como ha sido revelado.”

En el Midrash Tanjuma (quizás del siglo 9), acerca de las palabras “He aquí que mi siervo será prosperado”, dice: “Éste es el Rey Mesías, quien es supremo y engrandecido y exaltado, más exaltado que Abraham, engrandecido por encima de Moisés, más supremo que los ángeles ministradores.”

En el Targum Jonathan Ben Uzziel, las perífrasis arameas del profeta, que se encuentran en una tradición que se remonta a tiempos anteriores a Cristo, a la frase “He aquí que mi siervo será prosperado” (de Is. 52:13) se le agregó el título “Mesías”. Habría aún más comprobantes interesantes de este tipo. Sin embargo, ahora queremos ocuparnos de ver cómo estas profecías se han cumplido en el Jesús histórico de Nazaret. Pero, antes, una pausa musical:

Ahora sí, veamos como estas profecías se han cumplido en Jesús:

Isaías 52:13: “He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto.” Antes de describir los terribles sufrimientos del Mesías, primero presenta su triunfo. El Mesías será engrandecido (desde la tumba; Hch. 2:24), será exaltado (en la ascensión, Hch. 1:9), y será puesto muy en alto (a la diestra de Dios en el trono; Mc. 16:19).

Isaías 52:14: “Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres.” Aquí se habla del Mesías maltratado por los seres humanos: la espalda del Señor Jesús fue convertida en una masa sangrienta y su carne fue hecha pedazos, cuando Pilatos lo hizo azotar (con correas de cuero en cuyas puntas, probablemente, habría metales puntiagudos, piedras o garfios; Jn. 19:1). Sobre Su cabeza fue puesta una corona de espinas, con espinas cuya longitud era de unos 5 a 8 cm., de modo que la sangre le chorreaba por Su cabello y Su cara (Jn. 19:2).

Isaías 52:15: “Así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.” El mensaje del maltratado Mesías Jesús, más adelante, fue proclamado más allá de las fronteras de Israel, en el mundo entero, donde causó gran conmoción (podemos comparar esto en Ro. 15:18 al 21). Aun hubo reyes que escucharon el mensaje (Agripa: Hch. 26:27 y 28; el César de Roma: Hch. 25: 11 y 12; etc.).

Isaías 53:1: “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” A pesar de que la proclamación del Mesías y de Sus sufrimientos llegó al mundo entero, se encontró con una gran incredulidad. De entre los judíos, fueron relativamente pocos los que creyeron (según Jn. 12:37 y 38). Pero, también entre los gentiles, los no-judíos, el evangelio encontró (y encuentra) mucho rechazo.

Isaías 53:2, primera parte: “Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca.”Este versículo habla del tiempo cuando el Mesías, como niño pequeño, estaba creciendo (la palabra hebrea “joneq” [= “renuevo”] al mismo tiempo, también, significa “lactante”). Este crecimiento, en el caso del Señor Jesús, sin embargo, sucedió “delante de él”, es decir en completa comunión con Su Dios (como leemos en Lc. 2:40 al 52). Él creció en medio de un pueblo caracterizado por su endurecimiento, incredulidad y muerta religiosidad, es decir “de tierra seca”.

Isaías 53:2, segunda parte, y 3: “No hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.”

Entre los judíos, se esperaba a un Mesías que fuera guerrillero, que quitara de encima de ellos el yugo de los romanos. Por eso, el Señor Jesús, quien vino como humilde “siervo del Eterno”, sólo encontró desprecio y desdén. Eran especialmente los líderes del pueblo los que lo rechazaban (la palabra hebrea “ishim”, se refiere a personas en posición especialmente elevada). Sólo unos pocos reconocieron Su gloria, “gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (como está escrito en Jn. 1:4).

Isaías 53:4, primera parte: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores.” El Señor Jesús sintió profundamente y llevó en Su alma, durante Su vida en la tierra, el sufrimiento de los muchos enfermos en Israel (podemos leer Mt. 8:16 y 17; y Jn. 11:33 al 36). ¡Notemos que este versículo habla de “enfermedades” y “dolores”, y no de “transgresiones” e “iniquidades”!

El tiempo se nos acaba por hoy, así que en el próximo programa continuaremos viendo la profecía de Isaías 53:4, segunda parte, al 6, que dice: “Y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” ¡Hasta entonces y qué Dios les bendiga!

 

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Un Mesías Que No Se Rinde (2ª parte)

Un pensamiento acerca de “Un Mesías Que No Se Rinde (1ª parte)

  • 8 julio, 2017 at 21:57
    Permalink

    Guanare – Edo. Portuguesa – Venezuela: http://www.obraluzdelmundo.org

    TODAS LAS PROFECÍAS MESIÁNICAS, RELATIVAS A SU PRIMERA VENIDA: SE CUMPLIERON EN JESUS DE NAZARET,
    SOLO FALTAN LAS CUALES ESTÁN RESERVADAS, PARA SU SEGUNDA VENIDA: CUANDO APARECERÁ EN GLORIA, PARA REINAR: DESDE JERUSALEM, SOBRE TODAS LAS NACIONES.
    1) PONDRÁ SUS PIES SOBRE EL MONTE DE LOS OLIVOS – Zacarías 14:4.
    2) EL MESÍAS VOLVERÁ CON SUS MANOS HERIDAS, Y LES DIRÁ: ESTAS HERIDAS ME LAS HICIERON AQUI EN LA CASA DE MIS AMIGOS: Zacarías 13:6.
    3) SUS HERMANOS JUDÍOS LLORARÁN Y HARÁN GRAN LAMENTO – PORQUE MIRARÁN Y RECONOCERÁN AL QUE TRASPASARON – Zacarías 12:10.
    NOTA: PERO DIOS VOLVERÁ A MOSTRAR SU MISERICORDIA HACIA SU PUEBLO ELEGIDO: PORQUE TODO “I S R A E L” SERÁ SALVO – Romanos 11:26.

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