Un Entrenamiento Radical (Capítulo 1 – 2ª parte)

Un Entrenamiento Radical

(2ª parte)

Autor: William MacDonald

La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.



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PE1786 – Estudio Bíblico
Un Entrenamiento Radical (Capítulo 1 – 2ª parte)



Estimados amigos, hacia el fin del programa anterior, hablando de los discípulos de Jesús, nos preguntamos si, acaso: ¿… es una bendición ser pobres?

Existen personas en todo el mundo que están esclavizadasa una pobreza devastadora, y para ellos es una maldición más que una bendición. ¿En qué sentido, entonces, los discípulos eran bendecidos al ser pobres? La respuesta se encuentra al final del versículo 22:“… por causa del Hijo del Hombre”.En vez de amasar fortunas personales para sí mismos, los Doce debían empobrecerse para que otros fueran enriquecidos espiritualmente.

Cuando pensamos en estas cosas, vemos que sólo era apropiado que los discípulos fueran pobres. Ellos representaban a Aquél que había nacido en una pobre familia judía, del cual nunca se dio testimonio que llevara dinero, el cual no tenía donde reclinar su cabeza. Eran representantes de Aquél que había sido rico, pero que voluntariamente se había empobrecido para que nosotros fuéramos enriquecidos.


Habría sido una contradicciónque ellos hubieran usado ropas caras, que se hubieran hechos costosos peinados, que hubieran exhibido abultadas billeteras, y que hubieran desfilado con joyas de gran precio. Eso hubiera dado una impresión completamente equivocada de Aquél que no se preocupaba por ninguna de estas cosas.

En muchas instancias, la iglesia que profesa ser cristiana, ha vestido a Jesús con un estilo de vida caro, presentándolo al mundo como un hombre acaudalado que vivía en el lujo, en vez de presentarlo como el Hijo de Dios, el cual vivió en la sencillez.


Si los discípulos hubieran vivido como hombres ricos, habrían atraído a innumerables seguidores, cuya única motivación hubiera sido mejorar financieramente. La gente profesará cualquier religión para obtener un plato de arroz, pero su principal necesidad es arrepentirse ante Dios y poner su fe genuina en Jesucristo como Señor y Salvador.

Si los Doce se hubieran enriquecido, todo tipo de éxito habría sido atribuido al poder del dinero en vez de al poder de Dios. Además, se hubieran sentido tentados a embarcarse en proyectos muy caros que no habrían sido la voluntad del Señor. La pobreza en el servicio cristiano mantiene a los hombres en dependencia de Dios, y confiados en que Él pagará todo aquello que solicita.


Sería muy improbableque los discípulos hubieran logrado lo que lograron si no hubieran sido pobres. La riqueza hubiera sido una deuda, mientras que la pobreza obró a favor de ellos. Estos hombres pudieron haber sido ricos, pero eligieron no serlo en un mundo donde miles morían de hambre y donde el nombre de Jesús aún no era conocido para las multitudes.

Los discípulos no sólo debían avanzar sin riqueza; debían conocer, también, la bendición de estar hambrientos. ¿Acaso el hambre es una bendición? Sí, pero sólo cuando se la padece por causa del Hijo del Hombre. Los discípulos no tuvieron un llamamiento para ser gourmets, para probar comidas selectas o para gustar vinos refinados. Más bien debían vivir vidas sencillas, utilizando sus recursos al máximo para la expansión del evangelio.


Además, su ministerio debía incluir llorar. Pero, esto no se refiere al lloro y al lamento que es pandémico en un mundo que sufre como el nuestro. Se trata de una tristeza especial, una tristeza que es soportada por causa del Hijo del Hombre. Ellos debían derramar lágrimas amargas a favor de las almas que morían. Ellos debían lamentarse por la condición dividida de la iglesia. Debían afligirse por sus propios pecados y limitaciones. Si ellos avanzaban llorando, llevando la preciosa semilla, volverían con gozo, trayendo sus gavillas (como dice el Sal.126:6).


