Todo lo Bueno Viene del Señor (3ª parte)

Todo lo Bueno Viene del Señor

(3ª parte)

Autor: Marcel Malgo

Todo lo bueno viene del Señor. “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”. ¡Ésta es la firme confianza de cada hijo de Dios, expresada en el último versículo del Salmo 23!


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PE1596 – Estudio Bíblico
Todo lo Bueno Viene del Señor (2ª parte)



Queridos amigos, el último punto de este mensaje trata:
De la justicia compensadora de Dios

En Proverbios 18:22 leemos acerca del hombre creyente que pide a Dios que le conceda, según Su voluntad, una esposa, y después de un tiempo de espera recibe el cumplimiento del deseo de su corazón:“El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová.”Y acerca de una esposa prudente o sensata, leemos:“La casa y las riquezas son herencia de los padres; mas de Jehová la mujer prudente.”Y si la esposa es también virtuosa, la Biblia, en Pr. 12:4, habla incluso de una coronación:“La mujer virtuosa es corona de su marido”. De esta forma, tal creyente experimenta que el bien le sigue, también, todos los días de su vida y de la vida de su mujer.

Pero ¿qué pasa con la mujer creyente cuando encuentra un marido fiel? ¿También le sigue el bien todos los días de su vida? En relidad sí, pero la Biblia no dice nada al respecto. En el caso de Elcana, que era un buen marido y quería consolar a su esposa Ana que lloraba porque no tenía hijos, y le decía:“¿No te soy yo mejor que diez hijos?”, no leemos en 1 Sam. 1:8 que ella se haya conformado con sus palabras. Más bien, el versículo 10 dice:“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.”

En Proverbios 31:10 leemos:“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.”Podemos preguntarnos por qué la Biblia no dice cosas maravillosas como éstas acerca del hombre. Según mi opinión, vemos en esto la justicia compensadora de Dios. Una falsa comprensión de las verdades bíblicas, de que el hombre es “cabeza” de la mujer (según 1 Corintios 11:3 y Efesios 5:23) y que la mujer debe someterse a su marido (según Efesios 5:22), ha llevado, lamentablemente, a que a veces los maridos creyentes actúen como dictadores frente a sus esposas. Pero estos maridos, probablemente, nunca leyeron ni practicaron lo que dice ese mismo capítulo de Efesios 5, en el vers. 25, para ellos mismos:“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. El marido creyente que no toma esto a pecho y no lo vive en su matrimonio, tendría que volver a estudiar las alabanzas de una buena esposa, como la que leímos en Proverbios 18:22:“El que halla esposa halla elbien, y alcanza la benevolencia de Jehová”. Pedro, que seguramente fue un marido ejemplar para su esposa, exhorta a los hombres casados a tratar a sus esposas con amor, ya que si no lo hacen, Sus oraciones no serán oídas. Así leemos en 1 Pe. 3:7:“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”.

En situaciones difíciles de la vida, a las cuales nos guía el Buen Pastor para que Lo busquemos de nuevo a Él y a Su Palabra, muchas veces comenzamos a quejarnos y olvidamos lo bueno que ya hemos recibido. Por eso, el Salmo 103:2 nos exhorta:“Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.”¿No nos perdonó todos nuestros pecados, como dice el v. 3)? ¿No nos limpia Su sangre de todo pecado (como está escrito en 1 Juan 1:7)? ¡Ésta ya es razón suficiente para alabar una y otra vez al Señor por ello y agradecerle! Pero además, Él ha demostrado Su bondad de muchas maneras a cada uno de los suyos que ha comprado por Su sangre, lo que debería llenarnos siempre de alabanza.

Veamos ahora algo sobre: El Padre de misericordia

El Buen Pastor no solamente quiere dar lo bueno a los suyos, sino también Su misericordia, y esto todos los días de su vida:“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida”.

