Todo lo Bueno Viene del Señor (1ª parte)

Todo lo Bueno Viene del Señor

(1ª parte)

Autor: Marcel Malgo

Todo lo bueno viene del Señor. “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”. ¡Ésta es la firme confianza de cada hijo de Dios, expresada en el último versículo del Salmo 23!


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PE1594 – Estudio Bíblico
Todo lo Bueno Viene del Señor (1ª parte)



Estimados amigos, todo lo bueno viene del Señor. En el Salmo 23, vers. 6, dice: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”. Mientras que los versículos 4 y 5 hablan del“valle de sombra de muerte”, el último versículo del Salmo nos lleva, por decirlo figuradamente, a las alturas del Monte Tabor, o al maravilloso litoral de Tiberias. Aquí vemos muy claramente la calma y la paz que nos son dadas en Cristo. Y es algo que como cristianos experimentamos con frecuencia. En Su gracia y amor, el Señor nos concede tales “horas en el Monte Tabor”, en las cuales nos sentimos reconfortados en Él. Pero la vida del creyente no es solamente esto. Pues el Señor mismo tuvo que bajar del Monte Tabor al “valle oscuro”, y lo mismo pasa con nosotros. Cada hijo de Dios ya ha experimentado esto antes, o quizás lo está haciendo en este momento.

El Salmo 23, en los vers. 4 y 5, nos habla de un viaje por el valle de sombra de muerte. Leemos expresiones como “mal” y “enemigos”. Pero cada valle oscuro, cada túnel, también tiene una salida en la cual vuelve la luz. ¡Ésta es la firme confianza de cada hijo de Dios!

Hablemos de: La salida del “valle de sombra de muerte”

Esta salida está descrita en el versículo 6, que hemos citado al principio. Nos lleva a las hermosas orillas del lago de Genesaret, o a las alturas del Monte Tabor. Pero estas palabras también nos presentan otro lugar: la patria eterna en la presencia del Señor.

Aunque David, cuando dijo las palabras:“En tu casa, oh Señor, por siempre viviré”(como dice la versión “Dios Habla Hoy”), seguramente pensó en el Templo de Dios en Jerusalén, la ciudad de David, proféticamente se nos trasmite aquí un mensaje. Pues estas palabras exhalan un perfume de eternidad. La expresión “por siempre en la casa del Señor”, hace latir más rápidamente el corazón de cada creyente, pues dirige nuestros pensamientos hacia la promesa de Jesús de Juan 14:2 y 3:“En la casa de mi Padre hay muchos lugares donde vivir; si no fuera así, yo no les hubiera dicho que voy a prepararles un lugar. Y después de irme y de prepararles un lugar, vendré otra vez para llevarlos conmigo, para que ustedes estén en el mismo lugar en donde yo voy a estar”.

Quizás alguien se preguntesi David quizás tenía puesta su esperanza en la eternidad. Ciertamente que sí, pues dice, por ejemplo, en el Salmo 17:15:“En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.”¿Habla David aquí de despertarse del sueño de la noche? ¡No! Habla de despertarse en la eternidad! La esperanza de la eternidad no la encontramos recién en el Nuevo Testamento, sino que la encontramos ya con toda claridad en el Antiguo. Pensemos solamente en las palabras de Job 19:25 al 27:“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí”.

En las palabras del Salmo 23:6:“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
y en la casa de Jehová moraré por largos días”, vemos dos escenarios: uno terrenal: “todos los días de mi vida” – y uno celestial:“Y en la casa de Jehová moraré por largos días”, o como lo dice la versión “Dios habla Hoy”:“En tu casa, oh Señor, por siempre viviré.”Esta última parte tiene una clara referencia, no solamente al Templo terrenal, sino a la eternidad en presencia de Dios. ¡Qué maravilloso que el Salmo 23 no termine sin antes hacer una alusión a la eternidad! Pues el mensaje acerca de la vida eterna es el más central de toda la Biblia. Es parte del fundamento de nuestra fe, y podemos tener la absoluta seguridad que: Después de esta vida vendrá la vida eterna en gloria, junto a Jesucristo, nuestro Señor. Por eso, también Pablo escribe a los corintios:“Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”(así está escrito en 1 Co. 15:19).

Todas las dádivas de Dios son fundamentalmente buenas

La primera parte del versículo 6 del Salmo 23, nos habla de esto:“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida.”¿Todo lo que nos da el Buen Pastor durante todos los días de nuestra vida es bueno? Santiago dice en su carta, en el cap. 1, vers. 16 y 17:“Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. Todo lo que viene de Dios es fundamentalmente bueno. Quenosotrosestemos o no de acuerdo con todo lo que Dios nos da, es otra cosa. Igual sigue teniendo validez que: Lo que recibimos de Dios, lo que Él determina para nosotros, siempre es bueno.

Y debe ayudar para bien a cada uno de Sus hijos, como escribe Pablo en Romanos 8:28:“Y sabemos que a los que aman a Dios,todas las cosasles ayudanabien…”Puede ser que a nuestro criterio, ciertas cosas no sean buenas, sino negativas y malas. Pero hay una verdad de la cual podemos estar seguros: ¡Si Dios permite algo en nuestra vida, lo hace con la mejor intención! Aunque nos parezca malo, e incluso nos sintamos tentados a acusar al Señor de dureza, Él tiene para nosotros pensamientos de paz, y no de mal, como dice en Jeremías 29:11. Pues, como está escrito en Ef. 1:11, Él hace todo según el designio de Su voluntad. Y aunque sintamos que es algo muy difícil para nosotros, podemos saber que Dios nunca comete un error. Sabiendo esto, también el Hijo de Dios imploró al Padre, cuando estaba en el huerto de Getsemaní, diciendo:“No se haga mi voluntad, sino la tuya”(como leemos en Lc. 22:42). Lo que Dios hace o permite es bueno para nosotros, aunque no lo comprendamos o no lo queramos comprender.

Con esto no quiero decir que debemos gritar de alegría cuando estamos enfermos o enfrentamos otro problema. Más bien, hagamos como Job. Leemos en el cap. 2, vers. 10, que cuando estaba en el clímax de su sufrimiento, dijo a su mujer:“¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?”.

El tiempo se ha acabado, pero en el próximo programa veremos que “El Señor se goza en hacer bien a los Suyos”. ¡Hasta entonces!

 

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