Tierra Prometida (4ª parte)

Tierra Prometida

(4ª parte)

Autor: Johannes Pflaum

La promesa de la tierra está ligada al pacto abrahámico, de Génesis 12:2: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición”. Y como veremos e este mensaje: sólo hay alguien que puede solucionar definitivamente el tema de la tierra. Escuche con atención!



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PE1798 – Estudio Bíblico
Tierra Prometida (4ª parte)



Amigos, qué gusto estar nuevamente junto a ustedes! Para comenzar esta última parte, me gustaría hacer un resumen de los algunos puntos importantes que vimos en el programa anterior:

Israel ha perdido la Franja de Gaza. Eso nos duele a aquellos que amamos al pueblo escogido de Dios. Pero, le será devuelta, a más tardar, en la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. ¡Ésa es nuestra gran esperanza!

Sólo a Dios le pertenece la tierra de Israel. Pero, Él no la ha destinado a nadie más que a Su pueblo Israel. Esto es lo que el mundo no puede comprender. Por todas partes, se habla de las “regiones ocupadas”. Se nos sugiere constantemente que esos trozos de tierra le pertenecían a los palestinos. Ésa es la base de la fuerte exigencia de una solución de dos estados. Pero, esto, ¿puede ser sostenido por los hechos históricos? ¿Quién ha ocupado, realmente, esas “regiones ocupadas”? La Tierra de Israel, desde la dispersión de los judíos por parte de los romanos, hasta su renacimiento como estado en 1948, siempre estuvo a merced de cambiantes poderes de ocupación.


En el trato con la tierra y el pueblo de Israel, siempre se puede ver la postura de las naciones frente al Dios viviente. Y, por más comprensibles y necesarios que nos puedan parecer todos los argumentos dados para la división de la tierra, los pueblos que colaboran en la repartición de la Tierra de Israel, por esa misma razón, quedan listos para el juicio.

La relación de Israel con su tierra siempre se encuentra en conexión estrecha con la relación de Israel con su Dios. Y la relación de Israel con su Dios, en definitiva, está inseparablemente ligada a la persona y a la obra de nuestro Señor Jesucristo.

Israel no perderá la tierra en su totalidad antes de la segunda venida de Cristo. Pero, los judíos tampoco podrán poseerla completamente y con seguridad. De este modo, el Señor también usa la Política de Tierra por Paz para educar a Su pueblo y, hablando figuradamente, llevarlo al camino de regreso.

De modo que vemos dos círculos de la acción de Dios en el asunto tierra. Las naciones están quedando listas para el juicio por haber puesto su mano en la propiedad de Dios, la no es para nadie más que para Su pueblo Israel. Y, al mismo tiempo, en el asunto tierra, Él actúa también en Su pueblo a causa del estado espiritual de Israel.


Hasta aquí el resumende lo que ya hemos visto, para tener una idea general del tema. Continuamos enseguida con ustedes después de la pausa musical.

Quisiera ser cuidadoso con la profecía bíblica. Pero, posiblemente, la entrega de la Franja de Gaza también tenía que suceder, para que pudieran cumplirse las palabras de Sofonías 2:4 al 7:

“Porque Gaza será desamparada, y Ascalón asolada; saquearán a Asdod en pleno día, y Ecrón será desarraigada. ¡Ay de los que moran en la costa del mar, del pueblo de los cereteos! La palabra de Jehová es contra vosotros, oh Canaán, tierra de los filisteos, y te haré destruir hasta no dejar morador. Y será la costa del mar praderas para pastores, y corrales de ovejas. Será aquel lugar para el remanente de la casa de Judá; allí apacentarán; en las casas de Ascalón dormirán de noche; porque Jehová su Dios los visitará, y levantará su cautiverio.”

Por supuesto, los intérpretes ven en esto, también, un cumplimiento en el gobierno del Faraón Necao II de Egipto (en el 609 al 594 a.C.). Pero, en el final de estos versículos se habla, al igual que en Joel 3, del tiempo cuando el Señor cambie el destino de Judá, y del resto de Judá, del Israel salvado. De modo que, todo esto, también tiene un significado apocalíptico.

Al comienzo, en la primera parte de este mensaje, mencioné la promesa de la tierra de Génesis 15, que se basa sólo en el pacto unilateral de Dios, que Él hizo con Abraham. De hecho, Israel nunca ha poseído esas fronteras en toda su historia. Ni siquiera cuando el reino tuvo una extensión geográfica mayor, en los reinados de David y de Salomón, las fronteras llegaron hasta esos puntos.

En el comienzo del reino mesiánico de mil años, Israel posiblemente tendrá las fronteras de Ezequiel 47:15 al 20. Pero, el pueblo crecerá y se extenderá en el reino mesiánico. Eso lo declara Isaías 54:1 al 3: 

 “Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová. Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas.”E Isaías 49:19 dice:“Porque tu tierra devastada, arruinada y desierta, ahora será estrecha por la multitud de los moradores, y tus destruidores serán apartados lejos.”

Israel crecerá hasta el punto de alcanzar las fronteras definitivas de Génesis 15:18al 21. Las mismas serán mucho más amplias que las fronteras de Ezequiel 47, llegando desde el Éufrates (partes de Siria e Irak) hasta el río de Egipto, que es el Nilo (no el “arroyo de Egipto”, el Wadi el-Arish al sur del actual Israel y noreste de Egipto).

En la actualidad, dados los conflictos en el Cercano Oriente, eso nos parece casi utópico. Pero, nuestro Señor cumplirá Su palabra. Y ese día, seguramente, no Le interesará ninguna resolución de la ONU. Ésa es nuestra gran esperanza para Israel.

La toma definitiva de la tierra, y las fronteras seguras que van de la mano con eso, está conectada con la segunda venida de Cristo y la salvación de Israel. El hecho de que Israel, anteriormente a esto, aún puede perder partes de la tierra prometida, se desprende también de Isaías 49:8 y 9. Allí se nos dice, en cuanto a la segunda venida de Cristo, lo siguiente:“Así dijo Jehová: En tiempo aceptable te oí, y en el día de salvación te ayudé; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para que restaures la tierra, para que heredes asoladas heredades; para que digas a los presos: Salid; y a los que están en tinieblas: Mostraos. En los caminos serán apacentados, y en todas las alturas tendrán sus pastos.”

En Ezequiel 28:24 al 26 leemos:“Y nunca más será a la casa de Israel espina desgarradora, ni aguijón que le dé dolor, en medio de cuantos la rodean y la menosprecian; y sabrán que yo soy Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor: Cuando recoja a la casa de Israel de los pueblos entre los cuales está esparcida, entonces me santificaré en ellos ante los ojos de las naciones, y habitarán en su tierra, la cual di a mi siervo Jacob. Y habitarán en ella seguros, y edificarán casas, y plantarán viñas, y vivirán confiadamente, cuando yo haga juicios en todos los que los despojan en sus alrededores; y sabrán que yo soy Jehová su Dios.”


Ezequiel habla aquí de la dolorosa espina de los pueblos vecinos. Habla de aquellos del entorno que desprecian a Israel. Pero, ese tiempo llegará a su fin con la segunda venida de Jesucristo. Ésa es nuestra gran esperanza para Israel, a pesar de toda la angustia que tiene que sufrir una y otra vez. Entonces, Israel vivirá en fronteras seguras y ya nadie lo podrá hostigar.

Como ya dije, al comienzo, dije que la promesa de la tierra para Israel está basada en el pacto abrahámico. Por eso, la misma nunca podrá ser abolida y este círculo se cierra en Miqueas 7:20, el cual dice así:“Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.”

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