Un ejemplo para nuestra vida de oración


Autor: Norbert Lieth

Dios quiere hacernos el bien, si se lo pedimos. Si usted quiere hacer proyectos para el futuro, conviértase en una persona de oración, siguiendo el ejemplo de Daniel.


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PE2175 – Estudio Bíblico
Un ejemplo para nuestra vida de oración



Queridos hermanos y amigos: Dios desea hacernos el bien, pero quiere que se lo pidamos. La oración es necesaria. Es el proyecto más importante que usted puede hacer en su vida: el de llegar a ser una persona de oración, como lo era Daniel.

El profeta Daniel no dejaba que nada lo detuviera de orar con regularidad. Daniel capítulo 6 relata como los gobernadores enemigos de los judíos intentaron ponerle una trampa a Daniel, para apartarlo de su vida de oración (lo puede leer en el verso 8). También nosotros debemos tener muy claro que el enemigo de Dios intenta todo para apartarnos de la oración.

La reacción de Daniel a esta tentativa fue – justamente – la oración: “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes” (así nos dice el verso 10). ¿Qué nos muestra esto sobre Daniel?

  1. Que él no se dejaba apartar de la oración (o sea, tenía perseverancia).
  2. Que podía orar tanto junto a otros, como también solo.
  3. Que tenía un lugar específico para orar, la cámara de su casa (como leemos en Daniel 2:17).
  4. Que tenía una ventana abierta (o sea: una constante orientación y una inalterable comunión).
  5. Que tenía una dirección de oración (que era Jerusalén, donde estaba el altar; el cual es una figura de Jesús).
  6. Que él seguía orando con regularidad, tres veces al día, como lo solía hacer antes.
  7. Y que no era negligente en dar gracias.

Daniel también oraba para comprender la Palabra de Dios, y la estudiaba para orar, como vemos en Daniel 9:2 al 4: “En el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos”.

Cuando Daniel comprendió que el tiempo de cautiverio de los israelitas duraría 70 años, como lo escribió el profeta Jeremías, enseguida comenzó a orar. De este modo, él mismo fue cambiado cada vez más profundamente.
Su oración nos revela cómo era su corazón.

  1. Él reaccionó de inmediato (sin demora).
  2. Él no buscó la ayuda de hombres (de los reyes Darío y Ciro),sino de su Dios todopoderoso.
  3. Sus oraciones eran ruegos – en eso vemos otra vez su seriedad y constancia.
  4. Él ayunó en ceniza y cilicio, o sea que hizo penitencia. Él no se consideraba demasiado importante como para no hacer penitencia.
  5. Él oraba a su Dios personal, con quien tenía una relación personal.
  6. Él oraba con gran reverencia.
  7. Y él oraba con fe y confianza, esperando en la gracia y la bondad del Señor.

Daniel fue escuchado de manera maravillosa. Detrás de los acontecimientos de Esdras 1:1al 4 – donde el rey Ciro decide hacer reconstruir el Templo en Jerusalén – estaban las oraciones de Daniel. Su oración fue uno de los detonantes de esta decisión política mundial y del cumplimiento de la profecía divina.

Un día, Daniel recibió una revelación sobre la Gran Tribulación (como nos dice en Daniel 10:1). Él comprendió la palabra, y esto nuevamente lo llevó a la oración. En los versos 2 y 3 leemos: “En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas. No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas”.

Podemos orar por cosas que comprendemos y también por cosas que no comprendemos.

Después que Daniel ayunara y orara intensamente, leemos en los versos 10 al 12 que se le apareció un ángel: “Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido”.

¿No es imponente esto? Daniel era un hombre muy amado delante de Dios. Esta afirmación es hecha tres veces en el libro de Daniel (en capítulo 9:23; y en capítulo 10:11 y 19). Él recibe la seguridad de que ya desde el primer día, fue oído, a pesar de que la respuesta llegó recién tres semanas después. Y este ángel fue enviado expresamente por la oración de Daniel. El cielo fue conmovido porque alguien fue movido por el cielo a orar. ¡Cuántas cosas podrán suceder si nosotros nos convertimos en personas que oran de verdad!

Daniel también fue alguien que oró durante toda la vida: “En el año tercero de Ciro rey de Persia fue revelada palabra a Daniel, llamado Beltsasar; y la palabra era verdadera, y el conflicto grande; pero él comprendió la palabra, y tuvo inteligencia en la visión” (así leemos en Daniel 10:1).

En el tercer año del rey Ciro, ya hacía 70 años que Daniel vivía en Babilonia. Posiblemente habría comenzado su vida de oración cuando aún era un adolescente, y ahora, con más de 80 años, todavía no había aflojado. Antes como después, Daniel seguía siendo una persona que oraba intensamente.

¡Qué el Señor nos ayude y que nosotros mismos sintamos el deseo de ser hoy personas que oran, que mañana sigamos siendo personas que oran, y que en la vejez todavía seamos personas que oran! ¡Y esto tanto más que vivimos en un tiempo en que muy bien pueden comenzar a cumplirse las profecías de Daniel para el tiempo final!

Daniel fue alguien que luchó en oración. Un dicho dice: “Quien se arrodilla delante de Dios, puede mantenerse en pie frente a los hombres”.

¿Será que nosotros, en nuestros primeros años de creyentes, orábamos con más intensidad que hoy? ¿Será que aquel primer fuego, con el correr de los años, se ha convertido en un pabilo humeante, y que nuestra vida de oración tan sólo es una pequeña llama? ¿O seguimos siendo personas de oración, como lo solíamos ser, personas que en la oración a Dios han descubierto su mayor fuerza, como Daniel? ¿Somos creyentes que no han aflojado en la fe en el Dios vivo y en la confianza en Él, sino que han crecido en eso? ¡Quiera Dios que así sea!

¿Será que Dios realmente oye nuestras oraciones?
Cuando Dios no responde nuestras oraciones (1ª parte)

Un pensamiento acerca de “Un ejemplo para nuestra vida de oración

  • 4 septiembre, 2016 at 03:18
    Permalink

    Gracias por sus palabras tan lindas que motivan a orar.

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