Muchos pasajes en la Biblia nos muestran que Dios, efectivamente, es lleno de misericordia. Escuchamos cantar, por ejemplo, a los hijos de Asaf, en Esdras 3:11:“Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel”. El Salmo 103:4 dice:“El que te corona de favores y misericordias.”A través del profeta Isaías, en el cap. 54, vers. 7, Dios comunica al pueblo de Israel:“… te recogeré con grandes misericordias”. María, canta en su alabanza de Lc. 1:50:“Y su misericordia es de generación en generación a los que le temen”. Pablo, llama al Todopoderoso“Padre de misericordias y Dios de toda consolación”(en 2 Co. 1:3). Y en Ef. 2:4 les habla a los cristianos de Éfeso, de Dios“que es rico en misericordia”.

¿A qué se refiere la expresión “misericordia”? En la Carta a los Hebreos, cap. 4, vers. 15 y 16, encontramos algo maravilloso:“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. ¿De qué se trata esto? De acercarse al trono de la gracia, para recibir nuevamente perdón por los pecados cometidos. Y esto es llamado aquí “misericordia” y “gracia”. El “Padre de misericordias” nos da todos los días (y si es necesario varias veces por día) la posibilidad de confesarle los pecados que hemos cometido, y Él nos perdona de corazón (como dice 1 Juan 1:9). ¡Un cristiano nacido de nuevo tiene el privilegio de poder arrepentirse de sus pecados – todos los días de su vida! ¡No es una obligación, sino un privilegio, pues es un medio de alcanzar la gracia, un regalo del cielo, la maravillosa misericordia de Dios!

Santiago, hombre justo y cristiano nacido de nuevo, escribe en su carta:“Porque todos ofendemos muchas veces…”Por eso, 1 Juan 2:1 dice:“… si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.”Nos fue dado el medio para alcanzar la gracia, el arrepentimiento, y bienaventurados somos si lo usamos abundantemente. El arrepentimiento es un regalo de misericordia de nuestro gran Dios para nosotros, hombres débiles y pecaminosos.

David oró arrepentido:“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones”(así leemos en Sal. 51:1). Y Daniel pronunció estas conmovedoras palabras en su oración de arrepentimiento del cap. 9, vers. 18 de su libro:“Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias”.

Incluso Jeremías, el “profeta llorón”, experimentó de manera maravillosa la bondad y la misericordia de Dios en su vida y alabó al Señor diciendo en Lam. 3:22:“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias”. Y el apóstol Pablo, uno de los creyentes más probados, escribe en su carta a los cristianos en Roma, en el cap. 2, vers. 4:“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”Sí, la bondad del Señor es misericordia y nos acompaña toda la vida.

Si nosotros, como cristianos nacidos de nuevo, no pudiéramos arrepentirnos de todo lo que hemos pecado en pensamientos, palabras, miradas, gestos, hechos y omisiones, y ser lavados por la sangre de Jesús, ¿cómo estaría, entonces, nuestra vida?

Pero, para completar el tema, debemos añadir aquí algo importante: De la misma manera como nosotros, como hijos de Dios, no siempre recibimos automáticamente lo bueno del Señor, así también pasa con la misericordia. ¿Qué creyente arrepentido realmente recibirá la misericordia del perdón? Solamente el que también perdona los errores de su prójimo, como dice Mateo 6:14 y 15, y que actúa conforme a la Palabra de Dios, que dice en Pr. 28:13:“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”.

Es verdad que el arrepentimiento es un regalo de misericordia. Pero no olvidemos que el verdadero arrepentimiento no consiste solamente en un paso, sino en dos, como lo dice este texto de Proverbios 28:13: Primero, confesar el pecado, y segundo, dejar el mismo (de esto podemos leer en diferentes pasajes, como Romanos 13:12; Ef. 4:25; Col. 3:8; 1 Pe. 2:1; He. 12:1; y Stg. 1:21). Siempre ha sido un principio de Dios, que solamente alcanza el perdón de pecados el que da estos dos pasos.

Por eso, en Lc. 3:8 leemos que Juan el Bautista dijo a los hombres que querían ser bautizados por él:“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento”.

Todo lo Bueno Viene del Señor (1ª parte)
La Iglesia de Jesús en su última etapa. 1 de 3

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