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Título: Un concepto de seguridad espiritual

Autor: Jay Letey
 PE1350

El concepto y la búsqueda de seguridad es una temática que generalmente ocupa a cada ser humano. ¿Quién no tiene el deseo de sentirse seguro? En el entorno donde vive y trabaja, en sus relaciones familiares y sociales.

El concepto de seguridad espiritual es más importante aún. Los cristianos de todo el mundo pueden gozarse en la misma salvación. Nuestro amor hacia Jesucristo traspasa todas las culturas y nos une. Y esta salvación es la que nos da un concepto de seguridad absolutamente confiable.


 


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 Estimado amigo, me pidieron un breve resumen del programa pasado y con mucho gusto lo hago.


Hemos visto que en la primera carta a los corintios el apóstol Pablo, capítulo por capítulo, nos advierte a no conformarnos al mundo en nuestro pensar y actuar. Al final, nos da un concepto de seguridad que tenemos que aplicar a nuestras vidas espirituales:«Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor»(1 Co. 16:13-14).

Confío en que este concepto de seguridad tendrá el mismo efecto en nuestras vidas que en la iglesia de Corinto en aquel entonces: 

fue totalmente cambiada.

Habíamos sintetizado cada punto de este concepto de seguridad con una palabra clave: velar, convicción, carácter, constancia y compasión.

«Velad….». .Esta es la primera palabra clave. El Nuevo Testamento nos nombra cinco circunstancias en las cuales tenemos que velar con especial atención, las vuelvo a nombrar: 

1. «Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar»(1 Pe. 5:8).

2. «Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil»(Mr. 14:38).

3. 3.«Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto»(Ap. 3:1).

4. 4.«Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas»(2 Ti. 4:3-4).

5. 5.«Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor»(Mt. 24:42)

Seguimos ahora entonces con el segundo punto del concepto de seguridad espiritual: 

Convicción

Ahora bien, ¿cuál es la base de nuestra vigilancia? La clave está en la segunda exhortación de 1 Corintios 16:13:«…estad firmes en la fe…».Convicción, es la palabra clave. Solamente velaremos si tenemos una convicción firme. La exhortación de estar firmes en la fe, no tanto se refiere a la conversión o al nuevo nacimiento, sino más bien al contenido de nuestra fe. ¡Con cuánta desesperación buscan hoy en día las personas una orientación y una nueva esperanza! La falta de orientación se muestra, entre otras cosas, en unos eslóganes publicitarios muy populares que dicen, por ejemplo: 

«A veces hay que romper con las reglas».

«El gusto de la noche. Muchos abrazan la noche, porque entonces ya no valen las reglas del día».

«Nuestro zapato se adapta a sus pies, para que usted no tenga que adaptarse a nada más».

«Vida sin límites».

«Usted no tendría que conocer límites».

«Recuéstese. En nuestra casa, no hay reglas».

¿Es de asombrar, entonces, que la gente ya no sepa dónde están los límites morales? Pero si nos ponemos negligentes y aflojamos nuestros principios sentiremos las consecuencias: vidas destruidas, sueños frustrados, etc.

Necesitamos convicciones bíblicas firmes y profundamente arraigadas. Esto no solamente es de enorme importancia para nuestra propia vida de fe, sino también para nuestros prójimos. ¿Cómo podemos traer más cerca de Cristo a las personas desesperadas, si nosotros mismos no tenemos firmes fundamentos de fe?

Carácter

Luego dice en 1 Corintios 16:13:«…portaos varonilmente…».Aquí se nos está hablando de un carácter firme. Tenemos que ser maduros y valientes. Se nos pinta aquí el retrato de alguien que ha llegado, gracias a su convicción de fe, a organizar su vida de una manera agradable a Dios.

Conclusión: solamente podemos velar si tenemos verdaderas convicciones bíblicas. Si vivimos y actuamos conforme a estas convicciones, lógicamente será formado también nuestro carácter.

Es muy posible que haya gente que quiera ridiculizar nuestra convicción. Pero es muy difícil denigrar una vida caracterizada por estas verdades.

