Trasfondos Invisibles de Pleno Poder Espiritual (3ª parte)

Trasfondos Invisibles de Pleno Poder Espiritual

(3ª parte)

Autor: Wim Malgo

Moisés, como profeta, era representante de Dios delante del pueblo; y como sacerdote representante del pueblo ante Dios. Desempeñaba esa doble función. Mas su autoridad profética y espiritual, era su servicio sacerdotal ejercido a solas con Dios. En este mensaje veremos cuáles son los trasfondos invisibles del pleno poder espiritual.



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PE1741 – Estudio Bíblico
Trasfondos Invisibles de Pleno Poder Espiritual (3ª parte)



¿Cómo están amigos? Estábamos viendo en el programa anterior que: En contraposición con su hermano Moisés, Aarón no tenía ningún mensaje profético para el pueblo, por eso se produjo justamente lo que ya habíamos citamos anteriormente, recordando Proverbios 29:“Sin profecía el pueblo se desenfrena.”

Pero, profundicemos más todavía en esta pregunta respecto a los trasfondos invisibles del pleno poder espiritual. Ya hemos visto que este poder se manifiesta acentuadamente en el desempeño del servicio sacerdotal de Moisés. Sólo por ese servicio, Dios en Su santa ira, por decirlo así, fue puesto en la posición de dejar que actuara su misericordia sobre el Israel ya maduro para el juicio. Leamos Salmo 106:19 al 23, traducción de la Biblia de las Américas:

“Hicieron un becerro en Horeb, y adoraron una imagen de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba. Se olvidaron de Dios su Salvador, que había hecho grandes cosas en Egipto, maravillas en la tierra de Cam, y cosas asombrosas en el mar Rojo. Él dijo que los hubiera destruido, de no haberse puesto Moisés, su escogido, en la brecha delante de Él, a fin de apartar su furor para que no los destruyera.”En nuestros días tenemos varias “imágenes de fundición”, quizás sea el auto, la televisión, la cuenta bancaria, o cualquier otra cosa que llene tu corazón y tus pensamientos. Porque Dios, en el significado más profundo según el entendimiento humano, y la Iglesia de Jesús están unidos a través del llamamiento, a través de la liberación ofrecida por Jesús. Sin embargo, al que llegó a ser su Salvador, que por medio de milagros se les manifestó, llegando a ser “su gloria”, la iglesia hoy lo ha cambiado por la esencia de lo perecedero, por la imagen del“buey que come hierba”, por una pieza de ganado. Eso es peor que la idolatría de los gentiles, que aún no conocen la revelación de Dios y que no han experimentado la redención.

Eso es concretamente: La apostasía de un creyente, el cual ha probado que el Señor es bueno y amigable, y asimismo incurre nuevamente en la apostasía, es infinitamente peor que el ateísmo de un ignorante gentil. Por eso, aquí en Éxodo 32, el Señor se distancia de Su obra de salvación en Israel y nombra a Moisés como salvador y al pueblo como“pueblo de Moisés”:“Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porquetupueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido”.

¿Será que el Señor coloca la responsabilidad sobre Moisés, para renegar del pueblo? No, al contrario: Dios atrae a Su enviado Moisés, unido en cooperación y comunión con Él de tal modo, que puede decir: Mi pueblo es tu pueblo, Mis actos tus actos. Tan cercana es la cooperación de Moisés, que no sólo es instrumento, sino colaborador de Dios; la acción de uno es la acción del otro; el pueblo de uno es el del otro; el esfuerzo y trabajo del uno también es el trabajo del otro; pero, por tanto, también la decepción y el dolor de uno es el dolor del otro. En ese esfuerzo infructuoso, y decepción del instrumento Moisés en la obra de Dios, el Señor le dice:“…Tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto.”Este es el secreto del servicio sacerdotal: Ser cooperador de Dios; ser uno con Él. De ese modo, Sus cargas son mis cargas, Su pena es mi pena, Sus deseos son mis deseos.

Cómo busca el Señor, incluso hoy día, a personas que en verdad deseen lanzarse ante Dios en la brecha, para que Él pueda salvar y no juzgar.

Es lo que leemos en Ezequiel 22:30 y 31:“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Por tanto, derramaré sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor”.

