Un Dios Verdadero

Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.
Deuteronomio 6:4

IMG_0004_verdaderobLa Biblia enseña que hay un, y sólo un, Dios verdadero. Éste es el Dios que se reveló a Abraham y a sus descendientes. Pero también era conocido desde el principio por aquéllos que se opusieron al politeísmo y la idolatría.

El concepto moderno acerca de esto es que la gente creía en muchos dioses, y que sólo gradualmente, debido al impacto de los profetas hebreos, llegaron a creer en el monoteísmo. La Biblia enseña todo lo contrario: desde el mismísimo comienzo Dios reveló que Él es uno –y el único Dios verdadero.

El versículo que encabeza este capítulo es el credo del judaísmo, el Shema (se pronuncia sh’MAH); quiere decir “oír” en hebreo, y es la primera palabra del credo.

Cuando decimos que Dios es uno, decimos que es un ser espiritual puro, que no está compuesto por partes como nosotros (espíritu, alma, y cuerpo).1 De todas maneras, al decir que Dios es uno, debe señalarse que en el hebreo hay dos palabras para describir unidad; una sugiere la unidad numérica absoluta, y la otra es un tanto parecida a nuestra palabra unidad. La segunda es la que se usa para Dios.2

Los versículos del Antiguo Testamento que subrayan la unicidad y unidad de Dios incluyen las siguientes palabras de la bendición del rey Salomón en la dedicación del templo: “A fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro” (1 R. 8:60). Y uno de los profetas menores predice:

Y Jehová será rey
sobre toda la tierra.
En aquel día Jehová será uno,
y uno su nombre (Zac. 14:9).

Dios es único. Él es uno – el único. Nadie debe compartir Su gloria; ni un arcángel, ni la Virgen María, ni ningún santo, profeta o apóstol.

El Nuevo Testamento continúa el monoteísmo absoluto del Antiguo Testamento, tal como lo indican los siguientes versículos.

Marcos 12:29-30 muestra que Cristo consideraba el Shema como el fundamento de la verdadera religión, al igual que Sus compatriotas judíos: “Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.

En Juan 17:3, en la oración sumosacerdotal de nuestro Señor, Él menciona la unidad del único Dios verdadero en relación con el hecho de que Él envió a Su Hijo, y que la vida eterna consiste en conocer a Dios a través de Cristo. Esto se hace por fe, tal como lo enseña el resto de la Biblia. (Ver, por ejemplo, Gn. 15:6 y Ef. 2:8-9).
Respecto a la multitud de los dioses falsos del mundo, el apóstol Pablo escribe:

Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él (1 Co. 8:4-6).

Al ser verdad que sólo hay un Dios verdadero, ahora que el Salvador ha venido al mundo, necesitamos conocer a Dios el Hijo para alcanzar al Padre: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Ti. 2:5). Este versículo también excluye como intercesores a Miguel el arcángel, San José, la Virgen María y cualquier otro santo.

Las religiones organizadas tales como el judaísmo, el cristianismo y el islam3 enseñan el monoteísmo, que sólo hay un Dios. Esto es bueno, pero no suficiente. Santiago nos dice claramente: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan” (Stg. 2:19).
La verdadera relación que debemos tener con el único Dios verdadero se expresa en estas líneas inspiradas en el antiguo Shema hebreo:

Jehová nuestro Dios es un Señor;
No tenemos muchos dioses;
Es uno e indivisible,
Único en majestad.
Debemos amarle con todo el corazón,
Y con toda nuestra alma adorar,
De la mente y las fuerzas darle lo mejor
¡Y alabarle siempre sin cesar!


Notas
1 Por supuesto, en la Encarnación Dios el Hijo tomó un cuerpo humano por medio del milagro del nacimiento virginal. Por toda la eternidad habrá un Dios-hombre en el trono –con un cuerpo glorificado y espiritual.
2 Las palabras hebreas son echād y yāchîd, respectivamente. Las palabras escogidas del Shema admiten la doctrina de la Trinidad (ver el próximo capítulo). La palabra echād indica una unidad compuesta, como en un montón de uvas –varias uvas forman un racimo. La otra palabra (yāchîd) se usa para un hijo único en Jeremías 6:26.
3 El Dios de los hebreos en el Antiguo Testamento es el mismo que el Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo. En cambio, Alá, la deidad enseñada por Mahoma, sin duda es de una naturaleza muy distinta.

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