Constancia

Al final del versículo 13 leemos:«…esforzaos».La palabra clave aquí es: constancia, perseverancia. En el texto original el verbo está en el modo pasivo. En realidad, habría que traducir: «sean fortalecidos». Esto nos muestra que la fuerza no proviene de nosotros mismos, sino que la recibimos. Pablo confirma esto, diciendo en Efesios 6:10:«Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza»(Ef. 6:10). De ninguna manera debemos estar orgullosos de nosotros o confiar en nuestras propias capacidades. Solamente somos fuertes si continuamente estudiamos la Palabra de Dios y la vivimos – por eso también necesitamos constancia.

En Hebreos 5:14 leemos:«Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal».La madurez se forma haciendo una y otra vez lo mismo y ejercitándonos en ello. Esto nos lleva también a poder discernir entre lo bueno y lo malo.

Si somos fuertes y nos ejercitamos, también seremos constantes y perseverantes. En nuestro tiempo, la perseverancia es increíblemente importante, porque en los medios evangélicos se nos trasmite muchas veces una espiritualidad superficial. Muchos dicen de ser cristianos y predican un mensaje moralista, pero ellos mismos son un mal ejemplo. Al mismo tiempo viven en nuestros alrededores muchas personas psíquicamente quebradas, que nos observan con atención. Nos examinan de cerca por un tiempo, antes de pensar seriamente en escucharnos.

Resumamos: tenemos que velar porque el mundo intenta sacarnos lentamente nuestro testimonio. Pero solamente podemos velar si tenemos firmes convicciones bíblicas. Éstas, a su vez, no llevarán frutos si no nos afirmamos en nuestro carácter. Y nuestro carácter será probado, incluso más allá de nuestras fuerzas. Por eso, no debemos confiar en nosotros mismos, sino que tenemos que apoyarnos en la fuerza y en el poder de Dios. En la medida en que sea afirmado nuestro carácter, también seremos perseverantes. Y a consecuencia de esta perseverancia, seremos dignos de consideración para nuestros prójimos.

Compasión

Por más que dominemos nuestro concepto de seguridad, sin amor no podemos nada. El amor es la motivación que todo lo abarca:«Todas vuestras cosas sean hechas con amor»(1 Co. 16:14). La palabra clave es compasión. Lamentablemente, la falta de compasión y sensibilidad hace callar una y otra vez nuestro mensaje. Sin amor, nuestra vigilancia, nuestras convicciones, nuestro carácter y nuestra constancia son en vano. Pues la gente no se acercará a nosotros y el Evangelio que quisiéramos anunciar parece estar muy lejos, detrás de las estrellas. Pero si realmente tenemos un corazón para los perdidos, somos mucho más auténticos. Existe un proverbio muy acertado al respecto: «Anuncia el Evangelio. Y si es necesario, usa también palabras».

El amor impide que nuestra vigilancia degenere en crítica y que nuestras convicciones se transformen en un dogmatismo rígido. También nos guarda de la auto-justicia o de la aburrida rutina religiosa. Juan lo dice así:«Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios»(1 Jn. 4:7).

Entonces: vela, está firme en la fe, pórtate varonilmente, sé fuerte y perseverante, y haz todo en amor y con compasión. Si tomamos esto en serio, tendremos una enorme influencia en nuestros prójimos. Creo que muchos corintios lo hicieron así pues Pablo se refiere a esto en la segunda carta a los corintios: 

«Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios»(3:4).

«Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza»(3:12).

«Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos»(4:1).

«Pero confiamos…»(5:8).

Este es el maravilloso fruto de nuestro modelo de seguridad.

¿Dónde aprieta el zapato?

Ahora conocemos el importante concepto que todos podemos y debemos aplicar. Pero, ¿hay puntos que nos cuestan aún mucho trabajo? Tenemos que ser sinceros con nosotros mismo y dejarnos guiar por el Espíritu Santo: 

¿Todavía tienes que estar más alerta ante la influencia del mundo?

¿Tienes que trabajar todavía en tu convicción?

¿Tienes firmes convicciones bíblicas, pero todavía no han bajado de tu cabeza a tu corazón? ¿Tu carácter todavía no está afirmado?

¿Te falta la perseverancia, es necesario que seas más constante en vivir tu fe?

¿Has perdido tu amor hacia las personas que todavía no conocen a Cristo?

¡Oremos para que podamos escuchar la voz del Espíritu de Dios y Le obedezcamos!

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