Y porque el Señor no encuentra a nadie que delante de Él se coloque en la brecha, muchos se van a la eterna condenación. Ellos pudieran haber sido salvos si sólo hubiera habido almas sacerdotales que hubieran intercedido ante el Señor por ellos. Por esta estrecha cercanía de la cooperación con Dios, Moisés se acerca, simultáneamente, en una tan profunda solidaridad con Su pueblo, como ningún otro excepto el siervo de Dios, Jesucristo, cuando llevó la culpa de Su pueblo en la cruz del Gólgota.

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”,nos dice2 Corintios 5:21.

Éxodo 32:9 al 14, nos dice acerca del efectivo servicio sacerdotal de Moisés: “Dijo… Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande. Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.” ¡Qué poderoso es el efecto del servicio sacerdotal!

La ira del Señor es muy grande. Pesadas, oscuras nubes de juicio se aglomeran sobre el pueblo de Israel, que se había apartado, y lo echó todo a perder con Dios. ¿Quién aún podía repeler este juicio divino? Dios no quiere oponerse al profeta Moisés, sino, comenzar una nueva historia de salvación a partir de Él y cumplir la promesa dada a Abraham: “… haré de ti una nación grande”. ¿Cómo debía reaccionar Moisés? ¿debería estar satisfecho con su propia salvación y la de su casa, y decir: “¡Señor, cúmplase tu voluntad!”? Vemos como una pequeña palabra, en la anunciación del juicio divino, produce uno de los más profundos milagros: “Ahora, pues,déjameque se encienda mi ira en ellos, y los consuma…” Dios, en cierto modo, pide a Moisés permiso para dar rienda suelta a Su ira. Con esto, Dios indica un último obstáculo que retiene el juicio y ata la ira de Dios, para que Él no pueda destruir a Israel.

Esto pertenece a los misterios de Dios, quien, de ese modo, se pone Él en dependencia de los hombres. Dios solicita autoridad para juzgar, y busca, simultáneamente, a personas que se interpongan en Su ira. Ese es el misterio de la gran contradicción, esto es, de la misericordiosa ira de Dios. Él también busca entre nosotros a personas que se quieran colocar en la brecha por su pueblo, su país ya maduro para el juicio, orando y rogando por avivamiento, para que aún muchos puedan ser rescatados como tizón de entre las llamas. ¿Podrá encontrarte el Señor a ti?

Es estremecedora la dependencia de Dios de la fe y la oración de pequeños hombres, a los cuales se dirige en Su propia omnipotencia: “Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma.” ¡Cuán gran Dios tenemos, que quiere elevarte a ti a ese nivel de sacerdote suplicante!

Moisés no le da libertad a Dios, sino que se precipita intercesoriamente en contra de Su ira. La palabra utilizada en el texto original para la intercesión es “acariciar”. Como un niño acaricia las manos paternas que castigan, así Moisés trata de apaciguar las manos justicieras de Dios. El utensilio por el cual Dios se deja “acariciar” en medio de Su ira, es la oración de Sus santos. Qué gran poder tenemos como hijos de Dios, los que representamos un real sacerdocio.

Tenemos libre acceso al Padre: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (nos dice Heb. 4:16).

Es revelador cómo los diferentes traductores reproducen Éxodo 32:11, en especial este “acariciar”:

La versión Reina Valera 60, dice: “Entonces Moisésoróen presencia de Jehová su Dios…”

Y la Biblia de las Américas: “Entonces Moiséssuplicóante el Señor su Dios…”

En esta unidad de Moisés con el eterno Dios, en esta súplica apaciguadora ante Dios por el pueblo, vemos y oímos, en cierto modo, a nuestro celestial sumo sacerdote Jesucristo, de quien se dice en Hebreos 7:25 y 26: “… Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos.”

Y pensamos también en Romanos 8:34: “Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” ¡Moisés es una maravillosa imagen profética de nuestro sumo sacerdote Jesucristo, que desempeña un poderoso servicio sacerdotal sin interrupción ante Dios, por aquellos que, a través de Él, se quieren allegar al Señor!

Quiera el Señor sacarte hoy de este sueño espiritual de la posición de Aarón y hacer de ti una figura sacerdotal como Moisés, que no sólo llegó a ser un instrumento para salvación de muchos, sino también, con la autoridad profética de la cortante y separadora palabra de Dios, pudo colocarse ante el pueblo y decir: “El que esté por el Señor, venga a mí.”

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