Un Entrenamiento Radical (Capítulo 1 – 1ª parte)

Un Entrenamiento Radical

(1ª parte)

Autor: William MacDonald

La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.



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PE1785 – Estudio Bíblico
Un Entrenamiento Radical (Capítulo 1 – 1ª parte)



Estimados amigos oyentes, es un gusto estar nuevamente junto a ustedes. Como ya dijimos, el tema de hoy se titula: Un entrenamiento radical, y está basado en el texto de Lucas 6:12:26.

Pronto, el Señor Jesús iría a la cruz para morir como sustituto por los pecadores. Proveería así un camino de salvación que estaría disponible para toda la humanidad. Pero, eso significaba que se debían proclamar las buenas noticias a nivel mundial. El mundo debía y debe ser evangelizado. ¿Cómo se puede lograr esto?

La estrategia del Salvador consistió en elegir a doce hombres, adoctrinarlos con los principios de Su reino y enviarlos como heraldos ardientes. Si tan sólo encontraba doce hombres que le amaran de todo corazón, que no temieran nada, excepto al pecado, y que lo obedecieran incondicionalmente, haría que el mundo quedara patas para arriba.

Su primer paso fue pasar una noche en oración en un monte. Imagínese al santo Hijo de Dios postrado en tierra, buscando la voluntad de su Padre. Lo más probable es que el principal tema de sus oraciones fuera la elección de sus discípulos. Siempre dependía de Dios para que lo guiara, e hizo que su elección se basara en una oración fervorosa y prolongada. Esto nos muestra la prioridad que Él le daba a la oración. A la vez, es una reprensión a nuestra falta de oración, nosotros que rara vez (si es que lo hacemos en algún momento) pasamos una noche entera en oración.

Al siguiente día salió al encuentro de sus seguidores y señaló a doce, a quienes hoy en día conocemos como los apóstoles. Su elección fue remarcable en varios aspectos: el número seleccionado; su edad; sus calificaciones generales; y la inclusión de un traidor. En primer lugar, en cuanto al número elegido, no fueron 12.000, ni 1.200, ni siquiera 120. Sólo 12. ¿Por qué un equipo tan pequeño? Por la siguiente razón: El discipulado únicamente puede ser implementado efectivamente en un grupo pequeño. Además, el número debía ser tan pequeño que cualquier éxito fuera atribuido únicamente al Señor.

Los discípulos, probablemente, tenían entre veinte y treinta años en ese momento. El Señor mismo tenía aproximadamente treinta, y normalmente un maestro era mayor que sus alumnos. Además, el Señor sabía que los jóvenes tenían mayores oportunidades de ser moldeados, transformados y estimulados.

Las calificaciones de los discípulos no eran impresionantes. Eran hombres comunes y corrientes, caseros y carentes de educación proveniente de instituciones elevadas. Ninguno tenía credenciales teológicas. Ninguno era acaudalado. Robert Coleman los describe como “un grupo harapiento de almas, según el estándar de cualquier cultura… representando un promedio de lo que era la sociedad de aquel entonces”. Podemos decir acerca de ellos, así como de cualquier otro, que la única cosa maravillosa en sus vidas era su conexión con Jesús.

Existe un misterio en relación a la elección de Judas Iscariote. Ciertamente, el Señor omnisciente sabía que Judas lo traicionaría, y sin embargo lo eligió. Personalmente, pienso que es mejor dejar ese misterio así como está.

Inmediatamente, los discípulos recibieron un entrenamiento sobre la marcha. Observaron al Señor y lo escucharon cuando Él enseñó a la multitud, sanó a los enfermos y expulsó a los espíritus inmundos. No pudieron evitar quedar impresionados al ver a la gente recuperarse, luego del toque del Maestro. Aprendieron que la gente se da cuenta cuando el poder de Dios fluye a través de una persona.

El mensaje del Salvador suena como una repetición parcial del Sermón del Monte, de Mateo 5 al 7. Pero no es el mismo. Este mensaje es proclamado en un lugar plano (así leemos en el v. 17), no sobre un monte. Las bienaventuranzas son diferentes. En Mateo, los bienaventurados son los pobres en espíritu y aquellos que tienen hambre y sed de justicia. En Lucas, son aquellos pobres y hambrientos físicamente. Este sermón se dirigió principalmente a los discípulos (como está escrito en Lc. 6:20), e incluye cuatro ayes: En Mateo no hay ni uno solo.

En primer lugar, nuestro Señor le dice a sus apóstoles que deben andar como si fueran pobres. Sabemos que se refiere a la pobreza material y no a la pobreza de espíritu, debido al “ay” contrastante en el versículo 24;“¡Ay de vosotros, ricos!”. No dice allí ricos en espíritu; eso no tendría sentido. Se refiere a la carencia de bienes o riquezas. Pero, ¿acaso es una bendición ser pobres?

Existen personas en todo el mundo que están esclavizadas a una pobreza devastadora, y para ellos es una maldición más que una bendición. ¿En qué sentido los discípulos eran bendecidos al ser pobres? La respuesta se encuentra al final del versículo 22:“… por causa del Hijo del Hombre”.En vez de amasar fortunas personales para sí mismos, los Doce debían empobrecerse para que otros fueran enriquecidos espiritualmente.

Cuando pensamos en estas cosas, vemos que sólo era apropiado que los discípulos fueran pobres. Ellos representaban a Aquél que había nacido en una pobre familia judía, del cual nunca se dio testimonio que llevara dinero, el cual no tenía donde reclinar su cabeza. Eran representantes de Aquél que había sido rico, pero que voluntariamente se había empobrecido para que nosotros fuéramos enriquecidos. Eran representantes de“aquella vida perfecta que vivió en este mundo… la vida de Aquel que no poseyó nada y el cual no dejó nada, excepto la ropa que vestía”(como dice Denney).

Habría sido una contradicción que ellos hubieran usado ropas caras, que se hubieran hechos costosos peinados, que hubieran exhibido abultadas billeteras, y que hubieran desfilado con joyas de gran precio. Eso hubiera dado una impresión completamente equivocada de Aquél que no se preocupaba por ninguna de estas cosas.

E.S. Jones cuenta sobre la vez que entró en una catedral ornamentada y vio la estatua del niño Jesús, al cual la iglesia había cubierto con joyas de gran valor. Luego, salió a la calle y vio los rostros de los niños atormentados por el hambre. Inmediatamente pensó,“Me pregunto si el Bambino estará disfrutando sus joyas”“Entonces decidí que si lo hacía, yo ya no podría disfrutar pensar en el Bambino”. Con todo, en muchas instancias, la iglesia que profesa ser cristiana, ha vestido a Jesús con un estilo de vida caro, presentándolo al mundo como un hombre acaudalado que vivía en el lujo, en vez de presentarlo como el Hijo de Dios, el cual vivió en la sencillez.

Si los discípulos hubieran vivido como hombres ricos, habrían atraído a innumerables seguidores, cuya única motivación hubiera sido mejorar financieramente. La gente profesará cualquier religión para obtener un plato de arroz, pero su principal necesidad es arrepentirse ante Dios y poner su fe genuina en Jesucristo como Señor y Salvador.

Si los Doce se hubieran enriquecido, todo tipo de éxito habría sido atribuido al poder del dinero en vez de al poder de Dios. Además, se hubieran sentido tentados a embarcarse en proyectos muy caros que no habrían sido la voluntad del Señor. La pobreza en el servicio cristiano mantiene a los hombres en dependencia de Dios, y confiados en que Él pagará todo aquello que solicita.

El Rico Pobre
Un Entrenamiento Radical (Capítulo 1 - 2ª parte)

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