“Los ganadores de almas deben ser, en primer lugar, llorones de almas”.
 

No sólo debían pobres, tener hambre y llorar; también debían ser poco populares a causa del Hijo del Hombre. Su asociación fiel a Jesucristo haría que fueran odiados, excomulgados, reprendidos y calumniados. Pero, ¡no se preocupen! Esto sería causa de gran gozo.

Ellos compartirían las experiencias de los profetas piadosos del Antiguo Testamento, y recibirían una recompensa segura en el cielo. Puede que algunos pregunten: “¿Qué es lo que Jesús podía hacer con tal ejército de tontos (pobres, hambrientos, llorones y despreciados)?” La respuesta es: Él podía poner al mundo de cabeza con gente así. ¡Y lo hizo!

Como si anticipara la forma en que las generaciones futuras de discípulos dejarían a un lado el estilo de vida sacrificial y de autonegación, para adherirse a “los lujos delicados y fugaces que matan el alma”, el Señor pronunció cuatro ayes.El primero fue:“¡Ay de vosotros, ricos!”Estos son los supuestos discípulos, cuyo slogan es “nada es demasiado bueno para el pueblo de Dios”. Citan la segunda parte de 1 Timoteo 6:17:“(Él) nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos”, olvidando que disfrutar las cosas no es sinónimo de autoindulgencia, sino que como dice el siguiente versículo, deben hacer lo bueno, ser ricos en buenas obras y proveer para las necesitados. Se rehúsan a ver lo pecaminoso que es amontonar riquezas, cuando las mismas podrían usarse para la evangelización de los perdidos.

Olvidan que es el santo Hijo de Dios quien dijo:“¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”(como leemos en Lc.18:24 y 25).El segundo de los ayes, fue:“¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!”Estos son los supuestos discípulos que viven para satisfacer sus apetitos. El yo es el centro y la circunferencia de sus vidas. Comen en restaurantes elegantes, se agasajan en cruceros de placer que conducen a la nada, y se afilian a clubes y hoteles de alto nivel. Sus vidas giran en torno a la cocina y el comedor. El hecho de que Lázaro esté afuera padeciendo hambre no les preocupa en absoluto.El tercero de los ayes, fue:“¡Ay de vosotros, los que ahora reís!”Su pecado no es que disfruten una buena broma, sino que todo en la vida parece ser una broma para ellos. No parecen tener seriedad sobre los grandes temas del tiempo y la eternidad, sobre las almas que mueren, sobre la humanidad que sufre, o sobre el infierno eterno.

Espiritualmente son pesos pluma. La vida para ellos es algo superficial. Sus mentes están vacías; su hablar está vacío, y sus vidas están vacías.El cuarto y último de los ayes, fue: “¡Ay de vosotros, cuando todos hablen bien de vosotros!” Dicen que son discípulos de Jesús, pero en realidad son esclavos de un estatus. Aman la alabanza de los hombres más que el favor de Dios. Evitan hablar la verdad con claridad y sin temor, para evitar ofender. Estos hombres son como camaleones, los cuales adaptan el mensaje a la audiencia. Pueden pronunciar un doble discurso en forma simultánea. Se asemejan al vergonzoso perfil de los falsos profetas del Antiguo Testamento.

Por lo tanto, los discípulos deben hacer una elección deliberada. Por un lado existe la pobreza, el hambre, las lágrimas y la falta de popularidad por causa del Hijo del Hombre. Por otro lado, existe la riqueza, la comida abundante, el alborozo y la aprobación de los hombres. Aquellos que escogen esto último reciben su recompensa ahora, y se arrepienten más tarde. Aquellos que eligen lo primero, heredan el reino, con todos los gozos implícitos en el mismo.


Un Entrenamiento Radical (Capítulo 1 - 1ª parte)
Un Entrenamiento Radical (Capítulo 2 - 1ª parte)

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